Una mañana de verano, mientras revisaba los apuntes de la infancia, de los tiempos en el colegio y las faldas de mis compañeras, entre sueños y recuerdos tiernos encontré un manuscrito que parecía robado. Unas cuantas líneas perdidas en una música siniestra, entonaciones a demonios, cánticos a ángeles con poemas a Dios, blasfemias, esquizofrenia, algo de pánico y sexo, sobre todo sexo... ¡Todos contra todos! Una bacanal de magnitudes astrológicas y sangrientas. Emocionada, lo tomé entre mis pierna y apreté presurosamente para sentir su calor calcinar mi vientre. Me estremecía recordar que mis compañeras se dejaran seducir de tal forma. Lamer sus pieles hasta la sangre y morder luego sus pezones, sus labios y sus clítoris fue mi pasatiempo favorito mientras las demás se regocijaban en sus tranquilas vidas de estudiantes y en mi casa me veían como la santa paloma virgen en el convento. En las vacaciones extrañaba profundamente a mis amantes. La madre superiora nunca se enteró de nuestros juegos de dormitorio, de baño, de piscina... Éramos expertas en dibujarnos un orgasmo mientras comíamos puré de papas con plátano, arroz frito, carne azada... Jugábamos con los líquidos que salían de nuestros cuerpos hasta el hastío. Nos succionábamos el alma en cada caricia, en cada roce de las pieles, en cada gemido, cada gesto, cada sueño, cada noche... Tengo mucho calor. La luz de la luna entra con gran violencia por mi ventana. Esta ciudad tiene un estruendoso deseo de suicidio en verano. Mientras escribo, clavo en la mesa un abrecartas que he afilado hasta e límite. Son las 9:30 de la noche y el calor es insoportable. Afuera, ruegan por la lluvia. Mi ventilador se arruinó, me abandonó en este infierno y se marchó a un tacho de basura en la cera de enfrente. La repisa de la biblioteca, ahora, solo porta dos libros: La Biblia, mutilada en invierno para calentarme con el fuego de sus hojas en una caldera y de la cual, solo quedaron vivas las páginas del cantar de los cantares; único libro que rescaté luego de estudiarla por completo y darme cuenta que el resto es basura o combustible barato, a modo de exaltación del valor en su regazo. El otro libro es una antología de Rimbaud. No diré nada... Ese chiquillo hizo que cada noche, a la luz de una vela quisiera destrozar la pijama de una de mis vecinas de dormitorio y flagelarla pornográficamente hasta el alba tapando su boca para ahogar sus gemidos y no ir a despertar alguna monja furtiva. El abrecartas es plateado, tiene una empuñadura con un wisard que me mira con deseo. No estoy vestida, el calor es insoportable. Hace un rato arrojé por la borda de mi silla la última prenda de mi ropa interior. El wisard ha empezado a hablar... Estoy alucinando, la sangre que corre por la cara del maldito mago y mis piernas se está llevando mi vida... Duele... pero ya no tengo calor.

Relato de comunidad Fantasíasschedule 3 min de lectura calendar_today Julio de 2009
Una Calurosa Noche
Una mañana de verano, mientras revisaba los apuntes de la infancia, de los tiempos en el colegio y las faldas de mis compañeras, entre sueños y recuerdos tiernos encontré un manuscrito que parecía robado. Unas cuantas líneas perdidas en una música siniestra, entonaciones a demonios,....
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