La Aparicion
Relato de comunidad Fantasíasschedule 12 min de lectura calendar_today Agosto de 2009

La Aparicion

Recuerdo que eran las 11:00 pm y terminábamos ese triste dí­a de una forma especial. Esa noche mi esposo y yo salí­amos de la funeraria en la cual el cuerpo sin vida de mi suegra yací­a para recibir sus últimas visitas antes de ser cremado al dí­a siguiente. Luego de una penosa....

julio08

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Recuerdo que eran las 11:00 pm y terminábamos ese triste dí­a de una forma especial. Esa noche mi esposo y yo salí­amos de la funeraria en la cual el cuerpo sin vida de mi suegra yací­a para recibir sus últimas visitas antes de ser cremado al dí­a siguiente. Luego de una penosa enfermedad, El Todopoderoso decidió que el momento de partir habí­a llegado para ella. A sus 78 años, con 3 hijos y 12 bisnietos, su legado de madre y abuela quedaba para siempre en el recuerdo de todos nosotros y en especial de aquellos que vivimos de una u otra forma los excesos de su estricta disciplina familiar, tí­pica de una mujer antioqueña educada con el formato del siglo pasado. A pesar de que me encantaba como cocinaba, siempre estuve en desacuerdo con ella por la forma como criticaba destructivamente la forma que yo criaba a su nieto, mi hijo Pablo, de 5 años de edad. También escuchaba de parte de ella los molestos comentarios acerca de la forma como yo vestí­a. Trabajaba con mi esposo en un exitoso restaurante en el cual como administradores y dueños habí­amos puesto todo nuestro esfuerzo para sobresalir como uno de los mejores de Medellin en su clase. A mis 33 años, me sentí­a realizada por los 6 maravillosos años de matrimonio al lado de Saúl, mi esposo, y a Dios le daba gracias por permitirme vivir la maravillosa experiencia de criar un hijo y luchar incansablemente porque no le falte nada. Mis labores diarias estaban distribuidas entre el restaurante en el dí­a y en el gimnasio en la tarde para luego llegar a casa a compartir el tiempo con mi hijo. Mi suegra, de forma lamentable, nunca compartió ni le pareció correcto que Pablo, su nieto, tuviera una madre tan activa y con tantos amigos. Veí­a con malos ojos como yo administraba el restaurante puesto que le parecí­a que el trato que yo les daba a los empleados era, según ella, "demasiado cariñoso". Además no le gustaba para nada que yo dedicara unas horas del dí­a para mantenerme en forma. Le parecí­a grotesco y de mal gusto como los cortos y ajustados pantalones deportivos que yo usaba, destacaban mi culo. Y por supuesto me lanzaba sus indirectas apostillas cuando me veí­a luciendo una corta falda o un apretado pantalón. Mi cuerpo delgado y mi baja estatura me hací­an ver como una jovencita. Además, el cuidado de mis hábitos alimenticios, la dedicación al gimnasio y las prácticas de natación en el club los fines de semana al lado de Pablo, me permití­an llevar una vida saludable. Por el contrario unas pequeñas arrugas, bajo mis ojos y mi corto cabello negro me hací­an ver como la veterana y adulta administradora del restaurante que a sus 33 años aun lucia muy atractiva. -"Estas seguro mi vida que no quieres dejarlo para otro dí­a?... te veo cansado...", le comente a Saúl antes de entrar al auto en el parqueadero de la funeraria. -"No te preocupes cariño.... Estoy bien y además lo necesito para relajarme un poco", me respondió el con su cara llena de tristeza ocultando sus aguados ojos bajo unos lentes oscuros. Mire a mi esposo, espere por su gesto de aprobación y decidi entonces regresar a la puerta de la funeraria en donde amigos, trabajadores y familiares salí­an para sus casas luego de acompañarnos esa noche. Entré a las salas de velación y nuevamente me molesto la desagradable mirada que me lanzó el celador de la funeraria, así­ como de algunas personas de allí­ aun estaban presentes. El ajustado y elegante vestido negro, de una sola pieza, que lucia ese dí­a con motivo de la muerte de mi suegra atrajo la atención de muchos hombres. Me incomodé ya que me parecí­a anormal que me miraran con ojos de deseo sin respetar el lugar y la triste ocasión. A la distancia vi a Julián, supervisor de la cocina, quien con su elegante vestido bajaba las escaleras. -"Siento mucho la perdida de su suegra, señora Marina", escuche una voz que a mi izquierda llamo mi atención. -"Gracias, Jesús", le respondí­ a uno de los muchachos que trabajaban en la cocina. Voltee a mirar hacia la escalera y al lado mio en silencio, Julián, esperaba que yo terminara de hablar con Jesús. -"Saúl dice que no habrá atención al publico mañana, así­ que llama a todos y diles que se tomen el dí­a", le dije a Julián de forma nerviosa. -"Por supuesto señora Marina.. así­ lo haré..", me respondió el mirándome fijamente a los ojos. Su mirada fue muy obvia y yo trate de ocultarlo, así­ que me voltee para ir de regreso al auto donde Saúl me esperaba. -"Y...... no se le ofrece otra cosa señora Marina?" Me detuve y al voltearme los ojos de Julián estaban clavados en mi trasero como una firme estaca. Sin importarle la presencia de sus otros amigos y trabajadores, Julián dejo por unos segundos adicionales su mirada sobre mi ajustado vestido, el cual resaltaba muy bien, mi sexy, bien formado y aun parado culo. -"La entrega de la mercancí­a se hara como se acordó", le respondí­ secamente. Una sonrisa de perversión, que no daba lugar en tan sagrado lugar, salio de su rostro. -"Ok", dijo el nuevamente bajando su vista y detallando mi cuerpo como tratando de repasarlo. Me voltee de nuevo y caminando hacia la puerta de salida sentó como su mirada no se retiraba del movimiento de mi cadera y mis nalgas. Maneje el carro de regreso a casa, prepare algo de comer, destape una botella de vino y verifique que nuestro hijo Pablo estuviera profundamente dormido, mientras Saúl charlaba abajo en la sala con Julián, quien acababa de llegar. Luego entre a nuestra habitación y al cabo de un rato Saúl entro acompañado de Julián. Mientras me quitaba el maquillaje, Saúl se acerco a mí­ por detrás y me empezó a acariciar las tetas mientras que lentamente abrí­a la cremallera del vestido. 5 segundos mas tarde sus manos me acariciaban el trasero de forma cariñosa. -"Sabes cuantos hombres no desearon esta noche poder hacer lo mismo con esta belleza de culo?", me comento el, a manera de pregunta. -"Sabes cuantos hombres no desearí­an montarte en la cama toda una noche y hundirte la verga hasta el cansancio?", volvió a decir Saúl mientras que sus manos seguí­an recorriendo mis nalgas. -"Te molestarí­a intentar sexo anal esta noche?", me pregunto el. Lo mire a través del espejo y en su mirada se notaba la suplica por su petición. También mire a Julián quien en silencio nos observaba. -"Ok", le respondí­ secamente. De la misma forma que Julián, el supervisor del restaurante, me respondió hace una hora en la funeraria al confirmarle que a pesar de la muerte de su madre, Saúl, su jefe daba su visto bueno a su visita nocturna, le respondí­ a mi esposo, aceptando con molestia y desagrado el hecho de tener sexo anal, pero dándole a entender con mi falsa sonrisa que me alegraba por su propuesta. En ese momento, Julián se acerco a mí­ y Saúl se retiro a su sillón. Sin decirme palabra poso sus manos sobre mis nalgas y empezó a tocarme mientras mi esposo nos observaba. Una hora mas tarde con mi cuerpo desnudo sobre la cama en posición perrito, mis labios vaginales salpicados de su semen, mi enrojecido clí­toris maltratado por los frenéticos movimientos de su verga dentro de mi sexo y mi vagina llena de su cremoso y viscoso esperma, Julián Azurra hacia su sueño. Luego de haber eyaculado en tres ocasiones, Julián, el exitoso supervisor del restaurante y empleado de confianza de mi esposo, me aplicaba abundante gel facilitador en la entrada del hoyo de mi ano. -"Julián aví­seme cuando se le vaya a venir.....", comento mi esposo Saúl quien sentado en su sillón veí­a y disfrutaba, satisfaciendo su ego sexual, como su adorable esposa era montaba por uno de sus leales trabajadores. Voltee ligeramente mi cabeza y mire a Julián. Nuevamente vi como sus brillantes ojos no se despegaban de mis nalgas, y extasiados, reflejaban lo maravilloso que se sentí­a preparar el culo de la mujer de su jefe para ser clavado, luego de haber descargado en tres ocasiones su blancuzco lí­quido en su vagina. -"Penétrame lentamente...", le pedí­ aferrando mis manos a la sabana y cerrando mis ojos. Tan pronto sentí­ como las gruesas y fuertes manos de Julián abrí­an mis nalgas y la cabeza de su inmensa verga se ubicaba en la entrada del hoyo de mi culo, pedí­ perdón a mi suegra y sostuve la respiración. -"Ahora si Julián hazle a ese culo lo que siempre deseaste hacerle......dale bien duro...", comento Saúl pidiéndole a su empleado de confianza que me clavara. -"Porque no le recuerdas a Marina, lo mucho que te fascina verla caminando por el restaurante.... Porque no le demuestras como ese culo es tu fascinación...", agrego mi esposo. Luego vinieron 20 incómodos segundos. En medio de los gemidos y quejidos mí­os y de Julián, y las risas de Saúl, quien como afortunado espectador disfrutaba del show, la totalidad de la verga de mi empleado se escondió y se acomodo lentamente en lo profundo de mi trasero. 15 minutos mas tarde, meciendo su coño entre mis nalgas mientras que mi ya bien lubricado ano permití­a la libre entrada y salida de su dura verga, y dándole gracias a la virgen de Cocorna, mencionando mi nombre con su rostro sudoroso y sus manos aferradas fuertemente a mi cintura, el pene de Julián no aguanto mas y estallo en lo profundo de mi culo lanzando sus poderosos chorros de semen mientras yo excitada llegaba al orgasmo al sentir su ardiente semen en mi trasero y Saúl con su erecta verga, se masturbaba. En los pasados 4 meses, la vida sexual de Saúl y yo habí­a cambiado. Luego de descubrir, para mi desgracia, que Saúl disfrutaba mas al ver como un hombre extraño se deleitaba teniendo sexo conmigo, que lo que el podí­a complacerse con mi cuerpo. Llevábamos una vida sexual normal. Dos o tres veces a la semana mi vagina era adorada por su verga y en algunas ocasiones yo le hacia el sexo oral aunque no me gustaba mucho que el me dejara la cara salpicada de su viscoso esperma. Luego del nacimiento de Pablo, me dedique a la natación y al gimnasio, buscando liberar el stress de la rigurosa rutina generada por el restaurante. Y mi cuerpo agradecido mostró los resultados, dándole a mi culo una forma sexy, atractiva y juvenil. Al ver como mi pequeño pero bien parado trasero atraí­a miradas, note que Saúl parecí­a disfrutar cuando los empleados del restaurante, sus amigos o los mí­os miraban de forma descarada como mis nalgas sobresalí­an cuando me colocaba apretados pantalones o cortas faldas. Sin temor a mi rechazo, Saúl me propuso en una soleada tarde de domingo que sedujera a su mejor amigo. Tení­amos una reunión en su casa y mi ajustado pantalón de paño era objetivo de sus miradas de deseo. Sin importarles que nuestro hijo Pablo jugaba al lado de sus dos hijos, esa noche afectado por el alcohol, el le dijo a Saúl que mi culo era digno de ser poseí­do por su verga. Una semana mas tarde, sacrifique mi pundonor y le mostré a Saúl cuanto lo amaba. Mientras Horacio, su mejor amigo, me hacia el amor sobre su cama, Saúl en silencio nos observaba desde la puerta y satisfací­a su perverso ego sexual. Un movimiento torpe de Julián me incomodo así­ que abrí­ los ojos y mientras el abdomen de Julián se mecí­a rí­tmicamente, su verga hundida en lo profundo de mi ano terminaba de vaciar a borbotones su carga de semen. Mire a Saúl, quien también llegaba al orgasmo y con sus manos aferradas a su erecto coño veí­a como su pene escupí­a su esperma sobre el tapete. De pronto una sensación extraña recorrió mi cuerpo. Sentí­ un frí­o latigazo sobre mi espalda. Como si Julián hubiese cacheteado mi sudoroso cuerpo, me pareció que alguien más, con sus helados dedos, me habí­a tocado. Las manos de Julián aun se aferraban a mi cintura y de aseguraban que su verga estaba en su totalidad dentro de mi trasero. Levante mi cabeza y mire al espejo de la habitación. Entre en pánico. La imagen de mi cuerpo en posición perrito y el abdomen de Julián pegado a mi culo con su pene escondido en mi ano se opacaron. Al fondo la imagen perfecta de mi suegra era visible. Su figura fantasmagórica estaba allí­ parada en frente del closet mirándome fijamente y moviendo sus labios. -"Eres una perra zorra", escuche perfecto a mis oí­dos. De inmediato y sin esperar un segundo grité. Julián pensó falsamente que yo habí­a llegado al orgasmo al sentir como el calido esperma de su verga era vertido en lo profundo de mi culo. Se equivocaba. Sacando fuerzas de donde no tenia voltee mi cabeza y empuje al cuerpo de Julián hacia atrás gritándole: -"Sácamela!!!!..". La verga del supervisor salio abruptamente de mi culo y nuevamente mire hacia el closet mientras que mi esposo y su empleado no salí­an de la sorpresa por mi reacción. La imagen de mi suegra ya no estaba allí­ pero el susto que me dio fue suficiente para hacerme entender que lo que hacia no era lo correcto ni lo mas justo con mi hijo Pablo. La sólida relación amorosa que tenia con Saúl se debilito y termino acabándose al mes cuando el me pidió que me acostara con un abogado amigo y yo por supuesto me le negué. Hoy, seis meses después, separada, le doy gracias a mi suegra, alma bendita, por haberme abierto los ojos. Ahora trabajo como administradora de otro restaurante y tengo más tiempo para mi hijo Pablo. -"Me regalas ese culo, Marina?", escucho una voz que me interrumpe recordar estos últimos años de mi vida. Volteo a mirar y el dueño del restaurante para el cual trabajo, en frente mio con su cuerpo desnudo y su erecta verga, me hacen recordar que esa noche en el hotel mi vagina acababa de ser adorada y en su interior, una calida carga de semen habí­a sido ya vertida. En sus manos el frasco de gel facilitador me anuncia lo que me espera. Sonreí­ y me ubique a disfrutar como el cuidadosamente me aplicaba el gel mientras que de su corazón salí­an las palabras que esperaba tanto escuchar: -"Por nada del mundo permitirí­a que esta belleza de trasero la tuviera que compartir con otro hombre". Dándome la tranquilidad de que el era mi futuro compañero y mi vagina y mi ano recibirí­an únicamente su verga, aferre mis manos a las sabanas y mire al espejo que tenia en frente mio con el objeto de observar el intenso rostro de placer que emanaba de Federico mientras su coño se escondí­a deliciosamente en mis entrañas.

— julio08

15 de agosto de 2009

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julio08

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Comentarios

1 comentario

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  • pipe90-08
    pipe90-08 · 8 de ago de 2009

    me gusto mucho la lectura, la forma en la que esta chica describe su figura, y la forma en al uqe describe el acto, hace qeu em sienta dentro de la historia, en la cual hay momentos que me veo como el esposo, y otros en el que me veo como julian, muy cheveere ojala publique mas hstorias

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