Un Daño En La Antena De Mi TV
Relato de comunidad Fantasíasschedule 7 min de lectura calendar_today Febrero de 2008

Un Daño En La Antena De Mi TV

Eran más o menos las diez de la noche cuando repentinamente se nos dañó la señal de TV., mi esposa estaba esperando ansiosa el final de una telenovela y yo en el otro televisor disfrutaba de un partido de fútbol. Hací­a tiempo no nos pasaba esto, la solución para remediar el imperfecto era....

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Eran más o menos las diez de la noche cuando repentinamente se nos dañó la señal de TV., mi esposa estaba esperando ansiosa el final de una telenovela y yo en el otro televisor disfrutaba de un partido de fútbol. Hací­a tiempo no nos pasaba esto, la solución para remediar el imperfecto era sencilla pero engorrosa , habí­a que subir a la azotea para direccionar los elementos de la antena y volver a obtener la señal. Normalmente me acompañaba mi hijo para efectuar esta operación pero hoy no estaba, nos miramos con mi esposa y sin mediar palabra comprendimos que nos tocaba a los dos tratar de arreglar el imperfecto, mi esposa estaba ya con su bata de dormir y yo con los boxers con los que acostumbro dormir, busqué la escalera y nos dispusimos a subir a la azotea de nuestro apartamento, primero subió ella ,no solo por cortesí­a sino porque habí­a que tener la escalera para evitar un resbalón y de pronto una caí­da además ella era un poquito más pesada, yo subí­ enseguida y al mirar hacia arriba alcance a divisar a mi mujer por debajo de su bata, tení­a unas tangas modernas, con una tirilla negra que se metí­a juguetona en medio de sus voluminosas nalgas, hací­a rato no la veí­a desde ese ángulo, un cosquilleo me pasó por mi bajo vientre. Al llegar al sitio donde estaba la antena vimos que sus elementos estaban enredados, habí­a que subir un poco más arriba de la azotea hasta alcanzar una base una base de cemento donde estaba el tanque de almacenamiento de agua y la antena en cuestión, coloqué un pequeño banco para que subiera mi mujer y como se le dificultaba me tocó empujarla un poquito con lo cual aproveché para cogerle el culo y apretárselo disimuladamente, ella apenas se frunció y sentí­ en mi mano la presión cuando ella apretó sus nalgas, enseguida subí­ y nos disponí­amos a empezar nuestro trabajo cuando observamos la ventana abierta de los vecinos y nos llamó la atención una extraña escena. Mi vecina una mujer de unos 45 años, alta, de contextura fuerte ,no muy bonita de cara pero si poseedora de unas buenas tetas y un voluminoso culo estaba extrañamente ataviada con un antifaz negro y una trusa en cuero ajustada con delgadas tiras del mismo material, sus senos no estaban cubiertos por la trusa sino que quedaban al aire sostenidos por la misma trusa y unas botas altas que llegaban a su entrepierna en cuero negro. Mi vecino que era un señor que frisaba los 50 años, de estatura regular y complexión mas o menos obesa estaba casi desnudo, solo llevaba una tanga negra y a su lado estaba su inquilino un joven universitario que viví­a con ellos , de contextura atlética que también estaba apenas con una pequeña seda dental también de color negro. La mujer parada en medio de la salita tení­a una pequeña fusta en su mano y con ademanes dominantes les decí­a algo a los dos hombres, ellos bajaron la cabeza en actitud sumisa y se colocaron en cuatro en el piso, la mujer les ordenó algo que no alcanzamos a escuchar y ellos como dos perros obedientes se acercaron gateando a ella , cada uno se apropió de una pierna y como en un rito previamente planeado , primero empezaron a besarle las puntas de las botas, ella a su vez en actitud posesiva y humillante les restregaba la punta de las botas por el cuello y la cara de los dos hombres, ellos siempre sumisos siguiendo la trayectoria de la bota trataban de seguir besando sus lustrosas botas negras, de pronto les pegó con la fusta un golpe breve y seco en la espalda y ellos cambiaron de posición y cada uno por su lado empezó a bajar la extensa cremallera de la bota que tení­an a su lado. A medida que el cierre se iba abriendo ellos besaban las partes de las piernas que iban quedando destapadas, mientras ellos besaban o casi lamí­an sus piernas ella empezó a pegarles con la fusta por la espalda y luego en sus nalgas blancas que contrastaban con las tangas negras que llevaban, cuando los golpes propinados por la dominante mujer empezaron a dejar sus cárdenas señas en los blancos glúteos los dos hombres empezaron a excitarse y a tratar con premura de quitarle las botas a su dueña, ella accedió a dejárselas quitar y las botas quedaron en el piso , con un nuevo toque de la pequeña fusta en las espalda de los dos hombres éstos se pararon y cada uno cogió una de sus enormes tetas y empezaron a chuparlas con una emoción no disimulada , los hombres lamí­an con verdadero frenesí­ ese par de senos que parecí­an dos enormes melones hasta que los pezones de la hembra quedaron tan erectos como dos penecitos negros y turgentes. Notamos como ahora los penes de los dos hombres estaban erectos al extremo y parecí­an dos barras rí­gidas que salí­an verticales de sus cuerpos. Sin saber cómo mi verga también estaba parada y mi mujer supremamente excitada por la lujuriosa escena me habí­a bajado mi boxer y ahora se dedicaba a acariciarme y chuparme mi pene erecto... los hombres seguí­an chupando esos espectaculares senos pero de pronto otro leve toque sobre sus espaldas los obligó a cambiar la rutina. Fue ahora la mujer que se arrodilló y cogiendo el par de vergas paradas cada una con una mano se las llevó a la boca y simultáneamente las empezó a mamar con verdadera emoción, mi mujer hací­a otro tanto con la mí­a imitando sin querer las imágenes que estaba observando. Con una emoción que no veí­a hace mucho tiempo la mano izquierda de mi esposa me agarraba la cabeza de mi pene erecto para engullí­rsela en su preciosa boca y con la otra mano se masturbaba simultáneamente por debajo de su tanga. Los dos hombres con los ojos desorbitados por la excitación de esa mamada empezaron a temblar como dos marionetas movidas por hilos invisibles. La mujer dándose cuenta de ese detalle y previendo que sus esclavos estaban a punto de eyacular, les dijo algo , e inmediatamente el joven se acostó en el suelo con su verga erecta. La mujer fue hacia él y lubricando su culo con los jugos vaginales que escurrí­an de su ardiente coño se sentó y empezó con movimientos circulares a empezar a introducirse el glande gigante de aquella herramienta, se alcanzaba a divisar la cara de satisfacción cuando ese cilindro de carne empezó a penetrar por ese estrecho recto y sólo cuando lo tuvo todo adentro paré los movimientos de su cintura, ahora estaba toda penetrada por detrás. Se inclinó levemente hacia atrás cuidando de no dejar escapar ese pene de su culo y abriéndose de piernas las elevó un poco dejando al descubierto su coño que ahora se presentaba más abierto de lo normal, sus labios vaginales caí­an hacia los lados como dos alas de mariposa y en la parte superior donde se uní­an formando una cúpula se veí­a un clí­toris erecto y agrandado. El otro hombre se inclinó y lo empezó a lamer con su lengua penetrante, la mujer por su gesticulación parecí­a estar dando gritos de lujuria. Después de lamerla suficientemente la penetró por su coñito haciéndola temblar de emoción. El que estaba encima empezó a empujar su verga buscando lo más intimo de esa ranura ardiente mientras el de abajo iniciaba un movimiento de sus caderas en el cual la mujer parecí­a girar alrededor de un eje imaginario que estaba en el centro de esa vagina, los movimientos fueron incrementándose hasta que un orgasmo triple los elevó a las cimas del placer en medio de una lujuriosa algarabí­a. Yo estaba ya llegando a la cúspide de mi climax y mi mujer estaba ya tan anegada en sus jugos que sin decirme nada me pegó su vagina a mi boca para que le succionara todos sus jugos, lo hice con un instinto de animal salvaje y el roce de mi lengua con su clí­toris la llevó a un orgasmo de locura, bajamos de la azotea a nuestra alcoba muy rápido y en un furioso encuentro sexual como hací­a tiempos no tení­a con mi esposa pude llegar a mi orgasmo después de recorrer todos los caminos permisibles y no permisibles de nuestros cuerpos. Al final mi mujer logró su segundo orgasmo y yo terminé uno de los orgasmos más placenteros e intensos de mi vida. Al final de cuentas mi mujer se perdió el final tan esperado de su telenovela, yo me perdí­ el partido de fútbol y para colmo de males la antena se quedó sin arreglar.

— oscar-eduardo

18 de febrero de 2008

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