PERRO CANEQUERO
Relato de comunidad Bisexualesschedule 13 min de lectura calendar_today Octubre de 2010

PERRO CANEQUERO

Soy un perro canequero, y no me importa. Seduje a mi mejor amigo un mes después de su boda aunque por causa y hecho yo soy el padrino. La verdad sea dicha, él nunca fue un modelo de fidelidad con su mujer, el tipo era (y lo sigue siendo) el típico tumba locas, el pinta al que las viejas....

camilo

Soy hombre heterosexual

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Soy un perro canequero, y no me importa. Seduje a mi mejor amigo un mes después de su boda aunque por causa y hecho yo soy el padrino. La verdad sea dicha, él nunca fue un modelo de fidelidad con su mujer, el tipo era (y lo sigue siendo) el típico tumba locas, el pinta al que las viejas persiguen sin vergüenza, las muy sin vergüenzas, y el nunca, léase bien, nunca desaprovecha una buena oportunidad con una de esas.

Antes de conocerlo bien, cuando empezamos a hacernos amigos, siempre encontré sospechoso que fuera tan perro y se jactara de ello, hasta hacerse insoportable; bien lo dicen los psicólogos, “tipo que es mujeriego en extremo, por lo general esconde una homosexualidad latente de la cual huye y no quiere reconocer”.

Oscar es un bacán, pronto nos hicimos inseparables en el trabajo, y descubrí en él, como al hermano que nunca tuve. Más buena gente que Oscar no he conocido, y las cosas que tenemos en común son tantas que nunca nos aburrimos juntos. Solíamos jugar X-BOX por horas, comíamos la misma comida chatarra y hasta las mismas películas nos gustaba. La buena noticia era que como dice el viejo y conocido refrán: “Ojo de loca, no se equivoca”, así que sabía que a él le pasaba lo mismo conmigo.

Me llamaba casi todas las noches, para hablar de cualquier cosa, incluso llegó a confesarme que tenía sueños conmigo, nada inapropiado, solo soñaba bobadas, pero eso me confirmaba algo que ya sabía: yo al igual que él soñaba con Oscar, sin duda porque durante todo el día me la pasaba pensando en él… lo cual significaba que él también pensaba lo suficiente en mi como para que su inconciente me llevara a sus sueños. Él en particular no sabía nada de lo mío, pero sé que encontraba interesante algunas cosas.

Cuando me dijo que fuera su padrino de bodas, me sentí muy honrado, me alegré mucho por ellos, él y Sofía ya tenían un hermoso hijo y era lo mejor para él. A pesar que Oscar escondía un deseo inconfesable, sé que para él era más fácil ser feliz como heterosexual, y realizarse como hombre de familia. Pero como dije al principio, soy un perro que no le importan mucho los principios cuando se trata de llevar acabo un deseo tan fuerte como lo es hacerle el amor al hombre que también te desea.

Durante nuestra profunda amistad, ya habíamos tenido algunos roces: miradas profundas, acercamientos de los cuerpos, intercambios de frases con doble sentido en donde expresábamos el deseo del uno por el otro… claro, siempre bajo la cortina aquella de las “bromas entre machos”, pero que a la final, tenían todo de cierto.

Un mes después de su maravillosa boda, Sofi salió de viaje con el niño por un par de días, y dejó a mi amigo al cuidado mío, supuestamente, para que no le dejara meter las patas (u otra cosa) con alguna vieja “trepa-maridos” (SIC).

Ok, ya se que están pensando ustedes: “Ese plan de Sofía, lamentablemente, no es aprueba de tontos.

Planeé y llevé a cabo el día perfecto. Para mi no era secreto que entre los dos había algo más que una simple atracción física. Así que, conociéndolo bien como lo conocía, lo llevé por un viaje de emociones que involucraban todos sus sentidos.

Ese miércoles salimos todo el día, compramos cosas para su casa, tomamos un buen almuerzo en un lugar excelente, mientras reíamos como tontos y rajábamos de los jefes; luego, una tarde relajada en un reconocido parque de la ciudad compartimos como nos gustaba: una charla profunda, donde realmente dejábamos abierta la puerta de la mente y a un torbellino de emociones que nos conectaban el uno al otro, como siempre lo hacíamos.

Sofi, me llamó esa tarde, interrumpiendo la cálida y acogedora puesta de sol que yo disfrutaba al lado de su esposo, para pedirme que "me quedara con él en la casa esa noche, que no quería que él se quedara solo” (SIC). Por supuesto acepté la idea gustoso, él estuvo de acuerdo, y cuando colgué el celular, sabía que todo se consumaría esa noche.

Mientras Oscar hacía la comida, me di una ducha muy larga. Las cosas que pasaban por mi cabeza parecían volverme loco, tantas dudas, temores, ansias. El agua tibia bajaba por mi cuerpo y con las manos apoyadas a la pared y la cabeza gacha, tomé la decisión de seguir adelante con lo que me había propuesto. No habría marcha atrás, y después de esa noche las cosas cambiarían para siempre. Salí y me quedé en calzoncillos bóxers, fresco como si nada, sabía que a él siempre le había gustado mirarme sin camisa, así que decidí darle una vista más completa de mi anatomía. Al cabo de un rato, y después de sentirme azorado por las “discretas” miradas que el parcero le hacía a mi paquete, le pregunté arrepentido de tanto exhibicionismo:

-¿Tenés una pantaloneta que me prestes?-

- ¿Pa' qué? Ya voy a servir la comida, no joda-

Me dijo tranquilo y me mató con su sonrisa retorcida.

Tumbados en el sofá-cama, comiendo y pensando de todo, menos en la película que rodaba, supe que él realmente se había esforzado por hacer una muy buena cena.

Él también tomó una ducha y se quedó en bóxer. Cuando lo vi, no puede disimular verle su buen paquete… sabía que era dotado porque siempre se le notaba en los jeans y pantalonetas que se colocaba, pero verlo en su forma más provocativa bajo esos bóxer blancos, fue delirante. Si así era cuando estaba en reposo, no podía imaginármelo en toda su gloria.

Se acostó cerca de mí, me preguntó en que iba la peli, pero ambos ya sabíamos que poco o nada nos importaba si ésta vez Harry moriría o no a manos de Voldemore.

Yo estaba tan nervioso que no sabía qué hacer, mi plan maestro se quedó corto, y el corazón me latía tan rápido como caballo en un hipódromo. Miraba sus piernas, su abdomen, y su pecho, aún sus manos me parecían hermosas… esos dedos. Me imaginé tantas cosas.

Creo que se dio cuenta que lo miraba, porque me sorprendió mirándole los dedos de los pies. Yo como un idiota retiré de inmediato la mirada y no pude disimular mejor. En el fondo sabía que si cruzábamos esa línea, nuestra amistad como la conocíamos cambiaría para siempre. Entonces me acobardé. Desistí en dar el primer paso, y opté por voltearme boca abajo, acostado sobre el sofá-cama muy apesadumbrado, mirando al otro lado, esperando a quedarme dormido lo más pronto posible.

Después de unos minutos, me llevé la mejor de las sorpresas: de repente Oscar metió su mano entre mi bóxer, acariciando suavemente mi culo y me dijo susurrándome al oído: “Dime que quieres culiar conmigo esta noche”.

Volteé mi rostro para mirarlo fijamente y constaté lo nervioso y tonto que se veía… igual que yo: su pecho estaba agitando, sus labios temblaban y tragaba saliva tan fuerte que pude escucharlo.

Sonreí, y lo besé muy suavemente, quería que ese primer beso fuera inolvidable. Largo, firme y profundo. Nuestros labios se separaron por un momento, pero nuestras frentes permanecieron unidas y con los ojos cerrados, sentíamos que se nos quitaba un gran peso de encima. Coloqué mi mano sobre su cabeza y acaricié sus cabellos, nos besamos como locos, su lengua me hacía delirar y el sabor de su boca me hizo desearle todavía más. Me puse encima de él, quería que sintiera mi peso; el roce de la piel era más que ardiente, nuestros paquetes se juntaban en fricción incesante, y el manoseo me erizaba la piel; por momentos mi amigo y mi amante me separaba de sí tomándome del rostro, para observarme a los ojos, parecía no creer lo que estaba pasando.

Mientras nos besábamos nos quitamos torpemente los bóxers y dejamos que nuestros penes calientes se juntaran nuevamente otra vez haciendo que nuestra piel se pusiera de gallina. Oscar gimió al sentirme completamente desnudo sobre él, diciéndome susurrante: “como se siente de chimba parce”.

Acarició mi culo, pasando su mano entre la raja para dejar que sus dedos grandes jugaran un poco con mi ojete. Su verga era literalmente hermosa, como todo en él: era grande, venosa, derecha, su glande redondo y su grosor en aumento proporcional hasta la base, como la estaca que era, diseñada para penetrar sin mucho daño y si con mucho placer. Sus huevos bien rasurados dejaban ver unas bolas rosadas bien cargadas… me pregunté tontamente hacía cuanto no tenía sexo y conjeturé torpemente luego, al ver semejante pene, el porqué Sofía le había perdonado a él tantas infidelidades:

1- Difícil le era para ella renunciar al falo delicioso de su marido.

2: Había comprendido por fin, que no era justo que semejante semental de pies a cabeza no pudiera disfrutar de su sexualidad y aprovechar los atributos que sus genes tan generosamente le habían proporcionado. (Sueñe papito).

Yo no veía la hora de tenerle dentro de mí gozando y haciéndome gozar. Mis entrañas temblaban.

Pero primero lo primero: baje por su barbilla, su cuello y tetillas, pasando mi lengua y saboreando cada centímetro de su caliente cuerpo mientras temblaba jadeante; pasé mi lengua por sus axilas y probé el maravilloso sabor de su sudor. Baje por su abdomen y sentí el olor de su pene. Lo tomé, lo masturbé, le di una mamada que casi no termina. No quería despegarme y parecía que Oscar fuera acabar en mi boca por la manera azarosa de su gemir y la rigidez de sus músculos; pero tan solo era la manera arrecha y sensual de exteriorizar años de deseos reprimidos. Él se estremecía, abría las piernas y levantaba la pelvis buscando más profundidad en mi garganta, lo complací complacido.

Levanté sus piernas lo más alto que pude para poder tener a mi disposición su duro, redondo y hermoso culo. Él se agarró como pudo de la parte superior del mueble, y abrió los ojos mirando el techo, con la boca entre abierta.

Lamí su ano, una y otra vez, alternando con pequeños mordiscos a sus nalgas.

¡Oh, cuanto soñé con ese momento! Tener todo el culo de mi mejor amigo a mi disposición para darle el placer que se merece. Me pidió jadeante que le metiera un dedo, así que lo humedecí y lo introduje suavemente buscando pacientemente su punto P, mientras chupaba su tranca y engulléndola al punto que su cabeza rozaba mi garganta, produciendo gemidos intensos, y sacando de él lo más arrecho de su interior. En realidad dudo demasiado que esa imagen llena de morbo y sexo extremo pudiera obtenerla con su esposa.

Me puse de pie sobre el sofá-cama y el se arrodilló, tomó mi verga, la masturbó suavemente, mientras la miraba con deseo. El toque de su mano grande sobre mi verga dura me estremeció; su mano izquierda acariciaba mis piernas y alternaba con mi culo. Sentí su aliento caliente sobre la cabeza de mi falo, y cerré los ojos ante lo inevitable.

Húmeda, tibia y profunda fue su boca en mi pene. Lo introdujo suave y al poco rato lo chupaba como si yo estuviera culiándole la boca. Abrí mis ojos, tenía que ver de primera mano lo que el objeto de mis desvelos me estaba haciendo. Él tenía los ojos cerrados y su boca tan abierta como podía. De cuclillas sobre el piso, la verga de Oscar se balanceaba al ritmo de la mamada que me daba. Mientras lo observaba con placer, me convencí de algo: mi mejor amigo no era un principiante en esto. Sabía lo que hacía y lo disfrutaba como quién vuelve a la pista atlética después de mucho tiempo ausente. Luego me confesaría, que años atrás había tenido una corta relación de pareja con un tipo, que lo inició en el placer de los hombres.

Estiró su mano a una gaveta, y sacó un condón me lo puso lentamente, mientras me miraba a los ojos, diciéndome: “Primero vos y luego yo, ¿listo?” / Viejo, yo con usted, lo que sea…" le respondí. Pensando en que a pesar de todo, para él sería más cómodo poder manejar su ritmo y profundidad, yo me tumbé en el sofá y el se hizo sobre mí.

Nunca olvidaré lo que sentí cuando mi verga se abrió paso por su ano apretado y caliente. Frunció el seño en una clara señal de dolor, y después de introducirlo por completo, se quedó quieto por un momento, se acostó sobre mí y me miró por unos segundos con una mezcla de ternura y lascivia que no puedo explicar . Me sentí verdaderamente deseado.

Lo besé lentamente y luego fuerte, y empecé a mover mi pelvis hacia arriba penetrándolo suavemente; mi mente voló y parecía estallar, luego tomó el control y empezó a moverse de manera que podía sentirle por completo a través de mi tranca; se sentó sobre mi, y puede verle por completo. Sudoroso, extasiado, satisfecho. Puse mis manos sobre su pecho acariciando sus pectorales y tetillas mientras el se penetraba y se masturbaba con locura. Enderecé mi tronco quedando a su altura, sentados: el sobre mí, yo debajo, estiró sus piernas y me abrazó con ellas, pasó sus manos por mi cuello y nos fundimos en un exquisito beso, entonces, sin despegarse de esa posición, introduciendo su lengua con frenesí, movía su pelvis al mismo ritmo haciéndome ver estrellas.

Nos pusimos de pie, era su turno; se colocó el preservativo, y yo me doble apoyando las palmas de mis manos sobre la cabecera del mueble, dejando mi culo a disposición de su ansiosa verga. Colocó la punta en mi ojete y dobló su cuerpo apoyando su pecho sobre mi espalda susurrándome al oído: “yo también soñé con esto”. Giré mi cabeza para poder darle un beso, mientras el metía y sacaba suavemente la cabeza, para luego penetrarme con toda su hombría y hacerme estremecer de placer. Me sentí tan lleno, tan afortunado, tan deseado.

Sentir a Oscar dentro de mí era un anhelo latente desde que lo vi por primera vez, la conexión que teníamos era tan real como el aliento y los gemidos que envolvían la habitación. Me tomó de las caderas, y me embistió fuerte cuando se lo pedí, quería que se hiciera sentir y así se lo hice saber. Miraba la follada y me miraba a mí, y así por varios minutos, sonriendo, gimiendo, cerrando y abriendo esos hermosos ojos verdes. Cambiamos de posición y esta vez me hallé boca arriba acostado y el sobre mi, intentando mantener contacto visual mientras me penetraba tan fuerte, que si hubiera podido meter sus huevos dentro de mí lo hubiera hecho. Nos besamos, nos tocamos y nos comimos como si fuera la primera y última vez. Le dije: “Parce... quiero su leche”.

Se arrodilló frente a mi cara, y dio las últimas manoseadas a su tranca roja antes de derramarse sobre mí. Entonces estalló, sus chorros espesos de semen calentaron mis mejillas, y yo como ternero hambriento engullí su falo antes que terminara de venirse para saborear su néctar. Terminó de venirse en mi boca, mientras se retorcía de placer, y gritaba como semental en celo, su esencia era tan deliciosa que no dudé en tragarla gustoso. Cuando pudo recobrar aliento, me besó buscando con su lengua en mi boca las últimas gotas de su leche, lamiendo por momentos el semen que tenía en mi cara y pasándomelo a la boca con un delicioso beso, mientras yo me masturbaba más que extasiado, llevado por el delirio de tener como amante al hombre del cual estaba encaprichado y deseaba como la misma leche que él mismo me daba con su lengua. Entonces estallé.

Cuando volví en mí, él se encontraba pasando su mano sobre mi abdomen y pecho, difuminando suavemente mi leche, dejando que sus dedos pintaran de humedad mi cuerpo tembloroso. Me abrazó con todo su cuerpo para quedar impregnados al tiempo de semen, mientras me besaba tiernamente los ojos que yo había cerrado por un momento.

Hoy, antes de publicar este relato nos topamos por casualidad. Hacía meses no lo veía. Fue agradable volver a conversar con él. Muy agradable.

— camilo

7 de octubre de 2010

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camilo

Escrito por

Soy hombre heterosexual

Comentarios

1 comentario

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  • tornillo
    tornillo · 7 de oct de 2010

    que pesar de sofi

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