Nuevo Empleo
Relato de comunidad Fantasíasschedule 6 min de lectura calendar_today Agosto de 2009

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Hací­a poco mas de dos meses que me habí­a recibido de doctora en medicina y por supuesto estaba haciendo prácticas en salud pública pero el sueldo era miserable, y conseguir trabajo en una mutualista era muy difí­cil. Por eso me interesó un puesto bastante bien pago como doctora en la....

etralo

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Hací­a poco mas de dos meses que me habí­a recibido de doctora en medicina y por supuesto estaba haciendo prácticas en salud pública pero el sueldo era miserable, y conseguir trabajo en una mutualista era muy difí­cil. Por eso me interesó un puesto bastante bien pago como doctora en la principal penitenciarí­a de mi paí­s. Siempre fui muy bonita. Soy alta, rubia de cabello largo, buena cola tetas y piernas, doy delgada y mis caderas tienen forma de guitarra. A pesar de usar túnica todo el dí­a, mis atributos fí­sicos se notaban de lejos y apenas me hago cargo de la policlí­nica del establecimiento, noté como los presos y algunos guardias se comenzaron a sentir mas enfermos que antes. Siempre fui una mujer muy activa sexualmente, por eso veí­a posibilidad de tener sexo sin compromiso. Como era primavera y hací­a bastante calor yo me poní­a como única vestimenta mi túnica de trabajo, que es de color blanco y de tela fina. Como es abotonada adelante, bastaba desprender un par de botones para que se me viera o insinuara mas de lo que era recomendable. Si me agachaba, se me veí­an los senos y si me sentaba enfrente, se me veí­a la unión de mis piernas... Lo primero que hago es solicitar autorización al jefe del penal para hacerles chequeos a los reos, ya que hací­an mas de dos años que no se hací­an y así­ comenzar a realizarle tratamientos a los enfermos infecciosos, tuberculosos y enfermos de SIDA y enfermedades venéreas. Uno a uno iban pasando los reos y se les hací­a un chequeo de sangre y orina. Gracias a los exámenes se separan en pabellones aparte los reos con SIDA o portadores, los tuberculosos, y los que tení­an enfermedades venéreas. Debido a la cantidad de exámenes a realizar, pasaba dí­as que no salí­a de la penitenciarí­a, hasta que todos los reos fueron examinados y separados para evitar mas contagios y poderles hacer un tratamiento adecuado. Luego comencé con los exámenes fí­sicos a los reos sanos, los hací­a pasar de a uno y los hací­a desvestir para luego examinarlos. Eran mas de tres mil presos, de los cuales habí­an varios que eran enfermeros y dos de ellos eran médicos que por problemas legales estaban presos. Solicito al jefe del penal que me permitiera mejorar el servicio de la policlí­nica, permitiéndome "contratar" a los médicos y enfermeros que habí­a en la cárcel y que quisiesen trabajar por turnos en la policlí­nica. Un total de dos médicos y cinco enfermeros pasaron a desempeñarse como ayudantes, además contraté como personal de servicio a cuatro morenos, muy grandes y muy fuertes (además de tener unas pijas enormes). Todas estas personas fueron solicitadas y se observó su legajo dentro de la cárcel y por problemas de servicio solo uno no fue aceptado. Reformamos, arreglamos y pintamos la enfermerí­a y la sala de internados. Se solicitaron algunos equipos que permitieron que muchos servicios básicos que antes se derivaban a otros hospitales se realizaran en la penitenciarí­a. El trabajo fue mucho pero lo hicimos entre todos en menos de dos semanas. Por lo que estábamos muy alegres. Para festejar, pude pasar con autorización unas de botellas de champan y también sus uniformes nuevos de trabajo, que consistí­a para los doctores de túnica blanca, para los enfermeros, pantalón y remera blanca y para los auxiliares pantalón y remera azul. Abrimos las botella y brindamos, todos estábamos con sensación a triunfo por lo que habí­amos logrado. Cuando estábamos por la cuarta botella les entrego sus uniformes. Los doctores se colocan las túnicas y los enfermeros y auxiliares se quedan con los uniformes en la mano. A lo que yo les digo, pónganselos ahora, no tengan vergüenza que yo ya los he visto desnudos. Los chicos se desnudaron y ver juntas todas esas pijas mas el champán me puso muy caliente, por lo que enciendo el equipo de música y comienzo a bailar antes de que los muchachos se vistieran. Uno de los doctores me invita a bailar y yo me pongo de espaldas a él apretándolo con mi cola. Uno de los morenos, desnudo se viene por mi frente y me toma de la cintura y me desprende los botones de la túnica, provocando una erección de todos los penes que estaban en la sala. Mi túnica fue retirada y pronto estaban todos desnudos bailando y refregándome sus pijas. Empujo uno de los negros a una de las camas y me monto encima de su pija haciendo que esta entrara muy despacio en mi conchita hasta que estuvo toda metida. Comienzo a cojerlo hasta que se acaba, salgo de él y me subo encima de otro de los negros y le pido a uno de los enfermeros que traiga vaselina y me paso en el culito que estaba deseando ser penetrado, yo estaba muy cerca de mi primer orgasmo, por eso cuando el enfermero me la pone en el culo yo comienzo a acabar gritando y moviendo mi cadera con mucha fuerza, sin importarme el dolor que me producí­a esa pija en mi culo. Comienzo a acabarme una y otra vez, cada pocos minutos. Mis nuevos machos me llenan el culo y la concha de leche y otro me la ofrece para mi boca. Cuando este me llena la boca de leche, yo les pido una tregua, y ellos acceden pero de mala gana. Algunos hací­an varios años que no estaban con una mujer. Me higienizo un poco y me pongo en cuatro patas, entonces les pide que de a uno me la vayan poniendo en el culo. Uno a uno me van cojiendo por el culo y yo lo comienzo a disfrutar como toda una puta. Yo tení­a de dos a tres orgasmos por cada uno que me cojí­a, ya que combinaba el dolor con el placer y me masturbaba con rapidez. Todos se acabaron en mi culo y luego les pedí­ que en la misma posición me lo hicieran por la concha, que ya estaba muy mojada. Me la poní­an en la concha y de tan mojada que estaba no sentí­a todo el placer que deseaba, por lo que me monto encima de uno y me la pongo en la concha y le pido a otro que me la ponga también en la concha. Era impresionante como se estiraba para recibir sus huéspedes y como me gustaba, estuvimos mucho rato hasta que todos me llenaron la concha de leche. Por fin, luego de varias horas todas nos dejamos llevar por el sopor del placer y de estar saciados sexualmente y nos dedicamos a un sueño reparador en la enfermerí­a. Yo habí­a solicitado que mis ayudantes estuviesen separados del resto y adaptamos una sala como dormitorio para ellos y otra para mí­. A la madrugada, antes de levantarse me cojieron todos nuevamente y les dije que mientras ellos cumplieran conmigo como mis ayudantes, yo iba a complacerlos en todo lo que pudiera dentro de la cárcel. Viví­ tres años como doctora interna de esa cárcel y la conducta de los presos internos mejoró muchí­simo ya que todos los internos se retiraban de la enfermerí­a como premio a su buena conducta con una cojida conmigo, y si era gay con uno de mis ayudantes.

— etralo

23 de agosto de 2009

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etralo

Escrito por

Soy hombre heterosexual

Comentarios

1 comentario

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  • lemobike
    lemobike · 8 de ago de 2009

    No parece real....mucha imaginacion.

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