Conocí a la flaca hace varios años, y aunque existía una evidente química jamás paso nada entre los dos, salvo una noche en la que tras salir a montar bici e la ciclovía nos sorprendió tremendo aguacero, y ya en mi apartamento, al sacarnos la ropa para secarla nos pusimos animados y terminamos haciéndonos un trabajo de manos y de bocas, pero nada de penetración. Pensé que esa noche la flaca no me había ofrecido su trofeo por que apenas nos tomabamos confianza, pero hace poco entendí que tener un pene en su vagina no es para nada lo que más la excita. Cuatro noches hemos pasado juntos, y en todas la historia se repite. Hay que verla como le gusta que le coqueteen su redonda conchita, que se la acaricien con suavidad, pero sin permiso. Te dice que no, y con fuerza te retira tu mano. Insiste en que no, pero es tan solo su juego, en el que te dice que mientras más la obligues más se excita. Al final termina desnuda, agarrando con fuerza tu cabeza contra su humedad palpitante. Y entonces lo mejor que puedes hacer es entregar tus labios y tu lengua a un retorcido beso con su jugosa vagina. A la flaca le aburre que te quedes en una sola posición. Prefiere que cada tanto la tires a la cama, le des media vuelta, le roces con la lengua de extremo a extremo, en círculos, que le metas la lengua como si fuera un falo que se retuerce. Incluso con un poco de suerte te da una chupada a tu verga cuando ensayas un 69. No tarda en ofrecer resistencia de nuevo, como si perdiera estímulo cuando ve que todo pasa como debiera pasar. Le gusta retar, poner en juego tu creatividad, que le empieces a susurrar fantasías retorcidas en su oído, que le sirvas de modelo para que tome fotos de tu pene erecto durante cinco, diez quince minutos, y te lo acaricia una y otra vez, te lo aprieta, le pasa su lengua para que se ponga brillante y salga mejor en la foto. Y cuando nota que la punta de tu pene empieza a dejar correr pequeñas gotas lubricada te ofrece un coqueteo sutil pero claro: toma un poco de tu emanación aceitosa y con ella se acaricia su clítoris. Tiempo de tocarla de nuevo, pero solo allá abajo, nada de agarrarle sus senos, mucho menos de besarle sus pezones. La flaca sabe que le gusta sentir una mano fuerte tratando de violentar su entrada, pero la excita más cuando estando a punto prefieres retirar la mano y dejarla con el deseo vivo. No hay mejor momento que ese para empezar a chupársela de nuevo, con fuerza, para activarle de nuevo las ganas, haciendo una ventosa entre boca y vagina, recorriendo en el vacío la lengua contra sus dilatados labios, urgando su clítoris con la lengua firme para luego recorrer todas sus cavidades. Te aprieta la cabeza con sus piernas, y de nuevo le juegas a que si, a que no, y es así como empiezas a percibir un ligero temblor en sus piernas, que va creciendo y creciendo mientras tu lengua recorre su pequeña vagina con ritmos entre frenéticos y pausados, con empuje suave y fuerte. Con un buen meneo de lengua la tendrás a punto en doce minutos. Su temblor se tornará tan rápido que parecerá que ya no existe, su respiración agitada dará paso a momentos prolongados de pausa, y justo ahí, cuando más excitada y negada está, le debes lamer el clítoris con delicada firmeza. Verás como emana un chorro no se sabe de donde, pero un todo caso de allá abajo. Se me ha orinado en la cara!, es lo que primero uno piensa, pero a pocos se nota que el líquido que emana como una fuente no tiene olor ni sabor de orines. Sabe ligeramente salado. Sale en chorritos delgados, no tan gruesos como los de su uretra. Brota una y dos y tres y cuatro, hasta cinco veces, entre las tensiones corporales de su cuerpo retorcido. Al terminar no se la puede tocar. Hay que dejarla que baje de su orgasmo elevado, regalarle unos cinco minutos para que cierre sus ojos. Al abrirlos te entrega una mamada increíble, amorosa, como si buscara premiar con creces el gesto de entrega hacia ella. Le encanta ver como tu pene se endurece y crece hasta parecer reventar. Sabe muy bien como acariciarlo y apretarlo, besarlo y morderlo, tragarlo a fondo y jugar con su cabeza, hasta que en un movimiento fuerte y rítmico de manos y boca hace que reviente en abundante eyaculación. Se riega el semen en su vientre, lubrica su vagina con el, lo saborea con disfrute, y hasta te pone para llegar una vez más. Al final te deja tendido en la cama, medio muerto, con un sabor de su eyaculación en la boca que no se olvida, como tampoco se olvida que por alguna misteriosa razón su vagina jamás permite una penetración.

Relato de comunidad Fantasíasschedule 4 min de lectura calendar_today Diciembre de 2007
La Corrida A Chorros De La Flaca
Conocí a la flaca hace varios años, y aunque existía una evidente química jamás paso nada entre los dos, salvo una noche en la que tras salir a montar bici e la ciclovía nos sorprendió tremendo aguacero, y ya en mi apartamento, al sacarnos la ropa para secarla nos pusimos animados y....
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1 comentario
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login Entrarhuysssssss q fasinante a mi tambien me encanta ese jueguito del " a q si y a q no" es lo maximoooooooo es especrtacular sentir q te bienes pero te aguantas para despues benirte mucho mejor.....