Pagando Por El Peor Polvo
Relato de comunidad Fantasíasschedule 5 min de lectura calendar_today Octubre de 2011

Pagando Por El Peor Polvo

Hace ya varios años pasaba por un mal momento en lo afectivo y en lo sexual, había recibido una de esas frases lapidarias que te dejan tu autoestima por el suelo y me sentía terrible, sentía que debía entrenar antes de atreverme a acercarme de nuevo a una mujer, ese día me fui a un....

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Hace ya varios años pasaba por un mal momento en lo afectivo y en lo sexual, había recibido una de esas frases lapidarias que te dejan tu autoestima por el suelo y me sentía terrible, sentía que debía entrenar antes de atreverme a acercarme de nuevo a una mujer, ese día me fui a un prostíbulo, el lugar de las maestras de las artes amatorias.

Me senté solo en una mesa, con mi timidez a flor de piel, el ambiente me relajaba, me hacía sentir bien, pedí una cerveza, vi pasar a esa chica pero sentía temores de invitarla a la meza y negociar algo con ella, así que tan solo me dediqué a mirarla caminar, ella se dio cuenta que la miraba, se acercó a la mesa me saludó y la invité a una cerveza, al cabo de algunos minutos ella me preguntó que si me interesaba hacer cosas ricas y mi respuesta afirmativa, fue el inicio del proceso de negociación, que finalizó cuando nos decidimos a ir a la habitación.

En la habitación ella se fue desnudando, luego me desnudé yo, mi pene estaba algo dormido quizá por lo diferente de esa experiencia, ella me dijo que me la debía chupar para que se parara y que eso tenía un precio, negociamos el valor de la chupada y tocó aceptar ya que en el tono en que me habló me hizo ver que de otra forma no contribuiría que las cosas se dieran, empezó a hacerme sexo oral, en realidad no era muy buena haciendolo, luego se acostó en el borde de la cama en donde empecé a penetrarla, primero suave y luego fui imprimiéndole algo de fuerza y velocidad a las envestidas, la notaba emocionada, pude ver cómo le salió de la vagina algo de espuma que imprimía un barniz blanco al preservativo rosado, luego de ese momento en el que pensé que ambos nos empezábamos a sentir bien, vi en su rostro algo de aburrimiento y desespero, su lubricación disminuía, ella me ofreció continuar anal y eso costaba otro tanto, yo me negué ya quea ese ritmo me cobraría quien sabe que más y todo me saldría por el triple de lo que inicialmente habíamos negociado.

En lugar de disfrutar, para ella era un martirio que ansiaba que acabara pronto, en el momento en el que su rostro expresaba mayor desagrado, me lanzó la siguiente pregunta:

-¿Cuánto te falta para venirte?

-No sé, tal vez unos minutos.

En ese momento sentí que los polvos así como las citas médicas estaban cronometrados y si me pasaba del tiempo quizá no me atenderían bien, por tanto aceleré el ritmo, ella mostró más cara de desagrado y su lubricación era tanta como la de mis manos secas, pasaron quizá dos o tres minutos en ese ritmo fuerte y ella con un tono regañón y casi gritándome me dijo:

-“Yo no sé, procura venirte rápido o me vas a tener que pagar otro polvo”.

Esa frase me hizo ver lo despreciable que era yo para ella, tan solo era un saco de dinero al cual se le asignaba algo de tiempo, que mal servicio al cliente, allí la satisfacción del cliente era lo de menos, simplemente se pagaba por un servicio que te prestaban de mala gana, la idea no era satisfacer al cliente para que este regresara, sino quitarle la mayor cantidad de dinero en el menor tiempo posible. Un buen indicador de productividad era: (cantidad de polvos)/ (tiempo empleado), por tanto no se trataba de cómo se sentía uno sino de que tan rápido lo evacuaban para buscar otro cliente y aprovechar la noche para producir.

Tenía varios días sin tener sexo, sin masturbarme, era mucho más joven, a esa edad y en esas condiciones, lo normal en mi, era que después de eyacular, mi pene permaneciera erecto por varios minutos como si nada hubiera pasado, cuando bailaba me tocaba hacer un esfuerzo enorme para que no se parara, y peor era el esfuerzo y la concentración para que se durmiera después de parado. Además de eso hacia algo de deporte, mi estomago dejaba ver el six pack, y los pocos músculos que tenía estaban bien marcados y duros, estaba realmente en un excelente estado físico, a pesar de eso sus palabras hicieron que mi pene se recogiera tan rápido como si un tipo malacaroso y fuertemente armado le gritara: “abajo o te lleno de plomo”, inmediatamente se durmió, lo saqué tan encogido como si hubiera estado inmerso en agua fría sacada de la nevera. Sin haber sentido un orgasmo, saqué de mi billetera el dinero pactado, se lo di y me fui.

Jamás me había sentido tan poco deseable y tan despreciable para una mujer, jamás mi arrechera se había esfumado tan rápido, jamás había estado con una mujer que fuera tan mala en la cama, que mujer para ser mal polvo, que capacidad para matarle la emoción a un tipo enverando y muerto de la arrechera.

Muchas veces he vuelto a ese tipo de lugares para relajarme un poco, el ambiente me gusta, pero no busco allí a una mujer para tener sexo. Comprendí que el peor polvo es aquel por el que se tiene que pagar ya que no existe más nada de ti que le atraiga a esa persona que lo que tienes en la billetera, de la misma forma pero al revés, el mejor sexo, como las mejores cosas de la vida son aquellas que además de tener un fuerte simbolismo y significado, son gratis.

Ese momento aunque triste, me hizo ver que para mí es tremendamente importante lo que yo como hombre y como persona significo para una mujer. No acostumbro a tener mujeres de una sola noche, me gusta darme tiempo y darle tiempo para conocernos en lo personal y en la cama y así compartir momentos de valor para ambos. No importa que tan solo seamos amigos con derechos, siempre quiero ser un buen amigo con quien ella pueda contar, no solo para ir a la cama, quiero significar algo bueno para ella y mostrarle con mis detalles que ella para mí es más que un trozo de carne en quien descargo mis deseos sexuales, que también para mí ella tiene un significado valioso.

— negrocarta

2 de octubre de 2011

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