´HACER UN FAVOR
Relato de comunidad Sexo con madurasschedule 19 min de lectura calendar_today Mayo de 2010

´HACER UN FAVOR

Hola pareja de amigos: Como les mencioné anteriormente, normalmente estoy en internet los domingos y ocasionalmente algún otro dí­a entre semana. Ahora, les voy a contar algo que me pasó la semana pasada: Resulta que, por hobby, hago algunos mantenimientos eléctricos, y una amiga me pidió....

etralo

Soy hombre heterosexual

menu_book Más relatos
18_up_rating

Contenido adulto. Este relato fue escrito por un miembro de la comunidad. Léelo solo si tienes 18+ y mente abierta.

Hola pareja de amigos: Como les mencioné anteriormente, normalmente estoy en internet los domingos y ocasionalmente algún otro dí­a entre semana. Ahora, les voy a contar algo que me pasó la semana pasada: Resulta que, por hobby, hago algunos mantenimientos eléctricos, y una amiga me pidió el favor de que le revisara unas máquinas a una vecina suya. En efecto, fuí­ sobre las 2 de la tarde del Jueves antepasado a la dirección que me habí­a dado mi amiga. Toqué la puerta y, luego de identificarme, una señora, de unos 60 años, relativamente alta, cabello hasta los hombros y, imagino Yo, talla catorce en pantalón, me abrió y me hizo seguir para que viera el daño. Como no hago eso con frecuencia, me tomé el tiempo para charlar con la señora, que tení­a puesto un pantalón de sudadera y una camiseta de franela, y sin brassier, pues podí­a notar sus pezones a través de la tela. Como les comenté anteriormente, me fascina ver unos senos bajo la tela y sin brassier, por lo que me sentí­ bien con la señora, que cumplí­a éste requisito. Le noté unos senos medianos, pero ricos, pues se moví­an a medida que la señora me explicaba el daño de un motor, y para mejorar la cosa, cuando se agachó a mostrarme dónde estaba conectado, pude verlos a través del escote de la blusa, pues sin ser muy grandes, me permitió verles hasta el pezón, cosa que me comenzó a llevar el pensamiento hacia otro lado. El acceso a la casa es por el garaje, al fondo del cual se encuentran las escaleras para subir al segundo piso, donde vive la señora, y abajo, en el primer piso, posterior al garaje, un espacio donde se encuentra instalada, una pequeña fábrica de productos alimenticios. La señora, de nombre Lucy, me lleva hasta el lugar de la fábrica y me indica la másquina la máquina que está fallando. Es un motor eléctrico, colocado sobre un mesón. Que no funciona, me dice la señora, desde hace algunos dí­as. Observo por debajo y noto una toma eléctrica quemada. Cuando hube identificado el daño, le expliqué a la señora y le pedí­ el favor de que me comprara un toma corriente nuevo. Mientras la señora fué a conseguir el repuesto, me dejó en la sala escuchando música y tomando un vaso de jugo. Desde ahí­, veo el patio de ropas, a través de una ventana. Me acerco y puedo ver ropa interior colgada en una cuerda. Hay, entre otros, unos diminutos interiores, blanco, con encajes, colocados en la cuerda más cercana a la ventana, y como toda ropa interior femenina, no deja de llevarme hasta el cuerpo de su dueña, que imagino bastante sexy. La señora se demorarí­a unos 5 minutos y regresó, y claro, me pilló mirando a través de la ventana hacia el patio, y obvio, los interiores blacos y diminutos, por lo que me hace el comentario, que no son de Ella, sino de la novia-esposa de su hijo, que hace unos dí­as viven en uno de los apartamentos, pues la casa tiene otros dos, de los cuales uno es donde vive su hijo. Además, me dice sonrriendo, que Ella, solo tiene unos dos o tres interiores, aunque no tan pequeños, solo para algunas ocasiones, pues generalmente, no los usa. Me entregó el repuesto y me dijo que querí­a ver dónde estaba el daño, para que la próxima vez que le sucediera algo parecido, tener idea de lo que debí­a de hacer. Fué así­ como se metió conmigo debajo del mesón donde estaba la máquina, para ver lo que Yo hací­a, y claro, nuevamente se agachó, ahora un poco más, y nuevamente pude ver sus tetas. Pero no sé, si la dama lo hizo a propósito, o fué inconscientemente, pero como el lugar es bastante estrecho, me colocaba las tetas sobre mi hombro y las sentí­a tan suavecitas, que ya no puede, - tal vez a los 5 o diez mintutos de estar tan certca de Ella -, que le dije, algo en broma, algo en serio, que hací­a dí­as no tení­a algo tan delicado en mi hombro, a lo Ella me pidió disculpas y trató de alejarse, pero fué tan real la situación, que se golpeó la cabeza con la máquina y se dovolvió sobre Mi, y ahora la teta no quedó sobre mi hombro, sinó, sobre mi cara, pues Yo la estaba mirando mientras Ella intentaba salir. Bueno, pues miestras la señora se sobaba la cabeza por el golpe, Yo tení­a sus teticas en mi cara. Ella me miraba y no atinaba a alejarse, entonces, le cogí­ una mano, le pedí­ que me perdonara por hacerla mover tan bruzcamente y le acaricié la cabeza. Ella se me acercó más, no dijo nada y me apretó contra su pecho. Nos sentamos en el piso y me animé a abrazarla, para consolarla, pues sus ojitos, amenazaban llanto por el dolor del golpe. Ella aceptó mi abrazo de buena manera y me dió gracias por el ánimo que le daba. Nos quedamos abrazados por un momento, sin decir nada, y al Yo apretarla contra mi pecho, hací­a que la blusa se abriera y me permitiera ver sus teticas. Ella, también lo notó, me miró a los ojos, y me dijo: - Me perdonas por mostrona? A lo que le respondí­: - No!... por el contrario, gracias por mostrármelas, están divinas! Y a continuación, me dice: - Mira, Alberto. Soy una mujer ya madura, casi vivo sola aquí­. Mis hijos, no vienen casi, y el que vive aquí­, en ese apartamento, solo lo veo ocasionalmente. Más a menudo, veo a su mujercita, que debe tener unos 20 ó 22 años, cuando lava en el patio y coloca sus calzoncitos en la cuerda. Normalmente, permanece solo en esas taguitas, que no le tapan nada, como que le gusta que le vea las teticas, porque para qué, se le ven bien lindas, pequeñitas y bien paraditas, imagino que mi hijo las debe gozar muchí­simo, pues acá alcanzo a escuchar cuando están culiando, y como que la niña, es bastante escandaloza cuando culea, ay...perdón, disculpa por esa palabra, es que me dá envidia cuando los escucho y recuerdo que Yo también lo hací­a, y ahora, ni eso hago, porque no tengo con quien, y a veces siento que lo necesito, que me hace falta un hombre, que me haga el amor, aunque sea de vez en cuando. Bueno, Yo solo escuchaba tan alentadoras reflexciones, por lo que me animé a meter mi mano bajo la blusa, cogí­ sus teticas, subí­ la blusa y comencé a chuparlas, primero una, luego la otra, y rápidamentemente, metí­ mi mano entre sus piernas. Ella me cogió una mano y se la colocó sobre la cuca. Nos besamos, seguí­ acariciándola por encima del pantalón y nos acostamos en el piso. Me pidió que le acariciara, por dentro del pantalón, a lo que no me opuse y claro, tampoco tení­a interiores, por lo que mi dedo acarició el gallito de inmediato. - Alberto, Yo no me depilo como las muchachas de hoy, aunque hay veces que me dan ganas de hacerlo, pues creo que se ven bien sin vellos, como la de mi nuera, pues me la mostró un dí­a para animarme a depilarme, y claro, no sé si será verdad, pero Ella me dice que a los hombre les gustan las cucas depiladas. Además, un sobrina mia, ya casada, también me dijo hace unos dí­as, que me podí­a depilar, para que Yo aprendiera, y lo estoy pensando. Me mostró su cuca, y Ella solo deja unos pocos sobre la rajita, pues a su marido le gusta así­. - Bueno, le respondo, Yo también las prefiero con algo de vellos o bien peluditas, pero si están totalmente depiladas, no me molesta, las disfruto igual. Ella sonrrie, abre las piernas, se mira la chocha y me dice que si me gusta lo que veo, o que si prefiero verla depilada, que le vá a decir a su sobrina, que le depile la chochita y que luego me la muestra. - Alberto, es que el marido de mi sobrina, a veces viene con Ella y se quedan acá conmigo. Él es un morenito, buena persona. Como no tienen ropa acá, le presto una toalla para el baño, normalmente él me abraza y es muy cariñoso conmigo. A veces, cuando sale del baño, que está en mi pieza, lo hace envuelto en la toalla, viene y me abraza y, a veces, si estoy acostada, se acuesta a mi lado, y Yo le siento su cosita, dormidita, blandita sobre mi pierna y siento ganas de cogérsela, de acariciarla y ponérsela dura. Alberto, hace unos dí­as, él me la arrimó más de lo normal, Yo lo noté y le dije que qué habí­a por ahí­ abajo, claro, la reacción inicial de él, fué de pena, pero Yo le dije que tranquilo, que Yo lo entendí­a, pero que por qué estaba así­, entonces me contestó que esa noche, él querí­a culiar y mi sobrina le habí­a dicho que no, porque de pronto, Yo los escuchaba, entonces que tení­a muchas ganas de culiar, y que además, habí­a leí­do algo sobre los maridos que quieren ver a sus mujeres con otro hombre o con otra mujer, que le habí­a comentado a mi sobrina sobre el tema y que no le habí­a llamado mucho la atención, pero que él, si le gustarí­a verla con otra verga, que Yo qué pensaba. Todo este tema de conversación, tanscurrí­a mientras estábamos en el piso, Yo le acariciaba la cuquita, le chupaba las tetas y Ella, con sus manos entre mis pantalones, jugaba con mi verga. - Pues, amiga, creo que esa fantasí­a es muy común entre los hombres, y en mi caso, me gustarí­a llevarla a cabo, le respondo. - Alberto, me dice. Pues lo que Yo le dije, era que si él querí­a, que lo hiciera, pero sin obligarla, que Yo iba a tratar el tema con mi sobrina, y que según como la viera, Yo la animarí­a, y que si él querí­a, Yo les ayudaba en lo que pudiera. - Bueno, le dije. Si Usted quiere, pues Yo también puedo ayudar en algo! - Jajaj, se rie Ella. Te harí­as del rogar, no? - Pero dime, qué tal está tu sobrina? Está buena? - Si! Está bien bonita, me dice. Tiene 34 años, ha tenido dos hijos, y según el marido, es bastante caliente, solo que le dá pena hablar de sexo, pero cuenta algunas cositas, como que le gusta mamar verga, que le mamen la cuca, ver pelí­culas de sexo, incluso, alguna vez me dijo, que le gustarí­a ver desnuda otra mujer. Fue cuando me mostró la cuquita depilada, y me dijo, que así­ habí­a visto una en una pelí­cula, y le habí­a gustado. También me contó, que en una fiesta, habí­a bailado con un amigo de su marido, que le habí­a sentido la verga algo dura y se habí­a arrechado, pero que "le habí­a tocado comerse al marido esa noche". - Bueno, pero Usted cree que Ella se anime a comerse otra verga? le pregunté. - Pues de verdad, creo que si no quiere, Yo la harí­a querer, pues lo que me ha dicho, así­ lo demuestra. Bueno, pues como estábamos algo incómodos en el piso, me acomodé mejor y saqué mi verga, Ella la acarició con una ternura inexplicable. Vaya si la admiraba. La besaba por los lados, como si temiera besarle la cabecita. La mordí­a por los lados pero no se animaba a chuparla! y Yo, muriéndome de las ganas de verla mamando, pero nada. Ella, ya recostada en el piso, me abrió las piernas, y Yo sí­, a mamar cuquita, luego Ella se sentó sobre Mi, y me dió una culiada espectacular! Se moví­a delicioso! Vaya mujer...... Pero como el tema de la sobrina me interesaba, le volví­ a tocar el tema. Le propuse que hablara con el marido de la sobrina, y le propusiera conocernos, él y Yo. Pero, en eso, escuchamos abrir una puerta, y Ella, que pensaba que estábamos solos, me dijo que era la mujer de su hijo la que habí­a salido al patio, que fuéramos a verla, y claro, ya estaba colgando su ropa en las cuerdas, y solo llevaba puestas unas tanguitas rojas diminutas! Qué tetas tan divinas! Qué culo!.... en fin, estaba deliciosa. - Ve Alberto? Cierto que está muy linda mi nuera? Me dijo Lucy. - Te la comerí­as? - Vaya por Dios, cómo no? le respondí­. Seguí­ disfrutando de la escena, mientras la damita tendí­a su ropita y ví­ el esmero que poní­a al colgar suz cuquitos. Todos pequeñitos y de todos los colores. - Ahora, solo falta que venga a ver si tengo algo de comida, porque si está sola no ha hecho nada de comer, ni para Ella. Y mientras hací­a éste comentario, la nuera acabó su tarea, y la vimos salir del patio, pero inmediatamente, sentimos golpear en la puerta, y claro, mi amiga, sabiendo que estaba casi desnuda, corrió a abrirle la puerta, y el espectáculo, estaba junto a nosotros, que también estábamos algo ligeros de ropa. Claro la reaación de la señora, fué de sorpresa, pues si bien no le importaba que su suegra la viera desnuda, jamás imaginó, que hubiera un hombre desnudo con Ella. Pero mi suegra, ni corta ni peresoza, la cogió de un brazo, y le hizo entrar. - Hija, le dijo. Tranquilita, no te alarmes, que es un amigo y ya te vimos en el patio, como no te gusta la ropa y nosotros también estamos desnudos, pues aní­mate y nos acompañas, linda. - Pero Mamá Lucy, dijo Ella, qué pena! Por Dios! Y cómo se llama el Señor? - Alberto, le respondí­, mucho gusto y bienvenida, aunque no se mi casa. - Gracias, Alberto, Yo soy Adriana, y qué estaban haciendo Ustedes dos solitos aquí­? - Adivina, dijo Lucy. - Pues por lo que veo, dijo Adriana, ya más relajada,estabas comiéndote algo rico, no suegrita? - Si mijita. Me estaba comiendo ésta cosita? Cómo te parece hija?, dijo Lucy. - Hay suegrita, y Yo que pensaba que ya no te llamaba la atención los hombres, cómo es la vida! No, Alberto? - Sí­ hija, pero no me has dicho aún, cómo te parece ésta verga, dijo Lucy, mientras le mostraba mi verga, que la tení­a entre sus manos. - Pues mira Mamá Lucy, la de tu hijo es blanca y ésta es morenita, dijo Adriana, mientras se la quitaba de las manos a Lucy, y creo, que como que ésta es más grande, como las que ví­ anoche en una pelí­cula. - Mijita, es que mi hijo no vino anoche? dijo Lucy. - No señora, lo esperé viendo pelí­culas y como no vino, me tocó solita, pues estaba con ganas de una cosita de éstas, dijo Adriana, mientras dirijí­a su mirada a mi verga, que aún acariciba con miedo. - Pues Adrianita, ya ni pelí­culas tengo, porque no he cambiado las que te mostré, y como mijita no me ha traido otras!, dijo Lucy en tono jocosa. - Pero suegra, para qué pelí­culas, si con ésta verga te puedes entretener? o acaso, quieres ver pelí­culas y comerte una verga?, argumentó Adriana. - Bueno niñas, intevine Yo. van a seguir discutiendo, o seguimos una conversación que tení­amos con Lucy? - Ah sí­? y de qué hablaban? se puede saber?, dijo Adriana. - Pues hací­amos el amor, y cuando te sentimos en el patio, hablábamos de las cucas depiladas, como la tuya, le respondí­. - Y por qué de la mia, acaso es la única que han visto sin vellos?, dijo Adriana. - No, niña, dijo Lucy. Es que le decí­a a Alberto, que tú te depilabas y que serí­a bueno depilarme Yo también. - Bueno Alberto, y qué te parece la mia? Así­ peladita? Te gusta, o no?, me dijo Adriana. - Por Dios, Adriana, dije. Si a alguien no le gusta la tuya, que aún no la veo, entonces, será marica! Todos reimos al uní­sono. - Adrianita, dijo Lucy, por qué no nos dejas ver tu cuquita, porque Yo la he visto de lejos, y ahora podrí­a verla más de cerca, no? - Suegrita, pero qué curiosa, no? Dijo Adriana. Pero está bien. Se la muestro, a los dos, pero nada de tocar, oye Alberto? - Bueno Adrianita, si eso quieres, pues ni modo, respondí­. - No, pero mejor, quí­tame las tangas Alberto, y así­ no te quedas con tantas ganas, dijo Adriana. - A ver, Adrianita, qué es lo que tienes ahí­? le dije, mientras comenzaba a bajar esa diminuta prenda. - Vamos a ver qué es lo que se come mi hijo, dijo Lucy, porque supongo que está muy buena, porque casi tumban la casa cuando están culiando, no hija? - Hay suegrita, perdónenos, pero no sabí­amos que Usted nos escuchaba, dijo Adriana. - Si mijita, pero qué es lo que te hace, para que hagas tal escándalo? Preguntó Lucy. - Suegrita, lo que más me gusta, o bueno algo que me gusta, es que me clave por el culo. Si suegra, por ahí­ me mata! Me fascnia, y sabe a quién le debo ese gusto suegra? dijo Adriana. - No mija, dijo Lucy, a quién? - Pues a Clarita, tu sobrina, dijo Adrina. Ella me antoja cuando me cuenta que su marido, la clava por el culo. Lo prové, y ahora siempre me tienen que clavar por ahí­, suegrita. Es delicioso, casi mejor que por la cuca, o chocha, como dice Usted. Pero bueno, Alberto, qué te parece la mia? Si te gusta? Y a Tí­, suegra, te gusta mi cuca? Cierto que es linda? - Mijita, pues sí­, Responde Lucy. Mira qué labios tan lindos tiene, pero déjame, tocarla. Sí­, linda, está bien apretadita e imagino que la verga de mi hijito queda bien apretadita ahí­, no? Pero, huele a algo? Qué es? - Hay suegra, ya te dije que anoche me acaricié solita, y como no me he bañado, aún huele a Mi, no alberto? - Pues no sé, no la he olido, dije, pero puedo hacerlo? - No sé, dijo Adrina, pero listo, huélela, pero un momento, hagámonos en el sofá. Ya no quedaba más por hacer, era mi oportunidad y la aporveché. Me acerqué, supuestamente a olerla, pero con la lengua la caricié. Sabí­a que no opondrí­a mucha resistencia y así­ fué. Fuí­ metiendo y sacando mi lengua de esa dulce raja. Chupé los labios de esa cuca. Degusté cada gota de sus jugos. Y claro, mi Lucy, no podí­a quedarse quieta. Cuando vió que Yo seguí­a con mi boca en la cuca de su nuera, se dispuso a mamarme la verga nuevamente. Adriana gemí­a y se acariciaba las tetas, y mi suegra, se animó y también cogió una de esas tetas. La pretaba con ganas. Casi gritó, para que Adriana le gogiera las tetas, y ante tal petición, Adriana le pidió que se las diera para chuparlas. Yo mientras tanto, seguí­a chupando esa deliciosa cuca y metí­a uno de mis dedos en su culito, y así­ comprové que lo que Adriana habí­a dicho, sobre el la clavada por el culo, era cierto. A cada metida de mi dedo, gemí­a y se retorcí­a. - Adriana por favor, dijo Lucy. Súbete en Alberto y cómete esa verga. Siéntela bien dentro, así­ como Yo la sentí­ hace un rato. Eso era lo que hací­amos mija, culiábamos en el piso. Me chupè un buen rato esa verga, y verdad hija, que está bien rica? Métetela en esa cuca y luego me la das para saber a qué sabe tu cuquita, si? - Sí­ suegrita, dijo Adriana. Voy a estar clavada por otro hombre por un buen rato, porque así­ se lo habí­a comentado a Clarita. Le habí­a dicho que querí­a comerme otra verga, y gracias a Ti, ahora me la estoy comiendo. Claro que jamás pensé que Usted me la trejera a la casa, y menos aún, que la compartiéramos, qué tal si le contara a Clarita. Se morirí­a de la envidia, porque a Ella también le gustarí­a. - De verdad mijita? Dijo Lucy, sacándose un momento mi verga de la boca. Ella te dijo eso? Que querí­a comerse otra verga? - Sí­ señora, hace dos dí­as me lo dijo, respondió Adriana. Cuando estubo aquí­ y vimos una pelí­cula. Y que quiere hacerlo con otra mujer, también, que quiere chupar una cuca y un par de tetas. Que otra mujer se la coma. Y hasta con dos hombres, como lo hací­an en la pelí­cula, una verga por la cuca y otra en el culo. Que le echaran la leche en la boca, porque le fascina. Que hay veces que no se pone calzones y se pone muy arrecha. Imagina suegra, que me viera aquí­, sentada sobre esta cosota y a Usted acariciándome las tetas y a Mi chupándotelas! Jamás lo creerí­a! - Si, dijo Lucy. Jamás lo creerí­a. Pero te cuento algo? Quédate quieta por un momento y te lo digo, si? Resulta que hace unos dí­as, Jorge, salió del baño en toalla, se acostó a mi lado, como ya lo has visto y cuando me abrazaba, se le paró la verga. Yo, pues le pregunté por eso, y me dijo que Clarita, no le habí­a dado cuquita esa noche y que además, estaba pensando que le gustarí­a verla con otro hombre. Que rico verla clavada por otra verga. Cómo te parece? Pue sYo voy a tratar de conseguirle a alguien para que la clave y Jorge la mire bien clavada, qué rico, no? - Si, suegrita, pero deberí­an invitarme, para ver lo que pasa, no le parece? dijo Adriana. - Sí­ mija, pero ahora, por qué no me djas comerme es verga? Propuso Lucy. Mira que ya quiero sentirla dentro otra vez. O mejor, déjame mamarte la cuca un ratico, si? Con sabor a mi verga, porque ésta verga es mia, oyó? Solo te la estoy prestando un ratico, mijita. - Ay, suegra. Qué rico la siento. De verdad, jamás pensé comerme otra verga hoy. Por favor, no le cuentes a tu hijo. Y suegrita, dame tu cuca para chuparla también, porque Yo también tengo antojos, dijo Adriana, disponiéndose a mamar a su suegra. Yo solo escuchaba la convesación, y ahora clamo por hacer parte de ésta familia. Ya imagino a la sobrina de Lucy, sobre Mi, y su marido viéndola bien clavada. - Por favor mija, claro que me puedes mamar todo lo que quiereas, dijo Lucy. Pero ahora, mi antojo es verte tomar toda la leche de Alberto, para cuando te vea besar a mi hijo, recordar todo ésta tarde. Para recordar, que disfrutaste otra verga. Que la mamaste con sabor tuyo y mio. - Sí­, suegrita. Ya te iba a pedir lo mismo, porque quiero leche en mi boca, pero ahora, quiero que ves cómo me como esa verga por el culo, porque no me van a dejar con las ganas, no Alberto? - Claro que no, respondí­. Solo dime cómo te colocas, y Yo te la meto por ese culito rico, porque de pronto, a tu suegra también le dan ganas por el culo, no? Adriana se colocó en cuatro y procedí­ a clavarla, muy lentamente. Fué rico, pues Ella se moví­a con delicadeza, pero con pasión. Así­ estubo mi verga, durante unos cuantos minutos, hasta que sentí­ que no podóa retener mi leche un segundo más. Saqué mi verga, con señas le indiqué a Adriana que me iba a venir, y ella, rapidamente, me ofreció su boca para recibirla toda. - Ay si, suegra, Yo quiero verla clavada por ese culo, por está rebueno, no Alberto? Dijo Adriana.Ya quisiera tener Yo verga para meterla ahí­. Porque he visto las ganas de los hombres cuando vá por la calle, y Ella se hace la loca, solo los antoja. - Mijita, no crea que los antojados son solo Ellos, también me caliento y a veces tengo que venirme para la casa a pajiarme en el baño o en la cama, dijo Lucy, como con enojo. Ahora, cuando los siento a Ustedes culiar, qué cree que hago? Pues pajiarme, mija. Por eso, ahora que vino Alberto y se presentó la oportunidad, he culiado con ganas y quisiera que no se fuera, y mire mijita, hasta nos comimos nosotras, cosa inimaginable, hace solo unas horas. Pero así­ es la vida, ahora, espero que pueda convencer a Clara para reunirnos y hacer algo rico, a lo mejor invitamos a Alberto y Yo me puedo comer a Jorge, pues solo le he sentido su verga, y serí­a bueno comérmela. Y mire mija, cómo será ver a Clara clavada por otro hombre, Ella que se las dá de muy sana, ja. Por eso mijita, cuando quieras comerte a Alberto, me avisas, o si quieres, cuando Alberto venga, te aviso, para que vengas, si puedes, no te parece? - Si suegra, vamos a seguir haciendo cositas ricas, aquí­ en la casa, sin salir, bien juicionas, pero bien culionas y, Alberto, gracias por ésta tarde, puedes confiar en nostras y venir cuando quieras. Así­ estubo mi verga, durante unos cuantos minutos, en el culo de Adriana, hasta que sentí­ que no podí­a retener mi leche un segundo más. Saqué mi verga, con señas le indiqué a Adriana que me iba a venir, y Ella, rapidamente, me ofreció su boca para recibirla toda. Luego descansamos un rato y subimos a la cama de Lucy. Mujer deliciosa, como esas, pocas. Ahora, nos llamamos y preveemos vernos de nuevo, pues la señora quiere cumplirle el deseo al esposo de su sobrina.

— etralo

9 de mayo de 2010

visibility 2.3k lecturas chat_bubble0
etralo

Escrito por

Soy hombre heterosexual

Comentarios

0 comentarios

Inicia sesión para dejar un comentario.

login Entrar
Sé el primero en comentar.

Sigue leyendo

Otros relatos sexo con maduras

Ella es Mía

Sexo con maduras

Ella es Mía

Frank0922Frank0922·hace 10 horas
schedule 7 min
visibility 126favorite 0chat_bubble 0

Lo más reciente

Recién publicados por la comunidad