Hace unos días bien temprano, como a las 6 de la madrugada, mientras tomaba el bus para ir al trabajo, estaba el barrio alborotado, las mujeres en bata gritando y riéndose, no es que mi vocación natural sea el periodismo investigativo, pero no pude evitar oírlo todo, un tipo pasó en una moto con vestimenta y casco negro, con los pantalones abajo masturbándose, mientras gritaba para llamar la atención y hacia una que otra acrobacia sin dejar de consentir a su amigo y exhibirlo a las mujeres que a esa hora estaban en bata barriendo la terraza de la casa, o a aquel que se tomaba el tinto mientras le daba los buenos días a todo el que pasaba, o ante aquellos y aquellas que como yo esperábamos el bus, ese hecho me puso a reflexionar un poco y a preguntarme a mí mismo: mi mismo, ¿ porqué ese tipo no fui yo?, ¿te has hecho un pajazo que en realidad sea extremo?, la verdad es que el pajazo más extremo ha sido en mi ventana, o en el cielo raso con una temperatura como a 50°, en una calle oscura, mis pajazos no han sido tan osados, son superados con creces por las cosas que he hecho en pareja.
No me he hecho un pajazo realmente extremo, uno del que me pueda reir, una historia de la que pueda decir, oye un día un tipo hizo… ( mientras por dentro rio diciéndome, el tipo soy yo...) es como si el mundo de las pajas estuviera moviéndose mientras yo sigo allí, estático, montones de personas haciendo cosas, mientras yo todo quietecito y juiciocito como el niño bueno que soy, pero un día de estos se me ocurrirá algo original, algo que parta en dos las historias de mis pajazos.








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