Sandra Y Yo
Relato de comunidad Fantasíasschedule 15 min de lectura calendar_today Septiembre de 2006

Sandra Y Yo

Mi trabajo, como digo, es muy estresante, y como no tengo dificultades económicas, me planteé el contratar a una muchacha del servicio para que me hiciera el trabajo de la casa, a pesar de lo poco que me suponía, en fin: lavar mi ropa, hacerme la comida y la limpieza de un apartamento que apenas....

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Mi trabajo, como digo, es muy estresante, y como no tengo dificultades económicas, me planteé el contratar a una muchacha del servicio para que me hiciera el trabajo de la casa, a pesar de lo poco que me suponía, en fin: lavar mi ropa, hacerme la comida y la limpieza de un apartamento que apenas lo piso. Puse una oferta en un agencia y me llovieron las niñas, pero era disparatado el precio que me exigían. Había una que sí me convenció. Era una chica de Cali. Aquella chica pedía el sueldo minimo, y a cambio se quedaba interna en la casa. Esta chica, que se llama Sandra, era una muchacha de 22 años, cuerpo muy delgadito. Su pelo era negro y lacio y su piel muy morena. Tenía una boca de labios largos y delgados, y los ojos algo achinados. Sonreía continua y humildemente. Comprobé que los papeles estaban en regla y firmamos en la agencia el contrato de trabajo. Yo soy mona y de piel bastante clara. Mis ojos son marrones claros y se puede decir que para mis treinta años me conservo bastante bien. Debe ser debido a la dieta y beber mucha agua, aparte del ajetreo diario del trabajo y a hacer algo de ejercicio los fines de semana. Mi trabajo me obliga a combinar el tono serio de mis vestidos con un toque sexy que me hace triunfar entre los hombres. Estoy muy orgullosa de mi cuerpo: tengo unas tetas grandes recien operadas pero bien puestas, una cintura estrecha, la barriga en su sitio, un culito respingón, en unas caderas anchas, y unas piernas largas pero gorditas,en pocas palabras un cuchibarbie. Sandra se vino a trabajar conmigo esa misma tarde. Confieso que al verla, se me pasaron ideas muy raras por la cabeza. Nunca he tenido a nadie de aquella manera, digamos, a mi merced. La obligué a ponerse un uniforme para trabajar en casa. Era una falda por encima de la rodilla que debía acompañar con una pieza delantal que le cubría la parte delantera, como un uniforme del colegio. La regañaba constantemente por que me gustaba verla bajar la cabeza y responderme humildemente: "Si señora como usted diga, señora". Me gustaba obligarla a repetir las labores de la casa. En definitiva, me desahogaba con ella por el stress del trabajo. Un día la llamé para preguntarle por la ropa planchada el día antes. Ella se estaba duchando. "Vaya" pensé "No tendrá tiempo de ducharse cuando yo no estoy. La habitación donde Sandra dormía estaba junto a la cocina, y tenía anexo un pequeño baño con ducha. Entré en el baño despacio y la vi ducharse. Tenía un cuerpo delgado, pero a pesar de ello, muy bien formado. Sus piernas eran hermosas y algo cortas. Sus tetas eran pequeñas y pegadas a su cuerpo. Su pezón oscuro y diminuto estaba rematado en una punta desafiante. Esto me llamó la atención, pues mis pezones son rosados y grandes, y la punta no se distingue ni muchísimo menos como los de Sandra. Tenía una cintura estrecha y unas caderas anchas. Me descubrió mirándola. Yo para despistar le pregunté por la ropa, pues había olvidado las llaves en la chaqueta, seguro. Ella me lo indicó y luego, mirando, sonriéndome me dijo algo que entonces no comprendí "Se quiere bañar conmigo?". No comprendí lo que me dijo y no le hice mas caso. Ese día fue un día fatal en el trabajo. Así que vine súper estresada. Nada más llegar le eché en cara que se duchara por la mañana, pudiéndolo hacer cuando yo no estaba o levantarse antes. Me miraba con humildad. Por vez primera le miré a las piernas y me di cuenta que no llevaba medias. Le pedí la cena. La cena era un plato de comida tradicional que lo rechacé casi sin probarlo. Sandra se entristeció y yo casi me alegraba de aquello. Con razón mi marido se separó de mí. Soy insoportable a veces. Estaba sentada en el sofá, viendo la television , y entonces me sorprendieran unas manitos delgadas que me tocaban en el hombro. Aquello era delicioso, que relax. Me entró como un sueño que me hacía olvidar de todos los problemas. Sandra me repetía desde detrás de mí :"La señora lo que tiene es cansancio, este masaje leva a quitar todo relajese". Me estuvo tocando los hombros y el cuello hasta quedarme totalmente relajada. Me explicó que en Cali, ella daba masajes a la gente, y de ahí la experiencia que tenía. La verdad es que lo hizo muy bien. Empecé a regañarle menos, pero me di cuenta que cada vez se tomaba más confianzas en la casa, utilizando la taza de la misma vajilla en que me servía yo el desayuno, comiendo fuera de las horas que tenía marcadas para comer. ¡Incluso a veces salía fuera de la casa los días laborables a comprarse chucherías al kiosco de la esquina!. Yo no sé si esta actitud le venía de que le regañaba menos o de mi actitud hacia sus masajes. En efecto. Sandra comenzó a hacerme los masajes todos los días. Al poco tiempo, me convenció de que lo mejor era que yo me tumbara sobre la cama, boca abajo, mientras ella me daba golpecitos rítmicos con el canto de la mano y me apretaba los hombros y el cuello. Pronto me convenció de que era mejor hacerlo sin la camisa puesta. Ese día me dijo"Usted es como timida señora, relajese y quite la pena" y me desabrochó el sujetador. Poco a poco me fui convenciendo de que era una experta haciendo masajes, así que no puse objeciones cuando se sentó sobre mí para hacerme los masajes sobre la espalda. ¡Qué poquito pesaba!. Sus manos se deslizaban por mi espalda, cada día un poco más lejos de la espina dorsal y más cerca de mis senos. No le daba importancia, como tampoco le daba importancia que comenzara a relajarme pasando sus labios por mi espina dorsal. Era realmente relajante. la lengua mojada quita la tesion, Usted dejeme yo le lamo la columna vertebral " . Sandra comenzó a desvestirse y vestirse delante mía sin pudor. Se quitaba el uniforme para ponerse una bata cuando me recogía la comida, para darme los masajes. Aquella batita dejaba al descubierto sus muslos y un escote que le llegaba al ombligo, entre sus dos teticas planas. Comenzó a darme los masajes de aquella manera. Yo sentía el calor de su entrepierna en mi zona lumbar. Luego sentía la textura de la bata sobre mi espalda mientras me lamía la columna y me mordisqueaba el cuello, a la par que sus manos acariciaban mis costados, rozando la parte mas exterior de mis senos. El día que empezó a hacerme aquello, empecé a sentir una extraña excitación. Mi chocha comenzó a sentir el peso de la sangre acumulada pues llevaba mucho tiempo sin tener relaciones con nadie y la verdad me hacia falta un buena culiada, y Sandra, experta en este tipo de asuntos debió de notarlo,porque a partir de ese momento los acontecimientos empezaron a precipitarse. Un día, Sandra, después de la comida, vino como siempre, con su mini bata. Me llevó a la cama, pues desde hacía tiempo era ella la que dulcemente me llevaba a la cama. Yo había tenido un día muy jodido en el trabajo y esperaba sus masajes con desesperación. Tumbada en la cama, volví la espalda hacia un lado y pude ver que Sandra se había quitado la bata, y solamente estaba en tangas. Unas tangas que me gustaron mucho cuando las vi. ¡Pero si eran mías!. Le recriminé con dureza que tuviera puestas esas tangas que me habían costado bastante. Sandra miró hacia abajo dubitativa. Yo proseguí regañándola y diciéndole lo disgustada que estaba con ella. Sandra estaba a punto de llorar. ¡Ay como me hubiera gustado verla llorar!. Pero en lugar de eso, ella se recompuso y me pidió que la esperara. Vino con una de sus tangas. Eran unas tangas baratas, sin ningún atractivo. Se puso la bata y comenzó a darme masajes. "usted esta muy tensa hoy, espere yo la relajo". Comenzó como siempre con los golpecitos y los amasamientos de músculos. Luego su lengua comenzó a lamerme la columna y los hombros. Sentí como me agarraba de los brazos y entonces, en lugar de sentir la bata, sentí sobre mi espalda el tacto cálido, blando y suave de sus pequeños senos, mientras sus besos se convertían en bocaditos en el cuello. Intenté deshacerme de ella, pero me fue imposible. Mientras más me movía mayor era el roce de mi espalda contra sus tetas. Yo le pedía que me soltara"Sandra, ¿Qué haces? Me haces cosquillas". No eran cosquillas lo que estaba sintiendo. Mi chocha estaba mojándose y Sandra lo sabía. "Usted esta tensa y excitada Señora, dejeme yo la relajo y le quito las ganas. Usted dejeme a mi no mas. Yo se lo que hago. Venga dejese masturbar, Yo le hago una pajita y va ver que queda tranquila no le de pena de mi que eso es normal " Me negué en rotundo y conseguí apartarla de mí dándole un fuerte grito. ¡Que grandísima idiota fui! Sandra se levantó contrariada y abandonó la cama cabizbaja. Yo me quedé así de caliente. Esa noche no pude conciliar el sueño me levante para ir a tomar agua a la cocina y vi las tangas que sandra habia tenido puestas esa noche en la ropa sucia y las cogi me meti en mi cama y de las ganas tan impresionantes que tenia las empece a oler hasta que me masturbé tras acariciarme durante un largo rato, imaginando la escena de hacía unas horas. Me masturbé en un plan tan salvaje oliendo esas tangas, que la cama de matrimonio se movía y todo de la manera en que mi cuerpo se convulsionaba por las caricias que mis dedos le prodigaban aquí y allí. He de confesar que la costumbre de masturbarme la había perdido ya, hasta que Sandra comenzó a lamerme la espalda, pero nunca hasta ese día lo había relacionado con ella. Desde ese día. Sandra no volvió a darme masajes. Tenía un actitud algo rencorosa conmigo. Yo estaba llena de orgullo y me iba a la cama sin decirle nada y siempre me masturbaba sola, aunque me quedaba esperando que ella apareciera de un momento a otro para continuar esa historia que habíamos dejado interrumpida. Pasaron dos semanas en que empecé a volver a tratar a Sandra de una manera injusta y despótica, a pesar de su excelente comportamiento en la casa. Ella ni rechistaba y aguantaba las broncas con una proverbial paciencia. Era tan cruel que llegué incluso a insultarla, llamándole torpe y vaga. Creo que influyó tanto su negativa a continuar con los masajes como la peor temporada de trabajo de mi vida. Su paciencia rebosó un fin de semana. Ella tenía derecho a unos descansos dominicales de medio día. Nunca los había tomado, pero la pobre, en vista de mi actitud, lo pensaba tomar. Yo se lo recriminé. "Nunca te has ido y ahora te vas. ¿Por qué? ¿Es que no estás a gusto en la casa?". Me respondía políticamente. La amenacé: "¡Haz lo que quieras, pero si te vas a dar un paseo esta tarde, con la casa como está, es mejor que no vuelvas!" La casa estaba impecable. Sandra no lo pudo resistir más y se fue a su habitación llorando. Se encerró durante toda la tarde y al final me conmovió. "Sandra, pequeña, no llores, cielo...Es que estoy muy estresada. Lo siento. Abre y perdóname, por favor". Sandra era una chica estupenda y no tardó en abrir la puerta con lágrimas en los ojos todavía. La abracé y la quise besar en la mejilla. Nuestras bocas se rozaron levemente. Mis pezones se erizaron. "Necesito que me des tus masajes", le confesé. Sandra comenzó a trabajar, mientras yo la observaba de reojo. Apenas si intercambiamos palabras. Yo intentaba romper el hielo, para ver el estado de Sandra, quería saber si me guardaba rencor. Me preparó la comida. Por vez primera consentí en que comiera a mi lado. Ella seguía callada a pesar de todo. Me preparé para dormir. No obstante, esperé un rato para ver si venía a hacerme los masajes. No vino. No lo aguantaba. Al día siguiente la echaría. Me desnudé, quedándome sólo con las tangas puestas, pues hacía mucho calor. Me despertó la luz de mi cuarto que se había encendido. Lo primero que vi fue a Sandra, delante mía, desnuda totalmente. ¡Que bella y sedosa caballera negra le cubría el sexo! Me miraba con una mirada maliciosa. Pronto me di cuenta que mis manos estaban atadas las dos juntas, al cabecero de la cama. "¿Qué haces?" le dije temerosa y excitada. Sandra me contestó "Date vuelta, la cara contra la cama. esta noche te voy hacer un masaje especial. Usted esta muy tensa relajese. Vas a quedar como una mujer nueva". La obedecí. Sandra se sentó sobre mi y comenzó a menear sus tetas en mi espalda mientras me decía cosas increíbles "Usted es una puta. Yo lo supe desde que te vi en la agencia de empleo" . Sus manos manoseaban mis nalgas, a las que previamente había liberado bajándome las tanagas. Me movía las nalgas de arriba abajo y las separaba. Me daba besitos en el cuello, los hombros y me devoraba el lóbulo de la oreja. Yo insistía en que me dejara libre."Usted lo que quiere es comerme cierto? Usted me desea?." Sandra me ordenó darme la vuelta, lo que hice con dificultad, por estar ella entre el medio. Se colocó de rodillas entre mis piernas y se abalanzó sobre mí, comiéndome la boca primera, mientras amasaba y pellizcaba mis Tetas. Luego comenzó a comerme los pezones, alternando un ritmo suave de lametones, con una agresividad medida de mordisquitos. A estas alturas ya tenía las tangas súper mojadas. Sandra debió de sentir mi humedad al clavar su rodilla en mi chocha, mientras restregaba sus teticas contra mis pechos. Nuestros pezones tropezaban y se excitaban mutuamente. Sus manos me cogían de las caderas y oprimían mi sexo contra su pierna y no paró hasta que comencé a frotarme yo mismo contra ella. Sentía un calor en el vientre que me subía por la cabeza y me bajaba hacia la vagina. Me abandoné a Sandra y a mi propio orgasmo. Le pedí que me soltara. Yo creí que todo había acabado ya, pero me equivocaba. Se puso sobre mi vientre, de forma que sus piernas colgaban a ambos costados. Sentí el suave pelo de su chocha sobre mi ombligo y su humedad. Me hizo una pregunta"¿usted me va a volver a hechar o amenazar?" . No le contesté y volvió a repetir su pregunta. Tras esperar mi respuesta me abofeteó. Me sentí humillada como había pretendido humillarla tantas veces. "No jamás volveré a amenazarte", le contesté. Entonces se abalanzó sobre mi cara y me dio un beso largo y me penetró con la lengua, mientras me mordía con sus labios. "esto no sea terminado aun, usted va a gozar hoy mas que nunca, puta" Comenzó a bajar por mi cuerpo, besando mis tetas y mis pezones, mientras sus manos no se separaban de mis tetas y mis pezones, me besó las costillas, el ombligo, la ingle, y al final, sus labios me mordieron el clítoris y estiraron de él como queriéndolo arrancar. Mi chocho comenzó de nuevo a funcionar. Su lengua lamió la raja de arriba abajo, y comenzó a golpearme el chocho. Intentaba profundizar en mi interior, para lo cual se ayudaba ahora de sus manos, que separaban los labios del chocho y aprisionaban mi botón entre sus dedos. Tenía fuego en mis pezones y en el clítoris. Sentía con temor la presencia de un dedo travieso en mi nalga. Mi excitación iba en aumento. Comenzaba a balancearme rítmicamente de nuevo. El dedo se acercaba por la parte baja de la nalga hacia el oscuro agujero. ¿Será capaz? ¿Lo hará?. Descubrirlo me provocó el segundo orgasmo mientras aquel dedo me hacía cosquillas entre las dos nalgas buscando el calor de mi ano. "Por favor, déjame descansar y suéltame", le pedí a Sandra. "De eso nada. ahora te toca a ti comerme a mi". sandra fue subiendo a gatas por mi cuerpo y de repente se sentó de rodillas sobre mi cara. Yo tenía su chocha en mi boca. No sabía que hacer. Sandra me agarró la cabeza con las dos manos y comenzó a moverla y moverse ella como más placer le producía. Su sexo estaba mojado y podía oler su fragancia deliciosa. Pronto me di cuenta de cuál era su clítoris y lo lamía y besaba continuamente. Desde abajo, sus tetas parecían algo más grandes. Sus pezones destacaban como una cereza negra sobre sus tetas. Deseé tocarlos, pero no podía desatarme. La violencia de sus movimientos me comunicaba la cercanía del orgasmo. Sandra me cogía cada vez más fuerte de los pelos y sus jugos se esparcían por toda mi barbilla y mi boca ,de un momento a otro ella se vino pero siguio encima de mi cara, me pregunto si queria mas y yo tan arrecha que estaba le dije que si.Ella me dijo preparese y le salio un chorrito pequeño de orin que me mojo toda la cara eso me arrecho aun mas, luego ella se desplomó hacia atrás, cayendo sobre mis tetas y entre mis piernas. Yo pensaba que esto había acabado ya, entre otras cosas por que nunca había tenido antes más de dos orgasmos seguidos, Me equivoqué. "Esto tiene que acabar con broche de oro". Esperé unos minutos, así atada, reflexionando y llegando a la conclusión de que aquello me gustaba. Vino entonces Sandra escondía algo en la mano. No descubrí entonces que era. Se sentó a los pies de la cama y comenzó a lamerme y comerme cada dedo de los pies. Luego, metió una pierna entre mis dos piernas y fue aproximándose a mí, con una pierna mía colgada sobre mi hombro, hasta que ambos chochos entraron en contacto, nuestros pelos se rozaban, nuestros sexos se mojaban mutuamente. Sandra comenzó de nuevo a menearse cíclicamente contra mí, y yo me dejé llevar por la inercia. Sentí un piececito diminuto posarse sobre mi pecho, y luego buscar mi boca, así que yo también le lamí los dedos de los pies. Cuando estábamos metidas en la pelicula, entonces sandra sacó el objeto que había traído y no había conseguido descubrir que era. Era una gran verga de plastico de dos cabezas bastante largo el cual habia comprado hace dias. La colocó entre las dos, metiéndosela primero ella y luego, aunque yo me negaba, "No, eso no, no, no..." Me sostuvo de tal manera con sus piernas, que la otra punta entró en mí. Hacía año y medio que no me entraba nada, y fue un consuela aquello , Comenzamos a movernos como locas, la una contra la otra. Lo que una dejaba en la retirada, le entraba a la otra en la avanzada. Pronto nos volvimos a correr, esta vez, la una contra la otra y permanecimos así un largo tiempo... Desde esa noche, Sandra duerme conmigo en mi cama. En el trabajo me va mejor. Yo creo que el no culiar contribuía a que me tomara las cosas en el trabajo que me producía un gran estrés. Cuando llego a casa, descanso, y tras el descanso, Sandra me entrega el uniforme y ella se pone la bata. Me acerco a ella, que está sentada en el sillón, y ella abre las piernas para ofrecerme su tierno chocho. Después de comérmelo, deja que ella haga conmigo lo que quiera...

— pareja-miami

18 de septiembre de 2006

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