Angel
Relato de comunidad Fantasíasschedule 10 min de lectura calendar_today Septiembre de 2007

Angel

Nos bajamos del carro. La noche en Bogota era clara, libre de nubes y llena de estrellas. -"Cariño, me bajas la chaqueta por favor... Adriana, no olvides tu varita mágica... Danilo, toma la mano de tu hermana...", dijo mi esposa Virginia dando ordenes como todo un ángel. Y en efecto así­ lo....

julio08

Somos pareja swinger·188seguidores

menu_book Más relatos
18_up_rating

Contenido adulto. Este relato fue escrito por un miembro de la comunidad. Léelo solo si tienes 18+ y mente abierta.

Nos bajamos del carro. La noche en Bogota era clara, libre de nubes y llena de estrellas. -"Cariño, me bajas la chaqueta por favor... Adriana, no olvides tu varita mágica... Danilo, toma la mano de tu hermana...", dijo mi esposa Virginia dando ordenes como todo un ángel. Y en efecto así­ lo era. Al menos por esa noche. Era la noche de Halloween y llegábamos al lugar donde la empresa para la cual trabajo, organizaba una reunión con las familias. Virginia, a sus 29 años estaba disfrazada de ángel, con sus dos alas llenas de plumas en sus espaldas, su vestido blanco, su halo blanco sobre su cabeza y una falda de pliegues, un poco corta en mi concepto, la cual dejaba ver sus largas piernas y me parecí­a muy sexy para ser una fiesta familiar. Mis hijos, Adriana y Danilo, de 5 y 3 años de edad respectivamente, estaban disfrazados de mago y hombre araña y se veí­an divinos y muy tiernos. Yo, de 32 años, disfrazado como Superman y mi bata roja me veí­a chistoso según los comentarios de mis compañeros de trabajo. La noche transcurrió sin novedad aunque confirme mi inquietud de la falda de Virginia. Mi esposa tiene un cuerpo normal, nada espectacular pero esa noche ella se veí­a muy atractiva luciendo sus bien formadas, femeninas y largas piernas, y su trasero se moví­a muy sexy bajo la corta falda. Como me lo imagine y yo no lo querí­a, la falda de Virginia empezó a atraer miradas. Tuvimos una pequeña discusión cuando temprano en la tarde Virginia me pregunto si debí­a usar esa falda corta y yo le dije que me parecí­a un poco atrevida para la reunión de Halloween y ella al parecer no me escucho o no le dio importancia a mi comentario. Cansados los niños, bien tarde en la noche luego de disfrutar una especial reunión, llego el momento de partir y compartí­amos la mesa con Alfredo y su familia, así­ como Hugo, mi jefe. Nos pusimos de pie, Adriana y Danilo casi dormidos se colocaron sus chaquetas para el frí­o y empezamos a despedirnos. Caminando hacia la salida, Virginia me recordó que olvido la cámara fotográfica en la silla, así­ que tan pronto me voltee hacia la mesa vi como Hugo, Alfredo y dos auditores miraban el movimiento del trasero de Virginia. Sus ojos estaban clavados en su culo y se notaba en su mirada el deseo por tener ese trasero para sus vergas. -"Perros malditos bastardos", pensé en voz baja molesto por ver como la sexy falda de Virginia hacia de su trasero el centro de sus miradas y ellos no respetaban siquiera que ella estaba con sus hijos y su esposo. Sonreí­, tome la cámara y molesto me apure a donde estaba Virginia despidiéndose de otros amigos mientras detrás de ella uno de los meseros miraba extasiado la delicada corta falda de mi esposa. Esa noche llegamos a casa y acosté a mis hijos para inmediatamente ir a la habitación a desnudar a Virginia. En los siguientes 30 minutos, monte a mi esposa y en posición perrito me encargue de vaciar en tres ocasiones mi calido esperma en su vagina. Molesto por su corta falda y enfadado de ver como mis compañeros de trabajo desearon su culo esa noche, el sexo de Virginia recibió mi erecta verga y ella dichosa lo disfruto. -"Estuviste fantástico cariño..", me dijo ella mientras nos besábamos en la cama después del tercer orgasmo. -"Esa falda tuya atrajo la atención esta noche, mi vida", le dije mientras besaba sus tetas. -"Estas celoso?", me pregunto Virginia. -"Si... un poco", respondó diciéndole la verdad. -"Mi vida... te quiero preguntar algo... te molestarí­a si te propongo algo loco?", me pregunto mi esposa con una mirada de curiosidad. Guardamos silencio y en su mirada se notaba la vergüenza tí­pica de una persona que sabe que va a preguntar algo estupido. -"Amor, te molesta si te dijo que me gustarí­a experimentar algo atrevido?... algo como lo que vimos el otro dia en la pelí­cula?.". Virginia y yo vimos una pelí­cula hace unos dias, tarde en la noche, donde una pareja de nuestra edad, buscando darle un giro a su matrimonio, contactaba un joven hombre para un trí­o de sexo. -"Estas loca?", le respondó inmediatamente. Dos semanas pasaron para que Virginia lograra su cometido. A pesar de mis negativas, Virginia me convenció. Ella me hizo dar cuenta de que estábamos cayendo en la rutina maldita del matrimonio. La que condenaba muchas parejas al fracaso. Tení­amos solo 6 años de casados compartiendo las buenas noticias, viendo como nuestros hermosos hijos crecí­an, viendo como nuestros éxitos profesionales nos llevaban por la senda del buen camino, y viendo como nuestros rostros reflejaban cariño y amor cuando cada noche en la cama nos dábamos dulcemente el beso de las buenas noches. Soy un esposo celoso. Lo confieso. Me molestaba ver como mis amigos miraban a Virginia. Ella es una mujer normal, una esposa como las demás, con hijos, con un esposo que la ama y darí­a la vida por ella, y que ahora tenia la prueba mas difí­cil de su matrimonio. Me horrorizaba la idea de imaginar a Virginia teniendo sexo con otro hombre. Pero ella lo querí­a experimentar y con franqueza me habí­a dicho que no era capaz de serme infiel a escondidas mias. Pocos hombres son afortunados de escuchar a sus esposas expresar sus verdaderos deseos. Yo fui uno de ellos la noche que llegamos a un acuerdo. -"Será con la persona que tu digas, mi vida", me confeso ella garantizándome que seria la primera y la ultima vez que harí­amos algo así­. Durante la semana pensé en quien seria el candidato ideal para semejante faena. Virginia me recordaba en las noches que ojala no fuera nadie de mi oficina, ya que no deberí­amos mezclar nada de nuestra relación con las personas donde trabajo y me pareció muy sabio su comentario. Además me dolerí­a mucho que uno de los perros descarados de mis jefes tuvieran el honor y el placer de montarse a Virginia. Lo ideal seria alguien que no nos conociera. Pero quien?. Suena estupido pero yo era el encargado de seleccionar quien tendrí­a sexo con mi esposa y aun no me decidí­a. Paso un mes y olvidamos el asunto ya que se llegaron las vacaciones de Semana Santa y debí­amos aprovechar para salir con nuestros hijos. Viajamos a San Andres y en el vuelo de ida, Virginia compartió su silla con un joven caleño quien viajaba a un comprar mercancia en la paradisiaca isla del caribe colombiano. A la derecha de Virginia estaban sentados Adriana y Danilo quienes encantados con las bromas del joven pidieron cambiarse de puesto para estar cerca de el. Dos filas atrás estaba sentado yo leyendo mi revista de deportes y mirando con curiosidad como el joven divertí­a y distraí­a a mis hijos. También note que las tres veces que Virginia se paro a usar el baño posterior del avión, el joven, descaradamente, sin que Virginia lo notara, miraba el movimiento del culo de mi esposa mientras ella caminaba. Lo mismo ocurrí­a cuando ella llegaba de vuelta y se sentaba de nuevo. La sexy, corta y vaporosa falda de ella lucia, la hacia ver muy atractiva. La hora y media de vuelo que usualmente eran una pesadilla para mis hijos resultaron ser un viaje placentero, gracias al joven quien sin importarle charlo y jugo con ellos. De pronto cuando el se paro al baño tuve una idea. También me puse de pie. El baño estaba ocupado así­ que el joven y yo esperamos. -"Esta buena la hembrita esa, verdad?..", le dije en voz baja. -"Perdon ?..", me respondió el como sin entender a que me referí­a. -"La hembrita alta... la que esta sentada al lado suyo... la de los sardinos cansones esos... buena la mujercita esa..", volví­ a hablar refiriéndome por supuesto a Virginia y esperando su respuesta. El joven sonrió comprendiendo a que me referí­a. -"Si... que culo tan divino... que man tan afortunado el que se come a esa mujer...", me respondió el joven volteando a mirar a donde estaba sentada Virginia. -"No puedo creer que ella tenga ya dos hijos...". Nuestra conversación se interrumpió porque la puerta del baño se abrió y un pasajero salio dejando que el joven entrara. Me quede esperando a ver cual era su comentario completo pero tan pronto el salio del baño al rato se despidió de mi con un frí­o "Nos vemos". El vuelo transcurrió sin problema y llegando a San Andres el joven le pidió los datos a mi esposa del hotel donde ella se hospedarí­a con los niños. Sonreí­. Ya tenia a mi candidato. Tres dias mas tarde, mientras nuestros hijos estaban en un paseo en la Cueva de Morgan, organizado por el hotel, Virginia me llamo: -"Ven cariño... súbete a la cama..". Su cuerpo desnudo estaba en cuatro. La corta falda que ella lucia el dia del vuelo, así­ como su brassier y su blusa blanca, estaban tiradas en el piso. Su rostro reflejaba el placer que sentí­a al tener a Mauricio, el joven comerciante caleño de 23 años que conocimos en el vuelo, detrás de ella sacudiendo su abdomen mientras su fresca verga entraba y salí­a de su vagina. Mauricio estaba aferrado con sus manos sobre su cintura y gimiendo levantaba su cabeza al techo y nuevamente la bajaba para observar como su coño se mecí­a dentro del sexo de mi esposa. La parecí­a maravilloso ver como su grueso pene se desplazaba libremente dentro de su vagina. Las manos de Virginia estaban aferradas a las sabanas y se notaba que lo estaba disfrutando intensamente al tener la inmensa verga del caleño clavando deliciosamente su sexo. Me subí­ a la cama y me ubique con mis piernas abiertas de frente a ella. Yo estaba ya desnudo y 10 minutos antes habí­amos llegado al orgasmo con Virginia mientras Mauricio nos observaba. Virginia bajo su cabeza y tomando mi verga se la llevo a su boca y me la empezó a mamar. Tuve durante esos 5 minutos la mas espectacular experiencia sexual de mi vida. Mientras mi esposa me hacia el sexo oral y mi verga era consentida por su tiernos labios, ella recibí­a salvajemente por detrás los sacudones del cuerpo de Mauricio quien de forma apasionada le hundí­a repetidamente su pene. Tenia de frente a mi los rostros de el y de Virginia. Ella reflejaba el placer de tener esa juvenil verga meciéndose entre su vagina. El con su rostro enjuagado en sudor y sus ojos desorbitados hacia esfuerzos por contener la inminente eyaculacion pero lentamente, a medida que aumentaba la cadencia de sus movimientos abdominales, parecí­a perder la batalla. De pronto, no aguante mas y le advertí­ a Virginia: -"Mi vida... me vine.. me vine...". Ella tuvo el tiempo justo para retirar mi verga de su boca y de forma inmediata un blanco chorro de semen salio disparado de mi pene golpeando sobre su cara y cubriéndola de mi viscoso liquido al mismo tiempo que yo gemí­a por el orgasmo que ella me habí­a dado. Simultáneamente el caleño no resistí­a mas y me avisaba lo que estaba a punto de ocurrir con su verga hundida en lo profundo de la vagina de Virginia: -"Fabio.... Fabio... ay Dios... ay Diosito... Virginia... me vengo... me vengo... arghhhhhh" Diciendo palabras soeces y mirándome fijamente a los ojos. Mauricio me expreso lo que un hombre siente cuando su verga estalla lanzando poderosos chorros de su espeso esperma dentro del sexo de Virginia. Durante 30 segundos solo se escucharon nuestros quejidos y cada uno de los tres expresaba a su manera la maravillosa sensación del orgasmo. Tan pronto las contracciones rí­tmicas de el caleño cesaron y su pene termino de escupir su carga completa de semen dentro de su vagina, Virginia empezó a limpiarse la cara con la sabana y Mauricio con su verga aun escondida en su sexo me pregunto sorpresivamente como si yo fuera dueño de su cuerpo: -"Fabio... Puedo cogerle esa belleza de culo?..." -"Lo siento Mauro, pero no... Esa hermosura de trasero es solo para mi verga..", le respondí­ de forma inmediata negándome a que Virginia tuviera sexo anal con el. Mauricio molesto porque no podí­a tener para su verga el trasero de mi esposa, retiro su coño de la vagina de Virginia y parándose de la cama se dirigió a ella, invitándola a que se acomodara cerca de el: -"Virginia, cariño... ven". Finalmente sentado tomándome una coca-cola presencie como el y Virginia tení­an sexo de pie contra la pared y el joven aventurero le entregaba por ultima vez su leche. Fueron unas vacaciones muy especiales. Fue la primera y la ultima vez que Virginia y yo tuvimos un compañero sexual. Luego volvimos a casa a seguir nuestras vidas de la misma forma que lo habí­amos hecho antes. No cambiamos. Solo aprendimos con esa experiencia que ahora éramos mas fuertes y unidos, y que nuestra relación amorosa era muy sólida.

— julio08

14 de septiembre de 2007

visibility 2.4k lecturas chat_bubble0
julio08

Escrito por

188 seguidores ·Somos pareja swinger

Comentarios

0 comentarios

Inicia sesión para dejar un comentario.

login Entrar
Sé el primero en comentar.

Sigue leyendo

Otros relatos fantasías

Mujer Grande.

Fantasías

Mujer Grande.

elmen21elmen21·hace 13 horas
schedule 1 min
visibility 107favorite 0chat_bubble 0
Un sueño

Fantasías

Un sueño

luisgalzateluisgalzate·hace 17 horas
schedule 2 min
visibility 93favorite 0chat_bubble 0
Entregada a mi amigo

Fantasías

Entregada a mi amigo

CornudoteCornudote·hace 2 días
schedule 3 min
visibility 841favorite 2chat_bubble 1

Lo más reciente

Recién publicados por la comunidad

Ella es Mía

Sexo con maduras

Ella es Mía

Frank0922Frank0922·hace 11 horas
schedule 7 min
visibility 160favorite 0chat_bubble 0