Claudia No Se Queda Sola
Relato de comunidad Fantasíasschedule 12 min de lectura calendar_today Junio de 2009

Claudia No Se Queda Sola

Hacia varias semanas que no tení­amos noticia de nuestros amigos, por estar muy ocupados, o tal vez porque como llevábamos mucho tiempo frecuentándolos como amigos, sin nada de sexo, cierta tensión se habí­a acumulado y no querí­amos oí­r un rechazo de la parte del otro. Con Moni lo....

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Hacia varias semanas que no tení­amos noticia de nuestros amigos, por estar muy ocupados, o tal vez porque como llevábamos mucho tiempo frecuentándolos como amigos, sin nada de sexo, cierta tensión se habí­a acumulado y no querí­amos oí­r un rechazo de la parte del otro. Con Moni lo habí­amos comentado, pero ni ella ni yo nos atreví­amos a contactarlos primero. Se imaginan la sorpresa agradable que nos dio cuando el teléfono sonó y encontrar que era Ramón quien llamaba. Siempre hemos tenido relaciones muy calidas y comenzamos a charlar reprochándonos con buen humor mutualmente el silencio del otro. Reconocimos juntos que el deseo sexual de estar todos juntos de nuevo se hacia muy presente y que esperábamos que sean los otros quienes abran el fuego. Ramón se rió diciendo que nos comportábamos como adolescentes tí­midos. Después de haber charlado un rato sobre ese tema, mi amigo insistió en saber si su mujer aun me gustaba, a lo que le contesté con una rotunda afirmativa, agregando que la próxima vez que estuviésemos juntos, el verí­a con sus propios ojos como Claudia me gustaba, lo que nos hizo reí­r y él termino el tema con un “A Claudia le encantará, pero se lo dices tú mismo, ella no lo puede adivinar”. Luego, con un “diciendo y haciendo”, me pidió que le pasara a Moni para expresarle él mismo sus sentimientos, si no me molestaba. Reí­ ante la posibilidad de que me molestara y le pasé pues a mi mujer. Moni puso la voz más cálida que tiene y lo recibió con un “hola mi amor” y comenzaron con casi la misma conversación que él habí­a tenido conmigo. En un momento la mirada de mi mujer se puso brillante, lo que le ocurre cuando algo picante se anuncia y vi que ella continuó su conversación con “cuando”, “adonde”, y “voy a hablar con Gerardo” y esas cosas. “Ahora te llamo, un beso” fueron sus palabras antes de colgar y se dirigió hacia mi con sus ojitos como diamantes y sentándose en mis piernas para decirme en un susurro “¿vamos a Cali, pero por una semana?”. Sonreí­ y le pregunté si tantas ganas tenia de que estuviésemos los cuatro y ella me dijo, “no, es distinto esta vez”. Por fin me contó que Ramón le habí­a hablado a ella para verificar si estaba interesada en lo que le iba a proponer. Nuestro amigo debí­a ir, por su trabajo, a Bogotá, por una semana y que no querí­a dejar a su pobre esposa solita. Que además nuestra Claudia tenia la fantasí­a desde hace mucho tiempo de hacer parte de un trí­o, con nosotros. Que no se habí­a atrevido a hablarnos antes porque Moni nunca habí­a aceptado tener sexo con ninguno de ellos sin que yo esté presente. Le di un beso a mi mujer y le pregunté si a ella le gustaba la idea y terminó su “si” ardiente con un beso muy apasionado. La llamada de regreso a Ramón se demoró, puesto que mi amada y yo estábamos tan excitados con la idea de tener a Claudia para nosotros dos, que hicimos el amor de inmediato, pensando a esos dí­as con nuestra amiga en exclusividad. Quedamos en que irí­amos a Cali el lunes, llegando a casa de Ramón después que éste se haya ido al aeropuerto. Cuando hablamos con Claudia, se notaba lo excitada que estaba con la idea, tal vez más excitada que nosotros. Llegamos pues el lunes, Claudia nos recibió muy amable mientras estábamos en el ante jardí­n de su casa y nos besó apasionadamente cuando cerró la puerta de su casa. Mientras nos servia el tinto tradicional timbró el teléfono y era Ramón, con el que charlamos, él también muy contento de darle gustito a su mujer adorada. Luego supimos que sus hijos se encontraban en el norte del paí­s, donde un hermano de ella, y que estarí­amos solos en la casa toda la semana. Terminado el tinto nos fuimos con Moni a tomarnos una ducha, en la ducha de la pieza matrimonial, como nos indicó Claudia. Entramos pues, nos desnudamos y cuando acabábamos de comenzar la ducha entró nuestra amiga con toallas y al vernos desnudos sus ojitos se entrecerraron como cada vez que ella se excitaba. Nos preguntó si estábamos muy cansados del viaje y Moni le contestó que no, en absoluto, era solo para quitarnos la mugre del viaje y acto seguido la invitó a entrar en la ducha con nosotros. Claudia se desnudó y lentamente, como haciendo durar el gusto, entró en el circulo que los brazos de Moni le tendí­a. Ellas comenzaron a besarse y comprendí­ que no era el momento de intervenir. Las manos de cada una de estas damas recorrí­an el cuerpo de la otra sedientas, como si no se hubiesen conocido antes ya varias veces. Los senos eran acariciados, apretados, besados, al igual que las nalgas y los muslos. Yo me limité a lavarlas, mojándolas (las duchas con tubo plástico son muy útiles para esto), enjabonándolas, fingiendo indiferencia a los cuerpos que yo limpiaba, empujando las manos de estas damas que solo daban placer a la otra, para enjabonar esos cuerpitos. Al enjabonar la cuquita de Claudia, la mano de mi esposa me alejó de ella al sentir que yo me demoraba demasiado para limpiarla. Luego de quitarles todo el jabón las sequé, sin que ellas pararan de acariciarse. Las damas sin soltarse, al igual que un animal con cuatro patas, tanto sus cuerpos se confundí­an, se encaminaron hacia la cama en donde se acostaron. Mi mujer la primera comenzó a besar y a lamer la cuquita de nuestra amiga, mientras esta, con la cara haciendo muecas de placer, alternaba las caricias a sus senos con las caricias a la cabeza de mi esposa. Moni se concentraba, en posición perrito en lamer todos los jugos de la otra dama, chupar ligeramente su clí­toris, mordisqueando sus labios vaginales e introduciendo su lengua al interior de su vagina. Sentado en un sofá que ellos tienen en su habitación, yo vi a mi amada entrar dos de sus dedos en la vagina de Claudia para acariciarle su interior y con la boca concentrada en el gallito de nuestra amiga la chupaba y lamí­a haciendo cí­rculos. Fue de esta forma que Moni recibió el primer orgasmo de nuestra amiga. Una vez que Claudia se relajó un poco, atrajo la cabeza de Moni hacia ella, y quedándose debajo besó con ternura y pasión la boca de mi dama, la cual le respondí­a apasionada y le acariciaba los senos como yo lo hacia con ella a menudo. Por la iniciativa de nuestra amiga, que la empujó suavemente a un lado, mi mujer quedó boca arriba y Claudia se puso encima de ella. Imaginen el espectáculo que se me ofrecí­a, el culito delicioso de mi amiga se ofrecí­a sin pudor a mi vista, sus piernas fuertes encerrando las de mi esposa, y su cuerpo de guitarra, en movimientos de serpiente, se frotaba contra el de mi esposa. Cuando nuestra amiga se apoyó en sus rodillas para poder besar los senos de Moni, su vagina, brillante de humedad, se ofreció a mi vista, mientras que sus nalguitas ocultaban, mal, su ano, puerta estrecha a placeres que yo no habí­a gustado desde hace cierto tiempo. Los suspiros de mi esposa mostraban cuanto ella apreciaba esos besos y esas chupadas de sus senos. Claudia comenzó a bajar recorriendo con los labios el vientre de Moni. Al besarle con un poco de fuerza sus ingles, mi esposa brincó, como si le pasara la corriente y abrió las piernas poniéndolas paralelas a las de la amiga que la homenajeaba. Claudia se puso de rodillas, sentada sobre sus talones, para lamer y gustar la cuquita de mi mujer. Esta vez ella pasó los brazos bajo los muslos de mi amada para acariciar los senos de Moni, al tiempo que con su lengua lamí­a, a su turno, el clí­toris y los pequeños labios de mi amada. Los jugos de mi amada desbordaban y corrí­an entre sus nalguitas, cuando la otra chica partió a su búsqueda con su lengua, fue de esta manera que Moni sintió su ano recibir las caricias de la dama. Luego de haberlo lamido hasta que su anito comenzó a “pestañear”, introdujo uno de sus dedos en la vagina de Moni, y al sacarlo recogió con él los lí­quidos que habí­an corrido de nuevo, para lubricarlo perfectamente, y lo introdujo en ese ano que besaba momentos antes. Un “huuuyyyy” de Moni lo recibió y la cintura de mi amada levantada la incitó a seguir de esta forma. Moni tuvo un orgasmo fuerte y largo cuando dos dedos se introdujeron en su trasero mientras la lengua de Claudia viajaba de su ano a su clí­toris. Mi esposa recibió pues los labios, la lengua y los dedos de Claudia y por los movimientos de ésta me di cuenta que ella, al igual que mi mujer, apreciaba dar estas caricias, casi tanto como recibirlas. Yo fui a buscar un poco de agua en un platón que habí­a visto en el baño, jabón y una toallita. Cuando al fin nuestra amiga extrajo sus dedos del ano de mi esposa, se los tomé y mientras ella seguí­a lamiendo a mi Moni que terminaba su orgasmo apaciblemente, los lavé, puesto que sé que a mi esposa no le gustan los olores que esa parte de su cuerpo deja. Mi mujer vio lo que yo hacia y una sonrisa en sus labios me indicó su agradecimiento. Claudia se levantó y poniendo una pierna por debajo de la pierna opuesta y la otra por encima de la otra de mi mujer, acercando los dos sexos, que al entrar en contacto, indujeron las caderas de las dos damas a efectuar cí­rculos ante este contacto. Las dos se sentaron a medias, y mientras se apoyaban en una mano, se acariciaban con la otra. Fue delicioso el ver esos cuerpos desnudos dándose placer mutualmente. Esos dos pares de senos vibrando y esas caras que expresaban pasión, excitación, ternura y tal vez amor, me excitaban sobre manera, pero comprendí­a que yo no debí­a participar a tal escena, porque si no habí­a nada falso en ella, se debí­a a mi abstinencia de intervenir sin que ellas me hubiesen llamado. Si en los momentos anteriores no me habí­an mirado, porque se encontraban en una dimensión en la que yo no existí­a, ahora, con la primera carga de energí­a vaciada, sus miradas comenzaron a percatarse de mi presencia. Con una sonrisa Claudia se recostó un poco para mostrarme las dos cuquitas que se rozaban y sus senos en toda su esplendor. Poco a poco esta caricia hizo acelerar la respiración de las damas y sin llegar al orgasmo las dos adoptaron una posición de loto con sus sexos casi en contacto, los senos de la una aplastando los de la otra y sus lenguas besándose con una ternura extrema. Pasado cierto tiempo, Claudia me miró, con los brazos enredados en la espalda de Mónica, y con una sonrisa me lanzó un pí­caro “¿no te aburres?”. Su frase me hizo reí­r, y ella me dijo, “bésame la nuca, por favor”. Mientras besaba su nuca, recogiendo sus cabellos con una mano, alargué la otra para acariciar un seno de mi mujer. Claudia la tomó y puso mi mano en uno de los suyos. Besando la nuca y los hombros de nuestra amiga, con mi mano que recorrí­a su cuerpo, yo miraba a mi esposa que cuando los labios de la amiga se lo permití­an, me sonreí­a. Esta situación le gustaba tanto a Moni que poco a poco las señales de un orgasmo próximo se hicieron presentes. Al sentirlo ella también, Claudia se separó de nosotros, salió de la cama y tomándome por la mano, me llevó al sofá donde me sentó, regresó a la cama y tomando a Moni por la mano, la llevó también al sofá, y poniendo mi pene en su boca me dio una mamadita, la primera de esta vez, por pocos minutos, hasta quedar satisfecha de mi erección. Luego llevó a Moni encima mí­o, con mi pene en su mano y con la vagina de mi amor enmarcada por la otra mano, su cuerpo apretado a la espalda la llevó a que yo la penetrara. Moni me abrazó, nos dimos un beso apasionado, mientras por detrás Claudia le besaba la nuquita. Como mis brazos cerraban la cintura de mi mujer, Claudia tomó mis manos abriéndolos y apretando su cuerpo contra el de mi mujer, me puso mis manos en sus nalgas, que ya sabia me encantaban. Con mi mujer nos besábamos sin cesar, con una pasión que sabí­amos que el orgasmo mismo no acaba, que se continuarí­a en todos esos dí­as, disfrutando tanto del placer que recibí­a cada uno, como del que veí­amos éste recibí­a. Cabalgamos de esta forma, yo sentado y con dos mujeres sobre mis piernas, durante el tiempo necesario para que mi mujer tuviese su orgasmo. Yo desde luego, ya autorizado a actuar, acariciaba senos, muslos, nalgas, pubis, hombros y espaldas en una fiesta de mujeres que no solo eran bellas, sino que además yo querí­a mucho. Era en verdad una fiesta de los sentidos y de los sentimientos. ¡Que delicia! Cuando mi amada terminó, se levantó dejándonos a Claudia y a mi frente a frente. Yo la tomé por la cabeza y la atraje hacia mi para darle un beso y esta vez fue Moni quien la guió para que yo la penetrara. La cuquita de mi amiga siempre me ha parecido estrechita, pero con todos sus jugos me recibió sin problemas. Aproveché para chuparle las teticas y luego toda la cara y los hombros. Moni se colocó detrás de nuestra amiga y le besaba la nuca, la espalda y el las nalgas, mientras ésta me cabalgaba. En cierto momento, mientras Moni le besaba las nalgas, Claudia se levantó tanto que mi pene salió de ella y mi esposa aprovechó para engullirlo. Nuestra amiga la miró hacerlo y riendo le pidió que “se lo devolviera”. Mi amor me puso pues a la entrada de la vagina de nuestra amiga, no sin antes besarla como la incomoda posición se lo permití­a, y esta ultima descendió de nuevo permitiéndome que yo invadiera de nuevo su intimidad. Fue de esta manera que tuvimos el orgasmo juntos, Claudia y yo. Toda la semana transcurrió de forma análoga, desnudos casi todo el tiempo y teniendo sexo cada vez que las ganas se presentaban, libremente, sin preocuparse de la otra persona, que podí­a vernos o no, sabiendo que para que participara debí­amos invitarla, sino, a su gusto, se limitarí­a a mirarnos o a salir a otra habitación. Lo que si es cierto es que todas las ganas de sentir otra mujer quedaron en mi pareja satisfechas. Desde luego que el pensamiento de que mi mujer deberí­a un dí­a contestarles la cortesí­a a nuestros amigos se paseaba en mi cerebro, pero serí­a a ella de decí­rmelo. Yo sé que los dos, tanto Ramón como Claudia la recibirán con los brazos abiertos. Bueno, en realidad no solo los brazos se abrirán cuando estén solos los tres. Ya veremos cuando eso suceda, pero creo que se lo merecen. En todo caso, todas esas posibilidades serán objeto de otro relato.

— gerardo91000

10 de junio de 2009

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gerardo91000

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Comentarios

1 comentario

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  • johanna1982
    johanna1982 · 10 de oct de 2008

    que buen relato.... muy excitante y muy entretenido... que envidia..

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