Un Delicioso E Inesperado Trío En San Andrés Isla, Parte IV.
Relato de comunidad Fantasíasschedule 5 min de lectura calendar_today Agosto de 2010

Un Delicioso E Inesperado Trío En San Andrés Isla, Parte IV.

Yo quería besar la boca de la dama, acariciar su cuerpo, lamer sus jugos, llevarla al orgasmo, tantas cosas que solo el esperar y hacerlas una a una, a su tiempo, las hacía posibles. La halé hacia arriba y mientras la besaba me apoderé de sus glúteos que tanto me atraían en una caricia dulce....

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Yo quería besar la boca de la dama, acariciar su cuerpo, lamer sus jugos, llevarla al orgasmo, tantas cosas que solo el esperar y hacerlas una a una, a su tiempo, las hacía posibles. La halé hacia arriba y mientras la besaba me apoderé de sus glúteos que tanto me atraían en una caricia dulce por momentos, fuerte a otros. Sus senos contra mi pecho, sus labios abiertos enmarcaban la dulce lucha de nuestras lenguas y su respiración fuerte y emocionada me confortaba en mis caricias. La damita se alejó de mí y se fue a sentar al lado de Gino y luego de besarlo tiernamente se inclinó para engullirlo de nuevo. Viéndola en esa posición no resistí y arrodillándome en el suelo me dispuse a besar sus piernas, acariciar sus nalgas y recorrerla así toda ella. Cuando subía yo besando el interior de sus piernas, estas se separaron señalando el camino hacia la felicidad. Al llegar a su sexo lo encontré inundando de jugos y el suspiro profundo con el que me recibió afirmó el puesto que esta caricia ocupaba en su fantasía. Con mi lengua busqué su clítoris que hinchado de sangre esperaba que yo me ocupara de él y al rodearlo de mis labios lo masajeé con mi lengua. Sus piernas me aprisionaron y un orgasmo fuerte y espasmódico liberó la sensualidad que, pienso yo, llevaba años retenida.

Cuando sus temblores se calmaron, Gino tomó a Andrea de la mano y la llevó a la cama en donde la acostó poniéndose él a través para hacerle un 69. Yo me levanté y los seguí, Andrea abriendo las piernas de su esposo, sin retirar su pene de su boca, me miro fijamente por un momento hasta que llevada por las caricias de su esposo cerró los ojos. Me acomodé, acostado también, del lado de Andrea, y me dediqué a tocar sus nalgas, por lo menos las partes que no estaban cubiertas por las manos de su esposo. Cuando ya estuvo satisfecha de estas caricias, ella se tornó sobre mí y me comenzó a besar, bajando despacio hasta tragarme a mi turno. Era maravillosa la forma como su mandíbula podía trabajar sin cansarse. Como la linda se puso a cuatro patas, Gino se colocó detrás de ella y la penetró. Vi los ojos de la linda cerrarse de pasión y su cara hacer todas las muecas del placer posibles. Sus idas y venidas para tragar mi pene se pusieron en ritmo con las embestidas de su esposo en su vagina lo que ampliaba, estoy seguro el movimiento de su cuerpo entero para los dos. Con sus manos alejó a su esposo, el cual se fue a buscar algo en el armario para regresar con un preservativo que abrió delante de ella y permitirle ponérmelo, con la mano en la cabeza de mi pene y desenrollándolo hasta cubrirme por entero con la boca. Luego, gateando, apenas frotando sus senos contra mi cuerpo, la hermosa se adelantó hacia mí y luego de darme un beso apasionado y de murmurarme un “gracias” en español, a mi oído, se sentó y levantándose sobre sus rodillas, tomó mi pene en su mano derecha y con un estremecimiento lo llevó a la entrada de su sexo. Acariciándose conmigo miró a su esposo y le dijo “¿ves?, por fin lo voy a hacer” y luego, alternando la mirada entre los dos, me introdujo despacio, saboreando cada milímetro de una verga otra que la de su esposo entrando en su sexo. Mientras Andrea me hacia entrar y salir de ella, sus nalguitas apoyándose en mis piernas cuando me introducía hasta el fondo de su intimidad, sus manos se apoyaban en mi pecho y con los ojos medio cerrados disfrutaba al máximo de la situación. Gino se alejó para dejarla saborear esta experiencia y yo con mis manos acaricié sus senos, sus piernas y su espalda cuando ella se abandonaba sobre mi pecho para besarme.

Una vez que la damita tuvo su clímax, aplastada sobre mi y sus caderas, como independientes de su cuerpo, haciéndome entrar y salir de su cuerpo. Gino se había acostado a mi lado, y Andrea se acostó entre los dos, y luego de un beso a cada uno de nosotros se acomodó la cabeza sobre el pecho de su esposo, mis manos en sus senos y sus nalguitas apretadas contra mi vientre. De esta manera nos descansamos en silencio unas horas, solo acariciaba Gino la cabeza de su amada y yo sus nalgas suavemente. Esas mismas nalgas tomaron vida y me frotaban con movimientos cada vez mas manifiestos, haciendo que yo me felicite de no haber aun eyaculado. Maliciosamente dejé mi pene demorarse en la entrada de su ano, y oí perfectamente cuando le dijo a su esposo que quería dejarme entrar por detrás, a lo que él respondió que sería muy buena idea, si ella lo deseaba. Bajé mi mano hasta su sexo, que estaba húmedo, no sé si de su excitación anterior o de la nueva. Ella abrió las piernas para facilitar mis caricias a su clítoris, sus labios, e incluso por momentos mis dedos entraban en su sexo hurgadores suavemente. Poco a poco la linda precisaba el frotamiento de la cabeza de mi pene a la entrada de su ano, que no me era visible porque cubierto por sus nalgas. Gino se levantó y se fue a buscar otro preservativo que me entregó, sonriendo, con una botella de liquido lubricante. Me puse el preservativo, humedecí mi verga con el aceite lubricante y cuando la bella se abrió de ella misma sus nalguitas, humedecí la entrada de su ano y poco a poco lo acaricié entrando mis dedos. Mientras tanto Gino se sentó a la cabecera de la cama y ella se acomodó para pegarle otra mamadita. Ocupada ella a dar placer a su esposo, acerqué mi pene a su ano y de ella misma lo hizo entrar, poco a poco, hasta el fondo. Un profundo suspiro de su parte y la exclamación de placer de su parte me hizo comenzar a ir y venir en su interior, mientras le contaba a su esposo lo que ella sentía, con su pene acariciando su cara. Le decía que le ardía un poquito, que le gustaba sentir sus nalgas contra mi vientre, que por eso se lo metía hasta el fondo, que lo sentía adentro, como excitaba sus nervios, le decía todas esas cosas. En un momento le dijo que ya no le dolía, que era solo placer lo que sentía, que estaba bien abierta, que cuando termine le mostraría, que le encantaba…

— gerardo91000

8 de agosto de 2010

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gerardo91000

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