SOÑANDO DESPIERTA
Relato de comunidad Fantasíasschedule 6 min de lectura calendar_today Junio de 2010

SOÑANDO DESPIERTA

SUEÑO DESPIERTA Despierto. Estoy sola en mi cama, esa cama tan grande y tan vacía. Afuera, el silencio, es de madrugada, sólo se escuchan algunos sonidos distantes. Vienen a mi mente los recuerdos de nuestra última conversación, esa en la cual casi no te dije nada, por timidez?Tal vez…......

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SUEÑO DESPIERTA

Despierto. Estoy sola en mi cama, esa cama tan grande y tan vacía. Afuera, el silencio, es de madrugada, sólo se escuchan algunos sonidos distantes. Vienen a mi mente los recuerdos de nuestra última conversación, esa en la cual casi no te dije nada, por timidez?Tal vez…..

Pero quiero que lo sepas, que conozcas las sensaciones y las fantasías que despiertas en mí, que sepas cuales son mis deseos, mis anhelos, lo que quiero compartir contigo.

Te sueño, deseo sentir el calor de tu cercanía, tu aliento, tus labios sobre mí; quiero sentir la fricción de nuestros cuerpos, el sudor, los temblores. Anhelo intensamente experimentar la sensación de tus labios recorriendo mi cuerpo, mi sexo, con tu lengua; lamiendo mi entrada, empapándola. Ofrecerte mis senos... quiero que los chupes, que los aprietes al mismo tiempo que introduces tus dedos entre mis piernas, quiero que los aprietes con ambas manos, que los juntes, que los frotes, lamas, muerdas mis pezones erectos.

Te imagino junto a mi, desnudo, erecto, excitado, jadeante, mirándome fijamente, dominante. En un instante te incorporas, y sujetando tu pene con la mano, sin darme tiempo siquiera de reponerme, me lo introduces hasta el fondo de un solo empellón. Me veo gritando de placer, escucho mis gemidos, interrumpiendo el silencio de la noche. Me penetras con fuerza, quieres partirme en dos... veo cómo mi vagina se dilata para dar entrada a tu músculo; con cada embestida tus testículos me rozan y me estimulan aún más. El ritmo se ha tornado furioso, mis pechos se agitan con fuerza, tengo mi boca abierta, te susurro, te pido que no me sueltes, que no pares, que continúes. Pongo mis manos a cada lado de la entrada de mi sexo, presiono tu pene aún más, aprieto mis senos con los antebrazos, los empujo hacia arriba, quiero que los chupes mientras me penetras. Comienzo a venirme; es profundo... uno de esos orgasmos que me nacen en la punta del clítoris y me llegan hasta la garganta, me estoy viniendo, nos estamos viniendo juntos, siento como explotas dentro de mi, ...que maravilloso momento!!!

Nos hemos quedado dormidos, no se durante cuanto tiempo, pero como siempre, soy yo quien se despierta en primer lugar. Volteo y te veo a mi lado, te contemplo largamente, me gusta verte dormir, te ves tan tranquilo, tan vulnerable. Mi mirada se detiene en tu pene, relajado y adormecido como tu. Me muevo lentamente, me acerco de lado, mojo mis labios, abro la boca justo sobre él y, después de respirar suavemente sobre el glande, comienzo a lamerlo. Te estremeces, pero no abres los ojos, sigues dormido, tal vez soñando con esta boca que lame y moja tu miembro.

De manera casi instantánea reacciona a mi contacto, comienza a erguirse, a tensarse, continúo recorriéndolo suavemente con mi lengua y con mis labios. No abres los ojos, de verdad continúas dormido? Ahora tu pene está tan duro, tan grande y fuerte... ya no puedo ser tan sutil, lo meto ansiosamente en mi boca, lo trago sin esfuerzo, como si mi garganta hubiera adquirido de pronto la forma exacta para gozarlo así. Tus caderas comienzan a reaccionar a mi boca, se mueven en círculos, después hacia arriba, empujando el músculo cada vez más dentro. La piel de tu pene es tan suave... me concentro en chupar el enorme glande, paso mi lengua alrededor, toco su orificio con la punta de la lengua. Te estremeces, comienzas a jadear. Te separo las piernas y me arrodillo entre ellas. Tomo tus testículos entre mis manos, los muevo suavemente, puedo sentirlos llenos, sumergidos en espeso fluido; al sentir mi caricia se inflaman, los suelto lentamente y me estremezco al ver cómo crecen y cuelgan pesados entre tus piernas.

Con mis manos apoyadas sobre la cama me coloco justo sobre tu miembro erecto, respiro profundo, cierro los ojos y lo trago hasta el fondo; siento la piel de tus testículos acariciar mi barbilla. Lo mantengo dentro, lo masajeo con los músculos de mi boca y mi lengua. Succiono este miembro que me llena, que me seduce, que me proporciona placer. Las venas que lo cubren se están hinchando, siento palpitar el flujo de sangre a través de ellas. Lo saco de mi boca, el sabor a ti me embriaga. Me retiro un poco para observarlo: chorrea saliva, late expectante, me llama... Seguí chupando durante lo que me parecieron horas. Tu pene y mi boca se convirtieron en un solo órgano: un músculo empapado penetrando, labios mojados y abiertos que reciben calientes ese miembro enloquecido. Y de pronto todo empieza a dar vueltas, y ya no estoy encima, sino boca arriba, la cabeza apoyada sobre los almohadones, mis manos sujetas por las tuyas.

¿En qué momento despertaste? Ahora todo es diferente, la habitación ha cambiado, todo es blanco. Te acercas a mi cara y lo único que puedo ver es el enorme miembro y los testículos balanceándose frente a mi boca. Este movimiento inexplicable cambió algo dentro de mí... Siento un hambre todavía más profunda que la de minutos antes. Mis manos atrapadas, tu músculo frotándose contra mi cara, el olor de la piel mojada en saliva me enloquece. El tiempo se detiene y entiendo que puedo hacer en este momento lo que siempre quise hacer, decir lo que siempre quise decirte. Abro la boca y trago tus testículos; más pesados que antes me asfixian por momentos, pero logro empaparlos en saliva. Los sacas de mi boca, te separas y me acercas el glande, separado lo suficiente para permitirme ver el orificio dilatado que comienza a liberar gotas pegajosas.

Siempre pensé que mamar significa absorber una esencia. Quiero mamarte, pensé, quiero mamártelo hasta absorber la tuya, En un instante vienen a mi mente todas esas palabras que nunca me he atrevido a decirte, y sé que ahora es la única oportunidad que tendré de hacerlo. Tu glande descansa inquieto sobre mis labios temblorosos, como esperando una señal para entrar. Empujas el miembro y abres mis labios, tu músculo me llena la garganta de nuevo. Abro los ojos, miro los suyos. Tienes las bolas llenas de leche, pienso, ¿quieres vaciarte en mi boca? Como respuesta recibo otro empujón violento dentro de mi garganta. Cierro los ojos y decido no volver a abrirlos. Entiendo cómo excitarte hasta el extremo que deseo.

Tu verga deliciosa. Métela en mi boca, no dejes de meterla en mi boca nunca. Dame la leche de tus testículos. Quiero comerte todo ¿A qué huele tu leche? Quiero oler tu leche, saborearla? Tragarla? No se, nunca lo he hecho... Semen. Leche. Verga dura, verga llena de crema viscosa... Sólo se que mamar me encanta, me transporta y quiero hacértelo hasta que entiendas perfectamente y sin lugar a dudas el placer que hacerlo me genera.

Esa imagen en mi mente me hace pensar y hasta sentir, el goce tan grande que significaría para mí ver salpicado de ti todo mi cuerpo, oliendo a tu semen, a tu sudor.

— exploremos

16 de junio de 2010

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