El viaje había sido largo. Acostado en mi cama miraba el reloj, las 6:35 de la mañana, el tiempo camina lento cuando sé esta esperando. Aunque había llegado a mi casa cerca de las 2:00 de la mañana era poco lo que había dormido, pero a pesar de eso no me sentía cansado. Recuerdo que dormí durante gran parte de mi viaje, tal vez por eso la ausencia de mi cansancio. 6:38 de la mañana y sigo pensando en nuestro encuentro, en el tiempo que pasará para verte; mientras tanto en mi casa todos duermen. Aprovechando la luz de la mañana y mi actual estado de vigilia, tomo el libro que he estado leyendo y busco en el una distracción. ....................... Ya hay movimiento en mi casa. Mi hermana se prepara para ir a trabajar mientras mi madre le prepara el desayuno. Yo decido bañarme en ese momento. Mientras me ducho escucho sonar el teléfono, ¿será para mí?, ¿Acaso serás tú?. Interrumpo mi ducha, me envuelvo en la toalla y corro a levantar el teléfono (haciendo un gran reguero de agua a mi paso), al levantar la bocina escucho tu voz al otro lado. La conversación fue corta pero me lleno de gran emoción; en síntesis, querías invitarme a desayunar en tu casa. Me esperabas a las 9:30, en ese momento eran las 8:45. Termine de bañarme y vestirme. A la carrera organicé un poco mi cuarto. Tome un jugo de naranja y salí. Que largas me parecían esas calles, que largo el recorrido que debía realizar, parecía eterno. Por fin estaba frente a tu casa, era extraño lo que sentía, sabía que vería por primera vez a mi amante, mi novia, mi nueva compañera. Me acerque a la puerta, y cuando me disponía a tocar tu abriste – Te estaba esperando! – dijiste, a lo cual ni siquiera pude contestar, solo te miraba de arriba abajo, aun no creía que estaba allí. Seguí, la puerta se cerro tras de mí y al voltear a mirarte me encontré de frente con tus labios, por primera vez bebía de ellos; fue un beso suave, corto, pero delicioso. Casi instintivamente te seguí hasta la cocina en donde mientras me decías que desayunaríamos pero que debía ayudarte a prepararlo, y allí, en la cocina, mirándote fijamente me preguntaba que tanta hambre tendrías, tal vez el desayuno podría esperar. No se sentía ningún ruido en tu casa, y tu, como leyendo mi mente, me miras y dices – Estamos solos, mis papás llegan en la noche – y mientras te acercas busco tus labios para un nuevo beso. Esta vez fue mucho más apasionado, cuando ya te tenia cerca te tome de la cintura, tus manos alrededor de mi cuello, nuestros labios cada vez más cerca realizando una danza que no se ha visto jamás, ni en los jardines de unicornios de Etzabalieth. Tus manos se resbalan delante de mi cuello y se entretienen eliminando uno a uno los botones de mi camisa, mis manos mientras tantos oprimen tu cintura con fuerza (lo suficiente para no hacerte daño y retenerte cerca de mi). Al terminar el trabajo con mi camisa, pones tus manos sobre mis hombros y con un movimiento estratégico, digno del mejor de los ilusionistas, logras que esta se resbale, cayendo suavemente al piso. Nuestros labios aun juntos mientras tus manos ahora juguetean sobre mi pecho; me acaricias con fuerza mientras mis labios se van resbalando por tu mejilla, y aflojando un poco tu cintura logro girar alrededor de ti; ahora me encuentro apoyando mi pecho contra tu espalda, mis labios recorren una y otra vez la extensión de tu cuello, y son ahora mis manos las que se encargan de desabrochar tu blusa. Te encuentras completamente quieta, como muñeca a mi merced. Lentamente, uno a uno, van cediendo los botones de tu blusa, soltándolos de abajo hacia a arriba. Empiezo por los que ocultan tu abdomen; dos botones bastan para dejarlo al descubierto; tres más muestran tu pecho y mientras mis labios continúan bailando sobre tu cuello y los alrededores de tu espalda, mis manos recorren suavemente tu abdomen, como leyendo un mensaje escrito sobre tu piel. Muy lentamente suben mis manos haciendo un largo viaje entre tu abdomen y tus pechos, los cuales escasamente rozan para seguir su recorrido hasta tu cuello. Allí se mueven hacia los lados desnudando tus hombros para luego bajar con delicadeza sobre tus brazos, llevando consigo la blusa que hace un momento te cubría. Ahora eres tu quien rápidamente gira, te encuentras de nuevo frente a mí y de esta manera me ofreces una hermosa vista de tu cuerpo semidesnudo. Con mi mano izquierda sostengo tu cuello para besarte nuevamente, mientras con mi derecha recorro tu espalda, buscando el broche de tu sostén el cual logro soltar fácilmente permitiendo que este caiga justo sobre tu blusa. Que delicia me brinda tu torso... que tentación la de tener tu pecho desnudo. Me tomas de la mano y me halas hacia la habitación más cercana en donde la ansiedad empieza a acelerar el proceso que iniciamos. Jugueteas mordiendo suavemente mi pecho mientras tus manos intentan con dificultad desajustar mi correa la cual parece no querer soltarse. Decido colaborar soltando mi correa y tu terminas el trabajo con el botón y la cremallera. Bajas mi pantalón dejando en el piso y subes con tus manos recorriendo mis piernas, llegando hasta mi pecho y terminando con posar tus labios sobre los míos. Ahora soy yo quien empieza a descender, mis labios bajan por tu cuello, hacen una parada sobre tus pechos en donde dan un par de vueltas mientras que mis manos dan vueltas sobre tu espalda, luego mis labios se escapan por en medio de tus pechos para llegar a tu abdomen jugueteando con tu ombligo. Mis manos pasan al frente y desabrochan fácilmente tu pantalón, el cual cae rápidamente con una ágil ayuda de tus manos. El blanco de tu ropa interior aumenta mi deseo y me levanto recorriendo tus piernas con mis manos, rozando delicadamente tu sexo, pasando por tu abdomen, tu espalda, terminando en un fuerte abrazo en el cual podemos sentir plenamente el roce de nuestra piel. Aquí el juego cambia de color, jugamos a tocarnos, a besarnos, a rozarnos; buscando aumentar el deseo en el otro. Es una larga batalla de movimientos improvisados, las manos saltan, se resbalan, nuestros cuerpos se juntan, se sueltan, suben, bajan... es un collage de movimientos que ni siquiera alcanzamos a percibir, con sentirlos nos basta. En medio de esta explosión de pasión mis manos logran colarse dentro de tu ropa interior al igual que las tuyas dentro de la mía, y con una determinada decisión eliminamos las prendas que nos separan de la completa desnudez. Por un momento me miras, te miro... A partir de aquí no queda mucho que contar. Hicimos el amor apasionadamente, en medio de caricias y besos disfrutamos del mejor sexo que podríamos tener. ..................... Estábamos en tu cama, desnudos, tu espalda junto a mi pecho, mi mano alrededor de tu cintura, nuestras piernas entrecruzadas, nuestros espíritus elevados. Estábamos allí, concentrados en el roce de nuestra piel y cuando una sonrisa se dibuja en mi rostro pienso si después de todo lo que acabamos de vivir, a alguien se le ocurriría pensar en el desayuno.

Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 6 min de lectura calendar_today Octubre de 2005
Un Desayuno De Bienvenida
El viaje había sido largo. Acostado en mi cama miraba el reloj, las 6:35 de la mañana, el tiempo camina lento cuando sé esta esperando. Aunque había llegado a mi casa cerca de las 2:00 de la mañana era poco lo que había dormido, pero a pesar de eso no me sentía cansado. Recuerdo que dormí....
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