
ELOGIO A LA INFIDELIDAD
Don Francisco de Quevedo y Villegas, célebre poeta español del Siglo de Oro, celebra la infidelidad de una esposa con este elegante y divertido verso que comparto con ustedes:
“Dícenme, don Jerónimo, que dices
Que me pones los cuerno con Ginesa;
Yo digo que me pones casa y mesa;
Y, en la mesa, capones y perdices.
Yo hallo que me pones los tapices
Cuando el calor por el octubre cesa;
Por ti mi bolsa, no mi testa, pesa,
Aunque con molde de oro me la rices.
Este argumento es fuerte y es agudo;
Tú imaginas ponerme cuernos; de obra,
Yo, porque lo imagino, te desnudo.
Más cuerno es el que paga que el que cobra;
Ergo, aquel que me paga, es el cornudo,
Lo que de mi mujer a mí me sobra.”
Más de tres siglos después, otro español, Joan Manuel Serrat, nos regala esta graciosa y verídica canción cuya letra dice:
“La familia, los amigos,aguardan con impacienciaque por dignidad, la saquede la casa con violencia.Apenados me contemplano sonríen con desprecio.Se les nota que sospechanque sé cuanto saben ellos.Y lo sé, lo supe siempreque se acuesta con cualquieray ellos piensan que, eso, un hombrecomo tal, no lo tolera.Pero es simple, toda hembraquiere a hombres diferentesy a diferentes mujeresquiere el hombre, es lo corriente.Qué me importa que en un cuartootros encuentren amparosiempre y cuando lo preciselo halle desocupado.No renuncio a la deliciade tenerla sugerenteen mi cama cada nochepor prejuicios de otra gente.La familia, los amigos,me presionan a diario.No me queda otro remedioque mudarme de este barrio.”
No resta sino agregar que a veces los cornudos, resultan ser los amantes.








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