Claudia La Reina Por Esta Noche
Relato de comunidad Fantasíasschedule 8 min de lectura calendar_today Junio de 2009

Claudia La Reina Por Esta Noche

Pasamos el dí­a en una piscina por la mañana y después del almuerzo paseándonos por la 6ª, tomando jugos y charlando. Las damas muy cariñosas con los dos caballeros al igual que entre ellas. En algunos momentos se aislaron para cuchichearse secretos, lo que hizo que Ramón me dijera, con....

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Pasamos el dí­a en una piscina por la mañana y después del almuerzo paseándonos por la 6ª, tomando jugos y charlando. Las damas muy cariñosas con los dos caballeros al igual que entre ellas. En algunos momentos se aislaron para cuchichearse secretos, lo que hizo que Ramón me dijera, con una sonrisa: “¿a qué salsa nos van a comer esta noche?”. Esto nos hizo reí­r a los dos, lo que indujo las damas a regresar rápido a nuestra mesa para interrogarnos sobre el motivo de nuestra riza. El único comentario de ellas fue de decirnos que bastaba con esperar. Regresamos a la casa, preparamos la comida, y al irnos a acostar, como de costumbre, Moni y yo nos dirigimos a nuestra habitación. Una vez desnudados, mi mujer me tomó por la mano y me llevó a la pieza de la pareja, tocó a la puerta y una vez autorizados a entrar nos encontramos con la otra pareja desnudos, acostados en la cama, pero por encima de las sabanas. Moni besó a Ramón y a Claudia en la boca, ésta última me abrazo y besó, poniéndose de rodillas en la cama y apretando su cuerpito contra el mí­o. Ante sus senos aplastados a mi pecho y su pubis contra el mí­o, mis manos volaron solas a acariciar sus hermosas nalgas y durante unos instantes me olvidé del resto del mundo. Luego de este beso largo y apasionado, ella me llevó a la cama, colocándose ella entre su esposo y yo. Me percaté en ese momento que mi esposa habí­a salido discretamente de la habitación. Leyendo la interrogante en mi mente, Claudia me dijo que esta noche los dos éramos para ella solita, que Mónica se descansarí­a. Terminó riendo sobre la inexistente perennidad de los secretos entre ellas. Ramón le explicó que siendo la noche para ella, le tocaba a ella dirigirla. Ella lo abrazó en un lindo beso, pero con sus nalguitas apoyándose a mis genitales. Abracé pues su vientre y subí­ mis manos a la búsqueda de sus senos, lo que ella facilitó retirándose un poco su marido, sin dejar de besarlo. Luego de acariciar esos senos que adoro, bajé mi mano al encuentro de su vagina y de su clí­toris para acariciarlos hasta que ella decidiera que parara, esto sin dejar de besar sus hombros y a veces, cuando el brazo de su marido abandonaba su nuca, besar el nacimiento de su cabello. Al cabo de un buen momento, Claudia se subió sobre su esposo y abandonó su boca para besar su pecho, su vientre y apoderarse al final de su pene. Siempre me parecerá hermosa la mujer que acostada o en posición perrito efectúa una felación a un hombre, especialmente si la forma de apoderarse de su falo y la dulzura de sus besos expresa ternura, amor y pación confundidos. Una vez que ella encontró que el pene de su marido habí­a sido suficientemente mimado, ella se sentó sobre él, solo que al momento de penetrarse, abrió bien las piernas y me pidió que observara. Una vez el pene de Ramón completamente introducido, la nena me preguntó si querí­a ver de nuevo y extrayéndolo, comenzó su demostración. Esto lo hizo dos o tres veces más, algunas de las cuales levantando su clí­toris, bastante erecto, como un botón de rosa, jalando con sus dedos el pubis hacia arriba. Después de esta demostración, Claudia se bajó de su marido, se acostó y pidió a su esposo que le diera una lamidita. Para esto, mientras Ramón se acomodaba, ella abrió ampliamente sus piernas, poniendo una de ellas sobre las mí­as. Yo me puse a besar su boquita, sus senos y acariciarla de la cintura para arriba, mientras la cabeza de mi amigo halagaba su sexo. ¡Qué placer el sentir su respiración seguir el ritmo de las caricias prodigadas por los labios y la lengua de su marido y bajo mi mano, su seno izquierdo mostrar la aceleración de su pulso! Cuando nuestra reinita tuvo su orgasmo, Ramón esperó que ella se calmara y luego, poniéndose del otro costado de su esposa, subió para besarla y hacer las caricias de las que yo me ocupaba. Para no quedarme ocioso bajé a mi turno a mimar su cuquita con mi boca, y ella recibió mi primer beso levantando su cadera. Fue de esta forma que la besamos, en búsqueda de todo punto de placer que su cuerpo pudiera ocultar. Varios minutos mas tarde, ella me pidió que la penetrara y a su marido que mirara como hacia yo. Era evidente que querí­a satisfacer sus gustos exhibicionistas, ofreciendo el espectáculo de la penetración de su vagina a sus dos hombres. Para esto la nena colocó sus piernas en mis hombros, estando yo sentado sobre mis talones, y moviendo su cadera sobre mis piernas para acercar su vagina a mi pene. Guardando el pene de su marido en la mano izquierda, el mí­o en su derecha me llevó a penetrarla mientras los dos mirábamos como entraba yo en su dulce gruta de todos los placeres. Conociendo sus deseos, Ramón le pidió que comenzara de nuevo varias veces, lo que recibió la aprobación de la damita con sus suspiros de contento. Nuestra mujer tuvo otro orgasmo cuando su marido le dijo que la próxima vez ella nos mostrarí­a con Mónica mirando también. Después de su orgasmo exhibicionista, cuando los músculos de sus muslos se relajaron de nuevo, su marido regresó a besar su boca y sus pechos y yo a proseguir mi cunnilingus en el punto en que lo habí­a dejado antes de penetrarla. Si bien ella aceptaba gustosa la introducción de mi lengua y de mi dedo en su vagina, el lamer su ano no condujo a la introducción de mi dedo, que ella rechazó con su mano. Las cejas arqueadas de Ramón, que en esos momentos chupaba los senos de su esposa, me produjo la certeza que los dos sabí­amos que Claudia no querí­a ser penetrada por su ano esta vez. Como si no fuera una sorpresa, seguí­ lamiéndola respetando ese interior que su esfí­nter anal guardaba. Cuando una nueva hola de placer la invadió, esperé que esta se alejara, que sus piernas dejaran de apretar mi cabeza y sus brazos la de su esposo, para ponerme acostado a su lado, mi cabeza sobre su hombro, y su marido ponerse en su otro lado en la misma posición. Con sus manos apresando cada una un pene, ella volteaba su faz para besarnos respectivamente con “te amo, te amo” a cada uno. Luego de un suspiro y un “Dios, ¡como los amo!” ella se entregó a los brazos de Morfeo. Ramón y yo nos sonreí­mos, besamos sus mejillas, y cada uno con uno de sus senos en nuestra mano libre nos dormimos también. Después de haber dormido suficiente, la ausencia de Claudia a mi lado me hizo abrir los ojos para verla en posición perrito, el pene de su marido en la boca, y con una mirada tierna para mi, decirme, en una corta pausa a su mamadita, un “buenos dí­as mi amor”. Ramón me saludó también, con la respiración entrecortada. Yo sabia, no solo porque Moni me lo habí­a contado, sino por haberlo visto, que él adoraba esta caricia. Pasados varios minutos la nena pidió a su marido que la penetrara y, acto seguido, me separó las piernas, se colocó entre ellas y comenzó a aplicarme la misma caricia. Nuestro amigo se puso detrás de su esposa y comprendí­ que este la penetraba cuando ella cerró los ojos y abrió la boca al recibir la dulce estocada. Una vez acostumbrada a la tierna invasión, ella prosiguió su mamadita. La vista que yo tenia era su cabecita sobre mi verga, con sus movimientos de arriba hacia abajo, su pelo ocultando por momentos su boca llena de mi pene, sus nalgas, un poco mas atrás, que se moví­an en cí­rculos al recibir el pene de su esposo. Cuando ella sintió que él estaba por eyacular, ella avanzó sobre mi cuerpo escapando a la lanza de su esposo, me dio un beso en la boca y se empaló en mi pene. Mas tarde se sentó y tomó a su esposo, quien de pie a su lado, ofrecí­a su pene a la boca de su mujer. Fue en ella que él eyaculó, entre las hundidas mejillas que hací­an ese vací­o tan agradable. Vi como Claudia se tomó todo su esperma y al haberlo limpiado lo guardó unos instantes más, ya que un pequeño orgasmo suplementario la sacudió, puesto que yo no habí­a parado de acariciar su clí­toris con mis dedos desde que ella se habí­a sentado sobre mi. Satisfecha, ella se deslizó hacia atrás, haciéndome salir de su vagina y sonriendo se inclinó para mamarme a mi turno. Con una sonrisa Ramón me dijo el tradicional “estoy mamado, miraa veee” y se acostó a dormitar un poco. Cuando al fin eyaculé, Claudia se tomó también mi semen y me limpió con su lengua. Luego se recostó entre los dos y de esa forma esperamos que nuestra otra mujer se haya levantado. Habí­amos dormido un poco, profundamente, cuando Mónica entró en la habitación con una bandeja que contení­a una jarra de café y unos pandebonos, para despertarnos a los tres con dulces besitos. No sé como hizo ella para saber que la boquita de Claudia habí­a recibido nuestro semen, pues fue a ella quien besó de último y su lengua se paseó en la boca de la reinita de la noche anterior, como si buscara el recuerdo de nuestros í­mpetus. Fue de esta manera que comenzamos ese dí­a, que ocurrió pocos dí­as antes de nuestro regreso a Pereira. Era maravilloso cuando al dirigirnos a los otros, los hombres a las nenas, las damas a todos, por “mi amor”, se notaba la sinceridad en lo que decí­amos. Espero que les haya gustado, puesto que en todos nuestros encuentros posteriores expresamos sentimientos maravillosos pero con palabras, gestos, mimos y acciones sexuales que se repetí­an. Esta repetición no será jamás monótona para nosotros pero para el lector sí­.

— gerardo91000

10 de junio de 2009

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gerardo91000

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