Soy una mujer que no ha tenido suerte en el amor, bueno, si la he tenido, pero la suerte no me dura mucho tiempo, son solo meses, años, sería feliz si durara décadas, o mejor aún, toda la vida, o no sé si esté preparada para eso, no sé si el problema sea mi incompatibilidad con la felicidad. Aquella vez que duró varios meses me aburrí o será él quien se aburrió porque dejó de ser el loco que me enloqueció. Aquel con el que duró muchos años no fue lo que esperaba, me dejó mis retoños y por eso siempre le estaré agradecida, es lo más maravilloso que ha pasado a su lado, y en verdad son maravillosos. A pesar de todo lo que compartimos, nunca dejó de ser el príncipe azul que fingió ser para conquistarme, siempre fue el hombre perfecto, el que los padres quieren para su hija, al principio fue como una fantasía, un cuento de hadas hecho realidad, lo que soñaba desde niña. Los días muchas veces dolían al pasar, dolían porque simplemente pasaban, así como pasaba mi juventud, así como pasaban mis curvas peligrosas a convertirse en una autopista recta, segura y con muchos carriles. Lo que me duele es que siempre intuí que era más alocado de lo que parecía y que algún día el tendría la confianza o la cantidad de locuras reprimidas en un nivel tan alto que estallaría y sé que pasó, se que estalló muchas veces, pero no conmigo, en mis años a su lado sentí varias veces el olor a vagina en su aliento, olor de otra vagina, en esas ocasiones lo besé al sentir ese olor mesclado con cerveza, aún mientras dormía lo besaba para extraer de su boca algo de esos jugos femeninos, esos fueron de los momentos más eróticos y emocionantes que viví con él.
Siento que no he sido lo que soy verdaderamente en la cama, mmm perdón, si lo he sido, pero no con alguien que me ame, lo he sido solo con aquellos hombres con quienes he tenido una relación que se limita a lo sexual, ando con alguien, bueno, tengo encuentros sexuales con alguien, alguien a quien poco le importa la música que me gusta, no sabe que me encanta el cine, casi ni hablamos porque no tenemos nada de qué hablar, no tenemos nada en común, solo tenemos arrechera contenida que descargar, solo me llama o me busca cuando quiere sexo, pueden pasar semanas y meses sin saber nada de esta persona, solo se de él cuando quiere ir a la fija y obtener nuevamente mi cuerpo, yo no soy muy distinta, también hago lo mismo, no le importo ni me importa, ni siquiera se en que trabaja, ni que ha estudiado, ni el equipo del que es hincha, bueno eso si lo sé porque un día mientras nos encontramos tenía la camiseta de ese equipo, me reí para mis adentros, ese día perdió 5-1, tal vez me buscó para descargar la frustración que deja el apoyar a un equipo tan malo, el hecho de que no le dé pena portar la camiseta de ese equipo, muestra la firmeza y la sinceridad de su amor por su equipo, tal vez algún día revivan esas épocas de antaño y se sentirá satisfecho de serle fiel, si el supiera que mi equipo del alma si gana campeonatos, si supiera que se de fútbol mucho más que el 90% de los hombres, si lo supiera tal vez me invitara a ver como mi equipo hace trizas al suyo, pero eso no importa, lo que en verdad importa es encontrarnos para descargar nuestras ansias.
Recuerdo nuestro último encuentro, fue sublime, acababa de llegar a mi apartamento el televisor plasma que compré hace dos días, me llegó su llamada, me dijo que estaba arrecho, que quería sexo, yo le dije que estaba sola en mi apartamento, le di mi dirección, me dijo que estaba cerca y llegaba en pocos minutos. Una de las mejores cosas de comprar electrodomésticos nuevos, es ese plástico burbuja que se usa para protegerlo, me emociona estallar esas bombitas con mis manos, con mis pies, con mi boca, es una sensación muy agradable, muy excitante, quería en ese momento algo especial, pero no me sentía tan cómoda al decírselo, desordené un poco mi habitación, le quité las cobijas, y las fundas de la cama las remplacé por el plástico burbuja, no tuve tiempo de arreglarme, sonó el citofono, ya venía, lo recibí y sin cruzar palabras, sin siquiera pedir disculpas por el desorden nos fuimos a mi habitación, nos desnudamos y terminó el allí, penetrándome mientras sentía como mi espalda estallaba esas burbujas, como estallaba todo mi cuerpo en cada una de sus embestidas, eso fue algo sublime, me hice chichí, fue delicioso, no se que se imaginó quizá que el plástico era para proteger el colchón, a penas terminó se puso su ropa y se fue, no lo acompañe hasta la puerta, yo seguí desnuda revolcándome entre mis bombitas, el olor a semen y mi chichí, la compañía de mis burbujas era lo que necesitaba, si el supiera lo mucho que me gustan las burbujas, tal vez algún día cuando comprara un electrodoméstico nuevo, me regalaba lo más valioso, el plástico burbuja, pero eso no importa, no importó el desorden en mi habitación, no importó que ese día no tuviera maquillaje, lo único que le importó fue que encontró una vagina que penetrar ese día y al terminar de descargar su arrechera se fue porque como persona, como mujer, como vagina ya carecía de valor, un valor que se que volveré a tener cuando nuevamente necesite sexo.
Se preguntarán, ¿si esto es un relato, porqué está en blogs?, mmm, pues porque en el fondo lo que se busca es poner sobre la mesa un tema.








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