Un Ménage à Trois - Parte 5
Relato de comunidad Fantasíasschedule 11 min de lectura calendar_today Agosto de 2010

Un Ménage à Trois - Parte 5

Los días pasaban, la linda Roxana gozando de dos maridos para que la atiendan dándose ella el lujo de poder calmar sus apetitos de hembra sin ninguna restricción. Yo me deleitaba cuando al pasar detrás de ella, con Andrés mirando o no, si sus hijos no miraban, acariciar sus nalguitas como un....

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Los días pasaban, la linda Roxana gozando de dos maridos para que la atiendan dándose ella el lujo de poder calmar sus apetitos de hembra sin ninguna restricción. Yo me deleitaba cuando al pasar detrás de ella, con Andrés mirando o no, si sus hijos no miraban, acariciar sus nalguitas como un guache en un bus. De igual manera ella no dejaba pasar la oportunidad de acariciar la entre pierna de su esposo o la mía cuando la situación se lo permitía. Una vez incluso estando su esposo sentado en el comedor donde nos podía ver, sus hijos ausentes, pasé sin tocarla y ella me interpeló casi agresiva con un “papito, ¿usted está bravo o qué? No pase sin acariciarme el culito, sino me siento solita”. La obedecí de inmediato y con un beso me hice perdonar la poca atención que le había prestado.

En otra ocasión, Andrés en la casa después de haber llevado los hijos a la escuela, yo bajé para el desayuno y me encontré con que su esposo clavaba esta mujer en la cocina, ella de pie, el amplio pantalón de su baby doll corrido a un lado, uno de sus senos descubierto por las caricias del esposo que le había levantado el top de su pijama. Miré un instante y cuando quise retirarme ella me dijo un simple “Gerardo, espera que sigues tú”. Me quedé pues a mirar y cuando era evidente que Andrés ya no tardaría a venir ella de un signo de la mano me pidió que me acercara e inclinándose me tomó en su boca para ponerme en una erección digna de su cuerpo. Cuando con sus manos en los hombros de la linda para hundirse en ella al máximo, en un rugido leve su esposo explotó en ella, yo sentí el orgasmo de la dama en la taquicardia manifiesta en su seno izquierdo que yo acariciaba, y la pausa de sus labios que me hacían la felación. Cuando éste se retiró de ella, la damita se dio media vuelta abandonándome pero ofreciéndome su culito impaciente. Sin más la penetré en esa vagina dilatada y llena de los jugos de ellos dos. La tomé de manera brusca, cogiéndola al comienzo por las caderas y luego por los hombros y entrando rápido en su gruta del placer para salir igualmente rápido. Ella me animaba con simples “si, fuerte, por favor, quiero sentirme tuya…”

Cuando mi trabajo en Colombia terminó tres meses después de haber comenzado nuestro trío (con el acuerdo explícito de su esposo y yo al corriente de su complicidad) yo me disponía a dejar el país. Como despedida preparamos irnos el sábado los tres a uno de los aparta hoteles del centro de la ciudad, habiendo dejado los hijos de ellos con la abuela, la madre de Roxana, que se quedaría en el apartamento para la ocasión. La disculpa era que iban ellos para Melgar y yo para Cali, pero queríamos sobre todo ir a un buen restaurante, bailar un poco y luego, ejem, ir al apartamento. Roxana, como un gesto muy “mujer de la casa” exigió preparar mi maleta y decidiendo de esa manera como estaríamos vestidos todos. Llegamos puntuales, a las 3 de la tarde, al apartamento que se encontraba en piso un poco elevado. Al llegar soportamos estoicos la seriedad del recepcionista que no se atrevía a sonreír delante de tres clientes que tomaban un apartamento con una sola cama. Ya cuando yo había hecho la reservación y pagado el día entero me divirtió verlo enrojecer cuando pedí el apartamento para tres personas y con una sola cama. En el ascensor nos pusimos los tres al fondo, el botones frente a la puerta dándonos las espalda y las manos de los dos caballeros acariciando, cada una, una de las nalguitas de la dama. Andrés empujó en un momento su dedo a la altura del ano de la linda y ella se limitó a empinarse como para suavizar la embestida sin negarse a recibirla.

Entramos en el apartamento, que era grande, con vista hacia la ciudad, con ventanas enormes que permitían la vista hacia la avenida que lleva al aeropuerto, una cocina pequeña, un salón amplio, un baño compuesto de una bañera redonda, en jacusy, una ducha, los lavamanos, el inodoro separado y la habitación separada del salón por una simple arcada, en uno de los muros una puerta que daba hacia el armario enorme, un “vestier” y era amoblado por una cama matrimonial enorme frente a una ventana con vista a la calle. El salón, un poco en ángulo, tenia sus divanes en símil cuero de buena calidad, y la mesa de centro con un ramo de rosas rojas que yo había pedido cuando hice la reservación. El botones puso las maletas en el armario mural y luego de tomar su propina se retiró. Roxana sonrió, se abalanzó sobre nosotros y nos dio un beso interminable. Demorando el placer para mejor gustarlo nos separamos, nos preparó Roxana un tinto después de haber puesto la bañera a llenar y nos sentamos a charlar mientras lo tomábamos. Al poco tiempo, apenas comenzada su tasa, la damita se levantó para preparar la ropa con la que saldríamos, se desnudó completamente y con una toalla bajo sus nalgas, se sentó para terminar su bebida. Luego ella se levantó para inspeccionar la cocina, demorándose en la mesa en mármol que separaba la zona de “fuego” del salón, para formar la noción de “cocina americana”, como si estuviese asegurándose de la solidez de la misma. Sus largas piernas que terminaban en sus nalguitas, su espalda interrumpida por su crin negra a mitad de su altura, todo su cuerpo retenía las miradas de los dos caballeros. Ella terminó poniendo una de las toallas grandes como un mantel y regresó donde nosotros para sentarse en las piernas del uno de nosotros para llenarlo de besos y luego en las del otro.

Cuando la bañera estuvo llena entramos en ella después de una ducha rápida. Pusimos jabón y aceite perfumado en el agua, Roxana prendió unas velitas perfumadas que había llevado y entramos los tres a dejar que el agua caliente ablandara nuestras carnes. La damita se recostaba en el uno y en el otro por igual, sin dejar de besarnos. En un momento, ella nos dijo que aguantaba mucho sin respirar y como para probárnoslo hundió su cabeza en el agua, poniéndose en cuatro paticas, su culito sobresaliendo cerca de la faz de su esposo y tomó mi intimidad en su boca. Éste cómplice siempre se sumergió un poco y la lamió generoso. La nena, es verdad, soportaba más de 2 minutos sin respirar y sin dejar de lamer, succionar y besar mi pene. Admirativo de sus capacidades pulmonares me di cuenta que en todas estas ya habían pasado 2 horas y media y que llegaríamos tarde al restaurante que ellos habían reservado. Salimos pues de la bañera, ella haciendo una mueca de nena mimada y diciéndonos “me la quedan debiendo”. Besando los dos a la damita y ella a nosotros, la enjabonamos para retirar toda traza de aceite de baño, ella nos enjabonó, la juagamos y la acariciamos como a una bebita y nos vestimos, nosotros con corbata y saco, ella en vestido largo negro, que llegaba a pocos centímetros del pie, escotado bastante y espalda desnuda, con la falda sesgada en la pierna izquierda que mostraba a partir de la rodilla sus ricas pantorrillas,para recibir la noche.

Después de haber ocupado el apartamento, de hacerlo nuestro, fuimos a cenar muy temprano a un restaurante de comida típica colombiana, donde ellos habían reservado, que no se encontraba muy lejos del hotel y a donde el taxi nos llevó muy rápido. Entramos a una fuente de soda cercana para tomar los aperitivos y esperar que fueran las 7 y media, hora a la que nos esperaban. El restaurante elegante, con mesas un poco apartadas era el ideal para un grupo de amigos que se reúnen para charlar. Cenamos delicioso y tomando el digestivo, un buen ron viejo de Caldas añejo que tenían, comenzamos una charla muy seria. Me explicaron que Andrés era estéril completo, su semen no tenia ni un solo esperma vivo… Que su vida swinger era no solo una forma de vivir mejor, sino también la manera de tener hijos en su hogar. Ella me tomó la mano y mirándome casi como si suplicara, me dijo que estaba embarazada, que era necesariamente mío y que si yo no quería regalarle un hijo, que ella abortaría. Al decir esto una lagrima se escapó de sus ojitos y sin dejar de mirarme ni soltar mi mano esperó mi respuesta. Confieso que estaba muy emocionado y sólo atiné a apretar su mano que tenía la mía para soltarla y con la servilleta sequé esa lagrima que se escapaba lo que ella me dejó hacer en un gesto de entrega, de dependencia total que me emocionó aun más. Al querer ella tomar otro trago de su digestivo se lo impedí poniendo mi mano sobre su vaso y le dije que ya no debía tomar más. Mirando a los dos les dije simplemente “no es bueno para la salud de nuestro hijo”. Roxana no pudo aguantarse y rompió en sollozos de dicha, me abrazó y luego de besarme en la mejilla miró radiante a su esposo quien feliz también la miraba enamorado como nunca he visto a nadie mirar a su esposa. En el ambiente de ese restaurante, y a pesar de que no habían muchas mesas ocupadas, preferí decirle a Andrés que por favor secara las lagrimas de su esposa con sus labios, parte en mi honor. Él también tenía los ojos ahogados, creo que los míos tampoco estaban muy secos, y luego de besar sus mejillas y sus parpados se separó y los dos al unísono me dijeron un “gracias Gerardo” que sonó ronco por la emoción.

Me explicaron que sus primeros hijos los habían tenido de padres de los cuales no recordaban ni el nombre, que este sería el primero con un padre deseado. Que me lo consultaban porque querían que su hijo también tuviera mi influencia, que yo no dejara de ser su padre cuando estuviera en Colombia. Que yo sería su padrino, por no decir su “compadre” en el sentido etimológico de la palabra. Con todas estas emociones un sitio publico me incomodaba y les dije que quería poder mimarla como nunca lo había hecho. Que quería ser dulce como nunca y Roxana me interrumpió diciéndome que yo ya era muy dulce. Que cada día se sentía más y más a gusto conmigo y más y más contenta de tenerme como padre de su hijo. Le sonreí y le recordé que el padre sería siempre Andrés y que mi papel de padre era posible y sería posible siempre en la medida que él lo permitiera. Ante mis palabras su esposo sonrió y me respondió que no veía ningún problema, que mi manera de hablar lo hacia felicitarse de que yo fuera el padre, también de su hijo, y terminó con un “dije su padre también, porque quiero que seas ese también”. Pocas veces en la vida me he sentido tan cercano de alguien que yo conocía desde hace relativamente tan poco tiempo. Pagaron ellos la cuenta y huimos los tres de ese sitio público buscando la intimidad del apartamento.

En el ascensor que nos llevaba a nuestro hogar por esa noche no pude evitar que mi mano acariciara su vientre y sonreí al encontrar la mano de su esposo que también lo hacía. Subimos esos pisos con nuestras dos manos acariciándola y ella sonriendo nos acariciaba nuestras manos. Entramos y los mil besos que nos dimos eran tiernos, solo tiernos. Es fantástico como en ciertas ocasiones un simple beso en la mejilla y solo en los labios es mil veses mucho más sensual que otras caricias aunque menos erótico. La felicidad no es solo genital, se puede desarrollar en otros universos en los que el sexo mismo es tan solo una forma de acceso. Hicimos el amor los tres, con suavidad infinita. La hermosa Roxana pasó de la categoría de hembra ardiente a madre digna de todas las atenciones en pocas horas.

Mucho más tarde, ya bien entrada la noche, sentada sobre su esposo que la penetraba, la linda recibía mis besos en su boca mientras yo la acariciaba en sus senos o se inclinaba sobre su marido para besarlo con ternura también a él. Ella me retiró las manos y apretando sus pechos hizo brotar unas goticas de leche que con su vocecita de nena mimada me pidió que probara, lo que hice con emoción. De esta manera ella recibió su primer orgasmo y luego de unos minutos el de su esposo también para luego cabalgarme mientras se turnaba en sus besos entre Andrés y yo mismo. Dos palabras pueden resumir las semanas que precedieron mi partida: amor y ternura. Amor y ternura para esos dos seres que se reunían en ella, la una conteniendo el otro. Pocas veces he hecho yo el amor con la intensidad emocional con que lo hicimos en esos días. La linda nos llevó a la mesa de la cocina y poniendo a su esposo sobre la mesa se subió a la ayuda de una de las sillas para introducirse su pene hasta el fondo. Con una sonrisa de comprensión hacia un hombre que la mimaba al exceso al estar ella embarazada, me invitó a penetrarla por su culito y recibir de esta manera la ultima doble penetración en mucho tiempo a venir. Terminamos todos por estallar de concierto y luego dormimos, la damita en el medio, para que pudiéramos darle besitos cada vez que lo queríamos.

Cuando me despidieron en el aeropuerto, dos días después, ella sonreía sin demasiada tristeza y cuando le dije que la extrañaría mucho ella, acariciando su vientre me respondió con un “nosotros también, siempre”. La cabinera me miró extrañada cuando vio que sentado en mi silla una lagrima incontinente rodaba por mi mejilla cuando el avión corría en la pista para despegar…

Perdone el lector si lo excluyo del resto de la historia, pero solo nos pertenece a Roxana, a Andrés, a nuestro hijo (sí, fue un chico) y a mi, Gerardo.

— gerardo91000

23 de agosto de 2010

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gerardo91000

Escrito por

Somos pareja swinger

Comentarios

1 comentario

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  • planet7
    planet7 · 23 de ago de 2010

    ME HA GUSTADO MUCHO TUS RELATOS SUENAN MUY DELICIOSOS SOLO ME QUEDA UNA DUDA NUNCA HUBO UN ACERCAMIENTO CON ANDRES? NUNCA TE DIO CURIOSIDAD  BUENO LO DIGO POR QUE TANTO TIEMPO JUNTOS  DE TODAS FORMAS ES MUY INTERESANTE EL RELATO SALUDOS

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