ENCUENTRO CON MARIANA
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 8 min de lectura calendar_today Abril de 2009

ENCUENTRO CON MARIANA

Finalmente llego el día, el día en que por fin habría de conocer a aquella mujer con quien durante varios meses, tal vez años, sostuvimos charlas interminables. Aquella mujer por quien suspiraba al ver las fotos que alguna vez robe de la red. Aquella mujer con quien compartí momentos de....

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Finalmente llego el día, el día en que por fin habría de conocer a aquella mujer con quien durante varios meses, tal vez años, sostuvimos charlas interminables. Aquella mujer por quien suspiraba al ver las fotos que alguna vez robe de la red. Aquella mujer con quien compartí momentos de felicidad, tristeza, risas, sueños y aventuras. Ella estaba sentada en aquella cafetería, lucia fresca y radiante, tal y como la recordaba de la ultima vez que la vi por cámara en el chat. No era mentira, su cuerpo reflejaba ese cuidado que tantas veces me expreso de tantas visitas al gimnasio, solo por cultivar y mantener encendida la ilusión de gustar a su pareja y así misma. Su cabello, negro y brillante, se mecía de un lado a otro, como abanicando su espalda curva y delgada, sostenida por una formidable cadera que a simple vista dejaba entre ver un armonioso ritmo. Vacile por un instante, tal vez para mi fueron horas, pero el pensar de tenerla al frente, el corazón se me aceleraba y la respiración se hacia cada vez mas rápida. Pronuncie temblorosamente su nombre, Mariana, y ella, como si se tratase de una cinta, volteo su rostro hacia mi lentamente, dejando descubrir de si, una espectacular sonrisa, esa sonrisa que desde un comienzo me cautivo y que llevo grabada en mi mente y que la identificaba como una mujer “diferente”, si, diferente de todas las mujeres. A su vez, me dejaba ver todo su cuerpo, ese cuerpo con el que tantas veces soñé. Su cuello, blanco y terso, capaz de despertarme enormes sensaciones; su escote, dejaba entre ver unos redondos y grandes senos que a través de su transparente blusa escondía tímidamente sus redondos y oscuros pezones. Juro que trate de disimular y no clavar mi mirada en toda ella, hecho que me resulto imposible al verla tan cerca. Ricardo..?, ripostó ella, pretendiendo encontrar en mi, aquella persona que en varias ocasiones fallidas habría tratado de conocer. “si… soy yo….” Luego de unos instantes, de vernos a los ojos, se acerco a mi para darme un beso en la mejilla a lo que yo respondí junto con un fuerte abrazo, un “abrazo de oso” tal y como ella lo había pedido alguna vez. Sentí su cuerpo en mi, fue un momento sublime, sentirla tan cerca, sentir sus senos en mi cuerpo; pase mi mano sobre su espalda y la acerque aun mas a mi; tomando su pequeña cintura con la otra mano y fue allí cuando algo en mi estallo como los fuegos pirotécnicos en el cielo. Hablamos de todo un poco, de su vida, de mi vida, al calor de una buena botella de vino, poco a poco iba cumpliendo con su misión inhibidora. Cayó la noche, y con ella nosotros, o al menos yo, no podía resistir el mirarla toda, las copas de vino hacían que ya hubiera perdido aquella simulación al verla. La miraba toda, su pecho un poco descubierto, causaba en mi una sensación incomparable de placer, el ver su piel hacia que yo me la imaginara en completo estado de indefensión. Ya no disimulaba mas, y ella se percataba de ello, mas sin embargo, no oponía resistencia, mas bien, asentaba con un cruel y sensual juego con el cabello. No pude mas y sin pensarlo mas, le propuse fuéramos a mi hotel. Vacilo por un momento, le tomó por sorpresa el ofrecimiento, pero luego de unos segundos, con una dulce y tímida sonrisa acepto. El corazón, a pesar de los vinos que había ingerido, se aceleraba mas y mas, sentía que me faltaba el aire. Algo en mi oponía alguna resistencia, no se si por mi condición o la suya, no quería que de alguna forma resultara herida o simplemente hiciese algo que mas adelante le pudiera traer no muy gratas consecuencias. Tomamos un taxi, y fue tal vez el viaje mas largo que yo haya hecho en mi vida. Al parar al frente de la puerta del hotel, tenia mi mente casi nublada pero reaccionaba con tal discreción para que ella no se percatara de mi pobre y triste situación; todo temblaba en mi interior, una sensación que aun trato de describir, emoción, miedo, timidez, alegría, felicidad….. no se; lo que es cierto, es que este momento lo anhelaba hacia mucho y no lo iba a perder por nada. Subimos al cuarto de hotel, luego de atravesar el umbral, quedamos frente a frente, mirándonos fijamente a los ojos, en ese instante casi que imperceptible, tome la decisión de besarla; cerré mis ojos, y comencé un suave jugueteo de mis labios con sus labios, ella, correspondía y hacia lo propio pero tímidamente, el tener sus labios enredados en los míos hizo que todo en mi se acelerara, también sentía su respiración alterada, pero sentía que ambos los estábamos disfrutando. Solo cuando mi lengua empezó a jugar con la de ella, fue que empezamos a avanzar lentamente hacia el interior de la habitación, nos detuvimos por un momento, antes de dejarnos caer sobre la cama. Mis manos ya empezaban a recorrer todo su cuerpo, su espalda y sus anchas caderas se repetían sobre mi mano una y otra vez, hasta ya no poder mas; mi mano se abalanzo sobre su pierna desnuda, y subí lentamente a través de su falda hasta llegar a su sexo, cubierto a penas por unas cortas tanquitas que dejaban entre ver todo su esplendor. El besarnos y acariciarnos hizo que prontamente estuviéramos completamente desnudos, aunque sin afanes, nos fuimos despojando una a una de nuestras prendas, besándonos entre cada una de ellas y recorriendo con nuestras manos, aquellos sitios que iban quedando al descubierto. Su piel tersa y cálida, hacia que me excitara aun mas, con un largo beso, la recosté sobre el lecho, empezando así una gran maratón de besos y caricias tanto con manos como con mi lengua, esta ultima que recorría desde su boca, bajando lentamente por su cuello, hasta llegar a sus pechos, aquellos senos grandes y redondos que invitaban a deleitar una y otra vez sus ricos pezones, que ya empezaban a endurecerse, en la medida que eran lamidos y mordidos tierna y suavemente. Pero allí no termino su trabajo aquel instrumento húmedo, siguió bajando besando y acariciando hasta llegar a su hondo ombligo, en donde como un puñal, se clavo hasta que ella soltó un lánguido gemido, retorciéndose un poco, “…ven.. no resisto mas..”… anunció ella, pero en contra de lo que pudiera estar sintiendo, algo me decía que debía seguir avanzando. Así lo hice, mientras mis manos le recorrían de arriba abajo, de abajo a arriba, apretando suavemente sus caderas, acercándolas hacia mí, mientras mi lengua ya empezaba a jugar con su jugoso clítoris; los gemidos se hacían mucho más fuertes y mas constantes, de mi parte, la excitación era mayor, la sangre caliente recorría todo mi cuerpo, y en especial mi miembro que ya empezaba a desesperar en la medida que mi lengua entraba y salía de su vagina recorriendo también su clítoris. No pudo mas, ella tomo mi cabeza y mirándome me dio mas que una palabra una orden, …”…ya…. Métemelo..” ; estábamos de acuerdo, no aguantábamos mas, y tomándola por la cadera, y abriendo sus piernas, jugueteado con su cabeza por unos instantes en su jugoso clítoris que se parecía vivo, luego de ello, introduje aquel sexo dentro de ella, meciéndose de un lado para otro buscando encontrar en el interior aquel placer que su rostro iba dibujando en la medida que iba aumentaba el ritmo. Fueron momentos sublimes, en su rostro encontraba todo lo que yo había imaginado durante meses, y tal vez ella en mi, la expresión de tener allí la felicidad que algún dia había perdido, mis manos seguían acariciando su cuello, su cabello, sus senos, sus pezones, su pequeña cintura, sus gruesas caderas, asiéndolo hacia mi al mismo tiempo que mi polla penetraba su vagina. Alli habría de terminar todo, si no hubiera sido porque ella, empujándome suavemente hacia adelante, interrumpió aquel ritual; y con un rápido movimiento quedo de espaldas, inclinada sobre la cama, me indujo a metérselo por detrás, en su vagina, pero por detrás. No lo pude resistir y el quede extasiado de ver aquel panorama que tenia delante mío, y que estaba disfrutando como nunca lo había hecho. Sus movimientos de cadera retumbaban en mi polla, que estaba a punto de estallar, mecía su cabello para un lado y otro y sus senos se movían al ritmo de sus caderas, mientras yo, solamente apuntaba a acariciar su espalda suavemente y sus caderas bruscamente, trayéndolas hacia mi una y otra vez. Por fin llego aquel momento sublime, donde ninguno podía detener la explosión de sus cuerpos, pero, no quería que terminara asi, quería que ese momento fuera muy especial, y tenia que ver su rostro cuando esto ocurriera. Me detuve y le di vuelta para iniciar nuevamente y esta vez como comenzamos, le tome sus manos y cuando llego el momento esperado, le apreté fuertemente indicándole que todo mi ser iba a entrar en ella, como si se lo hubiera comunicado, ella hizo lo propio y en medio de quejidos de los dos, explotamos en un solo gemido indescriptible y largo, apretando todos y cada uno de los músculos de nuestro cuerpo, como queriendo expresar su propio grito de batalla; quedando fundidos en un largo, sensual y apasionado beso. Casi sin aliento, y aun inmóviles, cada musculo se iba dejando caer, mientras yo, exploraba cada rincón de su cálido y húmedo cuerpo. Su pelo, su cara, su cuello, sus senos, su abdomen, su ombligo, su pelvis, su cadera, sus piernas, en fin toda. Quería que se grabara en mi y en mi tacto todos los rincones de ella, sabía que tal vez esto no volvería a suceder; no tanto por ella o por mi, si no por aquellas circunstancias que nos alejaban y que con el pasar del tiempo se hacia cada vez mas distante. No la quería dejar ir, quería que aquellos momentos se inmortalizaran en mi mente, a pesar de llevar cada uno nuestras vidas, había sido de los momentos mas bonitos e increíbles que había vivido.

— pprepe

30 de abril de 2009

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