Miércoles 9 de la mañana, espero una reunión con un cliente nuevo del cual solo sé que se llama Sara y su oficina queda por la autopista norte, llego puntual a la cita, me anuncio y una señorita me dice que por favor espere en la recepción mientras que la señora Sara baja para recibirme.
Era un miércoles como cualquier otro, un día de esos fríos que saben hacer aquí en Bogotá y que no prometía nada nuevo, excepto claro que la reunión fuera de provecho y un apretón de manos finalizara con un nuevo negocio. Mientras esperaba en la recepción mi celular comenzó a vibrar, era mi novia, conteste y hablamos de todo un poco mientras esperaba que llegasen por mí, al cabo de un rato la llamada terminó y fue entonces cuando apareció ella, la señora Sara, una mujer de aproximadamente 1,70 de estatura, rubia de ojos claros, 41 años de edad y dueña de un cuerpo que más de una mujer envidiaría, me saludo amablemente y me invito a que siguiéramos a su oficina, mientras iba detrás de ella no pude evitar pensar en lo hermosa que era, y claro, fue casi imposible mirar a otro lado que no fuera ese su cuerpo. Entramos a su oficina y por espacio de 40 minutos no hablamos de nada más que no fuera mi propuesta a un problema tecnológico que tenía en su casa y el cual ella estaba interesada en solucionar, tiempo que se pasó rapidísimo y fue de mucho provecho pues al final el negocio fue mío.
Ese día no pude dejar de pensar en la señora Sara, no podía sacarme de la cabeza esa figura perfecta y no podía dejar de pensar en lo agradable que sería el sexo junto a una mujer de sus características, aunque para ser sincero, lo que más me atraía de todo y claro está, sin dejar a un lado todo lo demás, era su edad, once años mayor que yo.
Así paso casi una semana, yo seguía con mi rutina de trabajo normal, me veía con mi novia y hacíamos todas aquellas cosas que siempre hacemos, solo que esta vez no podía dejar de pensar en la señora Sara y en las ganas de conocer a una mujer de sus características para de una vez por todas acabar con la curiosidad de experimentar el sexo con una mujer así. Para mí era claro que no podía aparecerme en su oficina y de un momento a otro hacerle una propuesta de ese tipo, es más, sabía que era tiempo perdido tratar de intentar cualquier cosa con el ánimo de interesarle pues esa mujer más enamorada de su esposo no podía estar, sin hablar de lo conservadora que es.
Así fue como lo decidí, un día después de mucho pensarlo tome la decisión de pagar por ello, sabía que era la forma más rápida de acabar con mi ganas y la curiosidad, y aunque nunca en la vida había pagado por sexo, era la manera más eficiente de lograrlo en el menor tiempo posible y sin ningún tipo de compromiso. Fue entonces cuando me puse en la tarea de buscar a la mujer que cumpliera esas características de señora Sara para luego simplemente calmar mi interés.
Lo primero que se me vino a la mente fue el internet, me puse a “googlear” un poco usando palabras como veterana, prepago o acompañante, y aunque pensé que iba a ser una tarea difícil casi de inmediato empezaron a aparecer los resultados, la mayoría de ellos de una página donde se colocan avisos clasificados gratuitos. Después de mucho buscar encontré a una mujer que me hizo recordar esas “ganas”, marque su número celular y al momento contesto ella, fue muy cordial por teléfono aunque su forma de expresarse dejaba mucho que desear, casi de inmediato nos colocamos una cita, el lugar era una residencia pues en mi casa me parecía descabellado, la cita era con casi dos horas de anticipación y ella me había dicho que iba a estar en la esquina del lugar que acordamos vestida con una chaqueta y unos zapatos de color rojo, entonces yo llegue casi media hora antes y busque un parqueadero para llegar a pie y no tener problemas de “reconocimiento” por alguien que justo lo conoce a uno y está en el lugar y hora equivocados, así fue como me fui caminando hacia el lugar de la cita y de repente la vi a ella, a la mujer de la chaqueta y los zapatos rojos y lo primero que pensé fue ¡no joda!, esa no es la misma que sale en las fotos del anuncio, de lejos se veía que era una estafa, así que me hice el de las gafas negras, pase junto a ella como si nada y me regrese a mi trabajo con el mal genio que me daba sentirme engañado, así fue como seguí en la búsqueda de alguien que realmente fuera quien aparentaba ser y en esa tarea me encontré las mil y una ofertas todas con su “plus”, que más económico pero con publicaciones de anteriores usuarios alertando a los futuros clientes de las enfermedades que tienen las “señoritas” económicas, que más costoso y al final van sumando dinero extra dependiendo de lo que uno quiera hacer, que “exclusiva y muy culta” pero su cultura no sabe ni diferenciar entre ay, ahí o hay, que somos una pareja swinger y te la presto a ella sin ningún problema pero al final aparece la noticia de que algunas son capturadas por robar a sus citas junto con sus apartamentos, y eso sin mencionar a las mujeres del chat, por ejemplo de esta página, en donde ninguna de ellas contesta ni siquiera al saludo porque la mayoría de hombres que lo hacen creen que la foto de perfil debe de ser un pene erecto y su nick directamente proporcional a la “arrechera” que los acompaña, o que ellas se mueren de ganas de ver como se masturban mientras no son capaces de sostener una conversación medianamente normal.
Hasta el día de hoy no concreté ninguna cita, entonces mi pregunta es: ¿Acaso estoy buscando a una “señora Sara” en el lugar equivocado? ¿Alguno de ustedes encontró lo que realmente quiere?
Mucha suerte, hasta luego.








Comentarios
0 comentarios
Inicia sesión para dejar un comentario.
login Entrar