Sacudiéndose de ese momento como si fuese humedad nos tomo la linda de la mano, a su esposo y a mí y nos llevó hacia donde se encontraba la discoteca. Nos sentamos, la damita entre los dos hombres, en una mesa apartada y comenzamos a tomar, a charlar y a bailar. Gino comenzó bailando con su esposa y luego yo. En un momento en que estábamos sentados, Andrea me puso uno de sus senos contra mi brazo y me dijo, asegurándose que su esposo escuchara, “por favor, ataca tú, yo nunca me atreveré, por más que quiera, no puedo comenzar”. Su mirada mostraba, enmarcada por sus largas pestañas, una timidez enorme y una especie de súplica que escondían mal el fuego del volcán que se adivinaba detrás de ellas. Yo le sonreí diciendo “a tus ordenes” y le di un beso en la boca que ella respondió como una colegiala aunque apretándose un poco más a mí. Se abalanzó sobre su esposo y lo llevó a bailar el bolero que sonaba en ese momento contra el que ella se apretó intensamente besándolo apasionada cuando no hablaban. Regresaron a la mesa, ella sonriéndome y al pasar entre yo y la mesa se sentó sobre mis piernas de donde se deslizó hasta su puesto sin retirar la mano con la que se había apoyado en mi muslo. Luego de una charla sin relación alguna con lo que nos obsesionaba y unos cuantos sorbos a nuestro ron con coca cola, salimos Andrea y yo a bailar otro bolero y luego de una ligera presión de mis manos sobre su espalda la linda se dejó apretar contra mi pecho donde ella colocó su cabecita como un pétalo de flor de cerezo al caer en fin de vida. Llevé su mano derecha a mi nuca y con mis dos manos en su cintura terminamos ese baile, tiernos como dos amigos que se encuentran después de mucho tiempo sin importancia para ellos.
Nos sentamos, Gino besó a su esposa y nos preguntó si nos íbamos para el apartamento. Andrea no respondió nada, solo bajó la mirada y con autoridad nos levantamos los hombres y yo tomando su mano que se encontraba en mi muslo la guardé en la mía hasta que la damita se levantó. Abrazándola por los hombros y ella a los dos por la cintura, nos dirigimos hacia donde ellos residían. Entramos, y decidí poner un término a la timidez extrema de la damita con un beso justo después que la puerta se cerró. Esta vez ella me abrazó colgándose de mi nuca y sus labios se abrieron, sus dientes se separaron y su lengua vino a acoger la mía para guiarla en su boca con mil caricias. Gino nos miró con complicidad y se puso a preparar el ron con coca cola que ya habían comprado. Cuando quise acariciar uno de sus senos un “no” me detuvo, pero luego en un murmullo me dijo “no sé…”. Sin obedecer a sus temores continué con mi caricia y ella se apretó contra mí y su beso ahogó nuestras indecisiones en un maelstrón de pasión que yo no sospechaba.
Cuando al fin nos calmamos, ya sin ninguna timidez, nos fuimos a sentar tomados de la mano. Andrea se sentó sobre mis piernas turnando un poco el busto besó apasionada a su esposo, quien sentado en el brazo del sofá la acompañaba tierno y amoroso en esta fantasía. Sus besos se alternaban entre los dos hombres que estaríamos a sus pies por esta noche. Mis manos encontraron las de Gino cuando quise acariciar los senos de la linda, que nos repartimos sin conflicto. Las orejas de Andrea se enrojecían a medida que aumentaba su excitación y yo paré mis caricias de su pecho para desabotonar su vestido sin dejar de besar, sea su boca cuando me correspondía, sea su nuca, cuando ella atendía a su esposo. Dejé libre el gancho de su sostén, lo separé y pasando mi mano entre la tela fui a acariciar la carne misma de sus pechos. Su cuerpo tembló en un escalofrío cuando encontré uno de sus pezones, su suspiro acompañó mis actos cuando le tomé la punta entre mis dedos y ella se apretó a su esposo con fuerza. El pezón que estaba ya erguido se puso duro, bajo mis caricias y sus caderas comenzaron a frotarse contra mi entre pierna. Cuando comencé a bajar el alto de su vestido ella soltó la nuca de Gino y mientras la tela llegaba a ellas, sus manos sentían el bulto que bajo mi pantalón atestiguaba del efecto de sus encantos. Por fin se puso de pie y dejó deslizar el vestido hasta el suelo descubriendo para mí por primera vez su cuerpo en totalidad. La admiración de sus nalguitas redonditas y abultadas, sin ser grandes, fue interrumpida por ella cuando se volteó para sentarse sobre mi regazo y así ofrecerme la vista de sus senos deliciosos.
Mientras Andrea y yo nos besábamos acariciaba yo sus senos, Gino la besaba en la espalda dejando que su esposa me retirase mi camisa y abriera mi pantalón. Abandonándome a este estado ella se dio media vuelta y besando ahora a su esposo comenzó a desnudarlo, esta vez completamente. Cuando Gino estaba en su más simple atuendo, la bella se inclinó para introducir el pene de su marido en su boca y nos quedamos un momento en eso, ella aplicándole una excelente mamada a su esposo y yo acariciando sus senos y su espalda mientras veía su cabeza ir y venir y los ojos cerrados del otro caballero que recibía esa caricia. De pronto la damita se puso de pie, retirando un poco a su esposo, se dio media vuelta y me hizo poner de pie al frente suyo. Gino comenzó a retirar su tanga, lo que produjo un poco de rubor en los pómulos de Andrea, esta vez no sé si fue de timidez o de excitación. Ella, luego de un beso sensual, tomando mi labio inferior entre los suyos y lamiendo la parte de este que quedaba en su boca, me retiro mi pantalón, mis interiores, que termino de sacar de mis piernas poniéndose en cuclillas y me introdujo en su boca. Fue la mejor mamada que me hayan hecho nunca, sus labios aprisionaban por momentos mi glande, su lengua lo acariciaba en círculos y por momentos me llevaba al fondo de su garganta y no sé como su boca encontraba espacio para que su lengua acariciara mi verga a todo lo largo… Gino me miraba orgulloso del arte de su esposa y cuando le pregunté como hacia ella eso el me contesto que no sabía, pero que también le encantaba esa forma que ella tiene de agradar un caballero. Desde arriba yo veía esa melena azabache ir y venir entrando mi sexo en esa boca, sus hombros lindos y redondeados y su cuerpo de guitarra terminar en sus nalgas que sobresalían divididas en dos globos que yo ansiaba ya acariciar. Gino se sentó en el diván a terminar su trago haciéndome signos de seguir tranquilos.








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login Entrarmucha vuelta para nada no vale la pena leerte.