Un Delicioso E Inesperado Trío En San Andrés Isla, Parte II.
Relato de comunidad Fantasíasschedule 5 min de lectura calendar_today Agosto de 2010

Un Delicioso E Inesperado Trío En San Andrés Isla, Parte II.

Charlando, Gino hizo una pausa, signo en Italia de que lo que sigue es muy importante, y me preguntó como me había parecido Andrea. Reí ante la pregunta, pues suele ser la trampa eterna, sobre todo con los italianos que pueden ser muy celosos, y que si decía que ella me gustaba mucho él....

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Charlando, Gino hizo una pausa, signo en Italia de que lo que sigue es muy importante, y me preguntó como me había parecido Andrea. Reí ante la pregunta, pues suele ser la trampa eterna, sobre todo con los italianos que pueden ser muy celosos, y que si decía que ella me gustaba mucho él podría enfurecerse porque yo decía eso de su esposa y que si decía que ella no me gustaba, también podría enojarse por el desprecio que yo le hacia a ella. Reímos de la aporía en la que yo me encontraba y se decidió por fin a decirme, bajando la voz, que ya llevaban 12 años de casados, que él era consciente del cansancio que eso debía haber producido en su esposa y que si a mí no me molestaba, le gustaría que la atendiéramos los dos en algún momento dado. Sonriendo le expliqué que comprendía la situación, que ella me parecía deliciosa, pero que era ella quien comandaba, y le pregunté si ya lo habían hablado entre ellos, a lo que él asintió, diciéndome que por eso habían llegado directo a la isla, para estar seguros de escapar a todo “que dirán”. El viaje y la región nueva les garantizaba la discreción que no tendrían ni en su ciudad de origen ni en la región de su esposa. Sin embargo esta discreción se complicaba con la dificultad de encontrar a alguien que compagine al no conocer a nadie. Que su esposa le había dicho, en la pausa después del almuerzo, que sería perfecto si yo aceptaba ser el invitado en esa fantasía. Que yo le había gustado y que además no había ningún problema con la lengua. Que ella esperaba saber si yo estaba de acuerdo para venir a reunirse con nosotros y que de entrada yo debía disculpar la timidez que, por falta de experiencia, mostraran los dos. Insistí que antes de considerar todo perfecto, supiera que yo soy heterosexual y él riendo me dijo que él también, pero que temía que estuviésemos obligados a cierta proximidad si su esposa se mostraba tan golosa como lo era a solas con él. Reí y le dije que la separación de nuestros cuerpos, con una damita entre los dos, santificaba todo por delgada que fuera esa pared. Gino rió ante mi respuesta y se quitó la gorra con la que había venido.

De manera muy italiana habían acordado que Andrea supiese mi aceptación cuando él se quitara la gorra. Seguimos charlando, él sin gorra, le dije que tendría que ir a comprar preservativos y él riendo me dijo que ya los traían desde Italia… Andrea se acercó a nuestra mesa caminando despacio, vestida de una blusa a botones por delante que, conteniendo difícilmente sus senos, dejaba su ombligo al aire y una faldita en portafolio, estilo pareo, bastante larga y terminaba su cuerpo con unas sandalias blancas. Se sentó con nosotros y ruborizada me preguntó si Gino me había hablado. Le contesté con la afirmativa y le dije que estaba muy honorado de haber sido escogido por ella. Como su rubor se hizo más intenso; cambié de tema a lo que ella se acomodó de inmediato y me expresó su agradecimiento apretando mi antebrazo con su mano, al tiempo que miraba enamorada y feliz a su esposo. Gino me dijo tan solo, “que elegancia Gerardo, y qué suerte tenemos de tenerte como amigo”, Andrea me miró intensamente a los ojos y solo dijo “es verdad”, con una mirada que quería ser una ventana a su alma y expresar muchas cosas que no seria conveniente, aun, vehicularlas con palabras.

Seguimos charlando esperando que se pudiera ir a cenar, Andrea por momentos abandonaba su pierna contra la mía bajo la mesa, para retirarla luego como asustada de su osadía y Gino trataba de mirar los “progresos” que su esposa y yo hacíamos, un poco desesperado de la lentitud de los mismos. Nos fuimos al restaurante y cenamos sintiendo como a cada instante la complicidad crecía entre nosotros tres. Al terminar decidimos irnos a cambiar para ir a la discoteca del sitio y en el camino Andrea nos tomó a los dos del brazo, frotando por momentos sus senos sobre mi brazo, haciéndonos sentir sus planes para esa noche. La damita quería cumplir su fantasía, supongo, sin haber hozado nunca hablar de ella aun. Luego de ducharnos y cambiarnos de ropa salimos para encontrarnos en el pasillo, solitario a la excepción de nosotros tres. Yo me había puesto una guayabera, pantalón blanco y zapatillas blancas de lona. Gino estaba con una camisa muy tropical, por lo menos que correspondía a lo que en Italia se considera como tropical, pantalón de lino blanco también y Andrea estaba resplandeciente en un vestido de algodón blanco ligeramente crema, lo que se llamaría un “blanc casé” en Francia, que le llegaba hasta medio camino entre los pies y las rodillas, con un escote no muy profundo, abotonado por detrás hasta justo más abajo del final de sus nalguitas. La falda del vestido era amplia y finos bordados, también blancos, casi invisibles, le daban un valor discreto y muy elegante. Silbé admirativo ante tanta belleza, con Gino haciéndome coro con palabras aprobadoras, y solo dije que con tantas faldas largas y jeans nunca había visto las piernas de Andrea. Ella me miró con una rabia juguetona y, ruborizándose hasta ponerse roja como un tomate, se levantó la falda hasta la cintura. Unas piernas realmente muy lindas aparecieron y se terminaban en su cadera perfecta, donde un hilo igualmente blanco sostenía su brasilero del mismo color. Al dar ella una vuelta de exhibición pude apreciar que por la parte que su brasilero no ocultaba estaba completamente depilada. Cuando dejé de mirar su cuerpo, al ver que había dejado de girar y que inmóvil me miraba interrogadora, roja por la timidez y esperando con ansiedad mi veredicto, le dije lo hermosa que estaba, lo linda y deseable que era y la abracé dándole un beso en la mejilla. Gino me guiñó un ojo sonriendo y Andrea se apretó contra mí con un temblor de pajarito temeroso antes de su premier vuelo fuera de su nido.

— gerardo91000

8 de agosto de 2010

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gerardo91000

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Comentarios

1 comentario

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  • juan2222
    juan2222 · 10 de ago de 2010

    sigue siendo estupido

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