Precatio Amoris, Oración De Amor
Relato de comunidad Hetero: Generalschedule 5 min de lectura calendar_today Septiembre de 2010

Precatio Amoris, Oración De Amor

Estudiaba yo en Pereira, hace muchos, muchos años y charlaba a menudo con una compañera de estudios, no muy blanca de piel, senos orgullosos, lo que era normal para su edad, cuerpo bonito, con nalguitas redonditas que se veían deliciosas cuando portaba pantalón, justo equilibradas para su....

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Estudiaba yo en Pereira, hace muchos, muchos años y charlaba a menudo con una compañera de estudios, no muy blanca de piel, senos orgullosos, lo que era normal para su edad, cuerpo bonito, con nalguitas redonditas que se veían deliciosas cuando portaba pantalón, justo equilibradas para su cuerpito. No muy alta la nena, me llegaba a los hombros, es decir de 1,65 metros, cara bonita y una sonrisa que le iluminaba la cara cuando sonreía. Nos veíamos con Lona, como la llamaré para este relato, a menudo, charlábamos, se nos notaba que nos gustábamos, pero no habíamos hecho nada aun, por los estudios, por timidez, no sé.

Un día, bien entrada la tarde salimos Lona y yo a caminar, ella con una camisa de botones por delante y una falda amplia y larga, que le llegaba un poco más abajo que la rodilla. Cogidos de la mano y fuera de unos besitos un poco tímidos, dejamos, caminando sin rumbo, que la noche nos cubriera con su manto cómplice. A eso de las 10 PM nos encontrábamos cerca de la iglesia que queda casi al frente del edificio Invico, donde sale la calle para la UTP. En aquel entonces no era aun la zona rosa ni estaba todo construido. Al frente de la iglesia había unos potreros y casas solo alrededor del edificio Invico, antes mencionado, que era el único edificio alto, o casi, de toda Pereira.

Aprovechando las salidas que hacia el muro de la iglesia para obtener un poco de privacidad nos hicimos en uno de esos rincones para besarnos con tranquilidad. Su pasión era desbordante, me besaba con la lengua, se apretaba contra mí entre suspiros de excitación, y cuando una de mis manos exploradora subió a sus senos un “huyyy siiii” me aprobó. Enardecido por eso le abrí la blusa y al no encontrar la forma de abrirle los sostenes, en una risita me informó que se abrían por un botoncito adelante. Al abrirlo, sus lindos senos, redonditos, calientes, firmes y duros por la excitación saltaron fuera de las copas que los aprisionaban.

Fue delicioso acariciarlos, besarlos por momentos, y seguirlos acariciando cuando regresaba yo a gustar los labios de la nenita. Ella se frotaba contra mi cuerpo, acariciando mi pene con su vientre, los dos al colmo de la excitación. Cuando le alcé la bata para acariciarle su sexo me advirtió que estaba toda mojada, lo que pude comprobar cuando llegué a su cuquita. Después de introducirle suavemente mi dedo me dijo casi llorando que quería mucho más que tocarnos pero que no podíamos en su casa, puesto que vivía con una familia de su pueblo muy conservadora y ella sabia que no solo no teníamos plata para un hotel, sino que además yo vivía en una pieza que compartía con otros tres estudiantes.

Llevado por la excitación le cerré el sostén, le cerré algunos botones de su camisa, me arreglé yo también un poco y tomándola de la mano la llevé hacia la iglesia, que en aquel entonces no cerraba las puertas y quedaba abierta toda la noche. Entramos, busqué un confesional, de esos que tienen una cortina para ocultar al cura y poniendo cuidado que ninguna de las 8 o 10 beatas que rezaban cerca del altar nos vieran, la metí en uno de los confesionales corriendo la cortina para aislarnos de todo el mundo.

Nos besamos de nuevo, a gran velocidad le abrí de nuevo su camisa y sus sostenes, ella temblorosa me abrió la correa del pantalón, deshizo los botones y me bajo el pantalón hasta la rodilla agarrando mi pene mientras en la oreja me decía con una voz ronca “siii, que rico, como está de caliente!...” Me empujó hasta hacerme sentar en el banco del cura, me abrió la camisa y de ella misma se retiró el panty que guardó en su bolso y subiéndose la falda hasta la cintura se puso sobre mí introduciéndome despacio, muy despacio, en su sexo completamente lubricado por sus jugos abundantes. Mientras me entraba con gran lentitud en su ser me decía al oído, como en una letanía, “siii, eso era lo que quería, siii”.

Una vez conmigo adentro detuvo sus movimientos de la cintura para besarme en la boca y se limitó a simples movimientos rotatorios como para ampliar su cuerpo y mejor gustar mi embestida. Yo, contestando sus besos y acariciando su lengua con la mía, mimaba sus senos, sus nalguitas, sus piernas, con ese desespero que una gran excitación produce. Lona frotaba sus senos contra mi pecho, y solo su respiración como asfixiada resonaba contra mi nuca. De pronto comenzó a hacerme entrar y salir de ella moviendo tan solo la cintura y su mordisco en mi hombro, al igual que los latidos fuertes de su corazón, me indicaron que su primer orgasmo llegaba. De esta manera la nena vino varias veces y cuando yo vine a mi vez, ella me hundió lo más posible a su interior para recibirme mientras temblaba como convulsionando en el orgasmo más grande de esa noche. Así, temblando los dos, yo vacié una cantidad enorme de esperma en su interior y ella me bañó todo mi vientre con sus jugos que se mezclaban con los míos.

Una vez que nos calmamos, nos vestimos de nuevo y salimos del confesional como si nada. Afuera, bajo la noche estrellada, ella me dijo que no requería que yo la acompañara a su casa, tomó un taxi y se fue. Al día siguiente cuando quise saludarla me huyó y ante mi insistencia me dijo que no quería verme nunca más en su vida, que si yo me daba cuenta que la había inducido a hacer el amor en una iglesia, y cuando quise argumentar, ella salió corriendo. La dejé tranquila y al semestre siguiente no la vi en la universidad y luego yo me fui para realizar las aventuras que deseaba. Si Lona me lee hoy, después de todos estos años le prometo que si nos vemos, no será cerca de ningún sitio de ningún culto religioso, jejeje

— gerardo91000

8 de septiembre de 2010

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gerardo91000

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