Yo quería simplemente subir, tener mi clase, aburrirme un poco, charlar un rato, nada fuera de lo común, pero los botones y las guayas no entendieron mi mensaje, o tal vez entendieron el mensaje de mi subconsciente alborotado por un mes de intenso verano en mi cama.
No era el hombre más hermoso del mundo, pero su barba me enloqueció desde que cerro la puerta del ascensor, y su paquete en las piernas me hizo recordar otros dulces momentos. En un bar lo había visto antes, sabia que también era gay.
El chiste es que el aparato (ascensor) en el que nos subimos no alcanzo ni siquiera a subir un piso, pues en la mitad de los dos se quedo atorado y la luz fallo y, los pulmones se angustiaron y el botón rojo parpadeo y nos miramos y su mano bajo al bolsillo. El celular. Llamo a un amigo suyo en el edificio y le conto lo que había pasado, y al par de minutos (mal contados) su amigo lo llamo y le dijo que ya estaban en el ultimo piso con el auxiliar de mantenimiento y que en aproximadamente media hora nos sacaban de la maquina, que se había tragado no solo nuestros cuerpos, sino la típica indiferencia que reina, un poco de charla me dijo que me reconocía del bar y de la universidad, que tenia bonitos labios, y me entusiasmo que no midiera mas de un metro con setenta centímetros (los bajitos me excitan) además de las palabras que pronuncio después de las formalidades requeridas: “y ¿Cómo pasamos el tiempo?”, levante mi ceja y guiñe mi ojo.
El beso mas rasposo pero erótico, mis piernas en sus manos y alrededor de su tronco pues tenía la fuerza necesaria para levantar mi humanidad y me besaba y me desabotonaba, y me bajaba, y se bajaba, y lo besaba, y lo lamia, y me hurgaba las nalgas (terreno propicio para la carencia de hombre) y su miembro en mis labios, y la succión con avidez y en el estrecho espacio mis piernas parecían brazos de pulpo y se acostó todo, menos la carne que me interesaba y me senté y comencé a retorcerme y a subir y a bajar y no quería ya subir al ultimo piso.
El ascensor de un momento a otro recobro la normalidad y solo pude reacción moviéndome frenéticamente y mis nalgas lo hicieron gemir y en el tercer piso, vimos la gloria en el ascensor y rápidamente el beso final, acomodarnos la ropa agradeciéndole a la lentitud del ascenso. Nada después solo al pregunta de mi mejor amigo: “y que hicieron adentro”. Mi picante respuesta : “nada de lo que arrepentirme deba”.








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1 comentario
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login Entrarque rico lo pasaste,asi que se dañen los aparatos esos..........saludos