Dos Para Moni
Relato de comunidad Fantasíasschedule 7 min de lectura calendar_today Junio de 2009

Dos Para Moni

Al acostarnos, nos fuimos a nuestra pieza, mi mujer y yo sonriendo ante la falta de invitación de Claudia y Ramón para algo especial esa noche. Sin embargo, luego de habernos acostado, entró en nuestra habitación la mujer de nuestro amigo, que como de costumbre estaba desnudada por uno de sus....

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Al acostarnos, nos fuimos a nuestra pieza, mi mujer y yo sonriendo ante la falta de invitación de Claudia y Ramón para algo especial esa noche. Sin embargo, luego de habernos acostado, entró en nuestra habitación la mujer de nuestro amigo, que como de costumbre estaba desnudada por uno de sus baby doll que tan bien le van. Besó a Moni en la boca y lo mismo hizo conmigo, solo que a mi mujer le dijo, “hoy son tuyos”. Sin evitar mis manos que acariciaban su culito, nos tomó a los dos por la mano y nos llevó a su habitación. En el camino nos sonreí­mos Moni y yo, pensando que harí­amos un “cuarteto” como muchos otros. Al llegar, Ramón recibió a Moni con los brazos abiertos, sin levantarse de la cama y mostrando toda su desnudez. Mi mujer respondió con un beso apasionado acostándose completamente sobre él. Yo me volteé hacia Claudia, pero esta me hizo acostar, me dio un beso muy rico, separó las cabezas de Moni y Ramón que estaban unidas por la boca y con las lenguas entrelazadas, le dio un beso a cada uno y dijo “buenas noches, que se diviertan” y salió de la habitación. Comprendimos, mi mujer y yo, que esta noche seriamos solo para ella. Moni siguió besando a Ramón y le preguntó a donde iba Claudia y él le respondió que se iba a acostar en nuestra cama para dormir por la noche. Ante esta declaración, mi Moni, sin dejar de besar a nuestro amigo, con una de sus manos me comenzó a acariciar “para ponerme en forma”. Ramón la puso de espaldas a un lado y se puso él sobre ella, abriéndole las piernas, y recorrió su cuerpo con sus labios, tardándose en sus senos que acariciaba y besaba con dulzura y con pasión. Mi mujer cerró los ojos y comenzó a suspirar. Cuando Ramón le comenzó a besar su vagina y a lamérsela, mi mujer se contorsionó, signo de su excitación, y abriendo los ojos, con su mirada brillante y la sonrisa en los labios, abrió los brazos para llamarme. Fue de esta forma que mi linda tuvo su primer orgasmo, con nuestro amigo que le lamí­a los labios de su vulva, mientras que con las manos recorrí­a sus nalgas y sus muslos, y yo que le besaba la boca y acariciaba los senos. Cuando mi linda se calmó, bajó las manos y tomó la cabeza de Ramón, que atrajo hacia la propia y lo llenó de besos agradeciéndole el cariñito que éste le habí­a propiciado, sin olvidar de hacerlo seguir hacia su cabeza y se las arregló para ponerlo en forma jinete sobre su pecho y darle una mamadita. Como ella seguí­a con sus piernitas completamente abiertas, yo bajé también a besarle su sexo y gustar a mi turno los jugos de mi mujer. Cuando al fin Moni estuvo bien excitadita, me tomó una de las manos y me llevó un dedo a su culito, que yo penetré después de lubricarlo con sus propios lí­quidos, suavecito, en la medida que ella misma empujaba mi mano pidiéndome que la invadiese. Cambié mi dedo por el pulgar y en cí­rculos cada vez más grandes la preparé para la fiestita que ella planeaba. En estas, mi mujer me pidió que me pusiera a su alcance, en un 69 no muy ortodoxo, puesto que Ramón seguí­a con su pene cerca de su boca y sin poder escapar, puesto que mi amada lo mantení­a con una mano firme aunque acariciadora. Yo, muy obediente, me turné y seguí­ lamiendo el sexo y abriendo el trasero de mi mujer, cuando sentí­ su boca ampararse de mi pene. Miré por entre el marco del muslo y el cuerpo de mi amada y vi que mientras ella me administraba la felación, nuestro amigo acariciaba los senos de Moni con su sexo, guiado siempre por ella. Pasamos un buen momento en esa forma, con mi linda turnando su boca entre los penes que tenia tan a su alcance y que guardaba siempre una de sus manos, Ramón turnándose entre su boquita y sus senos y yo lamiendo su cuca que chorreaba jugos. A estas alturas yo ya entraba dos dedos en su ano, que presentaba una apertura honorable. La razón de todo este juego es que a mi mujer le encanta el sexo anal, pero requiere ser dilatada muy lentamente para disfrutarlo completamente. Cuando al fin Moni sintió que estaba preparada, tumbó a Ramón sobre la cama y poniéndose encima de él, mientras lo besaba tiernamente en la boca, se penetró con su pene. Se enderezó y me dio un beso en donde la ternura, nuestro amor y la pasión se manifestó como rara vez una pareja se lo puede manifestar entre ellos. Yo acariciaba uno de sus senos con una de mis manos (el otro seno estaba acariciado por una de las manos de nuestro amigo) y con la otra mano bajé suavemente hacia el culito de mi nena, quien al llegar yo a su ano, se recostó de nuevo sobre Ramón y con las dos manos separó sus nalgas en una invitación muda. Me puse pues sobre las piernas del amigo y lentamente comencé a buscar el ano de mi mujer, quien no dejaba de separar sus nalgas. Gracias a mis caricias anteriores, ella misma se penetró rápidamente y se dedico a una loca cabalgada entrando y sacando esos dos penes que la mimaban. Es difí­cil en el caso de una doble penetración no dejarse excitar hasta el orgasmo, cuando se siente el pene del otro caballero tan solo separado por una piel que parece muy delgada. Es por eso que lo mejor es que los dos hombres se queden casi inmóviles y que sea la dama que con un levantarse y sentarse, dirija ella misma la dicha penetración. Mi Moni gritaba su placer, que nuestra ausente Claudia no podí­a no oí­r, y hací­a una gimnasia entre enderezarse para darme un beso e inclinarse para besar a Ramón. Con mi amigo que acariciaba los muslos de mi amada con una mano y con la otra su clí­toris, y con las mí­as encerrando sus senos, Moni tuvo otro orgasmo que me pareció muy fuerte. Cuando ella se calmó un poquito y nos dijo sonriendo, “Gracias a los dos, ¡qué rico fue!”, Ramón le preguntó, con esa discreción que lo distingue “ ¿y a mi no me toca chiquito?”. Yo que estaba aun enfundado en su ano sentí­ como mi mujer tuvo una contracción de esfí­nter anal ante esta petición y con una sonrisa me retiró empujando mi vientre con una mano. Se enderezó hasta hacer salir el pene de nuestro amigo de su sexo y se volteó dándole la espalda para comenzar a guiarlo con su mano hacia su ano. Lo hizo muy despacio, negándole todo puesto al dolor, ella querí­a que fuera solo placer. Siempre sorprende ver a su mujer recibir a otro hombre en su ano y esa vez, sin manifestar ningún dolor, solo placer. Luego de ver en directo el pene de mi amigo entrar completamente en mi mujer, me fui a lavar un poco y al regresar, Moni seguí­a dándole la espalda, levantándose y sentándose, para hacerlo entrar y salir de su ano, mientras que con los ojos cerrados, ella se mordí­a el labio inferior y mostraba todos los signos de la enorme excitación que la situación le producí­a. Cuando se percató de mi proximidad, me abrazó, me dijo nuestra frase “qué rico” y me besó y chupó el pene durante un rato. Como ya estaba ella que venia, se acostó sobre Ramón y abriendo las piernas me pidió que entrara yo también. La penetré gustoso y los dos acostados, casi aplastando al pobre Ramón que debí­a soportarnos a los dos, comencé a penetrarla con fuerza. Sus gritos, sentir ella dos penes y cada uno de nosotros esa mujer que tenia otro pene que sin quererlo también nos acariciaba, nos hizo llegar a los tres a un orgasmo multiplicado por tres. Después de esperar un poquito, Ramón se quejó de estar aplastado, yo me retiré con una risa y luego Moni misma retiró el pene de nuestro amigo de su ano. Ella se acostó entre nosotros y con cada mano guardando un sexo masculino y con cada seno enmarcado por una mano de hombre, mi amada se durmió mientras le dábamos besitos en las mejillas. Ante su sopor, nos reí­mos los dos hombres y nos dispusimos a dormir nosotros también.

— gerardo91000

10 de junio de 2009

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gerardo91000

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