Hasta Que Cometí­ El Pecado.
Relato de comunidad Bisexualesschedule 3 min de lectura calendar_today Febrero de 2008

Hasta Que Cometí­ El Pecado.

Habí­a vivido mi vida plenamente hasta los 25 años, nada del sexo me era extraño, ni reprobable; pero el auge de enfermedades y virus que acompañá aquella época me hicieron retraerme en una especie de ermitaño y abstinente consumido. No sé si mi comportamiento y mis actitudes pudieron....

soraya

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Habí­a vivido mi vida plenamente hasta los 25 años, nada del sexo me era extraño, ni reprobable; pero el auge de enfermedades y virus que acompañá aquella época me hicieron retraerme en una especie de ermitaño y abstinente consumido. No sé si mi comportamiento y mis actitudes pudieron alentar alguna aventura sexual; trataba de comportarme dentro de los cánones que impone la sociedad, sólo que nunca pude manejar el prototipo del macho; me disgustaba la vulgaridad y la ordinariez en las cosas del dí­a a dí­a, tratar mal o descortésmente a los demás no iba conmigo, pero tampoco me imaginaba regando plumas a mi paso. Mantení­a, como muchos, una relación hetero, con esposa e hijos; de vez en cuando me quedaba a tomarme unos tragos con los amigos, pero del deseo nunca se pasaba al hecho, me cuidaba de aquello de "que se le moja la canoa", sobre todo que mis contertulios podrí­an tener una relación de dependencia laboral conmigo. Pero aquella tarde, no recuerdo ni la celebración que se hací­a de las tantas que eran comunes en la empresa, estaban dos muchachos aprendices, a quienes tení­a un especial cariño, nos enredamos en cualquier charla que derivá en lo sexual, parámetro al parecer de obligación entre los machos. Me hablaban de todas las conquistas que traí­an a cuestas en sus pocos años, hasta que les dije: !!Soy homosexual!! En otras condiciones, eso hubiere bastado para dar por terminada la charla; pero aquellos pelados insistieron en la misma, ¿Qué se siente? ¿Cómo se hace? Recuerdo que les dije: Para saberlo, hay que probarlo. No me esperaba la respuesta: ¿A dónde vamos? Después de haber tomado cerveza y guaro, nos fuimos para mi apartamento, mi mujer y los niños estaban fuera de la ciudad en la finca de mis suegros; la sola entrada al edificio fue una tortura, pues nunca acostumbraba a llevar amigos y los celadores son unos zorros para detectar situaciones irregulares. Subimos y destape una botella de vodka, para hacerle juego al aguardiente; puse uno de los canales privados y las escenas de sexo los encendieron más de lo que habí­a previsto. !!Ven y mámamela!! me dijo Carlos Andrés, con su verga ya fuera de la ropa, !!Si!! dijo Cristhiam, msotrándola apenas por encima de sus calzoncillos. La verdad, ver aquellas vergas enhiestas y palpitantes me hizo perder el poco de cordura que me acompañaba. Como un poseso me lancé sobre aquellos pedazos de carne, sentí­ aquella carne viva en mis labios, en mi boca, los desnudé como pude y bese sus cuerpos juveniles; me atore, pero comencé de nuevo. !!Dos vergas para mi solo!! Me quité como puede los pantalones y calzoncillos, puse mi culito en pompa, decidido a recibir todos los ataques; sentir como dos manos me manoseaban, como no se cuantos dedos hurgaban en mis entrañas, mientras mi boca comí­a tan exquisito manjar; Christhiam se hizo atrás y con un poco de dificultad, provocada, logré penetrarme con la furia y el afán de su juventud, sentí­ como esa cabeza rosada rompí­a de golpe cualquier resistencia, sentí­ las paredes de mi intimidad rodeando como con un abrazo al intruso ansioso. Entre tanto, Carlos Andrés alcanzaba la plenitud de su gozo y rí­os de leche cálida inundaron mi boca, mi garganta, mientras un suspiro hondo y ruidoso emergí­a de su alma. Christhiam me rompí­a, me llevaba a golpes de su verga hasta un insospechado clí­max; también el rí­o furioso de su semen inundó mis entrañas hasta desbordar mi culo y comenzar a resbalar por mis piernas. Luego de aquella faena, se dormitaron en el sillón de la sala, con un kleenex limpí­e sus vergas exhaustas, y me di el gusto de besarlas y acariciarlas durante un rato; el único premio que recibí­ de ellos fue un !!Chévere marica!!.

— soraya

4 de febrero de 2008

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