Decidimos salir a dar un paseo bajo la luz de la luna llena que en su plenilunio nos envolvía y que hacía que nuestros cuerpos emanaran pasión por todas partes, la playa era extensa y el agua que tocaba nuestros pies un tanto cálida. El mar reflejaba el hermoso resplandor de la que era nuestra guía; las olas golpeaban lentamente las rocas del muelle y la brisa nuestras ropas. Caminamos un largo rato observando varias parejas que hacían el amor en la iluminada noche. No pudimos evitar el contemplar las estrellas que nos guiaban al que iba a ser refugio de nuestro encuentro sexual, decidimos acostarnos sobre la arena y observar las estrellas detenidamente, abrazados y acariciándonos de una manera dulce y tierna. Continuamos caminando y llegamos a un bar en la playa tipo hawaiano, el cual tenía servicio de restaurante, ordenamos de inmediato mariscos y vino blanco para acompañar. La música era agradable y cálida, incitaba al sexo, los susurros de la gente que hablaba nos llegaban lentamente a nuestro oídos. Queríamos tener más intimidad pero a su vez queríamos sacar toda esa pasión que teníamos dentro de nuestros cuerpos, así que dejamos la mesa del bar y tomamos uno de los reservados que se encontraba en medio de éste, con cortinas estilo romanas y una cama blanda que iba a ser la cómplice de nuestro encuentro. Nos recostamos y bebimos vino del que aún nos quedaba; ordenamos algo de frutas, para lo cual el dueño previno lo que allí iba a suceder y nos envió un racimo de uvas rojas. Seguíamos escuchando a las personas que hablaban y susurraban, veíamos a los demás bailar y a otros beber como locos, pero no nos importaba, era nuestro encuentro sexual y no podía dejarse pasar. De manera que la música nos invadió, sus notas tocaban lentamente cada una de nuestras células, nuestras hormonas estaban completamente enloquecidas. Comenzamos a besarnos apasionadamente y a acariciarnos. Con tu lengua en mi cuello provocaste en mi una arrechera incomparable, mientras me besabas y mordisqueabas mis orejas, con tus manos ibas desatando mi vestido y poco a poco lo bajabas lentamente. La pasión era tan fuerte que no podía evitar sacarte la camisa de un solo jalón y quitarte tu pantalón, quedaste en ropa interior de esa que usaban antes (de boleros a la rodilla jijiji) no mentiras bóxer, bien ajustados, ricos, donde podía verte y tocarte. Tomaste tu collar hawaiano de flores y lo pasaste por mi entrepierna provocando en mi un cosquilleo y un deseo inigualable. Yo al no aguantar mas decidí sacar mi brassier y mi tanga y quedar sin nada de ropa interior para que hicieras conmigo lo que quisieras, al mismo tiempo no dejaba de pasear mi lengua por mis labios imaginando tener tu pene en mi boca saboreándolo. Me acosté y te pusiste sobre mi, sentía tu pecho agitado y sentía las gotas de tu sudor caer sobre mi pecho, tu abdomen se encontraba ligeramente frío pero sentía como tu pene estaba con ganas de salir de ese bóxer que lo detenía. Con mis pies comencé a quitarte el bóxer hasta sacarlo por completo y sin vacilar lleve mi mano hasta tu miembro para acariciarlo y frotarlo contra mi pelvis. Era mucho el calor que en este reservado hacía pero no nos importaba, mi boca ansiaba con locura chuparte y saborearte por completo de manera que me puse de rodillas y metí tu pene en mi boca, mientras que mis manos me acariciaban y tocaban mi clítoris sintiendo como se mojaba. Te pusiste sobre mi y quedamos en un ansiado 69, con el que podíamos disfrutar uno al otro de nuestro sexo. Era grandioso sentir como tus piernas se contraían cada vez que sentías placer por sentir mi boca en tu pene y como las apretabas y lo empujabas para que no se saliera de la que en ese momento era su casa; yo mientras tanto al sentir tu lengua en mi clítoris y tus dedos en mi vagina no podía dejar de contraerme y de abrir cada vez mas mis piernas para que tu supieras que me encantaba lo que estabas haciendo. La locura de tocarnos continuaba, los susurros de la gente aún llegaban a nuestros oídos y la música nos excitaba aún más. Fue incontrolable no desatarnos en esa lujuria, sentir la adrenalina como corría por todo nuestro cuerpo y como nos llevaba a explorar situaciones que no habíamos vivido. Tu te pusiste de pie sobre la cama, y me levantaste y cargaste, sosteniéndome sobre tus piernas, penetrándome a su vez rápidamente, veías como me estremecía y comenzaba a moverme para varias la sensación; luego me dejaste caer sobre la cama y continuaste sosteniendo mis piernas en tu cadera y penetrándome en una posición de carretilla a la inversa, duro y fuerte como me gusta. Nuestro sudor se unía y caía a la cama. Quise chupar nuevamente tu pene ay que era inevitable sentirlo adentro pero al mismo tiempo querer tenerlo en la boca. Te pusiste detrás de mí y me penetraste con tal fuerza que para no dejar de sentir esa fiereza y esa pasión que desbordabas tuve que sostenerme de las cortinas de nuestro reservado, las cuales eran de tul y las que habíamos olvidado cerrar. Tomé una de cada lado con mis manos y me sostuve con fuerza de ellas, dándote la espalda y sintiendo como con cada penetrada me sacabas poco a poco de nuestra cama y como mis ovarios se estremecían. En ese instante nos dimos cuenta que todos nos observaban pero no nos importó; podía más esas ganas de hacer el amor sin control que lo que pudieran pensar los demás. Las cortinas me sirvieron también para tomar una enrollando mi mano en ella y sostenerme apoyando una de mis piernas de una manera elevada en ella quedando completamente abierta de pie, tu inmediatamente me penetraste y me diste hasta que sentías que te venías, decidiste sacar tu pene para no hacer tan corto el encuentro. Te acostaste sobre la cama y me puse sobre ti, dándote la espalda y dispuesta para una penetración anal que me llevara al más profundo éxtasis; me incliné ligeramente sobre tu pecho y comencé a balancearme hacia arriba y abajo para sentir como tu pene entraba en mi ano y como lo hacía cada vez más dilatado, tu al mismo tiempo con tus manos abrías mis labios vaginales y me acariciabas el clítoris para que obtuviera más placer. Te cabalgué por mucho rato, sin sacar tu pene de mi ano me puse frente a ti continué con el cabalgándote sin parar; te sentía caliente a punto de estallar, tu sudor corría más rápido por tu frente y pecho, tu corazón latía rápidamente, tus piernas se cerraban ligeramente pues el éxtasis era brutal y te derramaste dentro de mi ano. Era delicioso sentir como ese preciado liquido caliente entraba a mi cuerpo y como al venirte tu pene se agrandaba y luego no quería salir de ese agujero. Al terminar nuestro encuentro sexual, escuchamos de nuestro público un aplauso por lo que habíamos hecho y por el show de primera clase que habíamos dado. El calor era bastante alto y nuestros cuerpos necesitaban con ansias refrescárse, de manera que dejamos el bar, y caminamos nuevamente hacia la playa y nos metimos al mar. Eran casi las 3 de la mañana y no nos importó entrar al mar desnudos y acariciándonos en la que podía ser otro plenilunio sexual.

Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 6 min de lectura calendar_today Julio de 2008
SEXO EN BAR RESTAURANTE SWINGER
Decidimos salir a dar un paseo bajo la luz de la luna llena que en su plenilunio nos envolvía y que hacía que nuestros cuerpos emanaran pasión por todas partes, la playa era extensa y el agua que tocaba nuestros pies un tanto cálida. El mar reflejaba el hermoso resplandor de la que era nuestra....
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