Vale y JuanPa reunieron a 110 personas en Medellín para una noche de juegos, baile y coqueteo. Su primera Fiesta Sin Filtro llevó al encuentro presencial las conversaciones sobre amor, sexualidad y acuerdos que comparten con su comunidad.

Valeria Acosta, trabajadora social, y Juan Pablo Suaza, psicólogo, son la pareja detrás de Sin Filtro. Comenzaron compartiendo videos en Instagram sobre sexualidad, deseo, celos y relaciones, combinando su formación profesional con sus propias experiencias. Su manera cercana de abordar estos temas conectó con personas que empezaron a pedirles más conversaciones y espacios para encontrarse. La primera Fiesta Sin Filtro nació de ese interés.

Sigue y Vale y Juanpa en sus redes: Instagram, Youtube

5c8e01616a2c38b.webp

En la primera fiesta de Sin Filtro, un minuto para conversar con alguien desconocido puede parecer poco. En aquella fiesta fue suficiente para romper el hielo, reírse y descubrir una afinidad. Las preguntas del “chismógrafo”, una dinámica de encuentros breves, invitaban a presentarse desde un lugar distinto al trabajo o la rutina. Alrededor, otras personas giraban una botella, compartían confesiones o enviaban mensajes entre mesas.

Así recuerdan Vale y JuanPa parte de la noche del 17 de septiembre de 2026, cuando reunieron a 110 asistentes en Ocre, Medellín. Era la primera oportunidad de llevar a una fiesta propia las preguntas que venían explorando con su comunidad: cómo acercarse al deseo, expresar los límites y relacionarse con mayor conciencia.

Una comunidad que quería encontrarse

La idea llevaba tiempo tomando forma. Quienes seguían sus contenidos en redes sociales, les preguntaban por fiestas y lugares para conocer otras experiencias. También querían encontrarse con ellos y conversar en persona. La pareja reconoció en esas solicitudes una curiosidad que compartía: acercarse a lo erótico sin sentir que había que llegar dispuesto a hacerlo todo.

Ambos disfrutan de la rumba, el baile y el coqueteo. También habían explorado fiestas eróticas, pero querían crear una experiencia donde la conversación, la expectativa y los pequeños acercamientos tuvieran protagonismo. Una noche para vestirse, comer, escuchar música y dejar que el encuentro avanzara al ritmo de cada persona.

5c8e01616a2c.webp

Escoger el lugar fue una de las primeras decisiones. Vale y JuanPa nos cuentan su aventura. Los creadores del podcast Descualquierados, desde que conocieron Ocre imaginaron el encuentro allí. Les atrajeron el ambiente, la iluminación y la posibilidad de combinar gastronomía y música en un espacio que se prestaba para una cita.

Después llegó el reto de convocar. Debían reunir suficientes asistentes para ocupar el lugar, pero querían conversar con los interesados y revisar las solicitudes antes de enviar las invitaciones.

La respuesta superó sus expectativas. Afirman que, durante las primeras 24 horas después de compartir una historia en Instagram, recibieron más de cien inscripciones. El formulario terminó reuniendo más de quinientas. La convocatoria circuló entre seguidores, amigos y personas que recomendaban la experiencia a otras. Para elegir a los asistentes priorizaron referencias, conversaciones y perfiles que pudieran identificar. También descartaron solicitudes asociadas con mensajes insistentes o comportamientos que les resultaban acosadores. Su intención era reunir personas dispuestas a respetar las reglas del encuentro.

Esa preocupación tenía una raíz personal. Vale recuerda que algunas experiencias anteriores en ambientes eróticos le habían resultado incómodas. Al organizar su propia fiesta, quería prestar especial atención a las condiciones que permiten sentirse tranquila al explorar.

El cuidado empezó antes de la fiesta

Vale es magíster en Intervención Social y lleva ocho años trabajando en equidad de género y derechos de las mujeres. JuanPa es magíster en Psicología Jurídica y Forense y ha trabajado con víctimas de violencia, jóvenes, familias y parejas, además de acompañar procesos de duelo. Esa formación estuvo presente en la preparación. Antes de la fiesta realizaron un encuentro virtual para explicar las dinámicas y el marco de cuidado. El consentimiento debía ser explícito y entusiasta, y podía retirarse en cualquier momento. Aceptar un juego tampoco implicaba aceptar cualquier interacción o hacerlo con cualquier persona.

Los asistentes debían aceptar un acuerdo de comportamiento. El personal de Ocre recibió capacitación sobre violencias basadas en género y un protocolo para solicitar ayuda. Además, un equipo identificado como “satélites de cuidado” tenía la tarea de recibir, acompañar y dinamizar, prestando atención a posibles señales de presión o incomodidad.

372cc0fafac7.webp

Al preguntarles cómo se llevaba ese marco a los juegos, explican que rechazar una invitación no debía generar reclamos. Según su relato, entre los participantes también se hicieron habituales las preguntas para comprobar que la otra persona estuviera cómoda y quisiera continuar. La preparación, añaden, corresponde también a cada pareja: conversar antes sobre lo que despierta curiosidad, lo que incomoda y cómo comunicarlo durante la noche. Asistir podía significar participar, conocer el ambiente como observadores o decidir retirarse.

“Porque no todo el que va está obligado a participar en todo.”

Volver a jugar, volver a coquetear

Para diseñar las actividades, Vale y JuanPa recurrieron a juegos que muchos recuerdan de la adolescencia: la botella, las confesiones y los retos. Les interesaba recuperar aquella emoción de una mirada, una pregunta inesperada o la posibilidad de un beso, ahora entre adultos capaces de decidir cómo participar.

Crearon las cartas de “Confesión o deseo”, adaptaron botellas y prepararon preguntas para el “chismógrafo”. Esta última actividad recogía una experiencia del trabajo social de Vale: facilitar conversaciones breves que ayudaran a personas desconocidas a conectar.

e2dd2ff3369950e.webp

El proceso tuvo bastante de trabajo artesanal. Cuentan, entre risas, que pintaron tapas, prepararon materiales y recortaron fichas hasta el día anterior. Hubo impresiones demasiado pequeñas, cartas que no quedaron como esperaban y un olvido que obligó a JuanPa a regresar a casa cuando ya se acercaba la llegada de los invitados.

Esas anécdotas dejan ver la dinámica de la pareja: ella resolviendo varias tareas al mismo tiempo; él intentando mantener cada cosa organizada. Entre bromas sobre los contratiempos y muestras de afecto, reconstruyen una preparación que les exigió tanto como les entusiasmó.

La noche comenzó con comida, conversaciones y música en vivo. Después llegaron los juegos. Incluso la carta de cócteles se convirtió en una herramienta de coqueteo: asociaron bebidas con mensajes que podían enviarse a otras mesas. Más tarde, el reguetón dio paso al baile. Para entonces, según cuentan, muchas personas ya habían conversado y compartido actividades. El ambiente había cambiado desde aquella llegada entre desconocidos.

Distintas formas de vivir la misma noche

Entre las historias que recuerdan está la de una pareja que se definía como monógama. Tenían la costumbre de proponerse una cita diferente cada mes y habían elegido la fiesta como su plan. Cuando hablaron con ellos, los organizadores les recordaron que podían vivirla a su propio ritmo.

También asistieron parejas con experiencia en espacios eróticos. Según Vale y JuanPa, algunas destacaron lo agradable que había sido regresar al coqueteo y a los besos, sin que toda interacción tuviera que avanzar hacia algo más. Uno de los recuerdos de JuanPa es haberse apartado un momento para observar el conjunto: las conversaciones, el baile y la manera en que las personas se relacionaban. La palabra con la que ambos describen ese ambiente es “cómodo”. Aseguran que no fue necesario activar los protocolos de atención durante la noche.

El encuentro también dejó preguntas. A partir de una dinámica y de la observación de un amigo, reflexionaron sobre el carácter mayoritariamente heterosexual del grupo y las expectativas que pesan de manera distinta sobre hombres y mujeres al explorar el deseo.

9f1662df4c09df3.webp

Reconocen que el temor al juicio puede cerrar posibilidades. A la vez, aclaran que nadie tiene que besar a otra persona para demostrar apertura o seguridad. Esa tensión entre curiosidad, límites y expectativas sociales forma parte de las conversaciones que quieren seguir promoviendo.

Sin Filtro, más allá de una noche

Sin Filtro es el proyecto que reúne estas experiencias. De él se desprenden el podcast Descualquierados, el acompañamiento “Acuerdos desde Adentro” y los encuentros presenciales, que pueden tomar la forma de fiestas, talleres o conversatorios.

“Descualquierarse es, de alguna manera, hacer las cosas distintas”

La palabra expresa su intención de revisar los moldes con los que aprendemos a amar y construir decisiones propias. Por eso, en el podcast conviven sus anécdotas con conversaciones sobre celos, deseo y salud sexual. Su historia de pareja también atraviesa el proyecto. Se conocieron el 14 de enero de 2023 y construyeron una relación abierta, con un vínculo afectivo primario y acuerdos que pueden evolucionar. Hoy viven juntos con dos perritas adoptadas y se describen como personas fiesteras y, al mismo tiempo, muy familiares.

Desde esa experiencia hablan de posibilidades, sin proponer su relación como un modelo para todos. Su mensaje incluye a quienes eligen la monogamia: cualquier vínculo puede construirse con respeto, comunicación, sinceridad y cuidado. Después de la primera edición, aseguran haber recibido comentarios positivos y quieren mantener el enfoque de cuidado mientras incorporan nuevas actividades. La respuesta del público les confirmó las ganas de continuar.

Aquella noche reunió a 110 personas alrededor de distintas posibilidades: conversar, jugar, bailar, coquetear o mirar. Para Vale y JuanPa, fue también una manera de poner en práctica las preguntas que sostienen Sin Filtro: qué queremos vivir, cómo podemos expresarlo y cómo cuidar a quienes se encuentran con nosotros en el camino.

0c4c793d114f906.webp

Cinco preguntas sin filtro

¿Qué debería conversar una pareja antes de asistir por primera vez a una fiesta como esta?

Lo importante es que ambos puedan expresar qué les hace sentir cómodos o incómodos antes de asistir. Si uno quiere participar y el otro no, pueden simplemente ir, conocer el ambiente y observar cómo funcionan las dinámicas. Si finalmente sienten que no es lo suyo, pueden retirarse. No todo el que va está obligado a participar en todo.

¿Cómo evitaban que la emoción del grupo se convirtiera en presión para participar?

Tuvimos un encuentro previo en el que explicamos el marco de cuidado y consentimiento: el sí debe ser entusiasta, explícito y puede retirarse en cualquier momento. Si alguien no quería hacer algo, o no quería hacerlo con una persona en particular, podía decir que no sin que hubiera reclamos. También había una conciencia colectiva de preguntar si la otra persona estaba segura y se sentía cómoda. Los satélites de cuidado estaban capacitados para identificar situaciones de presión o incomodidad.

¿Qué les dejó la primera fiesta y qué cambiarían para las siguientes?

Sentimos que vamos por el camino que queremos. Hasta ahora no hemos recibido comentarios que nos indiquen que debamos cambiar el enfoque. Creemos que la preparación, las actividades y el acompañamiento ayudaron a que las personas conectaran con nuestra intención y nuestro marco de cuidado. Queremos seguir en esa línea, pero brindar nuevas experiencias, con más ideas y propuestas para las próximas fiestas.

¿Qué significa “descualquierarse” y cómo se relaciona con el proyecto?

Es una forma de salirse del molde, de hacer las cosas distintas. En el podcast queremos que la gente nos conozca y se acerque a cómo vivimos: las fiestas, los viajes y lo que nos gusta. También incorporamos teoría; por eso hablamos del deseo, la salud sexual y los celos. Buscamos aportar herramientas para enfrentar ese “descualquiere”, como lo llamamos nosotros.

Sin Filtro es el proyecto que reúne todo: el podcast Descualquierados, nuestra metodología de acompañamiento y los encuentros presenciales. Puede contener muchas actividades alrededor del erotismo, el amor y el deseo.

¿Qué lugar ocupan las fiestas dentro de Sin Filtro?

Son el punto de encuentro de nuestra comunidad y el laboratorio donde empezamos a reconocer cómo las personas viven estas dinámicas y cómo las quieren vivir. Allí conocemos qué experiencias buscan y a qué se quieren abrir.

Fotógrafo: Santiago García