Ya he hablado, en un relato anterior, de doña Sara, la señora que preparaba la comida en nuestra casa. Una vez me llamaron un martes a la casa donde yo residía mientras estaba en la universidad, para preguntarme si yo podía ir el fin de semana desde el viernes, puesto que planificaban todos un viaje a una finca el día sábado completo. La dicha finca se encontraba en Santa Rosa de Cabal, por lo que tocaba partir muy temprano el sábado para regresar tarde en la noche. Yo pedí que me acordaran un día para organizarme y fue una gran sorpresa cuando el teléfono sonó de nuevo para mi. Al contestar tuve el gusto de saber que era Sara quien me dijo rápido que me las arreglara para decir que no podía ir desde el viernes, que incluso podía decir que yo llegaría temprano en la madrugada del domingo mismo, debido a los diferentes deberes, tanto de la universidad como del trabajo. Presintiendo que tendría una sorpresa agradable me las arreglé para decir de esa forma, que yo llegaría temprano, de madrugada el domingo, como me había sugerido la bella. Les desee que se divirtieran mucho, y el marido de Sara, que fue quien contesto me dijo que me no me perdiera la fiestita que organizaban en razón del cumpleaños de Sara, para el domingo mismo. En esas condiciones, llegué el sábado por la mañana a mi pueblo, pero fui directamente a casa de mi mejor amigo, y aprovechamos la mañana para salir a comprarle un regalito a doña Sara. Mi amigo, Sergio, que bromeaba mucho con ella y que había sido puesto en la confidencia de nuestras relaciones por doña Sara misma, me pidió si podía también él comprarle un regalo. Me reí y le dije que desde luego y así hicimos. Cuando estábamos próximos del medio día, llamé a la casa y me respondió doña Sara directamente, quien me dijo que estaba solita esperándome. Le conté que Sergio también le había comprado algo y que podíamos almorzar los tres, si se podía esperar. Sergio propuso incluso de llegar con la comida comprada en un restaurante, si no había preparado comida para todos. En lugar de fruncirse por esa tercera persona invitada, respondió de muy buen humor y me dijo que nos esperaba dentro de una hora, con todo servido, que lleváramos solo el postre. Nos presentamos a la hora convenida, y en realidad la mesa estaba preparada, solo que era la agasajada quien la preparó. Sara vestía una blusa de botones por delante, un poco escotada sobre sus senos generosos y una falda negra, larga y amplia, de pliegues, que resaltaba por su corte la curva de sus nalguitas. Comimos riendo mucho y catando el vino que habíamos comprado. Al terminar de almorzar, en la casa vacía de toda la otra gente que estaba de viaje, cuando Sergio comenzaba a moverse inquieto como cada vez que se iba a despedir, Sara nos propuso que pasáramos a la pieza del fondo, la más discreta, donde ni los vecinos podían escuchar lo que se pasaba en ella, a tomar un poquito de ron. Delante de tan buenas disposiciones de doña Sara una idea picara se me insinuó y, ante de su mirada interrogadora, me mostré muy dispuesto a tomarme ese ron, los tres juntos. Llevamos pues el pastel, brindamos el ron mientras nos comíamos el pastel y pusimos música. Nos sentamos, Sara junto a mí y Sergio al frente, en las camas paralelas que ocupaban los muros de la pieza, con una pequeña mesa entre ellas. Ella abrió sus regalos, y salió al baño a ponerse un poco del perfume que Sergio le había ofrecido, el libro que yo le regalé le gustó también sin olvidar de burlarse un poco de mi pasión por los libros ni de festejar la forma como Sergio sabia hablarle a las mujeres. Empacamos de nuevo los regalos, entre risas, para ofrecérselos de nuevo al día siguiente, delante de todo el mundo. Yo saqué Sara a bailar, y la apreté contra mí, siendo la primera vez que manifestábamos nuestro cariño delante de una tercera persona. Me gustó verla ruborizada mientras apoyaba su cabeza contra mi pecho. Aproveché para levantarle la cabecita y darle un beso en la boca, lo que la hizo enrojecer aun más y le susurré a la oreja “este día es tuyo, todo para ti, sin reproches futuros, y por favor, sin limites”. Ella me respondió pegándose más aun a mí, mientras temblaba como tomada por un escalofrío, igual a los que le dan cuando al máximo de la excitación, espera la llegada del clímax. Sergio la sacó también a bailar y yo exigí que se apretaran un poco. Pasó un poco de tiempo de esa forma, tomando, bailando yo con Sara muy apretadito y con muchos besitos, y bailando Sergio con ella, también apretaditos pero demasiados juiciosos a mi gusto. Al terminar de bailar ella con mi amigo, la tomé de la mano y de autoridad la senté sobre mis muslos y Sergio se sentó al frente nuestro mientras yo le di un beso apasionado y acaricié uno de sus senos, riendo cuando ella retiró mi mano con la suya y diciéndole un “huy, que escamosa” en el oído. Aproveché que la Coca Cola se había acabado para cargar Sara en mis brazos y ponerla en el regazo de Sergio me iba a traer más. Constaté a mi regreso que ella tenia su mano sobre el hombro de mi amigo y él le tomaba con uno de sus brazos la cintura y con el otro colocado sobre sus piernas, dejaba su mano acariciarle sus muslos diplomáticamente cerca de su rodilla. Hice como si fuera la situación más normal del mundo y serví la gaseosa para todos. Sergio la sacó a bailar de nuevo y me levanté para poner los dos brazos de Sara enroscados alrededor del cuello de mi amigo, sin sentir mayor oposición de su parte. Ella tenía su cabeza apoyada al pecho de mi amigo y colocando mis manos en la espalda de cada uno los aproximé tanto como fue posible mientras le di un besito a ella. Al sacarla yo a bailar después, la besé apasionadamente y con una de mis manos le acaricié un seno por encima de su blusa, esta vez sin que ella me alejara. De esa forma bailaba Sara una vez con cada uno de nosotros y en los descansos se sentaba en nuestras piernas mientras tomábamos el ron. Bailando conmigo y besándonos, le pedí que besara también a Sergio y ella asintió con la cabeza, sin decirlo aun abiertamente. Al turno de Sergio, vi como se besaron, tímidamente al principio y con pasión al terminar. Se sentaron, Sara sobre las piernas de mi amigo, y ella tomo un poco de ron para vaciarlo directamente de su boca a la boca de Sergio. Tomé una de las manos de mi amigo para llevarla a un seno de Sara, y los dejé terminar ese beso con caricias. A mi turno de baile, con los brazos de Sara alrededor de mi nuca y su lengua luchando con la mía, bajé las manos y tomé sus nalguitas que recibieron como respuesta que ella cerrara sus brazos sobre mí acariciando mi cabeza con sus manos. Sergio, a su turno, le acaricio las nalgas de entrada y ella me miró abriendo los ojos un poco escandalizados, a lo que respondí enviándole un beso de lejos y guiñándole un ojo. La reacción de Sara fue cerrar los ojos y reposar su cabeza sobre el pecho de mi amigo como abandonándose. Al sentarse ella vino casi corriendo a abrazarme y se sentó en mis piernas. Tomamos un trago y le acaricié las piernas subiéndole la falda y cubriendo su boca con mis labios para impedirle que protestara. Era un poco la situación que el dicho paisa “queriendo la cosa y la cosa queriendo” describe a la perfección. Al terminar de besarnos, sus lindas piernas estaban descubiertas hasta el encuentro de estas con su tronco y sus calzoncitos blancos bien aparentes. Traté de impedirle que ella se cubriera de nuevo, pero solo conseguí que sus muslos quedasen al descubierto a los tres cuartos. Con el pretexto de ir al baño, la puse sobre las piernas de Sergio, cuidando siempre de dejarle sus piernas descubiertas. Al regresar, ellos se estaban besando y Sergio aprovechaba para acariciarle las piernas. Al comenzar otro bolero en el tocadiscos, la saqué a bailar y le pedí que me quitara la camisa. Para que ella no se alejara, le puse las manos en sus nalgas y ella apoyándose de esa forma se arqueó y me desabotonó la camisa. Para sacar mis brazos, coloqué el otro brazo en el medio de sus nalguitas, con un dedo que “escarbaba” en búsqueda de su chiquito, y cambiamos de forma simétrica para sacar el otro brazo. Al ser el turno de bailar con Sergio le pedí que le quitara la camisa y vi como ella levanto los talones del piso, con otro escalofrío que le sacudió su cuerpito, cuando nuestro amigo le acarició la entrada de su ano al permitirle sacar sus brazos de la camisa. Al terminarse la canción se quedaron ellos apretaditos esperando la canción siguiente que bailaron al compás de mil besitos y caricias de senos. Al ser mi turno de bailar con ella sentí como estaba de excitada, pues temblaba y se ponía coloradita al mirarme. Le susurré al oído, “es tu día, todo es para ti, ¿quieres?” y procedí a abrirle la blusita desabotonando uno a uno sus botones. Coloqué su blusa sobre la silla donde ya se encontraban nuestras camisas y terminamos bailando, yo sin camisa y ella en sostenes. Haciendo referencia a mi pregunta anterior, ella me apretó, me besó y me dijo “si, si quiero”. Cuando nos sentamos la retuve antes de que ella se sentara sobre mí, y subí la mano bajo su falda, hasta tomar sus calzones que bajé hasta los tobillos. Ella, como si no fuera nada, levantó sus pies para que yo pudiese terminar de sacarlos y se los pasé a Sergio para que los pusiera también en la silla. Ella se sentó en mis piernas pero me tomo la mano, suavemente, para que yo no levantara mucho la falda, “por el momento”. A la vez siguiente que ella bailaba con Sergio me les acerqué y poniéndome a la espalda de la bella, le desabroché el sostén. Ella, con ese pudor de montañeros que tenemos los de nuestra “condición”, se apretó contra nuestro amigo, impidiendo que el dicho sostén descubriera sus pechos. Sergio, comprendiendo que tocaba tomar la iniciativa, al acariciar los senos de la bella agasajada, levantaba el sostén para alcanzar la carne de satín de sus teticas. Al fin retiró el sostén y al terminar la canción la tomo de la mano para llevarla hasta la cama que le servia de asiento y la sentó sobre sus rodillas. Al principio Sara disimulaba sus senos detrás de sus brazos cruzados, pero le tocaba dejarlos libres para permitir el paso de la mano acariciadora de nuestro amigo o para abrazarlo a él también cuando lo besaba. Al sacarla a bailar, le tendí la mano desde lejos a propósito y ella tuvo que dejar que los dos gozáramos de la vista de sus redonditos senos, que además tenían las puntitas erectas de excitación. Yo no le dije nada, pero en lugar de bailar comencé a besárselos y escuché como su respiración se aceleraba y unos pocos suspiros se escaparon de ese pecho que temblaba contra mis labios. Sin bailar en absoluto, la cargué y la senté en el regazo de Sergio, y mientras él la besaba en la boca, yo le chupaba la tetica que quedaba al exterior de los dos cuerpos, y veia como la otra era acariciada por la mano de mi amigo. Le subí la falda y me deslicé suavemente hasta su vulva, separando sus piernas, que comencé a lamer y a besar. Los jugos de Sara corrieron a mi boca, su sexo estaba inundado antes de mi caricia, y no tardó a tener su premier orgasmo. En ese momento pude verla, con mi cabeza enmarcada entre sus muslos que me la apretaban, besar apasionada la boca de Sergio, como si se asfixiase, lo que me hizo pensar que había tenido una muy buena idea de regalo para su cumpleaños. Al calmarse un poco de su largo orgasmo, sin soltar la boca de mi amigo, Sara deslizó su mano en búsqueda de la entrepierna de nuestro amigo, y yo la estimulé lamiendo su clítoris con más animo, absorbiéndolo entre mis labios y rozando con mi lengua la punta de su botón de flor, dejándolo solo para acariciar con mi lengua sus labios bulbares, o enviarla al interior de su vagina mientras mis manos acariciaban suavemente sus piernitas. Ella luchó un poco con el cierre del pantalón de Sergio y sacó al fin su pene que estaba, como el mío, al máximo de su excitación. De esa forma, mientras ella acariciaba recorriendo con su mano la verga de nuestro amigo, besaba con hambre su boca, y tenia sus senos invadidos con las caricias de sus manos, mientras que mi boca le procuraba tanto placer cuanto era posible, lamiendo y besando su vagina. De esta forma la esperamos a que tuviera su segundo orgasmo, que cuando sentí venir, lo esperé chupando su clítoris que estaba erguido y rojo como si fuera estallar de toda la sangre que llegaba a él. Fue en esta postura que ella estalló por segunda vez llenando mi boca con sus jugos. Cuando se calmaron sus temblores, Sara abandonó la boca de Sergio, y besando su pecho, poco a poco, bajó su cabeza a la búsqueda del pene que su mano no había abandonado. Para hacerlo se deslizó fuera de las piernas de nuestro amigo, poniéndose de rodillas sobre el suelo. Yo tomé una almohada que puse bajo sus rodillas, y aproveché para quitarle la falda, evitando que los pliegues de la prenda sufrieran demasiado. Nuestra dama metió frenética ese pene en su boca y sus nalguitas hacían círculos invitándome a tomarla en esa posición. Luego de acariciarle el culito un buen momento, me quité el pantalón, poniéndome desnudo, como ella ya lo estaba (salvo sus zapatos de tacón, con lacitos que se enrollaban un poco en su pantorrilla) y la penetré haciéndola decir un “¡al fin!” como un quejido o un suspiro, fue algo entre los dos, el quejido y el suspiro confundidos. Ella inició una danza circular con su cintura, que hacia frotar sus glúteos contra mi vientre, mientras mi mano buscaba, al otro lado de su cinturita de avispa, ese clítoris que momentos antes mi lengua había honorado. Al mismo tiempo su cabeza subía y bajaba, tragándose el pene de Sergio. Por momentos esta quedaba arriba, supongo para que su lengua lo lamiera. Sergio acariciaba los senos que se apoyaban sobre sus piernas y por momentos una de sus manos tomaba su cabeza como para guiarla. Con mucha paciencia la llevamos de nuevo al orgasmo y cuando los suspiros y temblores de Sara disminuyeron un poco, Sergio la tomó de las axilas y haciéndome salir de su vagina, la acostó en la cama, se levantó, se desnudó (tiempo que aproveché para deshacer los lazos de los zapatos de nuestra dama y dejarla descalza) y puso la cabeza entre las piernas de la damita, para gustar a su turno los jugos de placer de la linda Sara. Ella, con las piernas abiertas y la cabeza de nuestro amigo en su entrepierna, me estiró sus brazos para atraerme hacia ella, con los ojos medio cerrados, enmarcados en ojeras de placer, y una sonrisa en sus labios. Nos besamos, yo acaricié sus senos de nuevo y percibía de esta forma los movimientos de su cintura que recibían el homenaje de los labios y lengua de Sergio. Una de sus manos se deslizó entre mis piernas, agarró mi pene y lo llevó a su boca interrumpiendo nuestro beso, lo absorbió completamente, guardándolo en su garganta varios segundos. Luego lo sacó hasta tener el glande en su boca, respiró profundamente, mientras que su lengua lo lamía como un helado. Esta vez Sara tardó un poco a tener su orgasmo, pero fue largo y muy fuerte también, interrumpiendo sus tragadas de mi pene para besarlo en todo su largo y frotarlo contra su linda cara. Sergio insistió otro poco, lamiendo y chupando su clítoris, lamiendo los labios y penetrando su cuquita con la lengua. Sonreí al ver la cara de mi amigo, de la nariz al mentón, brillando de los aceites íntimos de esta dama que halagábamos juntos. Sara nos separó un momento, nos besó a cada uno, en la boca, en las mejillas, con cariño, lamiendo la cara de Sergio para limpiarlo de sus propios jugos que la maculaban, mientras frotaba su cuerpo, sus senos, contra nosotros. Cuando besaba al uno, el otro le acariciaba la espalda y las nalguitas, lo que producía sistemáticamente su danza en círculo tan típica de nuestras montañeras. Al cabo de un tiempo de este descanso, si se puede llamar descanso, pues estábamos los dos hombres con los penes erectos, ella llevó a Sergio a acostarse boca arriba en través de la cama, con sus piernas dobladas, cayendo al borde. Con una sonrisa Sara se puso encima de él, lo besó en la boca y arqueando su cuerpo introdujo, ayudándose de la mano, el pene de nuestro amigo en su cuquita. Su danza del vientre se aceleraba poco a poco, sus besos a mi amigo se hacían más y más apasionados, cuando ella se sentó, hundiendo el pene de Sergio de todo su largo en su cuerpo, me miró volteando la carita (yo estaba a su espalda, viendo como el pene del otro caballero entraba en su cuquita, enmarcado por sus lindas nalguitas) y me pidió que me acercara a ella. Me llenó de besos y haciéndome subir a la cama, de pie, me introdujo en su boca para recibir de esta forma otro orgasmo. Al terminar ella, solo dijo “¿Cuántos me van a sacar?”, lo que nos hizo reír un poco. Como para hablar ella me había sacado de su boca, aproveché para bajarme de la cama, y Sergio comprendiendo mis planes, le tomó la cabeza para besarla en la boca, abrazándole la espalda e inmovilizándola de esta forma. Sara, comprendiendo lo que pasaba, tembló como si tuviese miedo, y se acostó totalmente sobre nuestro amigo, sin olvidar de continuar los movimientos circulares de su cadera. Al ponerme detrás de ella vi que su vagina continuaba a exhalar sus líquidos y su clítoris, cuando ella la levantaba, seguía erguido. Siempre había pensado que ella era muy amplia en su vagina, e igualmente había temido que su satisfacción no fuera muy completa por lo amplio de ésta. Al verla penetradita e inmovilizada, dirigí mi pene al contacto del pene de Sergio y siguiéndolo como guía, apoyando sobre él para que me dejara espacio, comencé a penetrarla yo también por su vagina. Ella quiso protestar sacudiéndose, pero Sergio la apretó más entre sus brazos, y la caderita de Sara paró sus círculos concéntricos, levantándose un poco, haciendo salir un poco el pene de Sergio de su vagina, y esperó mi investida. Yo dudé, creyendo a un rechazo de su parte, pero ella misma comenzó a bajar su cadera, introduciendo mi pene y el de Sergio en su cuquita glotona. Un gemido de placer acompañó su movimiento, al mismo tiempo que pronunciaba un largo y lánguido “¡que rico papitos!”. Sus movimientos se aceleraron y, mientras entre Sergio y yo le acariciábamos los senos, ella nos besaba en la boca, a Sergio agachándose hasta su cabeza y haciéndonos salir casi completamente de su cuerpo, a mi, enderezándose y volteando su cabecita para recibir mis besos, lo que en esta posición nos hacia ir a los dos hasta el fondo de su vagina. Sus líquidos corrían, mojándonos los muslos abundantemente de ese aceite tan especial, con el que las damas anuncian su placer. Tuvo en esta forma el orgasmo más fuerte y largo que yo le haya conocido nunca. Cuando parecía “calmarse”, regresaba al igual que las olas del mar en marea alta, que se retiran un poco solo para regresar más fuertes. A estas alturas no sabríamos decir si era el mismo orgasmo o si era una serie que ella tenia. Sin esperar a terminar esta ráfaga de clímax, ella me empujó con su mano fuera de ella, se agachó sobre Sergio y con las manos separó sus nalguitas, poniendo en evidencia su ano lindo. Yo esperé, con un poco de sadismo, y ella volteo la cara para decirme un “déme papito por el chiquito, ¿si?”. Mi pene goteaba de sus líquidos, sin embargo lo llevé a sus labios bulbares, que estaban separados por el pene de Sergio, y lo mojé bien de su propio aceite. Al sentirme acercarme a la puerta de su culito, ella levantó su cadera un poco, sacando un poco el pene de nuestro amigo y esperó que yo llegara a él. Su ano tenia esos movimientos de apertura y cerrada, como un ojo que hace guiños, sutiles pero evidentes, que la excitación de ser penetrada por el ano le producía. Yo puse la punta de mi pene a la entrada de su culito y dejé que ella sola fuera bajando para hacerse penetrar también por esta vía. Esta vez lo hizo muy despacio, dejando escapar un “mmmm” del fondo de su garganta. Yo me retiré de ella y de inmediato sus caderas subieron a la posición en la que la penetré momentos antes y sus manos volaron a sus nalgas para separarlas de nuevo. Mojé de nuevo mi pene en sus líquidos, observando su ano dilatado por mi anterior penetración y regresé a mi puesto, a esa entrada que me invitaba. Esta vez ella bajó su cadera completamente, penetrándose de esta forma, completamente, tanto por su chiquito como por su cuquita. Se sentó haciendo esta penetración tan profunda como era posible y mi mano que estaba en su seno izquierdo sintió su corazón que latía a galope tendido. Sara recogió sus piernas para poner los pies sobre la cama, y haciendo sentadillas comenzó a subir y a bajar, cada vez más rápido, introduciéndonos y sacándonos muchas veces y muy profundamente. Sergio que ya no podía más dijo que quería venirse, ella dijo “yo también, siiiiii” y mandó sus manos hacia atrás, atrapándome por las nalgas, para asegurarse que mi penetración estaba al máximo. Fue de esta forma que nos vinimos los tres, produciéndonos gritos apenas ocultados. Sara cayó como desmayada sobre el pecho de Sergio y cuando me iba a retirar, su mano se disparó hacia atrás, atrapándome por el muslo y diciendo “noooo, espereee, espereee que yo termineeee”. Al final los tres nos acomodamos en la cama, ella entre nosotros, y nos besó muchas veces, diciéndonos “gracias, gracias” repetidas veces. Sara se acostaba sobre el uno y sobre el otro, como queriendo llenar mil fantasías nunca vividas. Sergio fue el primero a tener una erección, lo que le permitió a Sara engullirlo en su vagina de nuevo, pero esta vez como un regalo solo para él, solo sus piernas tocaban mi cuerpo. En un momento quise levantarme para ir a bañarme, pero su mano me atrapó el brazo reteniéndome. Ella quería comerse un hombre con otro mirándola paciente, lo que le concedí, desde luego. Esto me excitó tanto que ya estaba yo también erecto cuando los dos, Sergio y ella, tuvieron un orgasmo, que me pareció más dulce que fuerte. Ella descendió del cuerpo de nuestro amigo y sin esperar se subió sobre mí introduciéndome de nuevo en su cuquita, y comenzó de nuevo ese trote que le era tan propio, dulce y profundo, para terminar su orgasmo, mientras arqueaba su espalda para que su cabeza pudiese engullir el pene de Sergio, lamiéndolo y chupándolo hasta que él termino completamente limpio y apaciguado. La esperé hasta sentirla excitada de nuevo y luego de que ella tuvo su orgasmo, se puso de rodillas sobre mi, me introdujo en su boca chupándome, lamiéndome y diciéndome, durante una pausa de algunos segundos “venga en mi boca papito, por favor”. Pocos minutos más tarde eyaculé por la primera vez en su boca y me deleité al ver como ella tragaba mi semen, lamiendo las pocas gotas que se le escaparon. Nos duchamos con muchas caricias, dormimos un poco y luego Sergio y yo nos escapamos de la casa. Regresé tarde en la noche, como se había planificado. Al entrar en la casa, noté que ya habían llegado sus habitantes permanentes, y me fui en busca de mi cama. Pasando por la puerta de la pareja, oí los suspiros de su marido, como cada vez que hacían ellos el amor. Sonreí y dije para mis adentros “insaciable Sara, feliz cumpleaños”.

Relato de comunidad Fantasíasschedule 19 min de lectura calendar_today Junio de 2009
Un Regalo De Cumpleaños Para Sara
Ya he hablado, en un relato anterior, de doña Sara, la señora que preparaba la comida en nuestra casa. Una vez me llamaron un martes a la casa donde yo residía mientras estaba en la universidad, para preguntarme si yo podía ir el fin de semana desde el viernes, puesto que planificaban todos....
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