Cuando al fin Ramón regresó de su viaje a Bogota, lo recibimos los tres muy contentos. Él insistió para que nos quedáramos “un tiempito más”, lo que aceptamos gustosos. Esa noche, la primera de regreso de su viaje, nos prepararon a Moni y a mi, la pieza de amigos, y comprendimos que la pareja quería encontrarse a solas y contar, tal vez, la historia de la semana pasada. La verdad es que al día siguiente nadie habló de abandonar la pieza de huéspedes y con Moni creímos que seria una visita en toda “normalidad”. Sin embargo al anochecer, cuando ya estábamos acostados, entro Claudia en nuestra habitación, con su piyamita que hace resaltar, más que ocultar, sus formas deliciosas. Me dio un beso en la boca y me susurró “te robamos tu mujer por esta noche”. Moni me miro sonriéndome, con más deseos de que yo aceptara que pidiendo “permiso” y sonreí, besando a las dos damas y diciéndoles un “buenas noches, hasta mañana” y terminé con una palmadita en las nalgas de mi mujer para que bajara de la cama. Confieso que me demoré un poco en dormirme, pero igual concilié el sueño, ya que era consciente que no podía negar a Ramón el placer que él me había ofrecido tan libre y gustosamente. Al día siguiente, me levanté y fui a la cocina para prepararme un café, y encontré a Moni, mi mujer, con las piernas plegadas, en cuclillas, una toalla alrededor de la cintura, efectuando una mamada enorme a Ramón. Él me miró con cierta interrogación y yo le sonreí y saludé con un buenos días. Al oírme, Moni levantó la vista del pene que invadía su boca y para no cortar su momento, ya que sé que ella adora las felaciones, le lancé un beso y le dije, buenos días mi amorcito, sigue, yo solo me hago un tinto. Ellos sonrieron, Moni como pudo, pues tenia la boca invadida, y siguieron en su juego. Me preparé el tinto y salí a tomármelo en el comedor, donde oí los suspiros de Ramón que llenaba con su semen la boca de mi esposa. Al poco rato salieron ellos con sus tazas de tinto y riendo le hice caer en cuenta a mi mujer, que un chorrito de semen adornaba la comisura de sus labios. Ella sonrió y sacando su lengüita se lo limpió tragándoselo. Claudia salio de su habitación, también desnuda, salvo la toalla que llevaba en el brazo, y se sentó a tomar el tinto con nosotros. Charlamos, contando ellos lo que habían hecho durante la noche y mi mujer, con su cabeza en mi hombro, me dijo que le había encantado. Nos duchamos y salimos los cuatro a pasear un poco, sin contactos sexuales precisos durante el día, como si mi mujer y mis amigos quisieran prolongar la exclusividad de la noche que acababan de pasar. De regreso, me senté al extremo derecho de un sofá bastante grande que tienen en su sala, y Ramón y Moni se sentaron cada uno en una butaca, Claudia vino y se sentó en la otra extremidad del sofá en el que yo estaba. Al cabo de unos momentos de charla, Claudia se reclinó, poniendo su cabeza en mis muslos y Ramón y mi mujer se propusieron ir a hacer la comida. A los pocos momentos de estar solos, Claudia me dijo, con su sonrisita pícara: “tengo hambre” y bajando mi bragueta, sacó mi pene para hacerme una linda felación. La interrumpí unos segundos mientras me bajaba completamente el pantalón y ella se dedico a darme placer. En esos momentos entró Moni, mi mujer, y viendo eso se acerco suavemente a la cabeza de Claudia que iba y venia para preguntarle un cariñoso “muñeca, hacemos la salsa picante o la de aguacate?”. Ella se interrumpió, y como para no parar la obra, Moni me introdujo en su boca mientras Claudia le dijo, “la de aguacate, pero también la puedes hacer picante”. Las dos damitas se dieron un beso y Moni se fue a la cocina. El placer que me daba Claudia era tan grande que yo tenía la firme intención de hacerlo durar lo más posible. En estas regresaron Moni y Ramón con las manos ocupadas con un buen aperitivo y Ramón me entrego el de su esposa, con un “para cuando ella termine”. Claudia levantó la cabeza, dijo un “gracias mi amor” y tomando el vaso entró un cubito de hielo en su boca y regresó a mamarme con el hielo y el alcohol en su boca. Esto me aumentó el placer, pues sentir el hielo frío, el líquido en la boca de la dama que se lo mama a uno, es algo muy agradable. Moni interrumpió la charla que llevaba con Ramón para observar como se hacia, pues era un refinamiento que nos era desconocido. Mi placer fue tan grande que no pude evitar eyacular y Claudia, luego de recibirme en su boca, escupió mi semen en su vaso que aun estaba lleno de la ginebra con la ginger. Me limpió como una gata limpia sus gatitos y recuperando su vaso comenzó a tomárselo y mirando como mi semen hacia una nube en él. Se exclamó con un “delicioso coctail”, y le dió a probar a Moni que estuvo de acuerdo con ella. Imaginará el lector que tanto Ramón como yo no quisimos probar de esa mezcla, creyéndoles bajo la fe de sus palabras a las damitas. Fue de esta forma, marcando bien que la libertad entre nosotros sería total, que desde la mañana, las damas prepararon la noche que se acercaba, que ya les contaré en otra ocasión.

Relato de comunidad Fantasíasschedule 5 min de lectura calendar_today Junio de 2009
Mamaditas Sin Necesidad De Permiso Del Esposo
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