Relatos

Una afortunada visita a Zafiros Bogotá

Cuando una pareja entiende las necesidades del otro, y se hace lo necesario para su satisfaccion. ...
Tiempo estimado de lectura: 10 minutos
Publicado por ali_en778
Fecha: 10/01/2017 - 20:06 - 117 lecturas - Archivado en Sexo con maduras

Somos swinger maduros de años de experiencia. Tenemos edades de 56 ella y 68 yo. Hemos cumplido las fantasías básicas de cualquier pareja y finalmente nos acomodamos más a los contactos de tríos HMH.

Con el paso del tiempo hemos dejado de tener contactos y tampoco salimos con la frecuencia que solíamos hacerlo hace un tiempo. Hace unos meses me operaron de próstata, y la recuperación ha sido más demorada de lo que se había previsto, así que adicionalmente la relación sexual ha sufrido inevitable deterioro. De hecho completábamos como 8 meses son salir a divertirnos en plan de sitios swinger.

Para las navidades tuvimos la oportunidad de ir a Bogotá y quedarnos unos días en casa de unos tíos de mi esposa. Estando en la capital hablamos de ir a un club swinger y miramos opciones. Debido a que el servicio empezaba en las horas de la tarde, seleccionamos el sitio zafiros, ubicado en chapinero, y cerca a los sitios en donde hacíamos nuestras diligencias. Era día viernes y normalmente los días viernes y sábados, están reservados para solamente parejas. A eso de las 7 de la noche llegamos al sitio y nos dijeron que estaba en remodelación y que nos ofrecían disculpas por esa razón.

Ya en los casilleros nos llevamos la primara sorpresa. Junto con nosotros, había dos señores que acababan como nosotros de llegar al sitio. Expresaron saludos e intentaron establecer charla pero mi esposa estaba un poco callada. Ellos demoraron su proceso de prepararse para ingresar a las zonas de esparcimiento, obviamente con la intención de observar a mi mujer hacer lo propio. Ella se dio las mañas para despojarse de sus ropas cubriéndose con una toalla que nos habían entregado, y los tipos se quedaron con las ganas de una visión amplia, quedando a su imaginación lo que seguramente esperaban observar. Por el contrario ellos no tuvieron la menor muestra de pudor, y se despojaron de sus ropas y permanecieron así, mostrando, antes de colocarse su toalla. Uno de ellos poseía una dotación bastante grande y Alicia con sus ojos me indico que mirara, pues su miembro era evidentemente más grande que los promedios.

Fuimos a recorrer el sitio, que nos pareció bastante espacioso. Una sala principal con colchonetas, área de mesas, un jacuzzi, sauna, turco, como quien dice todas las facilidades que se encuentran normalmente en este tipo de sitios. Unas cuatro o cinco parejas, y a cada sitio que llegábamos, hombres solos en cada lugar, que se unían como en una procesión por donde alguna pareja se movía. No parecía para nada un día de parejas, como nos habíamos imaginado. Muchos hombres trataron de entablar conversación inmediatamente nos deteníamos en nuestro recorrido, pero Alicia con la suavidad que la caracteriza, les hacía saber que no estaba por el momento interesada más que en descansar y disfrutar del sitio. Al cabo de un par de horas observamos que ya había bastantes visitantes y el número de parejas se había incrementado, pero también habían llegado más caballeroso solos. Contamos cerca de 15 parejas, y unos 20 hombres solos.

En el baño de vapor conversamos con una pareja de unos 40 años cuya esposa se sentía asediada de los señores que con frecuencia acosaban con sus aproximaciones. El estar sentados los cuatro disminuía la presión en ella de manera evidente.  En el sitio  hay diferentes espacios para acercamientos, y nos ubicamos en un espacio que tenía una cama y una televisión. No más ellas dos empezaron a acariciarse y prodigarse algunos besos, cuando unos tres hombres, entre ellos el muy dotado que habíamos visto en la entrada, se nos unieron y sus manos acariciaron a nuestras mujeres. La señora de la pareja se incorporó y decidió no seguir en el contacto, y salimos del lugar detrás de ellos, y hasta ahí llego el acercamiento. Nos refugiamos en el baño turco y note a mi esposa con sus pezones erectos. Le pregunté directamente y me dijo que si había visto al señor del vestidor tocándola y como se le había parado. La verdad no había visto el detalle, pero cuando puse mis manos en sus muslos los separo y me dejo ver que la humedad había llegado a su cuca. Cuando le dije que se había entonado, me beso y me dijo en secreto que quien no con esa vergota. Era la confirmación directa del gusto por el tipo de la verga grande.

Como era de esperarse, pues ya se había atrevido a tocarla mientras estaba con la otra mujer, entro al baño turco y busco sentarse junto a nosotros para iniciar una conversación, que en esta oportunidad Alicia correspondió facilitando la charla. Ya en más confianza empezaron los roces de piernas pues al estar sentado el uno junto al otro era lo más natural que ocurriera, pero mi mujer tomaba especial cuidado de codearme o apretarme la mano cada vez que la presión de su muslo aumentaba sobre el de ella. Él ya había retirado la toalla y nos dejaba ver su erección, que reforzaba con pases de sus manos sobre la verga. Mi esposa me besaba a intervalos y con la visión de los besos siempre venia algún comentario picante de su parte. Mi mujer se incorporó y le pidió al amigo que se corriera un poco, y se recostó boca arriba como lo hace usualmente en los turcos, colocando su cabeza en mis piernas y estirando el cuerpo sobre la silla. El ahora estaba a sus pies pero mantenía el contacto de su pierna sobre el pie de mi mujer. En esta posición las tetas de Alicia quedaban descubiertas y las acaricie haciendo con la caricia que el fijara la mirada en los pezones. Sin suspender la conversación sobre aspectos sexuales, la mano de el (Alex su nombre) ya se posaba en una de las rodillas de mi esposa, y mantenía los muslos separados fijando su mirada en el mismo nacimiento de las piernas. Alicia me tomo la cabeza y la presiono hacia abajo para prodigarme un beso de lengua delicioso y mis ojos vieron como la mano de Alex descendió hasta posarse en los vellos púbicos perfectamente cortados muy bajo.

Otro hombre se había acercado sobre nosotros y ahora ponía sus manos sobre las tetas de mi mujer. Ella se incorporó nuevamente y con firmeza le agradeció y le pidió que no la tocara. Sentados nuevamente Alex se inclinó sobre los senos de Alicia y los beso al tiempo que ella cogía la verga en sus manos y con sus gestos me indicaba el tamaño. Alex nos había prometido mostrarnos el sitio y era el momento. Salimos los tres del baño turco y empezamos a movernos por todo el local a su lado mientras como guía turístico nos conducía. En la planta baja había como tres reservados con puerta para mayor privacidad. Lo privado evitaba con la puerta la entrada de alguien más, pero había ventanas y sin la facilidad de cerrarlas. O sea al acercarse a la ventana se veía sin obstáculos lo que ocurría dentro de las habitaciones. En su mayoría eran hombres que miraban y se pajeaban haciendo comentarios obscenos. Mi mujer se acercó a una de las ventanas y le abrieron espacio pero en el movimiento no desaprovecharon para tocar sus nalgas y tetas. Alex estaba a su espalda y mientras miraban le acariciaba las tetas y le besaba en el cuello y ella se pegaba a su cuerpo sin soltar la verga de su mano.

Regresaron y juntos los tres caminamos un poco por lo que será seguramente un bar, pero que está en proceso de construcción lo cual hace el sitio bastante oscuro. Alicia se abraza a mí y Alex desde atrás la abraza y juega con sus tetas y abdomen. Otro tipo de los que estaba en la ventana, se acerca a nosotros y acaricia a mi mujer y ella acepta la caricia y su respiración ya luce muy agitada. El recién llegado dice que hay un cuarto vacío, y nos dirigimos a él los cuatro. Entramos y el nuevo amigo cierra la puerta. Mi esposa me besa moviendo su lengua en mis labios con frenesí, mientras los dos hombres se ocupan de su piel cubriéndola de besos y caricias. Ya la están depositando de espalda sobre la cama y el nuevo se acomoda en su cuca para empezar a chupársela y Alex coloca su verga en la boca de mi mujer, y ella me mira cuando la toma y pasa la lengua por la inmensa cabeza y empieza a chuparla por los costados y a intervalos a meter la mínima porción que cabe dentro de su boca. Me acerco a ellos y me acomodo al lado de sus senos los cuales empiezo a besar notando la dureza de sus pezones. El último en llegar ya está desplazando su verga dentro de la cuca de mi mujer, y ella a mi oído me dice que necesita estar muy lubricada y sigue concentrada en darle placer oral a Alex.

El tipo se retira una vez que acaba, y ahora Alicia y Alex se dedican completamente el uno al otro. El sexo oral en 69 ahora es mutuo y cambian de sitio entre jadeos y gemidos de los dos. El de espalda en la cama y ella se acomoda encima de sus piernas y lo coloca mirándome a los ojos, como invitándome a presenciar la penetración. El otro tipo también se coloca a sus pies y ambos miramos como la verga va entrando despacio en su cica hasta que los testículos hacen contacto con las nalgas. Dejaron de ser gemidos, y ahora son palabras que con voz ronca salen de sus labios. Que rico es la expresión más repetida en medio de jadeos. El otro hombre se acerca a ellos y pone la verga en la bica de mi mujer, quien la rechaza y se concentra en su amante. Con sus manos me busca y me acerca y gime en mis oídos. Cambien de posiciones varias veces y cada vez que lo hacen y regresa la penetración, los gritos se hacen audibles llenando el ambiente de erotismo delicioso. Conociendo sus reacciones en detalle, cuento tres orgasmos separados solo por el tiempo necesario para relajar músculos y volverlos a tensar.  Alex finalmente explota y mi mujer se abraza a él, exprimiéndole hasta el último esfuerzo.

Regresamos a las mesas y ahí nos sentamos a esperar la recuperación de la respiración de estos dos protagonistas principales.  Muchos vieron pues pasaban por el frente de la mesa y sonreían a mi esposa como agradeciendo el espectáculo. Dimos una vuelta por el local observando que la mayoría de las mujeres recibían la atención de más de un hombre. El desbalance en la asistencia permitía que fueran tratadas como las reinas del lugar. Cuando regresamos a la mesa, Alex conversaba con otro caballero y nos presentó como amigos. Nuestra mesa estaba ubicada casi sobre la puerta de una habitación marcada como masajes. Una charla más, y mi esposa me dice al oído, que Alex quería otro ratico. No sé por qué razón, pero le dije que fuera solita y ella se quedó mirándome muy extrañada. Alex la tomo de la mano y la condujo a la habitación. Los siguió el amigo que estaba en la mesa y cerraron la puerta. Esa habitación no tenía ventana, solo que estaba al lado de la mesa. Casi de inmediato los sonidos de Alicia se sentían sonoros pues ella seguramente no hacia ningún esfuerzo por ocultarlo. Fue la primera vez que ella estaba con otro hombre, con dos hombres para ser exactos, sin mi presencia en el recinto. Sus gritos terminaron revolviendo de manera indescriptible mi adrenalina. Mi cuerpo temblaba de la excitación como no lo sentía hacia un tiempo largo. Y duraron algo más e 40 minutos. Al salir ella se sentó en mis piernas y se abrazó a mi muy fuertemente. Alex y el amigo se despidieron al ratico y Alicia me dijo que quería ir a dormir a la casa. Hasta hoy no me ha contado detalles de lo que ocurrió en la sala de masajes, sus gemidos y gritos ya lo habían dicho todo.

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