Allá en la montaña agreste de mi Antioquia tan querida
Teníamos nuestro ranchito en medio de cafetales
El vecino más cercano estaba como a una hora
Teníamos un perro, diez gallinas, dos marranos
Dos caballos, cuatro vacas, y dos gallos que cantaban
No había luz eléctrica, nos alumbrábamos con velas
Nos acostábamos temprano, no teníamos radio, ni equipo
Ni estufa, nevera, gas, mucho menos nuestra tele
La camita en que dormíamos era de palos secos
No tenía colchón de plumas, solo una dura estera
Allí hacíamos el amor a la luz de aquellas velas
No importaba si llovía o brillaran las estrellas
Temprano nos levantábamos, y dábamos gracias al cielo
Por tener de todo un poco, también salud y contento
Sembrábamos yuca, plátano, maíz, arracacha, tomate
Y todo lo que nos diera de allí nuestro sustento
Todo era paz, allá arriba se oía solo el canto de las aves
No había narcos o guerrilla, y mucho menos los paras
El olor de muchas flores perfumaban el ambiente
El canto de algunas aves alegraban nuestras mentes
Al pueblo solo bajábamos a vender nuestra cosecha
A comprar panela, azúcar, carne, y también alguna manteca
Que tiempos eran aquellos cuando vivíamos en paz
Podíamos hacer el amor a la luz de las estrellas
Las armas que allí teníamos eran dos cuchillos viejos
Ni revólveres, pistolas, fusiles, y mucho menos las metrallas
El amor que allí nos dábamos era puro y sin temores
No había drogas ni miseria, mucho menos pagadiario
El licor que allí bebía era el néctar de tus senos
El elixir de la vida lo bebía en tus terrenos
Los buenos días me dabas con un tinto bien caliente
Mis labios también besabas de una forma muy ardiente
En las noches tan lluviosas, muy frías de crudo invierno
El amor nos calentaba, y una colcha de retazos
No se oían ruidos de carros, motos tampoco taxis
No pagábamos servicios, ni bus, metro, ni taxi
El sol se iba temprano allá en mi tierra lejana
La luna brillaba entonces alumbrando la sabana
Los gallos se oían cantar al despuntar la mañana
Sinsontes, toches, y mayos, y alguna que otra cigarra
El aire era muy puro, nada lo contaminaba
Solo el humo del fogón donde mi amor cocinaba
No dependíamos de nadie, solo tú y yo nos bastábamos
Nos repartíamos el trabajo de la huerta y cafetales
Pasábamos los días con amor y mucho aliento
Pero llegó la guerrilla y acabo con nuestro entorno
Quemó los cafetales, se llevó nuestro ganado
No dejó nada a su paso, solo ruina y sentimiento
Tuvimos que salir huyendo para salvar nuestras vidas
Allí quedaron los sueños, los sueños de media vida
Llegamos a la ciudad sin saber donde quedarnos
Sin saber de algún empleo, pues tú y yo éramos del campo
Pasaron algunos meses de desdichas y penurias
No encontrábamos trabajo, mucho menos el sustento
Después de mucho luchar por fin encontré trabajo
Y nos fuimos a vivir a un pequeño inquilinato
Trabajaba doce horas pero eso a mí no me importaba
La vida era distinta cuando a casa regresaba
Veía el brillo de tus ojos y el azul de tu mirada
En las tardes domingueras cuando yo no trabajaba
Montábamos en metro, bus o taxi
Pagábamos servicios, la platica no alcanzaba
Pero así éramos felices, pero el campo nos llamaba
Aquí el aire no es puro, el humo lo contamina
El ruido de tantos carros deterioran nuestro oído
Espero volver muy pronto a nuestra amada montaña
A oler los ricos aromas de las flores del verano
A oír cantar los sinsontes y ver volar las torcazas
A recuperar el tiempo perdido aquí en esta gran ciudad
Ojala que todo se cumpla y la guerrilla por fin nos deje en paz.
P.D Cualquier parecido con hechos pasados o presentes es pura coincidencia.








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