Un Ménage à Trois
Relato de comunidad Fantasíasschedule 10 min de lectura calendar_today Agosto de 2010

Un Ménage à Trois

En un momento de mi vida viví en Bogotá donde una pareja me arrendaba una habitación que era casi un apartamento independiente, por una escalera se subía al primer piso directamente hasta la puerta de entrada del apartamento de la pareja y al interior de éste se subía por otra escalera que se....

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Contenido adulto. Este relato fue escrito por un miembro de la comunidad. Léelo solo si tienes 18+ y mente abierta.

En un momento de mi vida viví en Bogotá donde una pareja me arrendaba una habitación que era casi un apartamento independiente, por una escalera se subía al primer piso directamente hasta la puerta de entrada del apartamento de la pareja y al interior de éste se subía por otra escalera que se encontraba justo a la entrada, al apartamento donde yo residía. Era lo que se llama un “duplex”. Tres habitaciones y servicios en el primer nivel y una grande, con ducha completa en el segundo nivel. La pareja bastante joven, dos hijos en edad escolar, tenían como nombres Andrés y Roxana, Roxana, de 32 años, era bonita de cara, un cuerpo con redondeces donde debe ser (senos y nalgas) y músculos ligeramente aparentes debidos a la gimnasia continua que ella practicaba, de origen tolimense y Andrés un valluno de Cali, de 38 años, delgado y de cuerpo agradable, supongo, puesto que no era ni gordo ni flaco. No sé de donde habían conseguido el apartamento situado en la zona internacional del centro pero pasaban momentos difíciles económicamente hablando, razón por la que me arrendaban la piesa.

Al cabo de un mes viviendo con ellos, compartíamos la cocina (me encanta cocinar), y yo pagaba un recargo por tener la comida con ellos y el arreglo de mi habitación. Yo casi no salía, pues la mayor parte de mi trabajo la hacia por medio del computador conectado a internet para un proyecto con extranjeros. Con Roxana charlábamos mucho, ella estaba en esos días sin trabajo y los dos estudiaban por las noches, aunque no tenían que ir a la universidad, cercana a la casa, todas las noches. Con Andrés hablábamos también bastante, pero al estar a menudo fuera de casa se hablaba menos con él. En una de estas charlas Roxana se inquietó de verme sin compañera y desde luego me preguntó si yo era homosexual. Ante mi negativa me dijo que tenia que verme con una mujer, que eso era “peligroso” no tener vida sexual, todo esto entre risas y miradas brillantes. Como los dos eran muy amplios de mente no le vi nada especial a este tipo de charla, pues se hablaba de cosas normales de la vida. Además, era frecuente que sus charlas trataran de sexo, de cómo lo hacia ella con Andrés e incluso una que otra vez me contó con cierta timidez que eran “liberales”, no de partido político, sino que cada uno podía tener experiencias sexuales fuera de su casa. Estas charlas me excitaban bastante, pero estando en su casa, yo respetaba la libertad que ella debía tener para hablar del tema que se le antojase. Yo me limitaba a decirle que era un afortunado quien recibiera sus favores y solo su sonrisa me respondía.

Un día, mientras limpiaba mi cuarto, me dijo que el agua caliente se les había acabado y si podía ducharse allí, a lo que accedí de inmediato, sabiendo que la separación del baño con la pieza era tan solo una cortina de plástico y que desde la mesa del computador yo tenía una vista directa... Cuando Roxana terminó de barrer, trapear y desempolvar la pieza se retiro al baño y sin cerrar mucho la cortina comenzó a desvestirse. Por primera vez vi sus senos, eran deliciosos, grandes y erguidos como nunca había visto unos. Su vientre plano fue aparente poco después al igual que sus nalguitas redondas a punta de gimnasia. Estas últimas sin ser muy grandes correspondían exactamente a mis gustos. Sus muslos eran deliciosos, nada delgados, sin grasa aparente, sosteniendo sus perfectas piernas largas su metro con 67 de estatura que no disminuía mucho estando descalza. Se imaginará el lector que mi trabajo se había interrumpido durante el tiempo que ella tomó para desvestirse y que mis ojos trataban de retirar completamente esa cortina que hacia que su cuerpo fuera visto solo parcialmente.

Luego de oír la ducha terminar, salté casi cuando Roxana me llamó diciéndome que había olvidado llevar una toalla, que si le prestaba una. Es verdad que la toalla que yo usé esa mañana ya estaba en el saco con la ropa sucia que ella llevaría a lavar en su máquina. Cuando entré con la dicha toalla la puerta de la ducha estaba abierta y ella, sin ocultarse en absoluto, me recibió la toalla y comenzó a charlarme, mientras se secaba, de cosas distintas sin poner cuidado a su desnudez. Al terminar de usarla se la recibí, la coloqué en su sitio y discretamente regresé a mi puesto sin dejar interrumpir la charla. Ella abrió completamente la cortina que me habría impedido verla y mientras se vestía seguía charlándome. Luego de vestirse tomó las cosas del aseo, la ropa sucia, abrió la puerta y la vi desaparecer por la escalera dejándome como última imagen su pelo mojado, que le llegaba a media espalda sacudiéndose y su culito en un bamboleo que me pareció más acentuado que de costumbre.

Cuando Andrés llegó del trabajo almorzamos todos sin hacer referencia al regalo que ella me había hecho dejándome ver su cuerpo, salvo que Andrés le preguntó donde se había duchado y ella sin inquietarse le dijo “donde Gerardo”, y él sonrió con cierta malicia mirándola sin agregar nada. Ella le devolvió la sonrisa y el silencio reinó unos segundos antes de seguir con otra charla en presencia de los hijos que también almorzaban. Cuando los nenes se fueron de nuevo a la escuela, Andrés charlando me dijo solamente que Roxana me quería mucho, lo cual le agradaba. Sin más regresé yo a mi trabajo y ellos a sus quehaceres. Por la noche, a la cena, Andrés estuvo mucho más mimoso con ella que de costumbre y sus manos acariciaban sus nalgas y a veces sus senos, siendo discreto solo para con sus hijos pero sin ocultarse de mí en absoluto. Comprendí que me hacia entrar en una complicidad que confieso me excitó. Sin embargo, como los hijos requerían que se les explicara cosas de la escuela, nos repartimos ese trabajo entre los tres y al terminar me fui a acostar puesto que tampoco me habían hecho ninguna invitación precisa.

Al día siguiente por la mañana Roxana me llamó para que bajara a tomar mi tinto y desayunara. Bajé en pijama, con una batona por encima y disimulé mi sorpresa al ver a la damita con su pijama transparente, compuesta de un vestido que le llegaba unos 10 centímetros arriba de las rodillas. Sus senos eran perfectamente visibles bajo el vestido, tan solo velados como para hacerlos más atractivos, y se sacudían libremente cuando ella se movía, ya sea para preparar el desayuno, ya sea para atender algo de sus hijos. En un momento Andrés me sorprendió mirando a su esposa y me sonrió con complicidad, por lo que luego solo me cuidé de que los hijos no me vieran mirar demasiado a su madre. Gocé de esta manera de la vista de su cuerpo, de su culito que se apoyaba en el pijama como si éste fuera demasiado estrecho para ocultarlo. Al terminar mi desayuno subí a mi cuarto para ducharme, luego de despedirme de todos pero cuidé dejar la puerta de mi habitación abierta en muda invitación.

Poco tiempo después de que el chorro de la ducha fuera audible, oí a Roxana subir las escaleras, entrar en mi habitación, en el cuarto de baño y correr la cortina de la ducha para preguntarme si se podía duchar conmigo. Acepté gustoso, ella se retiró su pijama y tomó la mano que le tendí para permitirle entrar. Su cuerpo se frotó contra el mío para acercarse al chorro de agua, sus senos contra mi brazo y sus piernas contra las mías. Luego de mojarse y enjabonarse por delante, me pasó el jabón y volteándome la espalda me dijo tan solo “¿me enjabonas la espalda?” No me limité a su espalda y con la disculpa del jabón le acaricié sus nalgas mucho más de lo que la tarea lo exigía. Como la linda no protestó, también le enjaboné los senos, produciendo como reacción que ella se recostara en mi pecho, volteara la cabeza y nos diéramos el primer beso. Su respiración era tibia, fuerte, soplando contra mi mejilla que se aceleró ligeramente cuando coloqué el jabón en la jabonera y comencé a acariciar su sexo que con el agua yo no podía saber si la humedad era producto de mis caricias o simplemente de la ducha. Esta ducha nos tomó más de media hora, en la que nuestros cuerpos fueron recorridos por nuestras manos, sus nalgas, sus senos maravillosos, toda ella recibió mis caricias. En un momento, los dos frente a frente, besándonos con pasión, su mano bajó a buscar mi pene que ya erecto le acariciaba su bello púbico, depilado en triangulo y su bajo vientre en general, según los movimientos que teníamos los dos.

Roxana nos secó con la toalla, me tomó la mano y me preguntó con su vocecita de niña mimada “¿nos vamos a la cama?”. Ella pasó delante de mí, dejándome ver sus nalgas que se movían en muda invitación. Se sentó en el borde de la cama, las piernas un poco abiertas, su sexo bien aparente y me dijo “ven a mostrarme lo que puedes hacer”. Me avancé hacia ella, la besé en la boca, sus labios se abrieron una vez más para dejar entrar mi lengua a encontrarse con la suya, que juguetonas comenzaron a acariciarse. Mientras la besaba yo acariciaba sus senos, recorría su vientre, sus piernas, la tocaba vaciando esa carga de varios meses de celibato que el trabajo me había impuesto. Por fin la empujé hasta hacerla acostar y comencé a lamer sus labios que mezclaban el olor del jabón al de sus jugos. Chupaba yo su clítoris en mi boca haciendo un vacío y lamía con mi lengua esa puntita que entraba entre mis labios. La damita me acariciaba la cabeza y sus “uf, ¡qué delicia!” puntuaban las sacudidas de sus caderas a medida que el placer la invadía como si fuese corriente eléctrica. En un momento sus piernas enmarcaron mi cabeza apretándome y su orgasmo vino fuerte mientras que sus manos me aplastaban contra su sexo, mi lengua entrando en él, los dedos de una de mis manos acariciando suave su gallito y dos dedos de la otra mano profundos en su vagina, moviéndose como si invitasen a alguien invisible a venir, mientras que el pulgar de la misma mano entraba en su ano estrecho.

Me atrajo hacia ella, me besó con una mezcla de ternura y pasión, luego recorrió mi pecho con sus labios hasta llegar a mi sexo y englutirlo todo, hasta el fondo. Me sacó un instante y mirándome con los ojos brillando como carbones me dijo: “desde que tomaste la habitación tenia ganas de esto” para de nuevo dejar su cabeza caer sobre mi pene que introdujo de nuevo para seguir mimándolo. Todas sus atenciones me llevaban cerca del clímax, por lo que la retiré suavemente y acostándome a lo largo de la cama la atraje hacia mí. Ella se puso sobre mí de nuevo, tomó uno de los condones que había traído de la mesa del nochero, me lo puso y se sentó guiándome hacia el interior de su sexo para cabalgarme de manera suave por momentos, rápida a otros, inclinándose para besarme y sentándose de nuevo me hacia penetrar hasta el fondo. De esta manera pasamos muchos momentos, ella teniendo varios orgasmos hasta que me preguntó con una cara seria si de verdad no había tenido a nadie desde que había llegado a la casa. Delante de mi respuesta afirmativa me pidió que no me viniera y se acarició el clítoris con su mano derecha, apoyándose con la izquierda sobre mi pecho, hasta que trajo su orgasmo que recibió sentada sobre mí, casi inmóvil, salvo sus músculos internos que me seguían acariciando al ritmo de sus espasmos. Como yo le dije que ya no soportaba más, que ya me venia, se retiró de mí, me quitó el preservativo y me introdujo en su boca hasta que eyaculé, eyaculación que tomó entera en su boca, hasta la última gota. Me miraba al mismo tiempo sonriendo y tragándome me lamía, para no dejarla escapar, cuando alguna gota salía.

Roxana se acostó a mi lado, murmurándome “gracias, fue delicioso” hasta que luego de un rato se levantó, se duchó de nuevo y se fue a sus quehaceres. Así pasó un mes, con las visitas de la damita cuotidianas, hasta que un día nuestra relación fue presentada a Andrés de una manera en la que el único sorprendido fui yo, cosa que les contaré dentro de poco.

— gerardo91000

18 de agosto de 2010

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gerardo91000

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