Esa noche estaba muy excitado, saber que a escasos cuatro metros de mi cuarto iba a dormir una preciosa joven, que estaba casi a mi alcance lograr que fuera mía me hacia pensar cosas disparatadas. Se llamaba Nora y acababa de llegar de un pueblo cundinamarqués para ayudarle a su tía, pero ella había hablado con mi madre para que la dejara dormir con ella, mi tía y mis hermanas, aduciendo que el esposo de la tía la acosaba especialmente cuando llegaba un poco ebrio. Era para mi un regalo servido en bandeja, no había sino un inconveniente…como acceder a ella entre tanta gente. En la parte de la casa que vivíamos no había sino dos cuartos. El uno daba hacia la calle y en el dormían mi madre, mi tía y mis tres hermanas. El otro cuarto daba hacia el patio y allí dormíamos mi hermanito menor y yo. Por nuestros escasos recursos en el cuarto de las mujeres no había camas, sino se tendían unas esteras en el suelo y allí dormían prácticamente hacinadas. Lo único a favor es que por el clima cálido no se necesitaban cobijas y sólo se cubrían con unas sábanas de algodón. Eran mas o menos las once de la noche y hacía rato se habían acostado, me levante con mucho sigilo y empecé a gatear hacia el otro cuarto. Un bombillo de alumbrado público me ayudaba a guiarme en la oscuridad, pero también me desfavorecía pues daba bastante claridad y fácilmente podría ser observado. Por ser la primera noche no sabía como estaban acostadas. Para mi suerte la joven se había quedado hacia un extremo, pero muy cerca de mi madre. No sabía que hacer, la adrenalina recorría todo mi cuerpo y la excitación que yo sentía por la chica sumado al miedo de ser descubierto me consumía internamente. Pero acordándome del viejo adagio que “las ganas le pueden al miedo” continué con mi aventura. Al llegar noté que la chica estaba durmiendo de medio lado, con la cara hacia el otro lado, empecé a tratar de subir su bata de dormir pero al sentir mis manos se trató de despertar. Quedé rígido del susto, esperé un rato y volví a insistir. Ella se encogía en posición fetal y apretaba sus piernas. Empecé a acariciar sus senos y como por encanto se fue relajando, cosa que me permitió colocarla boca arriba y esto me proporcionó un panorama más alentador. Con una mano acariciando sus senos muy suavemente y con la otra tratando de subir su bata pasaron momentos angustiosos. Al fin llegué a sus panties, eran de esos que llamamos “quita pasiones” grandes , en tela de algodón y ajustados a su cintura por un grueso caucho , era casi imposible llegar a su monte de Venus. Empecé con un dedo a acariciar su rajita por encima de sus pantys, haciendo énfasis en tocar con movimientos concéntricos su clítoris, y ella lentamente fué abriendo el compás de sus piernas. Como pude alcancé a pasar un dedo por la manga de su panty y llegar a su vagina que estaba húmeda de sus jugos. No alcancé sino a introducir la puntica de mi dedo, salió lleno de jugos que probé con gran deleite haciendo de ese pequeño triunfo un verdadero botín. Regresé siempre gateando a mi cama con una excitación tremenda que se reflejaba en la erección de mi verga que casi no me deja dormir. Al otro día salí a estudiar muy temprano y no la ví sino hasta por la tarde, me saludó con una pequeña sonrisa. No sabía si la noche anterior se había dado cuenta de algo o si lo ocultaba muy disimuladamente. Sólo lo sabría cuando intentara de nuevo mi aventura. Esa noche esperé un poco más para iniciar mi recorrido. Cuando llegué gateando al sitio donde sabia que se acostaba la encontré durmiendo boca arriba, y al subir su bata no encontré mucha resistencia. Hice la misma operación de la noche anterior, acaricie suavemente sus senos y note como sus pezones respondían a mis caricias cuando se irguieron a través de su brasier…mientras mi mano izquierda acariciaba sus senos mi mano derecha masajeaba suavemente su vagina y mis dedos en cada pasada se posaban más de la cuenta en su clítoris. Sus piernas se fueron abriendo y mi mano ansiosa empezó a bajar sus panties. Al principio fue difícil pero al fin terminé bajando la prenda hasta que su vagina quedó descubierta, aunque la iluminación era mínima se notaba el triángulo de vello púbico que resaltaba sobre sus piernas blancas, era extremadamente velluda pero sus rizos negros eran como una suave alfombra al tacto de mi mano. Empecé a acariciarla y busqué su rajita humedecida para penetrar con mi dedo por esa gruta de placer nunca antes recorrida. Mi dedo por fin penetró y con suaves movimientos empecé a meterlo y sacarlo, miré su cara y una sonrisa se asomaba reflejando una deliciosa paz interior. Saque mi dedo y lo chupe con gula. Su sabor ligeramente salino me parecía una dulzura ( sería esto una contradicción..?).Probé con dos dedos, también desaparecieron en esa gruta de placer y un gesto de placer se reflejó nuevamente en su cara. Me arriesgué y ahora mi boca fue a parar a su vagina. Los rizos ensortijados formaban una barrera que dificultaban mi acceso, me tocó valerme de mis dedos para apartar sus vellos y mi lengua entró suave a su coño ardiente. Era una delicia probar sus jugos, sus labios se abrían y la suavidad de sus paredes internas eran superficies de fuego para mi ardiente lengua. De pronto un estornudo de una de mis hermanas me dejó helado. Suspendí todo bruscamente y traté de esconder mi cuerpo detrás de ella. Por fortuna nadie se levantó y gateando con mucho sigilo volví a mi cuarto. Dicen que a la tercera va la vencida…todo el día esperé ansioso que llegara la noche…y al fin llegó. Estaba dispuesto a jugarme los restos…tenía que hacerla mía. Un poco antes de acostarnos hubo un incidente que me dejó pensativo, estábamos reunidos en la sala que servía de cuarto cuando intempestivamente se fue la energía. En ese momento mis hermanas gritaron asustadas pero ante mi asombro una mano salió disparada a mi entrepierna y me cogió la verga. Cuando volvió la energía ella me miró sonriente y ese detalle me dio pie para pensar que ella se estaba haciendo la dormida la noche anterior. La única forma de saberlo era esa noche. Me acosté tenso, contaba y recontaba los minutos para esperar que el sueño venciera a mis hermanas , mi madre y mi tía se dormían más temprano. Calculando que era medianoche inicie mi recorrido gateando con mucho cuidado. La encontré en el mismo sitio. Siguiendo los pasos que había utilizado las noches anteriores llegué por fin a su hermoso coño, pero oh! sorpresa esta vez no tenía pantys .Mi boca volvió a buscar su sexo y cuando mi lengua empezaba a penetrar su ardiente gruta sentí como una boca se apoderaba de mi verga. Ella se había despertado y por la posición que teníamos nos ajustábamos a un 69 incómodo. Al sentir mi pene erecto entre sus labios casi grito de la emoción ,pero aquí empezaba una sensación nunca antes sentida, querer gritar y no poder, querer penetrar con toda la energía y estar impedido. El sexo oral compartido estaba excitándonos al máximo ,sus movimientos cada vez más intensos y unos pequeños espasmos en su bajo vientre me indicaban que estaba próxima al orgasmo. Y si por allá llovía por acá no escampaba. Sentía mi glande que se estallaba. Quería llenarle todas sus entrañas con mi semen caliente, deseaba llegar a lo más profundo de esa gruta cálida y ardiente para hacer vibrar todas sus zonas erógenas, pero…en esas circunstancias tenía que gritar para dentro, tenía que morderme los labios para evitar que mis emociones me traicionaran. Fue el orgasmo más intenso que he sentido, por la emoción, por el deseo, por la adrenalina segregada, por tener que callar todo un torrente de sensaciones. Pero al final fue mía y esa noche mi gateada hacia mi cuarto llevaba el sello del triunfo y el sabor dulce de la victoria. Al otro día cuando me bañaba noté con cierta extrañeza que mis rodillas estaban todas raspadas…caí en cuenta que no es lo mismo gatear a los ocho meses que a los dieciocho años…!!!

Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 7 min de lectura calendar_today Marzo de 2008
Reaprendiendo A Gatear !!!
Esa noche estaba muy excitado, saber que a escasos cuatro metros de mi cuarto iba a dormir una preciosa joven, que estaba casi a mi alcance lograr que fuera mía me hacia pensar cosas disparatadas. Se llamaba Nora y acababa de llegar de un pueblo cundinamarqués para ayudarle a su tía, pero ella....
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