A nosotros los hombres se nos cruzan pensamientos al ver a una mujer con quien definimos de entrada que potencialmente podría pasar algo, ya sea un vinculo sexual, una aventura o partir de lo sexual, llegar a algo más emocional, todo esto en nuestro lenguaje masculino lo resumimos en términos un poco más sencillos, la comunicación entre hombres es muy simple, se trata de mirar a la chica en cuestión y luego mirarnos a los ojos los hombres y pronunciar palabras como: aguanta, yerdaaaaa o expresiones faciales como una señal de admiración, fruncir el seño o dejar que el rostro esboce esa expresión que queda después de un trago de un ron fuerte.
Se cruzan pensamientos cuando se ve su cuerpo: “esta buena como para comérsela”, cuando se ven sus senos: “están ricos como para lamerlos”, su mirada: “se ve que es arrecha”. Pero no todo en nosotros es tan superficial, también se valoran aquellas cosas lindas que se llevan por dentro, como por ejemplo: tan buena persona y tierna: “dan ganas es de comérsela con delicadeza”, tan inteligente ella, tan verraca, la admiro: “se merece una buena culiada como premio por ser alguien tan admirable”, “Será que culiando es así de seria”, “ esa cara de intelectual le cambiará mientras la penetran”...
Lo primero que se le pasa a uno por la cabeza, es precisamente aquello que piensa esa cabeza de abajo, pero pensamos una cosa y por conveniencia actuamos de otra forma, bien sabemos que el que muestra el hambre…, entonces muchos hombres montan un teatro para comportarse como esos caballeros que en realidad no son, vendiéndose como unos príncipes que en lo último que piensan es en sexo para luego cumplir su objetivo y pelar el cobre. En ocasiones la relación prospera y nacen muchos sentimientos que no se tenían presupuestados, es posible el tipo nunca se decida a pelar el cobre y mostrarse tal como es en realidad, tal vez porque ella mostró estar muy interesada en ese príncipe de mentiras que él le vendió en un principio.
El teatro se convierte en una cárcel que incluso puede serguir por mucho tiempo, pero él no es el único, también ella le tiene montado el teatro de princesita y tampoco se atreve a ser ella misma por temor a ser mal interpretada, entonces ambos terminan siendo víctimas de sus obras teatrales.
Con su esposa, hacer el amor es una actividad que se desarrolla en posiciones sexuales dignas para una dama, con su esposo, ella pese a sus deseos y a su espíritu aventurero, se comporta como la princesa de mentiras que siempre ha sido, no puede ser diferente, tal vez el le pregunte: “¿quien te enseñó eso?”, “una dama no se comporta así”, no se atreve a proponer, le da miedo, que tal que el sienta que ella ha dejado de ser esa gran dama, hay cosas que no se hacen con una dama; para eso están las putas, las amiguitas, las vecinas…
El disfruta del sexo con prostitutas, amiguitas y amantes que trata como a unas putas, con ellas se descarga, con ellas hace montones de locuras, locuras que no se le hacen a la madre de sus hijos, su vecina es una de sus víctimas. Esta, con tragos encima, en medio de la fiesta de los 10 años de su hijo, le contó acerca de su insatisfacción sexual, el es ahora quien a veces le hace el favorcito de arreglarle el tv cable, el grifo y otras cosas de la casa.
Ella pasó de ser rescatada de la torre de Rapuncel, para permanecer encarcelada en su propia casa, en su propio sueño, terminó encerrada entre barrotes morales que no le permiten salir a explorar el mundo, aunque tiene lo que toda mujer sueña con tener, lo que tu madre, los cuentos de hadas, las telenovelas etc… le vendieron como el mundo ideal, ella se siente triste, siente que su vida carece de sentido, cosas simples logran arruinarle el día, necesita ser rescatada de nuevo, pero: ¿quien iría en su rescate?: ¿un príncipe?, ¿un súper héroe?, ¿el chapulín colorado?... No señores, se le aparece un perverso, un perverso que poco a poco le muestra su mundo pervertido y le abre las puertas para que ella entre a él, al ingresar; ella encuentra en este mundo lo mismo que su príncipe le brinda a otras mujeres, a las prostitutas, amiguitas, a la vecina etc…
Mi invitación: muéstrale a tu chica lo perverso que eres, lo guache que eres, dale a tu chica el honor de ser: tu puta, tu amiguita…. Para que ella no termine siendo la vecina necesitada, bueno, si tu chica es o no la vecina necesitada, eso solo lo sabe el vecino, así que pilas: pela el cobre y deja tanto teatro en tu propia casa, hay tipos como yo, que nos encanta pervertir mujeres así que perviértelas tú, no dejes que otro lo haga y si otro lo hizo, agradécele ya que tú serás quien más disfrute del resultado de su arduo trabajo.








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