La Dama Del Edificio
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 8 min de lectura calendar_today Noviembre de 2007

La Dama Del Edificio

La Hermosa Dama Del Edificio Siempre que estaba en Medellín e iba a la oficina me cruzaba en algún lugar del edificio con una hermosa dama, e igualmente nuestras miradas se cruzaban, algún día ese cruce de miradas empezó a estar acompañado de sonrisas. Era una mujer madura con un precioso....

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La Hermosa Dama Del Edificio Siempre que estaba en Medellín e iba a la oficina me cruzaba en algún lugar del edificio con una hermosa dama, e igualmente nuestras miradas se cruzaban, algún día ese cruce de miradas empezó a estar acompañado de sonrisas. Era una mujer madura con un precioso rostro en el cual quedaba gran parte de su adolescencia y un cuerpo de colegiala: piernas largas, un trasero redondito y senos de tamaño “medio-bajo”; además de un cabello negro, lacio y largo que caía hasta su estrecha cintura. En la semana siguiente a aquella de las primeras sonrisas la vi una tarde de fin de sábado de pié junto a su automóvil, con una llanta desinflada. Frené, retrocedí y estacioné delante de su vehículo, descendiendo del mío para ofrecerle colaboración. Lo mínimo que un caballero debe hacer por una dama en apuros. Su rostro se iluminó al verme y me saludó con una esplendorosa sonrisa y alegría en su mirada. Lo propio al ver que un “conocido” se acerca con ayuda, pensé en ese momento. “¡No que pena, no te pongas en esas!”, me dijo, “¡te vas a ensuciar y ya llamé una grúa!” agregó. “Cancélala, esto es cuestión de unos minutos” le dije. Terminado el trabajo pensé en seguir mi camino pero ella me dijo: “Ya estamos cerca de mi apartamento, porque no me acompañas y te lavas”. Percibí en su voz y en su mirada algo más que simple agradecimiento y comprendí que no podía rechazar su ofrecimiento. Mientras me aseaba ella se cambió de ropa y cuando pasé del pequeño patio a la sala la encontré con una pantaloneta y una delgada camiseta, pude admirar esas esbeltas piernas así como los pezones “transparentados” en la ajustada camiseta. Fue evidente el agrado con el cual recibió mis miradas. Creo que tragué saliva mirando aquella beldad, lo cual seguramente también notó, sonriendo. Me invitó a sentarme ofreciéndome una bebida y sentándose a mi lado en un sofá inició una conversación preguntándome quienes éramos esos que la gente del edificio veía salir con equipos de campaña y regresar después de un tiempo, sucios y barbados… Me habló de su trabajo como ejecutiva de una compañía de comercio exterior… La charla giraba entre temas personales e intrascendentes, entre risas y leves contactos físicos, entonces llegamos al beso y de allí a las caricias, cada vez más apasionadas y ardientes. El mutuo deseo ya existía, puesto que en un instante ya estábamos desnudos acariciándonos. Tenía ante mí una hermosa mujer con carita de diosa, seno terso y templadito, una exquisita vagina totalmente rasurada y un trasero esférico que invitaba a la caricia o al apretoncito. Mientras nos besábamos sobaba y apretaba con delicadeza esas hermosas tetas, firmes y suaves al tacto, ella me agarraba el pene frotándolo lentamente, con presión uniforme. Desde sus labios comencé a cubrirla de besos: el cuello, los hombros, las tetas… a la vez que deslizaba una mano sobre su abdomen hasta tocar esa preciosa cuquita, excitando el clítoris con la punta de los dedos. Ella gemía de placer cuando le chupaba los pezones, mordisqueándolos suavemente de vez en vez, y mis dedos le frotaban el gallito, se deslizaban por esa rajita para entrar un poco en el huequito y retrocedían para seguir estimulando el clítoris. En tanto mi pene era prisionero de su mano, que lo apretaba y lo meneaba deliciosamente. ¡Lo sentía como una pieza de artillería lista a entrar en batalla! Continué el recorrido de mis labios sobre esa delicada piel, tramo a tramo, sin retirar la mano de su cosita, que ya sentía mojadita. Ella sabía a donde quería llevar mi boca y en el momento en que ya no alcanzaba a asirme el pene abrió las piernas… ya me encontraba de rodillas besándole los muslos, con una mano aun en la vagina y otra deslizándose sobre su abdomen. Comencé a lamer aquella deliciosa vagina, de abajo hacia arriba, en donde besaba y chupaba un poco el clítoris, para luego reiniciar el procedimiento una y otra vez. ¡Como gemía y murmuraba!, exclamando repetidamente “¡si, si, así, así, así, siiiii!”. Me gusta llevar el sexo oral hasta el final, hasta que una dama se riega y me deleito bebiendo el fluido que una vagina regala al paladar, ella intentaba incorporarse pero se lo impedía empujándola suavemente. Sin dejar de saborear esa conchita le metí primero un dedo, luego dos, como suelo hacerlo para evitar lastimar tan delicada y deliciosa parte de una dama, y lanzó un “¡aaahhhh que diiichaa!” que me excitó más, y aumentó mi placer y excitación cuando miré su cuerpo arqueado, el cuello estirado y la cabeza hacia atrás, con una expresión de indecible placer en aquel lindo rostro. Sentí que sus piernas me apretaban y en los dedos como aumentaba la humedad, cuando posó sus manos sobre mi cabeza para presionarla fuertemente contra esa exquisita rajita saqué los dedos y la cubrí completamente con la boca para recibir la primera emisión del tan esperado jugo. Seguí chupando y lamiendo hasta que ella temblaba y tartamudeando decía, casi en un susurro: “y-ya, y-ya, y-ya, q-que r-riicooo”. Ella se deslizó desde el sofá a la alfombra para abrazarme y besarme apasionadamente, ¡que agradable es sentir a una dama agradecida por una entera satisfacción!. Comenzó a jugar con mi pene hasta llevárselo a la boca, comenzó a chuparlo y a besarlo, colocándolo contra su hermosa carita y volviendo a chuparlo y besarlo, cogiéndolo con una mano y con la otra acariciándome, deslizándola desde mi pecho hasta mi abdomen. Me encanta saborear una vagina, y deseaba seguir haciéndolo en la posición del 69, pero ella no lo permitió, sólo quería mamar y mamar, lo cual hacía exquisitamente, como ya lo describí, y además cubriéndome el pene de besitos que llevaba desde el glande, bajando por el tronco hasta el escroto, que también chupaba suavemente antes de regresar al glande, el cual retenía entre los labios pasándole la lengua en forma circular dentro de su boca; me hacía un “garganta profunda” y de nuevo me chupaba el glande antes de repetir el delicioso “recorrido”. Por fin sentía que no aguantaría más, mientras me lo mamaba de esa manera le acariciaba la cara, entonces recogí su cabello con una mano como en una cola de caballo, apretándole con la otra la parte trasera del cuello. Me miró, sacó el pene de su boca para decirme rápidamente “¡lo quiero todo!” y siguió chupando más exquisitamente. Comencé a eyacular, uno, dos, tres chorros largos y una serie de emisiones más cortas, siendo los últimos casi espasmódicos. Permanecimos un rato largo entrelazados en un abrazo, sobre la alfombra, rodeados de ternura y satisfacción. Ella comenzó a jugar de nuevo, apretándome el pene hasta que estuvo otra vez erecto. Fue corriendo a su habitación y regresó con condones, chupó el pene mientras sacaba uno de su empaque; sentada sobre mis piernas me lo “calzó” y acercando esa rica vagina bajó lentamente para metérselo. “¡Ohh, que rico!”, exclamamos ambos, y nunca olvidaré la expresión de ese precioso rostro mientras mi pene entraba dentro de ella. Era una chochita apretadita en la que mi pene entraba ajustado, como en la de una colegiala, y que sublime manera de moverse: arriba y abajo, atrás y adelante, pero combinando todas las direcciones a la vez. Deslizaba mis manos sobre esas estilizadas piernas, seguía por los costados y las llevaba a las tetas firmes y con pezones paraditos, se agachaba para besarme la boca y permitir que le besara esas divinas téticas… y, como siempre, nunca olvido los mordisquillos en los pezones… muchas damas me han dicho que les eso encanta y las excita más. Cada vez que ella se regaba me apretaba y me susurraba al oído “¡Ohh, que rico, que rico, que rico!”, y cada vez cambiábamos de posición. Cuando llegué a mi momento culminante y comencé a eyacular estaba sentado en la punta de una silla y ella sentada sobre mis piernas, rodeando mi cintura con las suyas, abrazados y con nuestros labios unidos en un beso con las lenguas entrelazadas. Llegó un instante en el cual ambos un lanzamos sonoro “¡Ahhhh!” y continuamos, casi gritando: “¡oohhh, si, si, que rico, que riiicooo, así, así, que riiicooooo…!” Al separarnos, exhaustos, nos miramos y comenzamos a reírnos del escándalo que armamos en ese último y común orgasmo… pensando en los vecinos. Después de un baño prometí regresar en la noche, lo que hice con dos botellas de un excelente Malbec que tenía en casa, dos copas de 11 onzas como corresponde a un tinto, queso, aceitunas y jamón, más una selección de música apropiada para una velada romántica. Pero antes salimos a cenar para mostrar al universo nuestra alegría por esa erótica relación que recién habíamos iniciado y cuya primera sesión nos había dejado tan satisfechos. Esta noche de sábado y el domingo siguiente nos entregamos al sexo más exquisitamente desenfrenado, entre risas, amena conversación sobre cosas serias así como intrascendentes, en un ambiente de buena música y buen vino. De allí se ha forjado una amistad que perdura, y ni su matrimonio con un estúpido yuppi nene lindo de corbatica y apariencias, que no es capaz de complacerla totalmente, ha logrado romper. Actualmente, cuando nos hablamos antes de un fin de semana y nos preguntamos: “¿con vino, queso, aceitunas y jamón?”, significa que alguno de los dos quiere sexo sin medida. Si para un caballero es un honor llevar a una dama al orgasmo y ver el placer erótico en su hermoso rostro, es halagador cuando le dicen: “nadie me llena como vos lo haces” ¡Por eso siempre estaré allí cuando me necesites, querida amiga!... ¡Por siempre!

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21 de noviembre de 2007

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Escrito por

Soy hombre heterosexual

Comentarios

1 comentario

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  • carlos-valenxci
    carlos-valenxci · 10 de oct de 2008

    Excelente forma de encontrar la mujer perfecta para el amor, que se deleite mamandolo y uino se deleite con la lenguaç en su vaginmja. que rico.

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