Jonathan Parra se hizo viral caminando en cuatro patas por Bogotá y expresándose a través de la apariencia y los movimientos de un gran felino. Detrás de las orejas, la cola y las garras hay una historia que habla de identidad, arte, cuerpo, sexualidad y, sobre todo, de la decisión de vivir sin esconder aquello que lo hace diferente.
Conocimos al Chico Pantera durante el AEFEST en Bogotá. Jonathan no hacía parte de la programación ni era uno de los invitados oficiales del evento; simplemente asistió como público. Sin embargo, su presencia difícilmente pasó inadvertida: vimos cómo varias personas lo reconocían, se acercaban a saludarlo y le pedían fotografías con evidente entusiasmo y admiración. Fue precisamente esa escena la que despertó nuestra curiosidad por conocer a la persona detrás del personaje que tantos ya identificaban.
A Jonathan Parra mucha gente lo conoció primero a través de la pantalla de un celular. Un hombre caminando en cuatro patas por Bogotá. Una cola que se mueve detrás de su cuerpo. Orejas felinas. Guantes preparados para soportar el contacto con el suelo.
Para internet fue suficiente. Los videos circularon, llegaron los comentarios y después los medios. Jonathan terminó convertido en el “Chico Pantera”, una figura que provoca curiosidad, preguntas y, como suele ocurrir cuando alguien se aleja radicalmente de lo convencional, también burlas.
Pero cuando Jonathan habla de sí mismo, la historia resulta bastante más compleja que el personaje viral. “No soy un objeto de sátira ni de burla”, dice. “Soy alguien totalmente normal y, si me identifico como un felino grande de la familia Pantherinae, es algo personal que simplemente sentí desde muy pequeño”.

Mucho antes del Chico Pantera
La relación de Jonathan con los animales comenzó durante su infancia. Los veía, recuerda, como una especie de superhéroes de la vida real. Quería conocerlos, entenderlos y también imaginar qué se sentiría al convertirse en uno. Es probablemente una experiencia que muchos niños han tenido durante un juego. La diferencia es que, en su caso, aquello no desapareció con los años.
“Muchos de los que puedan leer mis palabras habrán sentido exactamente eso: jugar a los animales. Solo que en mí persistían costumbres e impulsos muy puros que necesitaba explorar”.
Comenzó entonces a desarrollar movimientos y habilidades corporales. Practicaba sobre sofás, camas y escaleras. Sabía que podía resultar extraño para los demás, pero en lugar de abandonar esa conducta decidió explorarla.
“Yo sabía que era extraño, raro... pero en lugar de dejarlo, abracé mi propia particularidad porque se sentía bien jugar a ser una criatura diferente”.
Con el tiempo aquello dejó de ser solamente juego. El cuerpo, la identidad y posteriormente el arte comenzaron a mezclarse.
¿Therian, transespecie o simplemente Jonathan?
Una de las primeras tentaciones al conocer su historia es buscar una palabra que permita clasificarla. Therian es probablemente la que más aparece alrededor del Chico Pantera. A Jonathan, sin embargo, no le preocupa encontrar una categoría.
“Al final eso lo decide cada quien al verme. Yo soy yo, y punto”.
Cuenta que algunas personas incluso utilizan la palabra therian para atacarlo o ridiculizarlo. Él prefiere no concederle demasiada importancia. “Hay muchas cosas que rondan en mi día a día como para sentirme mal por palabras que buscan dañarme, usando el nombre de una comunidad como un insulto”.
Y entonces resume su identidad de una manera mucho más sencilla: “Yo soy persona, soy animal, soy artista”. Jonathan tampoco espera que los demás interpreten literalmente su identificación. Explica que no pretende que alguien se comporte frente a él como lo haría ante un leopardo real. Lo que espera es que las personas sepan cómo se percibe y cómo ha decidido expresarlo.
Para él existen componentes psicológicos, corporales y artísticos que se cruzan constantemente.
Un cuerpo convertido en obra
Aquí aparece una dimensión del Chico Pantera que muchas de las imágenes virales dejan en segundo plano: Jonathan es artista plástico y entiende su propio cuerpo como parte de su proceso creativo. Su locomoción cuadrúpeda no apareció para las cámaras.
La practicaba antes de convertirse en un personaje conocido en internet y, según cuenta, años de realizarla han producido adaptaciones en su cuerpo y en su percepción del movimiento. Él mismo juega con la ambigüedad cuando lo describe: “Tengo el cuerpo adaptado —o atrofiado— por mi constante locomoción cuadrúpeda autoimpuesta”.
Su cuerpo es simultáneamente soporte, experimento y obra. Jonathan menciona como referente a la artista alemana Rebecca Horn, conocida precisamente por trabajos en los que el cuerpo humano es extendido, intervenido o transformado mediante diferentes estructuras.
“Mi impulso creativo está desarrollado y, como profesión, trabajo mi propia imagen para crear algo. Mi arte no debe ser cómodo para todos; debe gustarme a mí”. Desde esa perspectiva, las piezas que utiliza dejan de ser simplemente un disfraz.

La cola, las garras y las orejas
Cuando Jonathan incorpora sus elementos felinos aparece lo que él describe como una sensación de plenitud. “Cuando me transformo es un sentimiento cómodo, porque siento que ya no me falta nada de mí. Tener mis piezas me integra y me complementa”.
Entre todas ellas, la más importante es probablemente la cola. No la concibe únicamente como decoración, sino como una extensión corporal. Ha construido diferentes prototipos utilizando su conocimiento de anatomía animal hasta conseguir un movimiento que produzca la ilusión de una cola orgánica.
“Mi cola es mi extremidad más notoria, la que da la ilusión de un control físico y mental de mi cuerpo y de esa extremidad”. Después están los guantes. No necesitan ser bonitos. Su función es proteger sus manos durante el desplazamiento cuadrúpedo y resistir superficies ásperas. Son piezas funcionales que requieren mantenimiento y modificaciones.
Finalmente están las orejas. “Cada vez que me las pongo son mi corona simbólica. Me siento confiado cuando las poseo; me significan y me distinguen”.
Curiosamente, hubo una época en la que ninguna de estas piezas existía. Jonathan ya realizaba sus movimientos y comportamientos sin ellas. Pero después de incorporarlas a su imagen ocurrió algo difícil de revertir: “Ahora que tengo mis complementos, ya no me veo de otra manera”.
¿Dónde termina Jonathan y comienza la pantera?
Para él, la pregunta parte de una separación que realmente no existe.
“Para mí nunca hay distinción. Soy yo todo el tiempo”.
Naturalmente, existen momentos cotidianos en los que no puede utilizar sus piezas. Hay responsabilidades y espacios que requieren prescindir de ellas. Pero Jonathan no considera que al quitárselas desaparezca la identidad que representan.
Las orejas pueden retirarse. La cola también. La pantera, desde su perspectiva, no.
Cuando internet convierte una persona en personaje
La viralidad llegó sin que Jonathan la buscara inicialmente. Personas que lo encontraban en espacios públicos comenzaron a grabarlo. Los videos circularon y una presencia que ya difícilmente pasaba inadvertida terminó amplificada por las redes sociales.
Jonathan reconoce que ahora es “famosillo”, pero hace una distinción importante: la exposición inicial no fue decisión suya. “Me he vuelto ‘famosillo’ por la red, no por mi propia decisión, sino por personas que me ven y me graban por mi apariencia”.
Del video viral a los medios de comunicación
La historia terminó trascendiendo las publicaciones espontáneas de redes sociales y llegó a medios de comunicación colombianos. Noticias Uno presentó la historia de Jonathan y su particular forma de identificarse y expresarse; posteriormente, medios como Portafolio y Tropicana retomaron su caso, mientras otros portales nacionales e internacionales replicaron la historia.
La exposición multiplicó el alcance del Chico Pantera, pero también ayudó a construir una imagen pública centrada principalmente en aquello que resulta sorprendente a primera vista: el hombre que camina en cuatro patas, utiliza cola y orejas y se comporta como un felino.
En GuiaCereza quisimos partir precisamente desde el otro lado: dejar por un momento al personaje viral y escuchar a Jonathan explicar, con sus propias palabras, quién está detrás del Chico Pantera.

Lo que viene después de hacerse viral
La fama trajo curiosidad y apoyo, pero también una cara mucho menos amable. Jonathan ha recibido burlas, insultos y hasta mensajes deseándole la muerte. Sin embargo, asegura haber desarrollado desde mucho antes de las redes sociales una resistencia considerable frente al juicio ajeno.
“Desarrollé una piel muy dura ante las críticas de la gente”. Y existe otra razón para aceptar esa exposición: como artista, entiende que provocar una reacción también puede formar parte de la obra.
“Yo siempre buscaré llamar la atención de la gente, sea positiva o negativa, porque al final es mi postura y mi objeto de estudio para mi quehacer creativo”. No significa que cualquier reacción sea irrelevante. Jonathan destaca especialmente a amigos y comunidades diversas que lo han acogido y acompañado.
¿Y qué pasa con el amor y la sexualidad?
La identidad del Chico Pantera tampoco queda necesariamente afuera cuando comienza una relación. Jonathan lo plantea desde una condición bastante universal: quien quiera compartir su vida tendrá que conocerlo como realmente es.
“Quien quiera estar conmigo deberá entenderme, deberá quererme y aceptar quién soy y lo que soy, porque yo me cansé de ocultar lo que soy solo para agradar”.
No plantea que una pareja tenga que compartir su identidad o comportarse como él. Lo fundamental es el respeto. A cambio, describe una forma particularmente intensa de vincularse emocionalmente.
“Aunque sea una criatura grande, soy tan entregado y enamorado como un cachorrito. Amo con todo, amo hasta que duela”.
Y cuando la conversación llega específicamente a la sexualidad, aparece inmediatamente el humor. “Estar conmigo tiene ventajas, pues mis garras son útiles para muchas cuestiones del sentir... ahí lo dejo a la imaginación del lector”.

No necesita que lo entiendas
Jonathan no pide que el lector se identifique con él. Ni siquiera pide que consiga comprenderlo completamente. Pide algo mucho más sencillo: “Que se dejen maravillar por lo diferente”.
Para él, mostrarse públicamente también es una forma de resistencia frente a determinadas expectativas sociales sobre cómo debe verse o comportarse una persona.
“Ante todo, soy individuo, pienso y existo”.
Y detrás de la pantera aparece finalmente un propósito que trasciende su propia identidad: que alguien que todavía oculta aquello que lo hace diferente pueda verlo y sentir que también tiene derecho a expresarse.
“Quiero inspirar a la gente que no puede expresarse como yo, que no teman ser diferentes. Y los que son libres como yo, poder resistir juntos”.
Puede que después de conocer su historia alguien siga sin comprender por qué un hombre decide caminar en cuatro patas, construir una cola, ponerse orejas y reconocerse en un gran felino. Jonathan parece estar perfectamente tranquilo con eso. Porque quizá comprender al Chico Pantera nunca fue el requisito.
Para él, basta con permitirle existir.
Fotos: GuiaCereza.com en el AEFEST
Pequeño diccionario para entender esta historia
Therian: Persona que experimenta una identificación interna profunda con un animal no humano. Esta identificación puede entenderse de distintas maneras —psicológica, espiritual o personal— y no implica necesariamente creer que físicamente se es ese animal. En el caso de Jonathan, es un término que otras personas utilizan para describirlo, aunque él prefiere definirse simplemente desde su propia individualidad.
Transespecie: Término utilizado para describir experiencias de identificación que trascienden la especie humana. No existe una única definición aceptada y su uso puede variar considerablemente entre personas y comunidades.
Pantherinae: Subfamilia de grandes felinos que incluye, entre otros, leopardos, jaguares, leones y tigres. Jonathan utiliza este término al hablar de su identificación con un gran felino.
Locomoción cuadrúpeda: Forma de desplazamiento utilizando las cuatro extremidades. Jonathan ha practicado durante años movimientos en cuatro apoyos como parte de su expresión corporal.
Prótesis / extensión corporal: Elemento incorporado al cuerpo para sustituir, complementar o extender alguna de sus características. Jonathan concibe especialmente su cola como una extensión de su cuerpo y ha desarrollado distintos prototipos buscando conseguir un movimiento orgánico.
Rebecca Horn: Artista alemana conocida por explorar el cuerpo mediante performances, esculturas y extensiones corporales. Jonathan la menciona como una referencia para explicar su propia relación entre cuerpo, intervención y creación artística.
