Con un amigo entramos una tarde al aeropuerto el Dorado, preparándonos para viajar a Pereira, para encontrar que el vuelo estaba anulado. Con nosotros otros pasajeros protestaban y la explicación que todos los vuelos al eje cafetero quedaban suspendidos hasta al día siguiente no satisfacía a nadie y desde luego la compañía no se hacia responsable del alojamiento de quienes no habíamos llegado ese día en un vuelo de la misma. Mi amigo Jairo me mostró una damita que llamó su atención, era linda, con el pelo castaño llegando hasta la mitad de su espalda, delgada, de piernas largas y delgadas que una falda hasta la rodilla ocultaba mal y con senos que sin ser pequeños se dejan acariciar bien por una mano.
Con mi celular llamé a un hotel donde me conocen y pregunté, luego de explicarles mi situación, si me podían reservar tres habitaciones contiguas, que yo confirmaría momentos más tarde y distraídamente me acerqué a ella. Comencé a charlar con la dama de nuestra admiración, le presenté a Jairo y sorprendí una sonrisa en su rostro al decirle que mi nombre era Gerardo. En ese momento la dama que nos informaba la mala noticia del viaje dijo que se retiraba para tener más amplia información y aproveché para decirle que esperaríamos su regreso en la cafetería que se encuentra en el segundo piso, que si nos podía hacer saber a ese sitio su regreso, lo que ella aceptó. Invité a nuestra nueva amiga, Mile de su nombre, a tomar algo en esa fuente de soda, lo que ella aceptó y dejamos a los otros viajeros vociferantes a su inútil protesta contra una empleada cuyo evidente misión era soportar su furia mientras la dama que parecía más responsable regresaba.
Tomando un jugo, expliqué a Mile que en estos casos era casi imposible conseguir una solución y que no me sorprendería que nos viésemos forzados a buscar un alojamiento por nuestra cuenta. Mile me miró sonriendo y preguntó si ya teníamos algo, a lo que contesté que ya había reservado las habitaciones para Jairo y yo en un hotel donde tengo cierta influencia no muy alejado del centro de la ciudad. Pasamos de esta forma media hora charlando y en un momento en que me Jairo fue al baño, Mile me dijo que mi voz y mi nombre le recordaban a una persona y con cierta diplomacia me preguntó si “guía” me decía algo, riendo le dije que sí, que había escrito algunos relatos ahí y ella correspondió a mi risa comentando que mi “vozarrón” me había desenmascarado. Recordé la damita que tiempo atrás había establecido contacto conmigo, pero que por razones desconocidas no fuimos más adelante. En confianza al conocer nuestros gustos le dije que contara con mi ayuda sin compromisos y con una sonrisa encantadora me dijo un “tranquilo Gerardo”. Regresó mi amigo Jairo y sentimos como, con la charla punteada de risas, nacía una gran complicidad entre los tres. Pocos instantes después nos vinieron a pedir que regresáramos al mostrador de la compañía aérea donde la “responsable” estaba de regreso.
Como se esperaba, nos quedábamos bloqueados en Bogota hasta el día siguiente y dejados a nuestra suerte, Mile llamó a su esposo que se encontraba en camino hacia el aeropuerto para esperarla y organizó la cuidada de sus hijos para el día siguiente. Jairo y yo llamamos a nuestras respectivas esposas para que no nos esperaran y nos miramos para decidir como hacer. Hipócritamente le pregunté a Mile que rango de precios podía pagar ella por la habitación del hotel para ver si en el hotel podían conseguirle una que le fuera cómoda. Ella me dijo los precios que le convenían y llamé al hotel para confirmarles las tres habitaciones y me agradó que el precio fuera dentro del abanico exigido por la damita. Nos entregaron las maletas y cogimos un taxi para dirigirnos pues hacia el norte de la ciudad. Una vez registrados decidimos ponernos cómodos y vernos una hora después para tomar algo en la cafetería.
Mile llegó lindísima, con un vestido que ocultaba su cuerpo a la vista sin arruinar en nada sus armoniosas formas, siempre sonriendo me contó que le había comentado a su esposo el encuentro conmigo y que tenía su permiso para divertirse. Luego de pedirle que le agradeciera su confianza entramos en una charla agradable que se intensificó con la llegada, del ahora “nuestro”, amigo Jairo. Finalmente Jairo contó que era swinger y que si no teníamos nada entre nuestras parejas era porque éramos demasiado amigos para “esas cosas”, lo que hizo reír a Mile. Siendo ya hora cenamos en el hotel y al preguntarle a la damita si podíamos ir a bailar a algún sitio, la linda nos regaló con su asentimiento. Terminamos pues la cena y subimos a las habitaciones, que eran contiguas las de Jairo y yo, con la de Mile al frente de las nuestras, para vestirnos para la noche y nos encontramos media hora mas tarde en la recepción. Mile estaba divina, con una faldita no muy corta que enmarcaba sus piernas haciendo evidente la belleza de sus bien formadas nalgas y una blusa escotada en la espalda en la que jugaban erguidos sus senos libres.
Llegamos a la discoteca, nos llevaron a una mesa en un reservado con cuerdas con tubitos de bambú en guisa de puerta y muros que nos ocultaban a la vista, si alguien hubiese podido vernos en esa oscuridad, y Mile se sentó entre los dos caballeros, en el sofá en media luna que miraba a la puerta de entrada. Pedimos una botella de ron con coca cola y tratamos de seguir la charla a pesar del ruido de la música. Saqué a bailar a Mile, muy rico, ella con picardía acercaba sus senos a mi pecho para alejarse riendo y luego nos sentamos para que un trago después la sacara Jairo a bailar. Pude ver que ella no era menos cariñosa con mi amigo y cuando fue mi turno de sacarla a bailar me preguntó si me molestaba que fuera “tierna” con Jairo, a lo que dije que si no me sentía abandonado no le veía ningún problema. Sonrió y me regalo un beso en la mejilla muy lindo.
La pieza siguiente fue un bolero que bailamos juntos, mucho más apretados, sus dos brazos sobre mi nuca y sus senos acariciando mi pecho mientras mis manos acariciaban su espalda. Cuando Jairo la sacó a bailar ella se recostó contra él sin preámbulos y bailaron también dos piezas así, muy juntitos. A mi turno también serví de apoyo a su cuerpo y con un poco de timidez le di un beso en la mejilla que ella correspondió y sus movimientos pélvicos buscaron verificar el efecto que me causaba y con su sonrisa confirmó su aprobación. Despacio acerqué mis labios a su sonrisa, que ella recibió en un beso tierno primero y luego apasionado. Al terminar la música, sin alejarse de mi cuerpo y sin retirar sus brazos de mi nuca me preguntó “¿y Jairo?”, a lo que le contesté con un “¿lo vas a dejar solito?” y apretándome un poco más respondió “no, si a ti no te molesta” y mientras besaba su oreja le susurré “será tu fiesta, si lo deseas”. Un temblor de su cuerpo me respondió al unísono que un “siii” dulce y suave como un suspiro tenue se hizo audible en mi oreja.
Cogidos de la mano nos fuimos a sentar, donde libamos un poco y ante la mirada interrogativa de Jairo le pedí que sacara a bailar a la damita, lo que él se apresuró a hacer. Por entre el flequillo de la “puerta” pude ver que Mile encerró la nuca de mi amigo con sus brazos y que luego se daban dulces besitos mientras su espalda era recorrida por las manos cariñosas del caballero. Dos piezas de música más tarde se vinieron a sentar y Mile, pasando antes que yo me levante, por donde yo me encontraba se sentó directamente sobre mis piernas para deslizarse luego a su puesto juntito a mí mientras me preguntaba si no me había aburrido solo. Le contesté que quien la conociera siempre estará triste en su ausencia y ante mi galantería me dio un beso en la boca al que correspondí abrazándola y dejando mi mano acariciar uno de sus senos lo que no la molestó en absoluto. Jairo nos interrumpió, luego de un momento, con un “y yo qué”, a lo que Mile, ya sin timidez respondió abrazándolo y besándolo. Durante un buen momento nos besamos y su cuerpo recibía complacida las caricias de nosotros dos, sus senos, sus piernas, su espalda, sus nalgas generosas, eran recorridos por cuatro manos, las suyas acariciaban nuestros penes, hasta que ella misma liberó su boca de las nuestras para decirnos que nos termináramos la botella para irnos. Al servir me di cuenta que seguía acariciando mi entrepierna con una de sus manos y que la otra bajo la mesa también debía hacer lo mismo con la masculinidad de mi amigo. Serví pues su copa y la llevé a mis labios para guardar el alcohol en mi boca y entregárselo en un beso. Jairo a su turno hizo lo mismo y de esa forma terminamos rápido la botella y luego de pagar salimos a tomar el taxi de regreso al hotel. Nos sentamos los tres en la silla de atrás del taxi, en donde seguimos acariciándonos con cierto disimulo.
Llegamos rápido al hotel, después de una parada en una farmacia para comprar preservativos y, muy serios, pedimos en la recepción las llaves de las habitaciones con los besos y caricias siguiendo en el ascensor, lejos de miradas indiscretas, hasta que al llegar al piso de las habitaciones le pregunté a la damita “¿a dónde vamos?” y ella contestó riendo “a la cama más grande”. Nos fuimos pues a mi habitación y mientras yo abría ellos se besaban. Al abrir la puerta Mile soltó a Jairo y con un juego de ballet giro sobre la punta de sus pies, para caer contra mi y pegar sus labios a los míos. Retrocedí pues difícilmente, casi cargándola y Jairo después de entrar cerró la puerta mientras yo besaba a la dama y acariciaba libremente sus nalguitas que tan bien sobresalían bajo su falda. Sentí como una mano de mi amigo se insinuaba entre nuestros cuerpos para encerrar uno de sus senos y yo subí mis manos, una a su espalda y la otra acariciando su seno libre, para que él libremente se frotara contra sus glúteos y besara dulcemente la nuca de la damita. Rápidamente la desnudamos y ella me desnudó primero, con una deliciosa felación al bajar mis pantalones, sin olvidar sacar la bolsita de los preservativos que se encontraba en uno de mis bolsillos; finalmente se puso de pie y volteándose hacia Jairo comenzó a despojarlo, entre mil besitos, de sus ropas. Cuando éste estuvo completamente desnudo, tomándonos a cada uno de una de las manos, nos dirigimos hacia la cama, en donde, entre besos y caricias, caímos horizontales luego de colocar la bolsa con las compras sobre el nochero. La hermosa Mile se turnaba volteándose para besar a Jairo y a mi, cada uno a su turno, mientras apretaba sus nalgas contra aquel que no recibía la caricia de sus besos, todo mientras acariciábamos ávidos sus senos, sus glúteos, sus muslos, toda ella y besábamos sea sus labios abiertos sea sus hombros y su nuca cuando nos ofrecía la espalda.
En un momento en el que ella me abrazaba y besaba, Jairo comenzó a besar su nuca, bajando lentamente y al llegar a sus nalgas introdujo su cabeza entre las piernas de la damita para besar también sus otros labios. Un suspiro de excitación recibió la caricia e imperceptiblemente su pubis se alejó de mi vientre para mejor recibir el sexo oral con el que la honoraba nuestro amigo. Mile besó mi pecho, tardándose en mis tetillas con su lengua cosquillando las puntas y sus labios absorbiendo las aureolas. Poco a poco siguió bajando hasta llegar a mi vientre en donde apoyó su cabeza tomando mi masculinidad en su boca y entregándose completamente al placer que le proporcionaba Jairo mientras saboreaba y hacía suyo mi pene, recorriéndolo con su lengua, tragándolo y acariciando la punta mientras sus labios lo absorbían. Yo, mientras tanto, acariciaba sus senos y veía entre sus piernas abiertas en muda oferta la lengua de mi amigo recorrer sus labios y su clítoris a la caza de un clímax que no tardó mucho en llegar. Las piernas de Mile se cerraron sobre la cabeza de Jairo, aplastando su cabeza contra su vientre e introduciendo mi pene hasta el fondo de su boca mientras sus lindos suspiros y la punta erecta de sus senos recibiendo mis caricias y sus nalgas recorridas por las manos del otro caballero temblaban ligeramente en manifestación de reconocimiento y agradecimiento a nuestras atenciones.
Poco tiempo después soltó mi pene y con una sonrisa de felicidad aflojó las piernas que encerraban la cabeza de Jairo. Yo le pedí a Mile que me permitiera besar su vagina y ella sin hacerse de rogar se enderezó para besar la boca de nuestro amigo, lamiendo también sus propios jugos que hacían brillar sus labios y hasta el mentón del caballero. Lentamente lo puso sobre la espalda para besarlo como la había hecho conmigo y mientras yo acariciaba la parte baja de su cuerpo, vi como sus nalgas se ponían al alcance de mis besos. Yo retrocedí al otro borde de la cama y cuando reposó, poniéndose de lado, su cabeza sobre el vientre de este amigo y su boca absorbió su pene yo recosté mi cabeza contra su muslo y siguiendo ese suave camino besé sus labios vaginales que palpitantes esperaban mi homenaje. Los besé primero de manera tierna y que yo llamaría casta si no fueran vaginales, para dejar al fin mi lengua gustar sus jugos recorriéndolos a su largo y entrar en la dulce caverna que ellos guardan más para mostrar el camino que para prohibir el acceso, mientras mis manos se aferraban a sus nalgas como si temiese que se escaparan. Los ruidos de succión que ella producía en la felación que efectuaba a nuestro amigo me servían de pauta en mi caricia a sus genitales. La rigidez de su clítoris diminuto me invitaba a chuparlo con mis labios mientras mi lengua lo recorría suavemente. Un temblor de su cuerpo agradeció mi caricia y su pierna libre sobaba tiernamente mi cabeza. Su cintura me guiaba en movimientos lentos desde su ano palpitante hasta su clítoris y durante largos minutos deliciosos ella se entregó a esta caricia, respirando fuerte y gimiendo bajito, como una gatita ronroneando, para soltar por momentos el mástil que llenaba su boca para proferir unos “que rico” y algunas frases que como oraciones agradecían tanta dicha al creador. Estoy muy orgulloso de haber producido tal misticismo en la linda Mile. En un gritito no muy fuerte ella acogió un nuevo orgasmo enmarcando fuerte mi cabeza entre sus piernas y sus jugos abundantes llenaron mi boca bañando la parte baja de mi cara mientras su cadera temblaba contra mis labios y mis manos que la encerraban.
Cuando las olas de placer se calmaron y su cuerpo cesó sus espasmos, Mile soltó el pene de Jairo y con un “gracias mis amores” ésta se enderezó para reposar su cabeza sobre la almohada emitiendo un suspiro de felicidad y cerrando los ojos como si durmiera. De concierto tácito mi amigo y yo nos acomodamos también con la cabeza sobre la almohada de la cama poniendo cuidado a tocar la dama lo menos posible en respeto de su descanso. A los pocos segundos su cabeza se volteó hacia mí e igual a una gata que lame sus gatitos ella me limpió de sus jugos que maculaban mi bigote, mi boca, mi mentón y los lados de mis mejillas. Para mejor hacer esto se colocó sobre mí mientras yo, sin dejar de responder a sus besos, acariciaba cuando podía sus senos y por lo menos una mano se tardaba sobre sus nalguitas. Jairo apoyado en uno de sus brazos, de medio lado, acariciaba la espalda de la damita lo que no parecía disgustarle en absoluto. La nena se estiró sobre mí para alcanzar el paquete en el nochero, momento que aproveché para besar sus senos que poco a poco adquirían un poco de rigidez debida a la excitación naciente de nuevo. Ella recibió esta caricia por cierto tiempo y luego bajó hasta mi vientre donde tomó mi pene en su boca recorriéndolo con sus besos a lo largo, tomando la punta entre sus labios, succionándolo y acariciando la cabeza con su lengua mientras sus manos reconocían con dulzura mis testículos.
En un momento paró su caricia, abrió el preservativo que me colocó fácilmente pues yo estaba rígido de excitación y directamente se acomodó, sentada sobre mí, haciéndome entrar en su vagina. Cerró los ojos de placer al sentir como la invadía y mientras yo acariciaba sus senos ella se inclinó para que nuestros labios se besaran y nuestras lenguas se acariciaran profundo. Pasamos unos minutos de esta forma, besándonos mientras yo acariciaba su espalda, sus nalgas, la parte alta de sus muslos y ella respondiendo a mis besos movía dulcemente su cintura haciéndome entrar y salir de ella a su gusto. Siempre son sublimes estos instantes en donde el sexo es superado por un sentimiento de ternura manifestado por todos los poros de nuestros cuerpos en contacto estrecho.
La nena se levantó sentada sobre mi cintura, mi pene al interior, mis manos acariciando sus senos y una de sus manos erró hacia Jairo, los ojos entre abiertos, una sonrisa de placer en sus labios, acariciando el cuerpo de nuestro amigo hasta atrapar su pene y halarlo hacia ella. Éste se puso de pie sobre la cama, a mi lado y ella, pivotando sobre mi pene que guardaba en su lubricada vagina, puso sus piernas juntas a mi lado e introdujo el otro miembro en su boca. El movimiento de va y viene que efectuaba su cabeza para absorber a mi amigo se coordinaba con el de su cintura de tal forma que cuando un pene se retiraba de ella otro entraba en ella siempre. Mientras una mano de Jairo acariciaba la cabeza de Mile, la otra descendió en búsqueda del seno libre mientras que yo, con la mano que no acariciaba el otro seno, acariciaba sus nalgas. Paró la nena su caricia para pedirme otro preservativo que tomé sobre el nochero y luego de colocárselo al pene que llenaba momentos antes su boca le pidió a Jairo que se recostase a su turno. La dama se levantó de mí y se empaló en mi amigo y luego de darle en esa posición muchos besitos que él correspondía con igual ternura, ésta se sentó a su turno sobre él y mirándome me dijo un “¿vienes?” que me apresuré a obedecer.
Esta vez ella cabalgó a nuestro amigo completamente, él acariciaba su clítoris, yo sus senos mientras recibía una deliciosa felación, luego de retirarme el preservativo, y él la penetraba en su vagina. En un momento paró la bella sus movimientos para pedirnos que viniéramos en su boca y cuando accedimos se puso en posición perrito entre las piernas de nuestro amigo, le retiró el preservativo de su pene que colocó en su boca mientras él acariciaba sus senos y yo comencé a acariciar sus nalgas. Me pidió la dama que me pusiera otro preservativo y la penetrara, orden deliciosa que me apresuré a obedecer. Fue en esa posición, ella en perrito, el torso de Jairo entre sus brazos, con las manos cerrando los brazos del caballero, un poco estirada, las piernas de nuestro amigo acariciando la parte exterior de sus piernas; el pene en su boca y las manos en sus senos, yo detrás de ella la penetraba, con mis manos acariciándole la espalda y el clítoris que con paciencia la llevamos a su orgasmo.
Cuando terminó de sacudirse de felicidad su cabeza aceleró los movimientos y Jairo se contorsionó en un espasmo, derramando en su boca su líquido de vida que Mile recibió golosa, tomándose hasta la ultima gota. Después de haber bebido todo lo que nuestro amigo le dio, cuando éste se apaciguó, ella me alejó de su vientre y pidiéndome que me acostara se puso esta vez sobre mí, me retiró el condón y llevándome de nuevo al calor de su boca me besó, lamió y chupó hasta que rindiéndome a tanto placer eyaculé a mi turno, entregándole mi semen que también bebió con avidez. Durante todo este tiempo yo le acariciaba sus senos y Jairo la espalda al igual que el resto de su cuerpo.
Una vez que terminé de estremecerme de placer, cuando mi pene había entregado todo el fruto de sus actos, nos recostamos para dormir. Pasamos la noche la cabeza de Mile en uno de nuestros pechos, sus nalgas apoyadas contra el otro, cambiando de un pecho al otro según los caprichos de su sueño, salvo cuando golosa sus besos nos despertaron, pero esto será el objeto de otro relato, sino este sería aun más largo y ya lo es demasiado para el gusto de la damita que lo inspiró.








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login EntrarHola, Definitivamente muy bueno, vaya que sabes como escribir e imaginar, me llevo a imaginar a mi tambien y disfrute mucho al hacerlo!!!