Precumpleaños

Algunos dicen que no hay quinto malo, yo pienso que es una buena oportunidad para escribir un nuevo blog..... ...
Tiempo estimado de lectura: 2 minutos
Publicado por negraflaca26
Fecha: 24/05/2015 - 18:34 - 1709 lecturas - Archivado en Arte y Erotismo

"No hay quinto malo" es quizá la frase que mejor describiría la aventura con mi quinto hombre cereza y nuestra quinta cita casual, un día antes de mi cumpleaños número 25: el pasado 20 de mayo, en una de las tantas frías mañanas bogotanas, a las 9:00am me recogió en su carro. Aquel frío que sentía mi cuerpo fue superado por un apasionado y excitante beso de buenos días.

Nos dirigimos en búsqueda de un sex shop para comprar un liguero, puesto que él deseaba obsequiármelo para lucírselo posteriormente en un motel. Efectivamente, encontramos un local abierto y luego de mirar las opciones, me compró un sexy liguero negro de tanga abierta y medias blancas para lograr un bello contraste entre dichos colores.

Continuamos hacia un motel en el sector del Restrepo, pedimos habitación sencilla y entré dispuesta a recibir mi polvazo de precumpleaños. Él me desvistió y amablemente me ayudó a colocar y ajustar el liguero con las medias, me dio un beso y recalcó que me veía muy sexy, a lo cual respondí con una sonrisa. Me dirigí entonces hacia el espejo y le pedí que tomara fotografías.

Luego de las imágenes me besó apasionadamente, haciendo mojar mi vagina que ya estaba ansiosa por recibir esa verga la cual me encantó desde nuestro primer encuentro sexual. Mientras nos sumergíamos en aquel beso que parecía corto frente a la pasión desbordada del placer, nos tumbamos a la cama. Abrió mis piernas dejando expuesta mi cuka y empezó a lamer el clítoris una y otra vez, haciéndome retorcer de pasión. Y es que, esa deliciosa lengua bajaba hasta mi ano y subía nuevamente a mi clítoris haciéndome sentir mujer.

Yo sentía muchas ganas por tragar su verga, así que acaricié su mejilla y le dije que quería mamársela. Me bajé de la cama y agachadita estaba lista para recibir sobre mis labios carnosos aquella verga caliente, palpitante y húmeda. Suavemente, y luego aumentando la intensidad, sentía el deseo que me transmitía su mirada de morbosidad y sexo. Después de varios minutos, me puso en cuatro sobre la cama para clavarme fuertemente la vagina. Puso sus manos en mis nalgas y de un empujón metió toda su verga. Grité de placer y en cada embestida gemía más y más.

Cambiamos de posición, ahora él se hallaba boca arriba y yo enfrente. Me senté suavemente en su verga, sintiendo poco a poco cómo llenaba mis paredes vaginales de su virilidad. Saltaba con todas mis fuerzas, gimiendo de pasión y morbo, entretanto le decía que me encantaba como me comía, por cuanto se excitaba más.

Él apretaba fuertemente mis tetas, halaba mi pelo, mientras yo me sostenía de sus hombros. Entre quejidos y poses deliciosas, cambiamos varias veces hasta llegar al clímax del erotismo. Ese mismo erotismo que me hace sentir mujer, que me permite además experimentar sensaciones colmadas de pasión, lujuria, deseo, sexo, y mucho placer.

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