“TU OTOÑO ME SABE A PASION”
Relato de comunidad Sexo con madurasschedule 12 min de lectura calendar_today Octubre de 2010

“TU OTOÑO ME SABE A PASION”

Luego de masturbarse pensando en ella, y en la soledad de su habitación, Martín se quedo largo rato mirando al techo. Su memoria viajo al momento en que la conoció.-Martín, mira, te presento a mi mamá,- Le dijo Luisa, su compañera de oficina.-Mucho gusto Señora... Mi nombre es Martín,....

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Luego de masturbarse pensando en ella, y en la soledad de su habitación, Martín se quedo largo rato mirando al techo. Su memoria viajo al momento en que la conoció.

-Martín, mira, te presento a mi mamá,- Le dijo Luisa, su compañera de oficina.

-Mucho gusto Señora... Mi nombre es Martín, Martín López- Dijo el, cortésmente pero sin prestarle una atención excesiva.

-Ana Jiménez- Contesto ella- Luisita habla mucho de usted, sigan y mientras trabajan, les voy a preparar algo de comer.

En ese momento, por la cabeza de Martín no paso nada fuera de lo normal:

-La mamá de mi amiga, una señora común y corriente...- Pensó.

Luisita, como todo el mundo la llamaba, era una chica joven, llena de ternura, con una carita angelical y un cuerpo aunque menudo, tenia algo de atractivo; Martín por lo general siempre la vio como una hermanita menor y pensaba en ella con cariño, aunque alguna vez, cuando la conoció, de esto ya hacia dos años, se fijo en ella de otra forma, dejando correr sus instintos, pensó en lo bien que lo pasaría cogiendo salvajemente con esa chica inocente, pensando en que conservara toda su ternura y delicadeza, pero que para el fuera una puta sin miramientos ni recelos, pensó en enseñarle todo lo que sabia y hacerla disfrutar así como el también disfrutaría poseyendo su cuerpo frágil y delicado, pero puso los pies sobre la tierra y las cosas no pasaron siempre de una bonita y sincera amistad.

Al terminar los informes que estaban adelantando, decidieron relajarse y escuchar música charlando un rato en la sala de la casa, ahora acompañados por Ana, la madre de Luisa. Entre las muchas cosas que hablaron, el tema se desvió a la parte culinaria, en la que Martín tenia grandes conocimientos y quedaron en que para el próximo fin de semana el les iba a prepara algo típico, pues ellas eran de Bogota y hacia cinco años que estaban viviendo en el eje cafetero, donde iniciaron una nueva vida Ana, Luisa y su hermano Andrés, tres años menor que ella, el padre se había ido hace tiempo para los Estados Unidos a probar fortuna y cada vez se sabia menos de el.

-Mi mamá quedo encantada contigo!- Le dijo Luisita el día siguiente en la oficina. –Como tú nos vas a preparar el almuerzo el fin de semana, ella me pidió que te invitara a comer algo típico de nuestra tierra esta semana en la casa, eso si, avísame el día anterior para que todo este listo.

A Martín le pareció divertido y acepto de buen agrado. El día transcurrió normal en la oficina, pero esa noche se despertó desubicado, incrédulo y con una extraña mezcla de sensaciones luego de tener un sueño erótico con Ana.

A pesar de que en el sueño no tiraron como conejos ni tuvo visiones fantásticas y salidas de la realidad sobre un sexo increíble, lo recordaba todo perfectamente: Todo fue en cierta medida, sutil, casi rodeado por un halo de misterio. Ella, Ana, estaba en la puerta del garaje de su casa con una minifalda de una tela suave y muy ligera que jugaba con el viento dejando ver más allá de lo normal. Ana era una mujer de 49 años entrada un poco en carnes, con unas piernas, aunque gruesas, bien torneadas y algo atractivas, un trasero grande pero templado y curvilíneo, sus pechos en comparación con el resto del cuerpo eran pequeños y ya mostraban el paso de los años, pues habían perdido la inevitable lucha contra la fuerza de gravedad. Su cara aunque redonda, con ojos pequeños y de nariz un poco achatada, se veía en extremo favorecida por unos magníficos labios, gruesos, carnosos y sensuales. En el sueño, Martín la tenia abrazada desde atrás, mientras besaba su nuca, sus mejillas y sus hombros; con una mano acariciaba sus senos y su vientre, mientras que con la otra alzaba la pequeña falda y recorría con los dedos sus amplios muslos y las grandes nalgas...

Al día siguiente, Martín seguía recordando aquel sueño extraño, por más que llevara su mente a otro lado, las imágenes de Ana regresaban a su cabeza. Varias veces se sorprendió al llegar a la conclusión de que Ana no era para nada su tipo de mujer, pero en ese sueño la vio tan provocativa, tan deseable, en una actitud fuera de lo común en ella... La vio tan deliciosa... Por lo que en la oficina, tan pronto vio entrar a Luisita, le dijo que si le parecía bien que el fuera mañana a su casa a comer para aceptar la invitación y ella muy contenta, le dijo que si, que no había ningún problema, que solo debía avisarle a su madre.

Cada vez Martín pensaba mas y mas en aquel sueño, bizarro pero provocativo a la vez, al punto de que su concentración en el trabajo fue mínima. Al salir, Martín se ofreció a llevar a Luisa hasta su casa, con el único y escondido pretexto de ver otra vez a Ana. Tan pronto llegaron, Ana lo recibió muy bien, tal y como una madre recibe a los amigos de sus hijos, pero en Martín, sin poder el mismo explicárselo ni contenerlo, la lujuria y el deseo estaban creciendo en su interior. Durante los momentos que paso en casa de Ana no perdió un solo instante para poder realizar un mapa mental, lo mas exacto posible de la mujer con la que soñó la noche anterior y por la que ahora, inexplicablemente sentía un deseo enorme. Ni Ana ni Luisa notaron nada extraño, pero en la cabeza de Martín corrían como locas una cantidad de ideas y fantasías, al punto de tener una poco disimulada erección, por lo que, avergonzado en el fondo, decidió retirarse a su casa.

Ni siquiera llamo a Adriana, la joven con la que estaba empezando a tener una relación. Llego directo a su cuarto a pensar en todo lo que le estaba pasando:

-Es la mamá de Luisita! Por Dios! ¿Que es lo que me pasa?

Aun sin aclarar sus ideas, por un momento su mente lo trajo de vuelta a la realidad y se sorprendió al darse cuenta de que se masturbaba y que no podía retirar de su cabeza las imágenes de aquel sueño tenido la noche anterior.

En la mañana, Martín llego a la oficina con uno de sus mejores vestidos, estrenando una magnifica corbata, recién peluqueado, cubierto de colonia y cargando un paquete.

-Huyyy! Como estas de lindo mi Martín!- Le dijo Luisita apenas lo vio. –¿Y eso que es?- Pregunto ella refiriéndose al paquete.

-Unos detallitos que compre para tu mamá... Para ustedes... Como solo conozco tus gustos y no los de ella, traje varias cosas, algunas frutas, varios tipos de dulces, una botella de vino, queso, jamón...

-No había necesidad mi Martín, tu si eres bello!- Al tiempo que dibujaba una sonrisa en sus labios y sus ojos se iluminaban de alegría.

Por fin llego la hora de salir y Martín era presa de una ansiedad casi incontrolable hasta que por fin llegaron. Ana los recibió con agrado y elogio los regalos de Martín, aparte de su excelente presentación personal, pero el pobre ya estaba en medio de una locura interior que lo dominaba, aparte de la ansiedad y el deseo por ver a Ana otra vez. La comida transcurrió de una forma normal y agradable, pero si le preguntaras a Martín que fue la cena, no tendría la menor idea, pues su cabeza estaba en otro lugar. Sufría y se avergonzaba al pensar que Luisita notaria como miraba el trasero y las piernas de Ana cuando ella regresaba a la cocina para llevar o traer algo, pero en esos momentos la tentación era mucho mayor que la sensatez.

Luego de comer, charlaron un rato y destaparon el vino que llevo Martín, Luisa sentada en el sofá con Ana, Martín en una silla al frente de ellas; el contestaba y reía sobre lo que hablaban, pero en su interior solo imaginaba que le hacia el sexo oral a Ana en ese sofá, fantaseaba con esos muslos grandes y provocativos como los había visto en el sueño, rodeando su cabeza mientras el los besaba y cubría de caricias, quería poseerla en esa sala de todas las formas, allí mismo. En ese instante ya no era Martín, ahora era un macho alfa que solo buscaba poseer a su hembra... Solo pensaba en dar rienda suelta a esas emociones que lo encendían todo el tiempo y que ya no lo dejaban en paz.

La semana transcurrió sin mayores novedades en el trabajo, pero luchando inútilmente por sacar a Ana de su cabeza, cuando por fin llego el domingo! La iba a ver otra vez!

Martín llego puntual, nuevamente elegante y casi terminando con el frasco de colonia. En una bolsa traía las cosas necesarias para el plato típico que les había prometido. Ana se ofreció a ayudarle y Martín, como no! acepto encantado. Esta vez hubo algo diferente, mientras estaban solos en la cocina, adelantando la preparación del almuerzo, Ana si noto la forma en que Martín la miraba, le hablaba y se acercaba a ella, se percibía en el ambiente el deseo que Martín le tenia. Ana se sonrojo un poco y esquivo la mirada de Martín, quien le tomo el rostro girándolo lentamente hacia el, la miro fijamente sin decir nada, ambos podían sentir el aliento del otro, cerca, penetrante, invitándolos, empujándolos a seguir mas allá, Martín la beso. Ana intento esquivarlo, pero un instante después, se abandono libremente a esa sensación que hacia tiempo no experimentaba. Se besaron con temor y un poco de ternura al comienzo, pero después fue más intenso y apasionante, hasta que sintieron llegar a Luisa y se separaron de inmediato.

Luego del almuerzo, en el que Ana trataba de no mirarlo, Martín dijo que como el preparo todo, también lavaba los platos. Afortunadamente para ambos y también con mucho nerviosismo por parte de Ana, Luisita dijo que estaría en un Café Internet cercano mientras ellos “trabajaban”. Ya sintiéndose solos en la cocina, con el corazón palpitando a mil por hora todo fue una locura, con rapidez, deseo y ansias! Martín besaba a Ana con pasión, con esas ganas reprimidas durante tantos días. Ana, un poco nerviosa le decía:

-Martín, no... ¿Que estamos haciendo...?

Pero Martín no contesto, solo quería hacer por fin lo que tanto imaginaba; aquello que le taladraba el cerebro y disparaba sus niveles de testosterona al pico mas alto desde que despertó sudoroso y jadeante después de ese sueño irreal y provocativo en medio de la noche. Beso a Ana en la boca, en su cuello, en los brazos, en el pecho... Sentía su olor, su sudor, el sabor de su piel. La abrazaba y acariciaba sus generosas nalgas. Restregaba su verga erecta contra el cuerpo de Ana, quien se sorprendió al darse cuenta de que sin saber como, ya tenia su mano entre el pantalón de Martín y pudo sentir su miembro duro y luchando por salir. Martín empezó por subir la falda de Ana y contemplo al fin ese trasero grande y redondo con el que tantas veces fantaseo, el trasero que nunca antes le habría parecido atractivo. Lo acariciaba con ambas manos mientras Ana busco su rostro e introdujo la lengua en su boca. Martín la llevo hasta el lavadero donde la recostó un poco y con prisa hundió la cabeza en su vagina. A pesar de tener una gran mata de vello, esto excito aun mas a Martín quien lamía su clítoris y pasaba toda su lengua por la húmeda e hirviente cavidad de Ana, luego de un rato y al ver que Ana estaba por las nubes, le dio la vuelta y tuvo por fin ante si ese culo por el que se moría desde que soñó con ella, lo lamió y acaricio, mordía sus glúteos con placer, con ganas, con lujuria, con hambre! Ana al sentir que Martín rodeaba su ano con la lengua reacciono un poco extrañada, pero excitada a la vez al experimentar una intensa sensación que nunca había conocido. Martín lo percibió y siguió haciéndolo, la emoción de Ana lo calentaba más y mas, hasta que ella le dijo, le grito que se lo hiciera de una vez por todas, que ya no aguantaba mas, que quería sentir adentro de su cuerpo toda su virilidad y Martín, claro, no se hizo de rogar!

Ana estaba en cuatro apoyada en el lavadero mientras Martín la poseía, este alargo las manos para recorrer toda su espalda al tiempo que pensaba como una mujer de la edad de Ana tuviera tan poca experiencia. Esto no desanimo a Martín, por una extraña razón lo excito mucho más y empezó a penetrarla con rapidez y un poco de violencia, a lo que Ana reaccionaba solo con gemidos de placer... Ya no era dueña de su voluntad, solo quería disfrutar una vez mas con algo que ya ella casi había olvidado.

Martín cambio a Ana de posición y la recostó en el piso desnudo y frió de la cocina, antes de situarse sobre ella, acerco su miembro al rostro de Ana, quien confundida, sin saber que hacer, pero llena de deseo lo beso e intento chuparlo pero Ana nunca había hecho eso. Es mas, nunca nadie en su vida le había hecho el amor de la manera en que Martín se lo estaba haciendo. Al ver su titubeo e inseguridad no la presiono y le dijo:

-Tranquila, que después te enseñare...

Lo que siguió, luego fue un torrente de pasión, Ana cabalgo a su antojo sobre Martín, subía y bajaba en ese pene duro que la derretía y volvía loca en esos momentos, podía sentir como se abría camino en lo profundo de su cuerpo cada vez que ella caía con fuerza sobre la ingle de su amante, mientras tanto Martín le acariciaba los pezones, la espalda y jugaba nuevamente con su ano rodeándolo con sus dedos, a punto de tener un orgasmo, Ana se volvió presa de un intenso frenesí y Martín sintió como una serie de espasmos en la vagina de Ana envolvían su pene... El ya no pudo más. Para Ana muchas cosas eran nuevas y se encontraba dispuesta a aprender, cuando Martín estaba por eyacular, Ana le dijo que lo sacara, pues quería ver como lo hacia ya que siempre su sexualidad fue monótona y aburrida. Martín entre un intenso gemido de placer derramo su esperma en los pechos de Ana, pues aunque deseaba hacerlo en su boca, prefirió dejarlo para otra ocasión. Pensó en Ana, que a pesar de su edad, le había demostrado que era un diamante en bruto para el sexo el cual merecía ser pulido con cuidado.

Al terminar y vestirse, aun sudorosos y agitados pero felices, pues Luisa debería de estar por volver, Ana le dijo a Martín:

-¿Sabes algo...? Cuando te conocí, pensé que serias un excelente novio para mi Luisita, el hombre perfecto para su futuro, pero después de hoy ya no pienso igual, creo que me vas a tener que aguantar un tiempo, pues deseo sentir y disfrutar todo lo que pueda contigo!

Desde aquel día, Martín no volvió a ver a Adriana, la chica con la que estaba saliendo, pues se tomo muy en serio su rol de tutor amatorio con Ana, y que con el tiempo se convirtió en su relación más satisfactoria.

En cuanto a Luisita no se entero ni sospecho nunca de la relación de ambos, pues Martín fue siempre su gran amigo, su protector, su confidente; para muchos su hermano mayor, aquel que le brindaba cariño, protección y afecto, pero para ella, en lo mas profundo de su ser y como su gran secreto, Martín fue aquel amor platónico que nunca confeso a nadie y por el que habría dado todo, si el tan solo, se lo hubiera insinuado.

— yaeshoradevivir

18 de octubre de 2010

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yaeshoradevivir

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Soy hombre heterosexual

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