Melissa en la Oficina

María Melissa es mi esposa. Algunos lo saben, otros no. Al principio fue difícil aceptar sus infidelidades, me dolieron. Pero desde la primera una excitación extraña se apoderó de mí. Hoy la amo más que nunca: por ser mi esposa y por ser tan puta. Att
Tiempo estimado de lectura: 4 minutos
Publicado por USANDOaMELISSA
Fecha: 27/04/2015 - 06:02 - 6756 lecturas - Archivado en Mi Diario Cereza

Publique en nuestro tumblr esta foto: http://usando-a-melissa.tumblr.com/image/115254201005  y el texto que aparece a continuación:

—¿Te acuerdas del día que me fui vestida así para la oficina y tu me tomaste esta foto mientras me llevabas en el auto? —me preguntó Melissa entre nerviosa y pícara

—¿Y te acuerdas que luego, hacia el final de la tarde, te llamé para decirte que no me recogieras porque me iba a demorar un poco, porque estaba preparando un informe con dos ejecutivos de la empresa? —Continuaba preguntando, mientras me mostraba la foto. 

—Y recuerdas que al otro día cuando viste mis pantymedias en el baño me preguntaste ¿cómo se me habían roto justo en la entrepierna?

Se mordió el labio inferior y me retó: 

“—¿quieres saber la verdad?”

Y esta es la repuesta de ella. Mi esposa, mi puta.

La verdad es que ese día mi jefe no paraba de mirar cómo se marcaba mi cuca con ese pantalón (siempre te lo dije, pero a ti te encanta que lo use), sentía su mirada penetrante toda la mañana.

Tu sabes que él nunca fue mi tipo. Pues no lo fue hasta el momento en que ese día, abrí la puerta de su oficina imprudentemente sin tocar y lo encontré masturbándose. Lo hacía con una foto que tenía de todos los de la oficina en la fiesta de fin de año y donde por supuesto estaba yo.

Él saltó intimidado y me regañó por entrar sin avisar pero, por un momento lo vi por fin atractivo. En medio de sus gritos me abrí paso en la oficina y al lado de su gran silla, me puse en cuatro en el piso y se la comencé a mamar, su verga tenía un tamaño aceptable y en contra de lo que yo había pensado la tenía toda depilada.

Le encantó. Sus ojos estaban en blanco, y te debo confesar que me mojé mucho; la tanguita que llevaba ese día quedó blanca y mis panty medias mojadas. Lo dejé llegar en mi boca y quedé con la incomodidad de querer ser clavada. 

Me preguntó si lo podríamos repetir al final del día y le dije que sí. En ese momento tomé el celular y te llamé para avisarte de mi retraso.

En las horas de la tarde ya todos tomaban sus cosas para ir rumbo a casa, mi entrepierna lanzaba bocanadas de aire caliente en mis piernas y gotas que terminarían dejando inservible aquella tanguita que me regalaste. 

Cuando llegué a su oficina, noté que estaba con el vicepresidente de la compañía, pedí excusas y le dije que ya tenía que irme que si necesitaba algo más, tratando de disimular ante aquel otro sujeto que siempre me atrajo por su olor a macho y que reconocí minutos antes de que entrara a la oficina (puedo apostar que usa una Hugo Boss).

Me sorprendí cuando mi jefe me dijo que siguiera, que me estaban esperando.

Apenas cerré la puerta, aquel sujeto que antes me intimidaba con su delicioso olor, se me lanzó encima, metió la mano entre mi pantalón, mis medias y mi tanguita y en algo alivió mi incomodidad; clavada en su mano me alzó y con mis piernas al rededor de su cintura, me llevó hasta el escritorio de mi jefe; allí caí tendida y con la espalda sobre la mesa él bajó mi apretado pantalón hasta la mitada de mis muslos y rompió mis medias veladas en la entrepierna, al otro extremo me estaba esperando la verga de mi jefe para que le diera una segunda mamada en el día. Debo confesarte que no me negué, mientras el otro ya me clavava.

Antes de venirse mi jefe se pidió clavarme el culo, pero el poder actúa hasta en esos instantes, él era subordinado del invitado, el cual negó su petición, me chupó tanto como pudo el culo, dejándolo mojadito, listo para recibirlo y de un solo trancazo me clavó. Eso ya fue en el sillón de la oficina, él se recostó y como a una muñeca, me alzó con sus fuertes brazos y me clavó, yo después solo seguí el ritmo, mi jefe se puso encima y me clavo por delante, entre los dos se turnaban la manoseada de mis tetas, aunque mi jefe tenía la posición perfecta para también chuparlas.

Me sentiría infiel si no te lo confieso, lo disfruté muchísimo, llegué lento y delicioso, después de sentir que sus vergas se estaban reduciendo luego de haber llegado también. Me subí el pantalón que tenía en las rodillas, me abroche la camisa, lo que ellos también hicieron, pues ninguno se desnudó completamente, les di un beso a los dos, dejando un sabor de mi lengua hasta su garganta, tomé mis cosas y me fui, camino a casa te envié el mensaje de texto que decía que ya había terminado el informe.

Besos!!! Melissa.

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