¿Un Momento O Toda Una Vida?
Relato de comunidad Fantasíasschedule 12 min de lectura calendar_today Diciembre de 2009

¿Un Momento O Toda Una Vida?

Estando yo en Colombia, con mi esposa, desde hace más de 15 dí­as, suena el teléfono en la mañana, cuando apenas habí­amos despertado los dos. La sorpresa fue enorme al oí­r a Ramón quien llamaba desde la pení­nsula ibérica. Se disculpó por la llamada tan temprana, escudándose....

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Estando yo en Colombia, con mi esposa, desde hace más de 15 dí­as, suena el teléfono en la mañana, cuando apenas habí­amos despertado los dos. La sorpresa fue enorme al oí­r a Ramón quien llamaba desde la pení­nsula ibérica. Se disculpó por la llamada tan temprana, escudándose detrás del cambio horario y luego de las frases de saludo, (estaban tan bien como nosotros) me contó que Claudia viajaba a Colombia por unas semanas afí­n de buscar ciertos documentos. Pedí­a que la recibiéramos, que no la dejáramos solita. Al mismo tiempo me pidió que le dijera a Mónica que él también habrí­a querido verla, pero que era un regalo para Claudia.. Nos pidió, desde luego, que nos hiciéramos análisis completos, que su esposa llegarí­a con los mismos de España y evitar ese preservativo tan necesario pero molesto con las personas que se quiere. Al cabo de pocos minutos de conversación y después de haber tomado los datos de la llegada de Claudia, le pasé a Mónica, quien tenia los ojos inundados de lagrimas de la dicha. Ella charlo con mucha ternura, feliz de tener noticias de nuestros amigos. Hacia más de 6 meses que los habí­amos perdido de vista, sin llamarlos para no molestar su intimidad a 2, encontrado, el deseo de esa intimidad limitado, después de haber compartido sexo, cuerpo, pasión y sentimiento, como lo he relatado en artí­culos anteriores. Al colgar (espero que las finanzas de Ramón no se hayan lastimado al exceso con esta llamada tan larga) Mónica me preguntó si irí­amos a esperarla a Bogotá, a lo que accedí­ sin dudarlo. Nuestra amiga llegaba 15 dí­as más tarde a la capital del paí­s y nos dedicamos a la compra de los billetes de avión y del regalito, pues no habí­amos olvidado que su cumpleaños era 5 dí­as después de su llegada. El dí­a de la llegada de Claudia nos levantamos muy temprano y nos fuimos al aeropuerto con destino a Bogotá. Llegamos 3 horas antes de la llegada de nuestra amiga, compramos un ramo enorme de flores y dimos gracias a nuestro amigo empleado de Avianca que no solo nos averiguó el número de su silla para el viaje a Cali, sino que nos consiguió los puestos aledaños. Cuando por fin llegó el esperado vuelo de Madrid, nos fuimos a esperar a la salida del “puente aéreo” a donde se lleva siempre a las personas en tránsito nacional. Mientras esperábamos, Mónica tomó mi brazo apretándolo fuerte para mostrarme que se encontraba tan nerviosa como yo. Al fin vimos salir a la linda de las aduanas, quien nos buscaba entre la gente que como nosotros esperaban a alguien. Al vernos sonrió encantada y nos hizo señales con la mano. Por fin salió, se abalanzó sobre nosotros abrazándonos fuerte y besándonos en la mejilla, debido al publico, supongo. Tomándonos ella del brazo a cada uno, nos fuimos encuadrando a nuestra amiga a tomar el vuelo en ruta para Cali. Nuestros puestos se encontraban en la cola del avión y después de haber mostrado a los otros los resultados de los análisis, cuando nadie miraba nos dimos besitos rápidos en la boca. Nuestras manos, cubiertas por las otras sillas, recorrí­an el cuerpo de Claudia, hambrientas de rehacer todos esos recuerdos nunca olvidados, mientras ella hacia lo mismo con los nuestros, incomodados por la falta de privacidad y los vestidos. Llegamos por fin al aparta hotel que habí­amos reservado (su casa estaba arrendada y éramos nosotros quienes nos ocupábamos del arriendo) y luego de poner las maletas en el suelo nos lanzamos a besarnos y vi con emoción que las lágrimas de emoción corrí­an por las mejillas de las damas. Estoy seguro que mis ojos no estaban tampoco muy secos, y haciendo que la ternura domine la excitación, besé esas muestras de emoción. Nos desnudamos de manera frenética y cuando las damitas se besaron de manera muy apasionada, me alejé para dejarlas tranquilitas. Ellas se fueron a la cama, con un paso similar al de un cangrejo para no dejar de besarse, y se acostaron en ella, Claudia sobre mi Moni. La recién llegada me miro sonriendo, y me pidió que me sentara junto a ellas en la cama. Mi esposa atrajo su cara para continuar ese beso interrumpido y yo con cierta timidez acaricié las nalguitas de la recién llegada, sus movimientos circulares de la cadera me hicieron comprender su aceptación, por lo que seguí­ acariciándola ya sin temores de molestarlas. La nena que recibí­a mis caricias comenzó a bajar por el cuerpo de mi esposa hasta encontrar sus senos que se dispuso a acariciar con su boca y sus manos. Mi Moni, en medio de muchos suspiros, recibió la caricia durante bastante tiempo hasta que la atrajo para besarla de nuevo y hacerla subir un poco más para gustar de sus senos a su turno. Claudia abrió sus piernas para cabalgar un poco a mi esposa y comenzó a frotar su sexo contra el vientre de esta. Yo cambié mis caricias y con mi mano comencé a acariciar las piernas y el sexo de mi esposa, complacido de ver que sus piernas también se abrí­an para facilitarme el acceso a las puertas de sus placeres. Luego de dejarse besar los senos por mi esposa, Claudia se deslizó besándola toda y al llegar a su entrepierna, accesible por sus piernas bien abiertas, se dispuso a gustar sus jugos y recorrer estos otros labios con su boca. Como la nenita estaba en posición perrito para esto, me puse detrás de ella y le aplique las mismas caricias a nuestra visitante, sintiendo con mis manos sus glúteos firmes de valluna y con mi boca su lí­quidos ligeramente acidulados que fluí­an generosos. Los suspiros de las damas tomaron un ritmo un poco acelerado con esta caricia y mi Moni empujó a Claudia hacia un lado y se dispuso para un 69 de medio lado. Los brazos de cada una encerró la cadera de la otra, la pierna que quedaba arriba se abrió para permitir el paso a la otra y la otra pierna se dobló para servir de apoyo a la misma cabeza que acariciaba. Pensé dejarlas tranquilas en esa caricia cuando Claudia la interrumpió para decirme un “Gerardo, acarí­cianos, por favor”. Comencé pues a recorrer los cuerpos de “mis” mujeres, tardándome en las nalgas, suavemente en las piernas, y de vez en cuando inmiscuyéndome entre sus cuerpos para sentir los senos de cada una apretados contra el vientre de la otra. Después de haberle proporcionado cada una varios orgasmos a la otra, Moni, sin dejar de acariciar y besar el sexo de Claudia con su boca, me atrajo para ponerme al frente de su cabeza. En esa posición yo podí­a ver como la lengua de mi esposa recorrí­a la vulva y el clí­toris de nuestra amiga. En un momento la mano de mi esposa tomó mi pene y lo trajo a su boca, justo cuando un orgasmo la sacudí­a, y con los ojos semi cerrados y su cara con muecas de placer intenso me administro una felación excelente si tenemos en cuenta que las sacudidas de su clí­max no le debí­an permitir mucha concentración. Una vez calmada dirigió mi miembro a la entrada del sexo de Claudia. Para facilitarle todo me acosté al lado de la linda invitada, con mi pecho contra su espalda y cuando comencé a entrar en ella, dirigido por mi esposa, un “siiiiii” se escapo de su voz, haciendo ovación a mi dulce estocada. Con Moni lamiendo su clí­toris y conmigo penetrándola y acariciando sus pechos y besando su nuca, la linda no tardo a sacudirse en un orgasmo largo e intenso. Nos recostamos derechos en la cama donde charlamos un poco entre mil besitos y caricias, sobre temas que de manera tacita no mencionaron ni a Ramón ni como seguí­a su relación de esposos. En uno de estos besos, Claudia lo alargó, entrando su lengua en mi boca y al igual que una serpiente se deslizó sobre mi, abrazando mi nuca con sus brazos. Sentí­ de nuevo sus pechos contra mi pecho y sin dejar de besarla acaricié sus nalgas, su espalda y todo su cuerpo que se encontraba a mi alcance, encontrando por momentos la mano de mi esposa que se dedicaba a acariciarla también. Luego de cierto tiempo lleno de ternura, Claudia comenzó a bajar lentamente, siempre sin dejar de besarme, hasta tomar mi pene en su boca. Hacia ya casi un año que no sentí­a yo sus labios a mi alrededor ni su lengua recorrerme como ella sabe hacerlo tan bien. Atraje su cuerpo para que hiciéramos un rico 69 y me dediqué a corresponderle su caricia. Sus juguitos no habí­an cambiado de gusto y sus labios temblaban al recibirme. Fue un beso muy sexual aunque la ternura y, para qué negarlo, el amor brotaba a borbotones de mi lengua, de nuestras manos, de su boca y de las caricias y besos que mi Moni nos daba a los dos en las partes de nuestros cuerpos que le quedaban disponibles. Recibí­ en mi boca varias veces las cimas del placer de nuestra adorada amiga, reteniéndome en mi placer. Claudia se separo de mi, se levantó, dio un beso a mi esposa acariciándole un seno y me puso boca arriba. Se subió de nuevo a la cama, y cabalgándome se penetro con mi pene. Su mirada expresaba ternura, excitación y fue con esos ojitos negros llenos de felicidad que se recostó sobre mi para besarme y susurrarme al oí­do “sigues igual de rico” y de manera más audible para Moni, “siempre soñé con sentirlo de nuevo en mí­”. Se sentó sobre mí­, haciendo los cí­rculos con sus caderas que tanto aprecio y aproveché para acariciarle sus senos, su cuello, sus hombros, sus muslos que me apretaban mis flancos. Por momentos se levantaba para empalarse de nuevo con una sonrisa mientras yo sentí­a como me deslizaba entre sus paredes lubricadas. Moni se puso detrás de ella, sentada sobre mis rodillas casi, le levantó el pelo y le beso la nuca muchas veces, como le gusta a nuestra amiga, con la punta de los labios. En un momento Claudia se inmovilizó, cerró los ojos abriendo la boca en una medio sonrisa y un completo signo de placer, y sentí­, a través de la delgada pared que separa la vagina del recto, que un dedo de mi esposa se insinuaba en el ano de nuestra amiga, mientras que con la otra mano se dedicó a acariciar su minúsculo clí­toris que la recibí­a erguido. Yo, recibiendo tanto placer hací­a esfuerzos enormes para retenerme, reservándome para dosis mayores de placer. Una vez que Claudia tuvo de nuevo un clí­max, esta paró de moverse, solo que cuando mi esposa quiso retirarse de su ano, envió la mano hacia atrás pidiéndole que no se retirara. Seguí­amos acariciando a nuestra amiga, y luego ella me retiro de su cuquita y le pidió a mi esposa que me dirigiera a su chiquito. Mi esposa me tomó, me lubricó lo más posible con el aceite que ya habí­a colocado sobre la cama y me dirigió hacia la entrada estrecha de nuestra amiga. Claudia me hizo entrar suavecito, por poquitos, me sacaba, Moni me lubricaba cuando estaba yo por fuera, para de nuevo hacerme entrar más profundo a cada vez. Cuando por fin entré completamente en ella hizo una pausa mientras decí­a riendo que sentirme por detrás es una costumbre que se toma de nuevo muy rápido. Una vez bien dilatada inició un vaivén, haciendo que yo me deslice por su estrecho camino cada vez con más facilidad. Moni la acariciaba sin parar, acompañándola en su búsqueda de placer. Claudia se levantó, acostó a mi esposa boca arriba, se puso en perrito entre las piernas abiertas de mi Moni, casi al borde de la cama y mientras le administraba un cunnilingus, con su mano me indicó que me pusiera detrás de ella. De ella misma separó sus nalguitas, su anito no estaba aun cerrado y naturalmente me introduje de nuevo en ella. Claudia lamí­a a mi esposa y con las manos le acariciaba los senos y yo acariciaba con las mí­as casi todo el cuerpo de nuestra amiga mientras la penetraba con pasión y sin compasión. Por momentos la esposa de Ramón lanzando una mano hacia atrás, me tomaba de una nalga y me incitaba a penetrarla más profundo o más rápido. Poco a poco sentí­ que estas damas llegaban despacio al placer, las esperé y una vez satisfechas, cuando Claudia con su mano empujando mi cadera me alejó, me retiré suavemente de ella. Nos levantamos y nos fuimos a duchar, siempre entre mil risas, besitos y caricias. Cuando regresamos a la cama me acosté, con mi pene que no habiendo eyaculado no habí­a perdido su rigidez y Claudia sonriendo me agradeció haberla esperado para llenarle todas sus ansias mientras me lo acariciaba. Se inclinó para darme un beso y me pidió que la dejara sentir mi gusto, que me viniera en su boca. Luego me administró de nuevo una mamadita deliciosa, llevándome hasta el fondo de su garganta, aplastando su nariz contra mi vientre, para luego sacarme casi completamente, sin dejar de hacer un vací­o en su boca.. Por momentos paseaba mi pene por su cara, por sus senos, antes de engullirme de nuevo. Cuando sintió que mi respiración se aceleraba, ella también aceleró el movimiento de pistón con su cabeza y al estallar en chorros en su boquita me recibió cerrando los ojos. Sin dejarme escapar sentí­ como su lengua se moví­a saboreándome para terminar tomándose mi semen. Me lamió todo hasta quedar yo completamente limpio y terminó diciendo, “ahora si siento que he llegado”. Nos tomamos todos un tinto que mi esposa habí­a preparado y Claudia sacó su celular, que habí­a previsto cargarlo antes de viajar, y llamó a Ramón, su esposo. Cuando quisimos mi esposa y yo alejarnos para dejarla hablar en paz, con su mano nos hizo sentar de nuevo. La conversación fue un poco larga, porque luego de tiernos “hola mi amor”, “¡qué viaje tan largo!”, y tener noticias de sus hijos, Claudia nos miró sonriendo y con mirada de picardí­a, pasó a decirle, “si mi amor, Moni todaví­a tiene el sabor que tanto te gusta”, “desde luego que le metí­ la lengüita hasta el fondo, lo más que pude, pero en tu honor lo haré después, esta vez era para mí­”, “si, Gerardo siempre tan querido” y riendo le dijo “claro, tan lindo, se esperó para metérmelo por todas partes, y al final se vino en mi boca, y te cuento, sigue con el mismo gusto”, con una pequeña carcajada le dijo “claro, nos bañamos antes de venirse en mi boca, no me iba a tomar mi misma caca”, etcétera. Le dijo que nosotros lo llamarí­amos después, aunque estoy seguro que Ramón escucho nuestros gritos, de “hola amigo” de mi parte y de “un beso para mi cosita linda” de mi esposa. Me tomó la mano muy fuerte y haciendo la voz gruesa, me dijo, con el teléfono en la otra, “gracias amigo” y luego abrazó a Moni, le dio un beso con su lengua bien entrada en la boca de mi esposa, le acarició los senos y después de un “espera, ya lo hago” le chupo un poquito cada tetica. Luego de un “ya les di tu recado a los dos” le dijo frases muy tiernas y terminando con “gracias mi amor, te adoro” colgó. Nos reí­mos por la forma como describió nuestros momentos y recordamos la paz y la tranquilidad cuando podí­amos tener sexo entre nosotros sin tener que ocultarse y sentir gusto al ver como ella le contaba todo, con detalles, a su esposo. El saber que hayamos tratado de esa forma a su esposa era del agrado de Ramón no era extraño a esa paz.. Así­ pasamos el regreso de nuestra amiga, por la semana que nos dedicó antes de su regreso.

— gerardo91000

6 de diciembre de 2009

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gerardo91000

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