
Se puede enamorar a alguien con cartas de amor. También se puede matar de dolor. En una entrada anterior hablé de las cursis cartas de amor, de lo absurdas que pueden ser en algunas ocasiones. Pero otras, son realmente conmovedoras. Escuchen la historia:
Sor María Alcoforado (1640), se había enamorado perdidamente de un tal caballero Chamilly.Este sin escrúpulo alguno se mofaba de ese sentimiento leyendo ante sus amigos las cartas que la monja Franciscana le enviaba.Eran tan bellas que fueron traducidas y publicadas a varios idiomas como “Cartas de amor de la monja portuguesa”.
Aquí un fragmento:
“Perdieron mis ojos en los tuyos la única luz que los animaba.Hoy sólo les quedan lágrimas, y no les doy otro empleo que el de llorar, desde que supe que te resolvías a una separación, para mi tan insoportable, que pronto me llevará a la muerte… y, con todo, me parece que tengo un no sé qué de enamorado apego a las tristezas de que tú solo eres la causa.Te consagré la vida, desde que en ti se posaron mis ojos, y siento en sacrificártela un místico placer”.
Aquel miserable le prometió que volvería y la llevaría a Franciay aunque estuvo de nuevo en Portugal, no volvió a verla.Ella le dijo:
“Tu honra te obliga a dejarme.¿Pensé yo en la mía? …¡Qué ventura la mía si hubiéramos pasado la vida juntos…!¡Odio todo lo que estoy obligada a ver y a hacer.Todo se me hace insoportable: el convento, la familia, las amistades. Tan celosa me siento de mi pasión, que me parece que todos mis actos, todas mis obligaciones, te pertenecen.Sí, tengo escrúpulos de no entregar en ti todos los momentos de mi vida”.
En la penúltima de las cinco cartas que le envió a su cruel amor le dijo:
“… ¿Es que había algo que pudiera interrumpir el placer con que yo gozaba las ardorosas muestras de pasión?Era demasiado fuerte la embriaguez que me poseía al sentirte a mi lado, para pensar que algún día te separarías de mí… Prefiero a olvidarte sufrir más aún … Soy más feliz que tú porque amo mi propio amor”.
En la quinta y última carta, la decepcionada amante finalmente decide que ha regalado su afecto a quien no lo merece y así se lo hace saber:
“Lo amé neciamente.Por usted lo desprecié todo y de todo prescindí… Excesivamente ingenua, le revelé por hechos y de palabra mi arrolladora pasión, olvidando que para hacerse amar es preciso fingir y buscar astutamente los medios de enardecer.El amor por sí no engendra amor.”
Definitivamente, no podemos elegir de quién nos vamos a enamorar, pero sí cómo podemos expresar nuestros sentimientos: esta fue una historia de amor y decepción. Hasta la próxima.








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