UN 4 DE JULIO
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 14 min de lectura calendar_today Julio de 2009

UN 4 DE JULIO

UN 4 DE JULIO Hace unos dí­as recibí­ en mi celular el siguiente mensaje: “Tico el 4 de julio es-taré en Cali, así­ que te buscaré por cada rincón de la ciudad.... Remite 3007910xxx” Bueno yo conocí­a y sabí­a quien me decí­a Tico. Así­ que me quedé a la expec-tativa. La noche....

jpablo5162

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UN 4 DE JULIO Hace unos dí­as recibí­ en mi celular el siguiente mensaje: “Tico el 4 de julio es-taré en Cali, así­ que te buscaré por cada rincón de la ciudad.... Remite 3007910xxx” Bueno yo conocí­a y sabí­a quien me decí­a Tico. Así­ que me quedé a la expec-tativa. La noche del 3, viernes, me llamó como a las 11pm diciéndome que se encontraba en Medellí­n y que saldrí­a en un Expreso Arauca a las 12 de la no-che para Cali. Que a qué horas estarí­a llegando? Qué cómo sabrí­a que esta-ba en Cali, porque ella no conocí­a nada. Le expliqué entonces, que Cali, es una de las pocas ciudades Colombianas, que cuando se entra a ella, bien sea por el norte o por el sur, no se tiene que pasar por las zonas deprimidas que generalmente se encuentran en las ciuda-des de nuestro lindo paí­s, sino que entra por la zona industrial. Así­ mismo le dije, que después de cruzar el puente sobre el rí­o cauca, pasarí­an alrededor de 40 minutos antes de llegar a dicha zona. Que pusiera mucho cuidado cuando, al entrar a una calzada doble, a su iz-quierda encontrarí­a la fábrica de cerveza con el nombre del tradicional juego de cartas. Y que cuando pasara por dicho lugar, me llamase, recalqué. Pues bien, ella atendió las instrucciones y aproximadamente a las 7:20 am me llamó toda emocionada que acababa de pasar por la fábrica de cervezas. En-tonces le expliqué que en ese momento estarí­a pasando por un paso elevado y que de allí­ al terminal habrí­an unos 15 minutos. Yo ya me encontraba listo y con mis baterí­as bien cargaditas para el encuentro. Así­ que salí­ de mi apto, tomé un taxi y llegue al Terminal de Transportes. Des-pués de una espera de aprox. 6 minutos arribó el inmenso bus blanco de Arau-ca. Descendieron uno a uno los pasajeros y entre ellos mi querida AndreaP. Saludo de beso con lengua trasnochada, abrazo fuerte y tocadita de nalga. Duras!!! Bueno, después de ese saludo, nos dirigimos a una cafeterí­a cercana; buscamos un rincón donde poder conversar y colocamos el morral que traí­a en un sitio visible. Pedimos un desayuno suculento pues traí­a hambre y mientras nos dedicamos a charlar. Mientras desayunábamos, reí­amos y conversába-mos, el morralito dos veces intentó caerse. Sin embargo, no le prestamos atención a este hecho. Al tercer intento del morral de caerse y acomodarlo, observé que en la puerta habí­a un par de sujetos con carita inocente, mirando hacia adentro y como que charlaban. Me puse “mosca”, pues sospeché que estos sujetos se traí­an algo entre manos con nosotros. Y así­ fue. El morral por cuarta vez iba para el sue-lo. Al intentar reacomodarlo encontré que estaba agarrado con un anzuelo y un delgado hilo de nylon el cual corrí­a hacia los sujetos. Cuando tiré del nylon, los sujetos me voltearon a ver y salieron corriendo dejando el artilugio tirado. Lo recogí­ y eran como unos metros de nylon con un anzuelo de pesca en el ex-tremo. Este engancha el objetivo y ellos lo van tirando desde lejos. Como uno está distraí­do no se da cuenta y ellos alzan con su botí­n. Después de este incidente y habiendo pagado la cuenta, ella me dijo que esta-ba recomendada para ir a un hotel llamado “Cerros de Granada”. Pero antes fui a buscar un “tombo” que como para variar, no habí­a y los guardias de segu-ridad del Terminal, me contestaron que eso no era competencia de ellos. Que buscara un “tombo” o fuera a poner la denuncia al puesto de información. Salimos a la pista a tomar un taxi y después de una cola de 15 minutos, cuan-do nos tocó el turno, el taxista preguntó que para donde í­bamos y cuando le dije que al barrio Granada dijo que la carrera valdrí­a 10 mil pesos. Al reclamar-le me dijo que a mi no me correspondí­a poner precio a su trabajo, porque el estaba desde las 6 de la mañana haciendo cola y que él “por 3.500 cagados pesos no iba a perder toda esa espera”!!!. Que buscara otro. Y claro, tampoco habí­a guarda de tráfico ni “tombos” para quejarse. Así­ que nos salimos del sitio y contraviniendo las medidas cogimos un taxi que pasaba el cual nos llevó por módicos 4 mil pesos. Esto es una crí­tica también a la forma como abusan del que consideran foráneo o turista. Después de un corto recorrido llegamos al hotel, que se encuentra en la zona rosa de Cali y en seguida se registró. Para pagar la cuenta, pasé mi TC y apro-bada, le asignaron una habitación. Aunque fue más por educación y cortesí­a, puesto que yo no la habí­a invitado. El botones, tomó el morralito y nos condujo a la habitación. Una habitación grande, mucha luz, amplia con una cama doble, un gran sofá, un tv de plasma, peinador, etc. Etc. Y un amplio baño con tina!!! Después de darle la propina al botones, éste cerró la puerta y bueno, beso va y viene; me senté en el sofá y ella se sentó en mis piernas para empezar el relato en sí­. Le propuse entonces, que se refrescara, que se “aclimatara”; es decir, un baño con el agua del sitio, ayuda a “conocer” el lugar y sentirse cómodo y luego salir a pasear para que conociera la ciudad. Me dio un beso y me dijo: “ahora!”. Se acurrucó en mi y me abrazó fuertemen-te. Empecé por tocarle un poco la cadera, luego la pierna y para irla poniendo a tono, le quité las zapatillas y las medias. Le dije: “mientras te refrescas!!”. Seguimos con besos y caricias hasta que decidí­ quitarle la blusa. Un par de melones talla 36D saltaron. Enormes, estaban aprisionados por un brasier que parecí­a a todas luces pequeñito pero no, era justo lo que necesitaba para su volumen. Me quitó entonces el polo y exclamó: “Ay Dios, que osito tan rico” y empezó a pasarme la mano por el entrecano y velludo pecho. “Si así­ es de rico el al-muerzo, mas será el postre”!!!! exclamó; e intentó bajar la mano por entre el pantalón pero no pudo porque siempre estaba un poco ajustado. La empecé a besar por el cuello, los hombros y sentí­a el sabor salado del ex-ceso de sudor que traí­a luego de 24 horas de viaje. Así­, por un largo rato, has-ta que se incorporó y cogiéndome la mano, me dijo: “vamos” y me llevó hacia el baño! Sentí­ un corrientazo en la parte baja de mi cintura y que un amigo se poní­a en ‘alerta’. En llegando a la puerta del baño, me dijo: “un momento!” y fue hacia su morral. Extrajo su cepillo de dientes, crema y desodorantes. Y luego con ese movimiento que sólo las mujeres saben hacer para quitarse un pantalón, se quedó sólo con un cachetero azul de encaje, muy trasparente que dejaba entrever que tení­a el morro y la vulva depilada. Mientras, de mi canguro, extraje un par de “sachets” de shampoo y rinse que habí­a comprado y el estuche de aceites! Después de cepillarse, se me acercó y me aflojó el pantalón, que se deslizó por mis piernas, entonces se arrodilló y se me acercó a mi entrepierna, liberó al preso que por allí­ se encontraba y se lo llevó a la boca con suavidad. Primero le besó la mera punta, luego empezó a pasarle la lengua alrededor de la roja cabecita y a continuación, empezó a deslizar la lengua hacia la base. Se devolvió por la parte opuesta. Así­ fueron varios los viajes de ida y vuelta, pero lo más rico fue que el mentolado de la crema dental hizo efectos sobre la delicada piel, causando una sensación agradabilí­sima. Con cada recorrido, iba dejando más y más saliva hasta que lo hubo humedecido totalmente. Al final de uno de los tantos recorridos, abrió suavemente sus labios y fue introducién-dolo suavemente en su boca, entrecerrándola para ejercer una presión estimu-lante. Y continuó hasta que sentí­ que llegó a tocar fondo pero fue abruptamente expulsado por una arcada. Pensé que se iba a devolver el costoso desayuno, pero no. Nada que ver!! Cuando ya le cogió el tiro al largo del carnudo bastón, empezó un mete y saca delicioso, el cual hizo que se pusiera aun más rí­gido al punto que pareciera que con un golpe, por suave que fuera, se quebrarí­a cual copa de cristal. Pero no, no hubo tal golpe, pero si una pronta sensación de pérdida de peso, de ingravi-dez, de abandono total, de un no saber nada y la sensación que un aluvión de semen cálido se deslizaba por los conductos rumbo a las amí­gdalas de Andre-aP. Cosa de segundos. Luego una sensación de tranquilidad, de sosiego. Pero así­ mismo, se percibí­a que seguí­an intentando extraer hasta la última gota del precioso y seminal lí­quido. Luego, una carnosa lengua que se paseaba de nuevo por todo la extensión de la cabeza, provocando nuevas y más agudas sensaciones de placer. Al fin, se incorporó, un fuerte beso con olor y sabor a fluidos masculinos. “Te gustó?”. Si! Bueno, ahora si vamos a darnos un baño! Dijo, mientras se quitaba el brasier liberando a las detenidas y arrojando el ca-chetero con algunas manchas en el lavamanos. Me senté sobre la tapa del inodoro para quitarme los zapatos, las medias y el boxer. Abrimos el agua y nos metimos de una. El tibio del agua y la turgencia de las formas inferiores posteriores de AndreaP hizo que mi verga se pusiera de nue-vo en proceso de erección. Te gustan mis nalgas”? “si mucho” le respondí­! De hecho quisiera darte por ese culo, le dije! Ay Tico, eso duele mucho! Respondió. Pero con cuidadito, se minimiza mucho! Agregué! Bueno, Tiquin, por ahora, bañémonos! Y se metió debajo del agua, la cual la empapó totalmente. Tomé el jabón de baño y empecé a restregarlo por todo su cuerpo, empezando desde la nuca hasta los pies. Cada rincón, cada pliegue, recibió su apropiada cantidad del limpiador. Con mis manos, lo dispersé y ma-sajeé hasta que la espuma envolví­a todo el cuerpo de la chica. A continuación, abrí­ el sobre de shampoo y lo distribuí­ sobre su pelo. Lo masajeé con cuidado e hice suficiente espuma. Luego, la metí­ debajo de la corriente de agua para que ésta se llevara toda la suciedad del viaje. Luego, repetí­ la acción. Esta vez más rápido puesto que el jabón ya rendí­a mucho mas su actividad al no haber nada de suciedad. Y la acción se repitió en el cabello. Un enjuague de todo y el “rinse” o enjuague. Ella se lo aplicó puesto que son ellas las que saben cómo hacerlo. Tomo el jabón y fue ella quien ahora me restregó suavemente el jabón por el cuerpo. Pero fue más allá, porque se dedicó a enjabonar bien el falo, luego las bolas y por último, un dedito enjabonado, lo introdujo en mi ano. Oh no! Otra? Pensé para mis adentros, sin embargo no dije nada. Fueron dos baños igua-les. Cuando ya estuvimos bien limpios e inodoros, ella, me empujó para que me arrodillara frente a ella y le chupara su abultada y bien depilada vulva. Empecé por pasarle la lengua suavemente por los bordes carnosos mientras que ella iba arqueándose para que pudiera avanzar más por su entrepierna. Así­, hasta que llegué con mi lengua al fondo y sentí­ que habí­an otros fluidos diferentes al agua, que por su sabor inconfundible sabí­a de donde provení­an. Empezó a quejarse suavemente, mientras mi lengua y sólo mi lengua separaba los labios gruesos. Así­, avancé de atrás hacia adelante y llegué al turgente reemplazo del pene masculino, el cual empecé a chupar con fruición. Esto aumentó sus quejidos y sus palabras: “si tico, asi, así­. Dale, que me gusta, más, no pares! Fueron varios minutos así­, en que el agua y la presión de la piel de ella me de-jaban casi sin aliento, hasta que empezó a contorsionarse, me apretó su cara a su abultado Venus y en medio de espasmos incontrolables, sentí­ que el hito empezaba a desinflarse lentamente, mientras ella gemí­a fuertemente. Me atra-jo hacia su boca, me abrazó y me clavó su lengua en la mí­a. Pareciera que me la iba a arrancar. Y así­ permanecimos jugando con nuestras lenguas unos cuantos minutos. Cuando aterrizó, salimos de la ducha, nos secamos en silencio y luego volvió a besarme. Ven, me dijo! Y cogiéndose de mi, a medio inflar extensión, me arrastró para la cama. Nos recostamos, nos besamos y luego, empezó a ma-nipular a mi amigo, el cual se infló de nuevo totalmente. No tan erecto como al principio, pero si muy responsablemente. Entonces, se incorporó un poco y empezó a bajar por mi cuello, luego mis tetillas, mi vientre y ombligo y llegó a la parte más importante de mi cuerpo. Se llevó de nuevo a mi socio a su boca y empezó a chuparlo al igual que unos instantes previos. Con el instrumento en la boca, entonces, se subió encima de mi dejándome su vulva y su ano a la vista mí­a, los cuales me apresuré a besar y a chupar. Cuando estaba entretenido en su ano, ella hizo lo propio con su dedo en el mí­o y empezó a intentar introducirlo. En vista de la situación y en correspondencia, hice lo propio. No era un 69, era un 71 y terminó convirtiéndose en un 73!!! A lo cual ella empezó a gemir de nuevo. A poco, dobló sus piernas y presionó su perineo contra mi cara. Sentí­ que me ahogaba, pero ella querí­a que la chupara y así­ lo hice, hasta que sentí­ que un chorro de algo caliente me inundaba la cara mientras ella lanzaba aullidos ex-traordinarios. Pensé que se trataba de sus fluidos, lo cual era cierto, pero eran sus dorados fluidos los que me bañaron el rostro!!! Tenaz! Primera experiencia de este tipo!! Cuando al fin terminó, pasaron unos minutos antes de que se incorporara; lo propio hice, tratando de recoger la cama para que no se mojara pero no, fue imposible! La olorosa y amarillenta humedad caló hasta el colchón!!! Me fui al baño, me di un nuevo baño mientras ella también se refrescaba. Riquí­simo MiTiquí­n! Fue espectacular!! Y nunca pensé que eso fuera cierto, lo de la lluvia dorada! Me dijo! Ay Tiquin, me voy a quedar contigo de por vida! Auxilio!!!! Dije interiormente. No eso no me puede suceder. No quiero com-promisos con nadie!!! Vivo muy rico así­, solito!! No puede ser! Esta loca no puede quedarse a vivir aquí­! Ay! Milagroso de Buga, no me vayas a hacer esta maldad!!! Prometido que me voy en bici, sin sillí­n, hasta tu Basí­lica!!! Prometi-do! Al salir del baño, nos recostamos en un rincón que aun quedaba seco de la cama y ella empezó a jugar con el muchachón. A partir de allí­, éste se puso otra vez erecto y sin mediar muchas palabras, colocándola de medio lado, se lo apliqué por donde correspondí­a a lo cual empezó a jadear largamente. Seguí­ con el movimiento rí­tmico y cuando me cansé, la tumbe boca arriba y en la tra-dicional y religiosa pose, la volví­ a clavar. Su cuerpo se arqueó y comenzó a mover la cadera rí­tmicamente. Pero además, sus músculos vaginales empeza-ron a apretarme suavemente, lo cual hizo que mis sensaciones fueran in cres-cendo. Tico, dale, dale, Tico, soy tuya de ahora en adelante. De aquí­ no me voy! Vos lo hacés muy rico, Ticoooo! Ayyyyyyyyy]!!!! Y un orgasmo, más suave que el anterior volvió a sacudirla. Cuando hubo terminado, mi muchachón no habí­a recibido su parte de placer por lo que cogí­ a la culona de AndreaP la puse bocabajo y le apliqué un par de escupitajos en la entrada del esfí­nter anal. Nooo! Tiquí­n, por ahí­ nooooo! Me va a doler! Si piensas que va a doler, dolerá, le dije! Y me acordé de mis aceites. Busqué el estuche, saqué uno y unas gotas en mi verguita y luego otras, pero en abun-dancia en el ojete oscuro. Con mi dedo de ir a cine, lo repartí­ por el interior lo más que pude y luego, me preparé para la estocada! Apenas lo puse en la entrada, empezó a quejarse. Callate, que aún no ha pa-sado nada. Sólo está reconociendo el terreno le dije. Luego, empecé a pre-sionar. Como intentó doblarse un poco, entonces, le di fortaleza con mi mano y ahora si, la cabeza fue consumiéndose lentamente. Ella se quejaba. Y se le veí­a en los ojos la cara de pánico. Pero eso no me conmoví­a. Así­ que seguí­ presionando hasta que pasé la primera fase. Mi amigo ya estaba en ruta hacia lo cagadamente desconocido. Otro esfuercito, otra cara de dolor y ya,! habí­a pasado las talanqueras naturales. De una se fue hasta el fondo. Los gestos y la tensión del rostro dejaban apreciar el esfuerzo que por no gritar hací­a la pro-tagonista. Un momento de relax, de sentirlo, de acostumbrarse y ahora sí­, inicio el movi-miento natural rí­tmico rectilí­neo. Se siente cálido, húmedo, ajustado. Es una sensación que no tiene forma de expresión por medio de palabras. Ella, más relajada, empezó a sobarse su clí­toris y a jadear. Un poco de movimiento cir-cular y las sensaciones agradables y lujuriosas fueron aumentado. Sentí­ como un relámpago que me indicaba que la tormenta estaba cerca. Aumenté la ve-locidad y la fuerza con que mi martinete golpeaba el interior. Y al fin, después de casi tres horas de agoní­a, nuevamente sentí­ que una ava-lancha seminal se desbordaba por las represas naturales. No habí­a regreso ya!. Fue una descarga brutal, abundante y deliciosa. Cuando se hubo termi-nado todo, el inquilino temporal fue despedido sin agradecimientos por su visita y con una pinta y olor poco agradable. A poco, un manantial de lí­quidos par-duzcos empezaron a brotar de tan memorable sitio. De nuevo, un baño total para ambos, mientras que del local usado salí­an ruidosos gases. Ya satisfechos después de este encuentro inicial, nos arreglamos y salimos a recibir un poco de sol y a mostrar la ciudad. La noche, fue una noche normal, con baile, traguitos y el consabido ‘polvito’. Luego, el domingo, la llamada fatal. Tení­a que devolverse porque la mama habí­a sufrido un infarto y estaba delicada. Así­ terminó esta visita.

— jpablo5162

9 de julio de 2009

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jpablo5162

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