“SI TE TALLA MUCHO EL SILLíN, ECHATE VASELINA; VERíS QUE NO TE MOLESTA!”
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 17 min de lectura calendar_today Junio de 2009

“SI TE TALLA MUCHO EL SILLíN, ECHATE VASELINA; VERíS QUE NO TE MOLESTA!”

“SI TE TALLA MUCHO EL SILLíN, ECHATE VASELINA; VERíS QUE NO TE MOLESTA!” Nos encontramos en los contactos de GuiaCereza. Al principio, las frases y los reconocimientos normales. Se llama Luz Dary. Luego, el donde viví­a, con quien, cuantos años, que hací­a, etc. Me dio su msn y empezamos....

jpablo5162

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“SI TE TALLA MUCHO EL SILLíN, ECHATE VASELINA; VERíS QUE NO TE MOLESTA!” Nos encontramos en los contactos de GuiaCereza. Al principio, las frases y los reconocimientos normales. Se llama Luz Dary. Luego, el donde viví­a, con quien, cuantos años, que hací­a, etc. Me dio su msn y empezamos a chatear. Al principio, era ocasionalmente, cuando nos encontrábamos conectados. Pronto, empezó a hacerse más habitual; hasta que llegamos al punto de hablar dos y tres veces al dí­a. También empezamos a vernos por Cam. Y por último me dio su numero celular para que la llamara. Hablábamos un rato sobre cosas normales, sus hijos, mi madre, el trabajo etc. Le conté que mi hobbie es el ciclismo y, también, que uno de estos dí­as irí­a hasta donde ella vive (son 50kms aprox). Me dijo que encantada, aunque le manifesté que si iba, serí­a muy temprano en la mañana, puesto que es la hora en que normalmente uno practica esta clase de deportes. El tiempo pasó vertiginosamente para este relato. A los 20 dí­as de habernos encontrado, ya estaba partiendo una mañana para la ciudad donde ella estaba. La noche anterior le habí­a advertido que iba para allá y ella sin ningún proble-ma me dio la dirección de su residencia. Por lo que conocí­a, estaba ubicada a la entrada y por la ví­a que, desde esta ciudad entra en donde viví­a Luz Dary. Así­ que a las 5 :30am partí­ loco de contento. Me empleé a fondo. Y, en dos horas, más o menos, ya estaba entrando a la ciudad vecina. Para no parecer tan “acelerado”, me detuve en una panaderí­a. Pedí­ una PonyMalta y un bu-ñuelito. Lo comí­ con calma y entonces, luego de pagar, la llamé al celular, di-ciéndole que estaba ya por allí­. -Hay lindo que rico!!! Llegaste muy rápido. Entonces, en donde estás? Le expliqué el sitio y me dijo que de esa panaderí­a hasta su casa sólo habí­an tres cuadras y me explicó el camino a seguir. Como buen rastreador, rápidamente me ubique y llegué hasta la casa. Era grande, tí­pica casa de ciudad pequeña, de construcción moderna aislada de las otras por grandes lotes donde aun pastoreaban las vacas. Me acerqué a la puerta y toqué el timbre. Ella se asomó casi inmediatamente por una mirilla y me dijo: -Cariño, voy a soltar y a desatrancar, pero no abras hasta que te avise. Entra la bici y la dejas ahí­ en el corredor. Escuché cuando le quitó el pasador a la puerta y la desajustó. Quedó entre-abierta. Unos segundos después me gritó: -Pasa! Entré, cerré y me encontré en un zaguancito, con un patio grande al final lleno de matas de todo tipo. Acomodé mi bici, el casco, los guantes. Ella se asomó detrás de una pared y me dijo: -sigue amor! Al llegar al final de la pared del zaguán, encontré una mujer de unos 30 años, acuerpada, pero sin nada de celulitis, pelo negro lacio, largo, ojos negros, nariz respingada, labios delgados, piel canela clara; ataviada solo con una babydoll de color crema, debajo del cual se veí­an unos grandí­simos pechos y una tan-guita del mismo color semitransparente, que apenas le cubrí­a los labios vagina-les y que dejaba entrever una tenue lí­nea negra de vellos. Me saludó de beso y me abrazó. -Hola mi gordo! No te esperabas esta sorpresa verdad? Que rico que hallas venido hoy. Vamos a estar solos hasta el medio dí­a. Rico verdad? -Uy mami, me has dejado boquiabierto. No esperaba este recibimiento. Estas rebien. Que linda que te ves.!! Entonces, se separó y me dijo: -mirame! Y dio una vuelta completa sobre sí­ misma, dejando ver todo su cuer-po. Unos pechos enormes, una cintura pequeña y unas caderas anchas con unas nalgas bien redondas. Y me dijo: -Y todo esto es natural!!! No hay nada de silicona!! Te gusta? -claro, estas espectacular. Entonces, volvió a abrazarme y a besarme. Se pegó bien a mi, sintiendo ya que mi pene se estaba poniendo en buena erección. -Mami, sabe? Me gustarí­a darme un baño porque como ves, estoy muy suda-do, además que eso me relaja un poco más –le dije -Ah papito claro, vení­ por acá y cogiéndome la mano me llevó hacia la parte de atrás de su casa. Entramos a su habitación, grande, espaciosa con muchos muñecos. La pasa-mos y seguimos al baño que era igual de grande y casi al aire libre. No tení­a techo sobre la ducha, las paredes bajas, dejaban entrar mucha luz y mucho sol. Vidrios esmerilados subí­an desde la pared hasta el lí­mite que podrí­a catalogar-se como techo. -papi, bien pueda, báñese! Aquí­ tiene una toalla. -Y tú? Le pregunté -noo! Yo ya me bañé. Más bien después..... Medio apenado empecé a quitarme lentamente los zapatos, luego las camisi-llas y cuando llegué al “culotte” o pantaloneta de montar, la miré y me dijo: -papi, le da pena? Se acercó y me la bajó de una dejándome totalmente desnudo. Me metí­ a la ducha y abrí­ el hidromasajeador vertical y ese golpe de agua frí­a me refrescó, me quitó todo el sudor que llevaba. Me enjabone bien y seguí­ metido allí­ como por dos o tres minutos mientras ella sentada sobre una ban-quita, me miraba con mucho detenimiento. De vez en cuando, su mano se deslizaba por su vulva, la cual dejaba ver que estaba muy húmeda por la man-cha que se veí­a en el pantie. Me sequé y envolví­ en la toalla. Ella me tomó de la mano y nos fuimos hasta la parte de más atrás de la casa: a otro patio donde habí­a una asoleadora, una hamaca y unos colchones inflables. También habí­a una ducha al aire libre. -Este es mi rincón! Se quitó el babydoll con mucha sensualidad y el pantie, agachándose un poco. Pude entonces darme cuenta que efectivamente, cubriendo sus labios mayores solo tení­a una lí­nea de pelusa. Cuando se incorporaba, acercó su boca a mi pene y empezó a succionarlo de una manera única. Este, se acabó de erectar y su mano, se deslizó entre mis bolas. Luego me dijo: -separa las piernas un poquito. Le hice caso y su dedo empezó a jugar con mi ano. Esas caricias empezaron a ponerme cada vez más arrecho. Lo metí­a en su boca, hasta el fondo, casi has-ta quedarse sin respiración. Luego, al sacarlo, le pasaba la lengua con mucha suavidad y seguí­a bajando hasta los huevos para volver a empezar. En esas estuvo por varios minutos. Sentí­a que no aguantaba, que iba a eyacular, pero ella, con maestrí­a evitaba que esto sucediera. Al fin cansada y un poco agitada, siguió masajeándome y sus dedos habí­an logrado vencer mi resistencia y entraban profundamente en mi recto. Masajea-ba con mucho conocimiento y a cada rato sentí­a que una eyaculación vení­a en camino, pero sabí­a el momento justo de detenerse. Me hizo poner en cuatro, lamió todo el espacio entre mis nalgas hasta que se tragó mis testí­culos. Pero seguí­a masajeando mi miembro, que parecí­a estallar a cada rato. Cuando al fin me soltó, me dediqué a besarle el cuello, los senos y así­, fui ba-jando para acariciar y besar sus redondos y turgentes pechos. Gemí­a, aullaba mientras mordisqueaba con mis labios sus pezones y, mis manos recorrí­an su vulva y su ano. Sus nalgas duras como melones, se erizaban cada vez que las recorrí­a. Fui bajando hasta su vientre. Liso, sin estrí­as, sin celulitis, duro, a pesar de dos hijos. Su ombligo, no muy profundo provocaba chuparlo y seguí­ mi descenso! Llegué hasta el pozo de la dicha. Allí­ me detuve en seco, en medio de una suave pelusilla negra. Pero en lugar de dirigirme al centro, tomé un desví­o y empecé a rodear con mi lengua hasta donde más pude. Vuelta a subir y me desví­o por el otro lado, sin encontrar el verdadero y conocido camino. Querí­a hacerla sufrir. Subo de nuevo hasta su ombligo donde me concentró por un espacio de tiempo bastante largo. Mientras ella me acaricia la cabeza y trata de llevarme hacia el placentero capullo. Reinicio mi perdido viaje una y otra vez. Y cada vez más siento el aumento de su deseo, el calor de su piel, el enrojecimiento de la misma, la viscosidad que emana de su cuerpo. De la parte de su vientre resulta un calor elevadí­simo. Está excitada a más no poder. Pero no es sólo en esta parte donde estoy con-centrado. También mi mano hurga su estrecho, seco y diminuto agujerito tras-ero. Mi otra extremidad, está hundida en sus tres quintas partes en su caliente y húmedo sexo. Esta a punto. Vuelvo a iniciar mi recorrido hacia abajo, lentamente. Me dirijo hacia uno de los lados, pero sin previo aviso, me hundo totalmente en la acanaladura. En ese momento un espasmo recorre todo su ser. Es violento, fuerte, casi animal! Antes que hayan transcurrido 30 segundos un aullido gutural, escapa de su garganta y empieza una danza de convulsiones. La presión de sus manos so-bre mi cráneo disminuye paulatinamente. Los gritos, las convulsiones, el calor y el color, van desapareciendo. Cuando miro hacia sus ojos, una felicidad an-gelical invade su rostro, pero el proceso continúa hasta que un palidecimiento mancha esta visión pareciendo que va a desfallecer. Mueve sus piernas como si tratase de mantener un precario equilibrio. Toma mi cara con sus manos y hace presión hacia arriba como indicándome que quiere darme un beso. Me incorporo y sus labios me reciben con un óscu-lo profundo, apretado, salivoso, lleno de pasión, de dulzura, de agradecimiento. Al oí­do me susurra: -Uyyy papi, fue espectacular, me morí­ y volví­ a vivir!! Eso es lo que yo llamo un orgasmo!!! Gracias! -Ven sentémonos un ratito aquí­! Me condujo hasta uno de los colchones inflables y se sentó en posición de loto, recostada hacia la pared. Me senté igual y, mientras ella tomó mi falo con su mano mientras lo acariciaba lentamente. -Si así­ eres con la lengua y las manos, como serás con este muñeco –me dijo Y agregó: -dentro de un rato lo quiero dentro de mí­; ahora dame un momentito mientras repongo las fuerzas!! -Ay! Que vergüenza. Que falta de atención la mí­a, no te he ofrecido nada!!! Mi pobre gordito debe tener hambre? Quieres que te haga algo de comer? A lo que respondí­: -no mi vida, ahora no. Mas bien cuando me vaya, me prepa-ras un juguito de alguna frutita y listo!!!. Te parece? -como quieras. Entonces, se recostó sobre el objeto con el que estaba jugando y volvió a me-térselo en la cavidad bucal. Pero, mientras sus manos y dedos, volvieron a jugar con mi agujero rectal. Con lo excitado que me encontraba, no fue mucho lo que pude tolerar; fue en-tonces cuando la tumbe, dirigí­ mi lanza carnal hacia el agujero mayor y con suavidad lo fui introduciendo. -Ay!!! Papi, que rico! Me dijo, mientras empujaba su cuerpo hacia el mí­o para que toda aquella astilla de carne, entrara en su cuerpo. Estaba cálida, húme-da, ansiosa. Me echó las piernas de ella, anudándome y oprimiéndome contra su cuerpo. Como pude, empecé a moverme, más rápido y como podí­a, hací­a movimientos circulares. Fue cuando volteó los ojos y un suspiro profundo, largo salió de su garganta. Siguió moviéndose. –Papi, más, dale más que quiero venirme más, más massssssss! Asiiiii! Jueputa!! Que rico!!!!!!!!! Jueputa, jueputa, jueputa!!!!!!!!! Y otra vez su cuerpo convulsionó. El Parkinson del éxtasis la rodeó. Entonces, sentí­ algo sobre mi trozo de carne. Algo especial. Ella era de aquellas mujeres que sabí­an manejar los músculos vaginales. Empezó suave y luego fue au-mentando la intensidad. Parecí­a una mano que me exprimí­a, me ordeñaba el pene. No le tomó mucho tiempo hacer que soltara el semen que tení­a acumulado. Sentí­ o mejor, no sentí­, como el mundo se vení­a sobre mí­. Fueron unos se-gundos de indescriptible olvido de todo lo terrenal para estar en paz con el Uni-verso. Fue maravilloso. Caí­ sobre ella. Me abrazó, me besó y me decí­a lo rico que se sentí­a. Mi barra de carne seguí­a enhiesta. Entonces, supe que podí­a volver a la carga casi que enseguida. Empecé a moverme otra vez. En esta ocasión parecí­a que estuviera en un pantanero. Chas, chas, chas, sonaba cada vez que la embestí­a. Ella seguí­a mis movimientos acompasados y luego, volvió a tomar color, girar los ojos y gritar como loca. Pero yo nada!! No tení­a ni asomos de volver a eyacular, por lo que le di como a violí­n prestado. Fueron varios orgasmos seguidos los que tuvo. Al sentirla como estaba ella de caliente, me acordé de algo y, sin mediar pala-bra, le hice dar media vuelta para que quedara bocabajo. Ella automáticamen-te paró la cadera. Acerqué mi pene al pequeño asterisco pardo que tení­a en medio de ese par de nalgas. Lo rocé inicialmente y no dijo nada. Luego tome con la mano mi falo y lo detuve, presionando suavemente. Levantó su cabeza un poco, la giró y una sonrisa maliciosa se dibujó en sus labios. Sacó su mano y dirigió al enemigo hacia la guarida. Me ayudó sosteniéndolo mientras la pe-netraba. Ni un asomo de dolor o de molestia. Al fin entró por la puerta de reta-guardia. Entonces, empujó su cadera contra mi vientre duro, como queriendo decir, que untado el dedo, untada la mano. Empezamos a movernos. Ella dirigió su mano hacia su vulva y empezó a aca-riciarla. Me sentí­a en la gloria. Pronto sentí­ que vení­a una eyaculación en ca-mino. Ella lo percibió también. -Papi echeme toda la lechita allí­. Todaaaaa!!!! Que no le quede nadaaaaa!!! Sentí­a sobre la piel de mi miembro, la fricción de las paredes de su intestino. Y a poco, de nuevo esa sensación de plenitud, de importaculismo que nos invade cuando alcanzamos el clí­max. Descargue una cantidad enorme de semen allí­!!! Las contracciones, fueron múltiples. Ella gritó: -jueputa gordo, metelo todo y duro!!!! Duro!!! Jueputa, Dios, esto si es rico!!! Me muero!!, dale!! No lo saques!!!-, y también llegó al final. Luego me dirí­a que la sensación del semen caliente en las paredes intestinales, le provocan un placer único. Quedamos tendidos el uno encima del otro, mientras mi carnal amigo se retira-ba lentamente por efectos de la pérdida de sangre en los cuerpos cavernosos. El sol, nos calentaba, mejor dicho, nos asaba, porque estaba ese dí­a con las pilas bien puestas. Nos quedamos abrazados un rato así­, desnudos, sin ba-ñarnos. Tampoco nos tocábamos. Entramos como en el sopor propio que esta actividad produce. Yo sentí­ que roncaba por momentos, al igual que ella. Me recosté de lado y el tiempo, ese eterno y servil señor feudal, empezó a mo-verse muy lentamente. Cuanto tiempo pasó? No puedo decirlo. Sólo que, cuando volvimos a estar conscientes, el sol ya cubrí­a casi todo el patio y nos asábamos a fuego lento. Ella se sentó primero. Se acomodó el cabello largo y negro. Sonrió. -ufff papi, que rico..! Así­ tení­a ganas de una pichadita desde hace tiempos. Vos has sido el único man capaz de dármela en mucho tiempo!!! -Vea pues- pensé -O sea que me está comparando!! Pero no vale la pena de-clarar la guerra aun. Dejémoslo para otro dí­a!! Luego me senté otra vez en posición de loto. Mi pene fláccido descansaba so-bre su asiento natural. Estaba húmedo y viscoso aun. Me dieron ganas de orinar y le dije: -esperate voy al baño Mientras me incorporaba Me preguntó: -a que? -voy a hacer chichi. –No espera! Espera! Se inclinó y metió de nuevo a la boca la fálica porcion y empezó a chuparlo, a limpiarlo. -Sabe a todo!!! Dijo balbuceando- pero es mí­o! Y mientras lo chupaba con la otra mano le iba haciendo un masaje. Así­, hasta que lo hizo poner de nuevo erecto, moviendo su mano y su cabeza hasta que sentí­ que iba a volver a eyacular. Esta vez ni siquiera se tomó el trabajo de sacarlo. Lo dejó allí­. Hasta que lo vació totalmente. Ya, entonces, me dolió debajo de los testí­culos. Fue un dolor intenso. Entonces, se salió del colchón y se sentó junto al desagüe de la ducha. Y me dijo: -orina!- mientras lo sostení­a con la mano. Empecé a relajar los músculos poco a poco y fui sintiendo como iba subiendo algo que me dolí­a, ardí­a hasta la punta y empezó a fluir. Ella dirigí­a el chorro por su cuello, sus senos, su vientre. Mientras, el chorro aumentaba su fuerza y su volumen, pero además, me parecí­a que no iba a acabar, que no habí­a mea-do en años. Se echó todo mis orines por su cuerpo restregándolos como si fuera un shampoo o un bálsamo. Aun se lo pasó por su vulva y su ano. Cuando ya no cayó más, volvió a metérselo a la boca. Y empezó a chupar y apretarlo como si quisiera ordeñarlo. Así­ estuvo varios minutos, mientras me miraba como si pidiera mi aprobación. Al fin me soltó y se puso de pie. -ya vengo! Me dijo.-va a ser toda una sorpresa!!! Y salió a la carrerita hacia la habitación. Desde el lugar donde estábamos podí­a verla, buscando algo en una mesita. Cuando regresó y cerca a mi me dijo: -Bueno papi!, yo me dejé hacer de todo!!! Ahora, le toca a usted dejarse!! -Y que vas a hacer? Fue cuando vi que traí­a una correa. –Uy! Me va a dar correazos? Uy jueputa esta vieja es masoquista!! Pero a mi no me gusta eso!! –pensé Pero no, me equivocaba. Era la correa de un arnés, el cual se lo rodeo a la cintura y se acomodó un tremendo vibrador. Parecí­a un man bien arrecho. -Bueno papi, ponga ese culo en pompa que ahora le va a tocar a usted saber que es que le metan a uno una verga por el culo!!! Si no se la han metido, lo va a saber!! Esto es compartidito papi!! Tanto de aquí­ para allá, como de allá para acá! Bueno? Así­ que no tuve como mucho tiempo de pensarlo, porque me empezó a empu-jar sobre el colchón inflable. –Relájese y disfrute! Me dijo. –Ay mija, aunque sea un poquito de gel para que resbale!! O como el cura, arena para que no patine!!!!! Le dije en broma, aunque ya me imaginaba lo que se me vení­a culo adentro!! Y respondió: -tranquilo mi amor, que aquí­ nada ni nadie va a patinar!!! Oyó mi vida???. Y dicho y hecho. Un poco de gel, el culo en pompa y empieza a empujar. Casi que en vivo y en directo. Sentí­ un dolor impresionante. Que me partí­an el culo en dos. Ese objeto era muy grande. Mi culito no se habí­a metido nunca nada de ese grosor. -Despacio, despacio. Suave, que me duele!!! Grité -Uy! Pero que duele, duele. Se me vinieron las lágrimas. Cuando al fin lo hubo empujado todo, sin mucho preámbulo, aun más dolor sentí­. Pero luego, el dolor dio paso a una sensación mucho más agradable, mas relajante. Hasta mi verguita se puso un poquito tiesita. Y así­ estuvo moviéndose hasta que la sentí­ jadear y gritar. Se habí­a venido!!!! Al final ya no se pudo sostener y se dejó caer sobre mi aplastándo-me contra el colchón y empujándome el hijueputa vibrador hasta el fondo de mis intestinos, cosa que me hizo gritar, por el dolor más malparido que he sen-tido en la vida!!! Pensé que me habrí­a perforado las tripas. Se incorporó y retiró sin mucha solemnidad el desgarrador, maquiavélico y te-tracatrehijueputa aparatejo, a lo cual un sonoro y desgasificante ruido se dejó sentir. Pensé que me habí­a cagado. Pero no. Lo que si podí­a afirmar es que mi culo estaba en llamas, ardido, me escocí­a como si hubiesen derramado al-cohol en él –debe estar sangrando- pensé. Se recostó a un lado y empezó a sonreir. –Y vos que te creí­as? Que eso no nos duele? Pues claro que duele y algunos de ustedes son unos brutos para esas cosas. Ahora creo que tendrás más cuidado cuando le des por el culo a una mujer!!!- Me espetó. -pues si, tocará!!! Respondi! -Bueno papito lindo, has pasado la prueba en forma total. Creí­ que no encon-trarí­a alguien capaz de pasarla. Per,o decime vos no sos bi? -noooo! Que va. A mi sólo me gusta la mierda de las mujeres!!! Le espeté de una, mientras pensaba como me iba a doler el culo cuando me sentara en el sillin de la bici e iniciara el regreso. -Ah que rico!! Entonces me comí­ un culito virgen!!! -.... -el que calla otorga papi!!! -venga papi, vamos a bañarnos y a arreglarnos!! Le tengo por allí­ otra sorpresi-ta! -con tal que no sea como la anterior!!! -Ay! No sea tan chilletas, no es para tanto! -venga vamos a la ducha y se me viste y se me pone bonito!! -Ya todo lo que habí­a aquí­ se acabó, por ahora!! Dentro de poco tengo que ir por la niña. Ok? Pero si viene mañana o cuando quiera, volvemos a tener una función igual!!! -igual, igual?? Le pregunté como con miedo -Ah pues claro que igual, pero para entonces, ya no le va a doler tanto, amiguis del alma!!! -Jejejeje! La puta madre que la pario!! –pense! Nos fuimos a la ducha, me bañó prolijamente y después me secó. Me echó crema por todo el cuerpo y talquito. Luego me ayudó a vestir. Ella se arregló con una diminuta tanga clara, un brasier deportivo del mismo tono. Una licra bien ceñida y un buzo. Se veí­a provocativa, ganosa! En la cocina de nuevo, me sirvió un tazón con frutas picadas, crema de leche y helado. Cuando terminé, me dijo: -papi, vámonos porque se me hace tarde para recoger la niña! Así­ que me puse mi casco, mis guantes y saque mi caballito de aluminio y fibra de carbono. El sol caí­a casi a plomo sobre el Valle. Uff! Al sentarme, el sillí­n me hizo recordar los difí­ciles momentos pasados por mi culo!!! -Si te talla mucho el sillí­n, echate vaselina; verás que no te molesta!!! Jajajajaja! Me gritó mientras ella en su bici, salí­a a toda velocidad!!! Chao!!!

— jpablo5162

7 de junio de 2009

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jpablo5162

Escrito por

Soy hombre heterosexual

Comentarios

1 comentario

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  • festina-lente
    festina-lente · 6 de jun de 2009

    Huy viejo, cipote relato tan monocuco, te felicito , tanto por lo bien redactado, como por lo que te sucedio, siga escribiendo compae que lo hace muy bien, te califico con five stars

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