- Vamos a cine?, preguntaste
- Si!! Respondí, el recuerdo de la última vez que habíamos ido a uno, me embriagó de inmediato y quise volver a sentir las mismas sensaciones anteriores.¿Te acuerdas? Yo sí.
Nos dirigíamos a uno …, en el centro de la ciudad, pero … algo nos hizo cambiar de planes.
Continuará…………..
Primera parte:
🔗
Segunda Parte
DIARIO DE FRANCACHELA
EL INFIERNO DE LAS PASIONES
Un hombre que no ha pasado a través del infierno de sus pasiones, no las ha superado nunca. (Carl Gustav Jung)
Nos dirigíamos a un cine de la ciudad, del centro, pero cuando pasábamos por la séptima, otra cosa llamó tu atención. Escondido casi invisible, lúgubre se divisaba uno de esos teatros donde proyectan pornografía, que supuestamente ya no existían.
¿Entramos? Dijiste, lo miré y mi mente comenzó a tratar de cubrir todas las opciones que podrían presentarse allí, guardé silencio un rato, para darme tiempo te contesté – Tú decides - Mientras me daba ánimos para responderte afirmativamente, entrar a ver cine porno no me parecía algo del todo interesante, preguntaste tres veces más, finalmente escuchaste la respuesta que esperabas.
Buscamos un lugar donde dejar el carro, te molestaste por no haberme quitado la ropa interior con anterioridad, mientras conducía los deslicé por mis piernas y finalmente dejé libre la zona que te gusta encontrar así, ¡dámelos¡ dijiste – Espera, te contesté – no podía desenredarlos del tacón, hasta que finalmente lo logré y te los pasé. De nuevo me robaste mis pantis para aspirarlos con descaro, los tomaste y frotaste tu sexo con ellos. Logré en un descuido tuyo esconderlos en la cajuela, salimos hacia donde de común acuerdo iríamos.
Mientras caminábamos recordé las historias vividas por otras personas, en cines porno antiguos, los juegos eróticos que algunos de mis amigos habían tenido, me las contaban con mucho detalle, algunos con cierta vergüenza y repulsión aparente, pero que generaban erecciones que yo podía percibir y que pretendía nunca ver. Era una delicia escuchar sus historias, disfrutaba de cada relato como si fuera propio. Y allí se estaban aglutinando en mis pensamientos como un alucinante.
Esta vez no tuviste que decirme que siguiera, me adelanté, esperé la compra de las boletas y seguí. Me abrazaste, vi tu mirada recorrerme toda, me encanta ver como ella para en mis caderas y mis piernas, hay gusto en tus ojos, y en mi cuerpo cuando eso ocurre.
El pasear por los corredores, era una escena extraña, casi surrealista...te detuviste a mirar unos cuartos, pero continuamos. Dijiste - mira los poster -eran impresionantemente bien dibujados, inmensos y explícitos, hasta ahí estaba tranquila, pero mientras me dirigía a la puerta oscura y escuchaba los gemidos de la película me envolvió una sensación de terror. ¿Qué estaba haciendo? Comencé a recordar esa puerta blanca que hacía casi un mes estaba viendo y que me había adentrado a un mundo que me marcó y, ahora, estaba continuando con eso. Mi cabeza comenzó a darme vueltas y mis piernas las sentía como si se fueran a doblar. Sentí ahogo, la oscuridad me asfixiaba, y el corazón de nuevo comenzó a latirme con furia, como pidiéndome explicaciones por sacarlo de su tranquilidad, cuando entramos en la sala, cuál no fue mi sorpresa cuando vi el lugar medio lleno, ¡ni las salas de cine normal tenían tanto movimiento!! No veía del todo bien, mis ojos no se acostumbraban a la oscuridad, te dirigiste a la baranda y te paraste ahí, observador.

Me abrazaste, yo quedaba de espaldas a las sillas y con la mirada hacia la pantalla, no la miré, intenté agudizar aun más mis sentidos y escuchar, la gente hablaba, si, hablaban, gemían ¡uff gemían¡, escuchaba mujeres por todos lados, parejas, aun no me atrevía a voltearme, sólo me imaginaba las cosas con la percepción que los sonidos me daban.
Sudabas, sentía el calor que salía de tu piel, mirabas a uno y otro lado, yo abrazada a ti, continuaba de espaldas. Me apretaste, podía sentir como mi corazón palpitaba contra tu pecho. Si hubieras dejado mi ropa interior en su lugar, estaría enterrada y completamente empapada, mis labios estaban mojados y resbaladizos, sentía como mi sexo se inflamaba y mi clítoris se hinchaba entre mis labios, me movía contra tu cuerpo, sentía tu verga dura atrapada en tu pantalón, oprimirse contra mi vulva, tus manos comenzaron a tomar vida y a moverse por todo mi cuerpo, tus besos quemaban, cada vez latía con mayor furia mi interior, me volteé, finalmente miré,a medida que mis ojos se acostumbraban a la oscuridad, podía ver los movimientos que la penumbra escondía deliciosamente.
Cuerpos moviéndose unos contra otros como una danza de algún mito extraño. Gemidos, pieles, olores, pasiones, hombres, mujeres. Unas pocas parejas en algún rincón observando se masturbaban mutuamente, otras, sin querer entrar en “centro del infierno”, miraban como los demás se“quemaba”, ardían en llamas, fuego sin límite, ni control. Se me vino a la mente Dante y su infierno, estaba cayendo en un "profundo lugar" (basso loco), recordé el segundo círculo de ese infierno, el de la Lujuria - donde seres ansiosos de carne, y sedientos de sexo, han sido condenados por dejar que sus apetitos sobrepasaran su razón.Sedientos y hambrientos, esa es la palabra.Y yo estaba tomando la barca de Caronte, para entrar justo en ese infierno.

Todo lo que observaba desde la penumbra era tan inquietante para mí, realmente no entendía lo que me ocurría, sólo sabía que me gustaba. Me gustaba mucho, estaba aturdida, no era ni medio parecido a lo que mis amigos me habían relatado. En sus narraciones el cine era casi desértico y pocas personas entraban, algunos se atrevían a masturbarse secretamente mientras veían la película, otros más osados permitían que algún desconocido los manoseara, pero ese manoseo duraba horas para perpetrarse y minutos en experimentarse,se liberaban con un orgasmo rápido y casi insonoro, por mucho que pasara un boca desconocida y atrevidaliberaba el semen reprimido.Pero lo que yo estaba viendo era otra cosa, la atmósfera estaba llena de sexo puro. De desenfreno absoluto.¡Qué miedo tan horrible!! Que miedo y que arrechera tan impresionante.

Tus manos no paraban de manosearme, de mostrarme, de ofrecerme. Descubrías mis piernas, subiendo la falda y tomabas con tus dos manos mis nalgas, la abrías para que las vieran, había una pareja a nuestra izquierda, nos miraban mucho pero no permitieron un acercamiento. No olvido lo ridícula que me sentí cuando, tomando valor, les dije que si podría sentarme a su lado, el tipo que antes no me quitaba el ojo de encima volteó su rostro con desdén y con toda la frialdad que pudo dijo, ¡NO ATRÁS…¡¡qué vergüenzatan maluca sentí…¡ ¡terrible fue la escena para mí, lo confieso¡. Pero a pocos metros, un hombre que venía observándonos desde que entramos, fue siendo atraído, poco a poco se acercaba, no pude evitar relacionarlo con el apareamiento canino, lo vi como un perro, oliendo el culo dela perra, se iba acercando, rondando, oliendo, buscando. Llamó a su pareja, que anteriormente había estado rodeada por no menos de 4 tipos, no vi que pasó, pero aparentemente había tenido suficiente, ella le decía que no, que ya debía irse, lo limitaba, pero su instinto de “perro”, lo hacía acercarse cada vez más, la logró llevar hacia nosotros, casi, casi podía olerme donde se hizo. Pero tú, ignorándolos me comenzaste a llevar donde las llamas ardían. Él se quedó con su “hocico” parado, pues tu me llevaste al centro… querías verme arder.
La escena me parecía haberla vivido, un “deja vu”, de nuevo me veía subiendo las escaleras, aterrada y excitada, dirigiéndome al fuego, y yo Francachela me iba a quemar en él, lo sabía. La primordial diferencia que veía, radicaba en que anteriormentesólo me estaba enfrentando a una persona, ahora me estaba enfrentando a el hambre y la sed de muchos. Y yo iba a volverme comida de aves de rapiña, sabía que con una sola señal, me despellejarían viva.Y tú querías que me despellejaran.
Continuará……
Las imágenes en su mayoría pertenecen a BORIS VALLEJO...acá encontraran algunas de ellas 🔗








Comentarios
0 comentarios
Inicia sesión para dejar un comentario.
login Entrar