A ella le escribí una poesía, luego le escribí un cuento de hadas, y ese cuento de hadas lo subí a guía así como también algunas de las muchas vivencias que hemos tenido. Todo empezó cuando en un momento de sinceridad, le conté todo lo referente a guía, ella es la primera persona a quien le cuento que escribo en guiacereza y que soy negrocarta.
Al principio ella se sintió algo mal, pero después le conté lo del concurso de relatos y ella se emocionó, se emocionó tanto que me dijo:
- Ese disfraz lo debes ganar para mí, y yo te voy a inspirar.
Fueron muchos los planes, las fantasías, las emociones, las ilusiones, mi corazón latía pensando en el relato, hasta le puse un titulo, este se llamaría: “mas mala que las chicas malas”, ella se emocionó tanto, tanto que con sus mismas manos se dispuso a confeccionar el vestido que haría honor al nombre del relato.
Ese viernes ella viajó a Cartagena para pasar un fin de semana juntos, estaba en la casa de su mejor amiga, allí la fui a recoger, también dejé mi maletín con mi ropa, es que nuestro plan era amanecer haciendo locuras por tanto nos ahorrábamos un día de hotel si dejábamos nuestros equipajes guardados.
Cuando la vi me impresioné demasiado, era una falda construida a partir de tiras de tela suave y liviana que salían de la cintura, hasta un soplo era suficiente para dejarla casi desnuda, sentía la necesidad de tomarla de la mano y ubicarme de tal forma que la protegiera de la brisa. Nos subimos a un bus y la sentí incomoda, la sentí intranquila con las miradas de todos los pasajeros encima. Nos bajamos cerca del burdel que frecuentábamos, nuevamente la sentí incomoda, ella me dijo:
- Esas mujeres me van a sacar los ojos, parezco más mala y más puta que ellas.
También me sentía algo nervioso, ya me las estaba imaginando sus miradas de francotirador, dispuestas a disparar ante un descuido de su escolta, pero debíamos seguir, para ser más mala que las chicas malas, debía verse así.
Al ingresar al lugar, mi chica vestida de blanco parecía un angelito delante de las chicas malas, era noche de lencería y estas chicas vestian en verdad agresivas, algunas hasta tenían cachitos de diabla. Nos salió el tiro por la culata, nada que hacer, la menos mala de todas era mi chica, pero de todos modos vi en ella tranquilidad y eso me hizo sentir bien.
La noche empezó mirando al frio de unas cervezas a las chicas desnudándose en la pista, mi chica me dijo que cuando tocara el momento de sexo en vivo, yo debía subir a la tarima y tener relaciones delante de todos, ella quería saber si una escena de esas la llenaría de celos o de morbo.
Hubieron oportunidades para subir a la tarima, pero la verdad es que no fui capaz, cada vez que decían sexo en vivo, mi amigo caía desmayado, me daba un pavor pensar en estar sobre la tarima, mis inseguridades no permitirían que se parara lo que se para tan solo con un pensamiento, con una mirada, con una sonrisa tierna, mi mente se fue unos minutos hacia el futuro y pensó en risas, gritos de la gente, burlas. Tal vez la sonrisa de mi chica representara para mí algo maravilloso, pero esas chicas aunque bonitas, no me inspiraban nada, bueno, para que dar mis excusas, NO FUI CAPAZ. Mi chica al principio era una niña que se atemorizaba ante mis propuestas indecentes, mi manera de seducir, de hacer el amor, ante mis caricias, mi creatividad..., yo le insistí en que debía liberarse; mientras yo estuviera a su lado, no había la necesidad de ser una princesa de mentiras, ella lo asimiló tan bien, que ahora yo era el niño tímido e incapaz de hacer algunas de las locuras que ella propone, su límite ahora está más arriba del mío, ¡¡¡HE CREADO UN MOSTRUO, NO PUEDO CON ELLA!!!.
Nos quedamos un rato disfrutando de ese ambiente que nos encanta, cuando me iba al baño, algunos borrachos aprovechaban mi ausencia para hacerle ofertas a mi chica. A mi regreso ella me esperaba con su dulce mirada, eran como las 3:30 de la mañana, a esa hora decidimos ir al centro de Cartagena y dar un paseo por las murallas, la idea era hacer cosas indebidas en ese patrimonio histórico y cultural de la humanidad.
Pasamos de ese fantástico ambiente mundanal, a sentir como poco a poco se nos inundaba el corazón y los sentidos con la emoción de terminar poseídos por la magia de las noches de Cartagena
Empezábamos a caminar por las murallas, se sentía rico el ambiente con el frio de la madrugada, la brisa soplaba, el olor a playa estaba presente, veíamos las casas coloniales, y la emoción nos empezaba a llenar, llegamos a un rincón rodeado de cañones, ese lugar estaba solo, allí nos sentíamos libres, felices, con ganas de alzar las manos y dar vueltas, pero bueno, lo que yo más quería era hacerle la vuelta en ese lugar, por eso la monté sobre un cañón, la besé con ansias, la abracé y tuve la necesidad urgente de sentir ese calor que se había acumulado entre sus piernas, necesitaba sentir como sus jugos me impregnaban, necesitaba sentirme dentro de ella, por eso la amenacé con mi escopeta, o mas bien rovolver, bueno, espada, cuando mi esápada entro en su vaina, llegó un alivio profundo, siii, me hacía falta para sentirme tranquilo, La abracé fuerte mientras ella la tenía adentro, la penetraba suave, me emocioné mucho por estar haciéndolo con ella en la muralla, allí, con la complicidad de la noche, de la brisa de mar, de las estrellas, de cañones y de fantasmas de héroes que lucharon por nuestra libertad.
Sentí que esas murallas eran tan grandes, tan especiales, con tantos rincones que no era justo que nos quedáramos solo allí, ansiaba penetrarla en cada rincón, sentir que toda la muralla era nuestra cama, que toda era testigo de ese momento, por eso seguimos caminando, buscando otro lugar solitario que bautizar con nuestra descarga de pasión.
Cuando sentíamos que por fin nos estábamos acercando al lugar apropiado, nos dimos cuenta que en realidad nos estábamos acercando a un grupo de policías, por eso seguimos de largo, nos dimos la vuelta y regresamos al lugar inicial, un celador de un conjunto cerrado, vio como subíamos a la muralla a esas horas, nos ubicamos donde empezamos a hacer el amor y entre besos y caricias continuamos allí la batalla épica que antes habíamos empezado.
Pasamos del cañon a un muro de más de tres metros de grueso, allí ella se sentó para seguir siendo penetrada, estaba deliciosa, suave, húmeda, ella suspendió para contarme que había visto a alguien, si, alguien estaba a unos 50 metros de nosotros, vimos como ese personaje se escondió entre la oscuridad y hasta se acostó en un rinconcito oscuro, já , pesaba que no lo habíamos pillado, pero ese antes de ser un motivo para suspender del todo, fué un elemento que nos exitó mucho nos encantaba saber que nos miraban mientras lo haciamos y que tal vez estabamos estimulando una buena masturbada, ella se acostó, y enfocó sus ojos hacia las estrellas y la luna, yo la seguí penetrando unas veces con suavidad y ternura, otras con agresividad, hasta que la vía láctea se expandió en su espacio interior, aunque yo no estaba mirando hacia el cielo, pude ver las estrellas en ese momento, no solo a través de mi placer sino a través de sus ojos.
Al poco tiempo llegó la policía, nos quisieron llevar presos por andar haciendo cosas indebidas en la calle, el policía nos dijo:
-Está prohibido andar por acá a estas horas.
-Yo le dije, mmm, señor policía, especifíqueme el artículo, el decreto, la ordenanza que dictamina que yo a esta hora no puedo transitar libremente por este lugar, ¿en que documento legal se basa usted para decirme eso?.
Los policías nos amenazaban de llevarnos presos, nos pidieron las cedulas, verificaron nuestros antecedentes penales y nos pidieron que fuéramos a la estación de policía, nosotros entonces, tomamos nuestras cédulas y nos dirigimos a nuestra próxima estación: el amanecer en la playa.
Nos quedamos sentados en un parquesito que está en la playa, desde allí nos abrazabamos y nos besabamos mientras veiamos como salía el sol, como los colores de mi Cartagena nos brindaban un espectáculo maravilloso, que llenaba nuestras retinas de emociones y hacia palpitar nuestros corazones, parte de esa magia se las he compartido e estas fotos, fotos que yo mismo tomé ese dia, no soy bueno tomando fotos ni posando pero es con mucho cariño que les comparto esto:



Cuando amaneció del todo, ella se cambió su falda por un mochito, nos fuimos caminando por las calles de Cartagena a coger un bus, yo llevaba su cartera para cuidar sus pertenencias, la tomaba del brazo como su macho protector, a mi lado nada le podía pasar, yo la cuidaría de las cucarachas que se atraviesan por el camino, de los mendigos que piden plata, de las moscas, de las minas quiebrapatas dejadas por perros callejeros, sentía como ella se aferraba a mí para sentirse protegida, su sonrisa, sus ansias al ver mi comportamiento de macho…
Al llegar al hotel, con el plan de pasar día y noche acurrucados, dejamos a un lado la ropa y ella se posó sobre mí y me dijo:
-Oye, quiero hacerte algo
-Si… hazme lo que quieras, soy todo tuyo.
-Te quiero pintar los labios, es que cuando caminábamos por las calles de Cartagena, te veías tan sexy con mi cartera, que me dieron ganas de prestarte mis tacones.
-Hay siiii, déjate, si, si, si…
Nuevamente no fui capaz, aunque si ella hubiera puesto su mirada característica de gata salvaje, no hubiera podido resistirme HE CREADO UN MOSTRUOOO, pero toca estar a su altura, ahora no se trata de que locuras se me ocurren, sino de ver si me atrevo a hacer realidad sus deseos.








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