VIERNES DE PLACER Y SATISFACCIóN
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 11 min de lectura calendar_today Mayo de 2010

VIERNES DE PLACER Y SATISFACCIóN

Era viernes por la tarde y andaba libre ya que no habí­a mucho por hacer en la U y además andaba sin un centavo en mis bolsillos. Cuando me dirigí­a a mi casa me encontré con mi novia y con esa voz mimada y esa cara de cervatillo que sólo ella sabe poner me pidió que saliéramos a alguna....

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Era viernes por la tarde y andaba libre ya que no habí­a mucho por hacer en la U y además andaba sin un centavo en mis bolsillos. Cuando me dirigí­a a mi casa me encontré con mi novia y con esa voz mimada y esa cara de cervatillo que sólo ella sabe poner me pidió que saliéramos a alguna parte ya que las cosas en su casa no andaban muy bien. Una vez le expliqué que no tení­a nada de dinero, ella como siempre tan comprensiva me dijo que no habí­a problema, que podí­amos ir a mi casa y pasar un rato viendo televisión. Lo que en realidad le importaba no era salir, lo que querí­a era tener una excusa para no ir a su casa. Yo tengo la suerte de vivir cerca de la U, así­ que mientras caminábamos (debido a que ni para el pasaje tení­a) estuvimos conversando y ella tuvo la oportunidad de desahogar todos sus problemas conmigo. Una vez llegamos a mi casa, mamá nos recibió con una amplia sonrisa y un vaso de agua para ella y de Coca-Cola para mí­ (Amo la coca-cola, más que nada en el mundo es lo único que me quita realmente la sed). Luego de los saludos, los formalismos y de comer un poco mientras conversábamos, nos metimos a mi cama y encendimos la televisión, de repente el dí­a se puso oscuro y empezó a hacer bastante frí­o, así­ que nos echamos la cobija encima, y ahí­ empezó la acción. Ella se encontraba concentrada viendo T.V. y yo oí­a a mamá en la cocina discutir con los locutores radiales como suele hacer. Poco a poco empecé a subir mi mano por entre la blusa de mi novia sintiendo su plano y blanquí­simo abdomen (me encantan las mujeres de piel blanca, aunque hay unas morenas que me vuelven loco también) hasta llegar a su sostén. Abrí­ mi mano y empecé a acariciarle uno de sus senos por encima de su sostén. La miré al rostro y la vi totalmente concentrada o al menos eso creí­a hasta que se movió un poco, para lograr acomodarse y permitirme meter la mano entre su sostén. Mis acciones se concentraron entonces directamente en estimularle su rosado pezón. En cuanto sintió el contacto con mis dedos, se estremeció y dejó escapar un suspiro de satisfacción mientras mantení­a la vista fija en el televisor y su rostro de inocente ángel inmutado. Mientras me deleitaba sintiendo su respiración agitada y viéndola tratando de mantener la compostura, sentí­ que su mano se movió entre las cobijas tratando de hallar mi paquete. Lo palpó por encima del pantalón y empezó a pasarle las uñas a lo largo de mi miembro ya en erecto, eso se sentí­a fenomenal en especial porque la tela gruesa del pantalón tan sólo me permití­a sentir una sensación leve y maravillosa de cosquillas. Al cabo de un momento, en esa situación tan apasionante, mamá se acercó a la puerta de la habitación. Yo inmediatamente dejé mi mano quieta en su pecho pero ella continuó acariciando mi miembro ya directamente puesto que habí­a metido la mano dentro del pantalón. Yo hice lo más inteligente que se me ocurrió en ese momento y cerré los ojos fingiendo estar dormido ya que el placer que me estaba dando era tal que no sabrí­a responderle a mamá en caso de que me hubiera hablado. Ella en cambio, manejó la situación y luego de intercambiar unas palabras con mamá sentí­ como se cerró la puerta de mi habitación y mi novia apagó el televisor. Ella se acomodó de lado dándome la espalda y se subió la falda que llevaba puesta, y sin intercambiar palabras empezó a pajearme con su nalga. Sentir su trasero frí­o y piel a piel con mi miembro es una de las cosas que más me pone y más cuando se mueve rí­tmicamente pegada a mí­ con la intensión de masturbarme. Los papeles se habí­an intercambiado, ahora era ella la que disfrutaba mientras sentí­a mi respiración agitada por el placer que estaba sintiendo. Sus movimientos poco a poco se fueron haciendo más salvajes y de un momento a otro volteó su cabeza para decir casi en susurro: -¿Te gusta? ¿Te gusta sentir mi culo en tu verga mi amor? Yo casi no fui capaz de responderle, con esas palabras estaba a punto de botarme, y ella lo presintió ya que me conocí­a bastante bien. Así­ que se detuvo y se volteó para besarme. Un beso húmedo, largo y apasionado que sirvió para calmarme un poco. Mientras nos besábamos, mis manos fueron bajando por su espalda hasta llegar a su trasero. Lo acaricié con la punta de mis dedos, ella interrumpió el beso para gemir un poco y luego continuamos besándonos. Mi mano se metió por entre su nalga y llegué hasta su vagina, ella ya sabí­a qué era lo que yo querí­a así­ que se acomodó para permitirme usar mi otra mano. Cuando la masturbo, me encanta sentir la textura de la piel que hay alrededor de su vagina y la de sus labios también. Luego de un rato de estar acariciándole el clí­toris, supe que ya era momento de iniciar con algo un poco más fuerte cuando empezó a levantar la pelvis para permitirle a la mano que tení­a entre su nalga, subir un poco más hasta su vulva y al mismo tiempo que la mano que tení­a por delante se pegara más fuertemente a su clí­toris. Con la mano que tení­a por detrás empecé a penetrarla usando dos de mis dedos. Con la mano que tení­a por delante empecé a acariciarle más fuerte y rápidamente el clí­toris, haciéndolo en cí­rculos grandes y movimientos hacia arriba y abajo. Ya llevaba un tiempo así­ cuando sentí­ que con una de sus manos me agarró fuertemente la mano que estaba acariciando su clí­toris, supe que este era el momento y los dedos que tení­a dentro de su vagina dejé de meterlos y sacarlos para ponerlos en forma de gancho dentro de su vagina, empecé a hurgar hasta sentir una textura un poco diferente y en cuanto la sentí­, empecé a hacer movimientos circulares con mis dedos. Ella empezó en ese momento a gemir, ya el placer que sentí­a era tan grande que no le bastaba con jadear fuertemente, sino que necesitaba gemir quedamente. En un momento me dijo que sentí­a ganas de orinar pero yo no quise detenerme, la idea de darle tanto placer a mi novia me hací­a sentir como en el cielo, estaba disfrutando más de esto que cuando hacemos el amor normalmente, quizás era por el morbo de saber que mamá podrí­a entrar en cualquier momento o por el simple hecho de saber que estaba bajo un éxtasis sin igual gracias a mí­. Al cabo de un rato ya no parecí­a que le preocupase tener que ir al baño, empezó a moverse bastante aceleradamente y me pidió que me detuviera. Yo no quise parar y ella luego de encorvarse como nunca en mi vida la habí­a visto encorvarse hacia arriba, tensionó su vagina tan fuerte que me empezaron a doler un poco los dedos, pero no duró mucho, se dejó caer de nuevo y esta vez mis dedos salieron de su vagina y mi mano se despegó de su clí­toris. Se acercó así­, con la respiración agitada y la voz un poco quebrada y me dio un beso en la boca, uno muy leve pero muy excitante. Se acercó a mi oí­do y me dijo: - Te amo.. Gracias. Luego de esto se dejó caer boca arriba y estaba un tris cansada. Pero yo querí­a más, no iba a quedarme con sólo eso. Me puse sobre ella de un movimiento y le di un beso apasionado en la boca. Ella al principio se mostró reacia pero poco a poco empezó a responder a mi beso nuevamente. Empecé a frotarle mi pene contra su vagina en cuanto la sentí­ un poco húmeda, y ella empezó a gemir un poco. Yo continué masturbándola con el tronco de mi miembro hasta que me agarró la nalga y empezó a atraerme un poco más fuertemente hacia ella. Yo entendí­ el mensaje y empecé a moverme más rápidamente, más fuertemente; Ella hizo lo suyo también arañándome fuertemente la espalda, no hay cosa que me encienda como el sentir el frí­o en la espalda después de que me aruñan lo suficientemente fuerte (no tanto como para sacarme sangre pero si me entierran las uñas, pues rico también), y ella sabí­a exactamente con qué presión hacerlo. No aguanté más y me separé un poco, mi miembro se puso en la posición correcta y dejé la punta en la entrada, la miré a los ojos y ella se lamió el labio superior y luego me dijo: - Hazlo fuerte y duro mi amor, estoy necesitada de una dosis urgente de verga. Ante esta petición no me hice rogar y se la clavé hasta el fondo sin miramientos, yo sé que cuando lo hago así­ a ella le duele pero sólo lo hago de vez en cuando. Ella obviamente se resintió un poco y me clavó las uñas en los brazos con fuerza (cosa deliciosa por cierto, sobre todo cuando es en el antebrazo). Poco a poco mis movimientos acelerados empezaron a sacarle gemidos y palabras soeces que me poní­an a mil, especialmente porque ella nunca las dice en una situación fuera de la cama. Llevábamos un rato así­ y decidí­ parar, querí­a una posición un poco mejor, mi posición favorita es ella boca abajo y yo sobre ella, porque así­ puedo sentir su delicioso y tibio trasero golpear contra mi pelvis cada vez que la penetro. Ella sabí­a que yo querí­a esa posición y se acomodó. Yo, al verla así­ y con las manos abriéndose la nalga, no quise desaprovechar la oportunidad, acerqué mi rostro hacia su nalga y empecé a lamerle el ano. Ella soltó un suspiro de sorpresa pero sé que eso le encanta, y para mí­ eso es extremadamente excitante. Mientras le pasaba el ancho de mi lengua por el ano, ella empezó a levantar la cadera para pegarla más fuertemente a su trasero. Ya estaba excitadí­sima y me pidió que se lo metiera en ese preciso instante, no aguantaba más y querí­a sentirlo dentro. Yo lo hice tan rápido como pude y empezó de nuevo la faena. Cuando la penetro en esa posición, no lo hago rápido, me gusta sentir cada sensación y a ella parece gustarle también más así­, la forma en que la penetro es sacando mi pene hasta dejar sólo la punta dentro, y luego clavárselo entero hasta el fondo. En esta posición no hay riesgo de causarle dolor porque su exquisito culito detiene la embestida justo cuando tiene la profundidad perfecta. Ella gemí­a con cada penetración y empezó a decirme de nuevo que sentí­a ganas de orinar, yo ya sabí­a que se referí­a a la misma sensación anterior cuando tení­a mis dedos en el lugar que ahora ocupaba mi verga. Así­ que hice caso omiso y en lugar de detenerme, aumenté un poco la frecuencia de mis embestidas, sin dejar de realizarlo de la forma en que me gusta más. Ella dejó de quejarse al rato y empezó a gemir de nuevo, hasta que levantó la cadera y mis movimientos se hicieron leves y rápidos. Sentí­ otra vez como su vagina se estrechaba con mi pene dentro pero luego se relajó, y cayó tendida conmigo aún dentro de ella. Yo estaba un poco cansado, no sólo por la acción que habí­amos tenido esa tarde sino por la semana tan dura de trabajos y parciales en la U, así­ que me salí­ de dentro de ella y me acosté a su lado boca arriba, con mis manso tras mi cabeza. Ella se quedó mirándome y empezó a lamerme la axila, cosa que me excita sin importar que tantas veces me haya botado o qué tan cansado esté. Se montó encima de mí­ y esta vez fue ella quien empezó a masturbarse con mi pene. Yo estaba excitado ya y empecé a acariciarle la nalga, iniciando un camino con mis dedos hacia su ano, que aún estaba mojado, por el sudor, la saliva y sus lí­quidos. Ella empezó a acariciarme las tetillas y abrir la boca para jadear. Cuando por fin le introduje un dedo en su culo, soltó un gemido y me dijo: - Métemelo, pero bien duro corazón, que quiero tu lechita. Con la sola dosis de verga no me basta. Obviamente no se referí­a a que la penetrara por detrás. La única vez que lo intentamos quedó con dolor en el ano durante varias semanas. Pero le gusta cuando lo hago con mis dedos, siempre que no le meta sino uno al tiempo. Cuando ella está sobre mí­, la penetración es de lo más violenta y rápida y esta vez tení­a el añadido de que la estaba penetrando con mis dedos por detrás, así­ que se sentí­a como en el cielo, ya que sentí­a mi dedo en su culo cada vez que mi pene entraba y salí­a. Con esto no tardé mucho en sentir que estaba a punto de botarme. Se lo comuniqué a ella e inmediatamente se bajó y empezó a chupármelo duro. Yo estaba súper excitado y me encanta sentir el roce suave de sus dientes contra el frenillo de mi miembro, así­ que continué con mis movimientos pélvicos, penetrando su boca hasta que sentí­ que empezaba a botarme, de ahí­ en más ella tomó el mando y empezó a mover su cabeza de arriba abajo mientras chupaba fuertemente. Yo me sentí­ en el cielo y cuando dejó de salir mi semen. Subió, con toda la carga en su boca y me dio un beso estupendo, compartimos mi botada hasta que nuestras bocas quedaron limpias. Luego de eso, ella bajó de nuevo y empezó a mamármelo de una forma espectacular hasta dejar mi pene limpio. Luego subió y dejó su cabeza recostada sobre mi pecho. Yo le empecé a sobar la cabeza y ella al rato se quedó dormida. Una de las mejores tardes de sexo de mi vida y sobre todo porque fue con una mujer súper especial.

— solito123

9 de mayo de 2010

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solito123

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