Tal vez sea algo morboso lo que voy a decir, pero creo que hay un placer extraño en la tristeza.La tristeza que deja el despecho es un dolor que puede ser muy bello, triste pero bello, a veces le metemos condimentos a este sentimiento, lo estimulamos con el recuerdo y con canciones melancólicas con las que traemos a valor presente sensaciones del pasado.
La tristeza nuestra es hermosa, pero más bella es la tristeza de otra persona, una mujer despechada habla con el corazón desnudo, los recuerdos de buenos momentos acompañan ese instante, el dolor aparece porque esas cosas maravillosas ya son pasado, un pasado que no volverá. Su alma está embriagada de sentimiento, su sensibilidad está en un alto nivel, las lágrimas brotan con como manantial de agua pura, son hermosas porque muestran lo que es ella como persona, su corazón está vulnerable, pero no solo es eso, su vulnerabilidad también vulnera. Ella tiene el talento de mostrar sus sentimientos con facilidad y a pesar de las lujuriosas intensiones de quien escucha, el también puede oír su corazón, corazón herido que palpita con miedo, corazón delicioso para probar, acariciar un poco, boca húmeda, caliente, piel deseosa de caricias tiernas, cuerpo que se entrega como un animal agonizante sin voluntad de luchar, toque de malparidez existencial, en la que tira su cuerpo a una hiena hambrienta, bueno, una hiena compresiva que sabe despedazar suavemente sus carnitas.
Quiero ser ese animal carroñero que se apodera de su alma muerta, quiero ser ese cuerpo que ella usa para pensar en otras cosas, quiero probar el sabor de su tristeza bella, no quiero hacerle daño, solo estar allí por un instante y luego marcharme para que ella pueda continuar.
¿Alguna despechada por allí para consentirla?








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